Partidero

Después de dos balaceras ocurridas en Arandas el 22 y el 24 de marzo pasados (Proceso 1796), policías preventivos de Jalisco irrumpieron en varias casas del fraccionamiento Valle de las Arboledas que nada tenían que ver con los sospechosos. A decir de los afectados, los agentes se llevaron cosas de valor y provocaron destrozo y medio: rompieron ventanas, forzaron puertas y canceles, entre otros muchos agravios. Tan pronto como esto sucedió, los vecinos se quejaron directamente en el despacho del gobernador Emilio González Márquez y exigieron el pago de daños. Cinco meses después, no han tenido respuesta. La directora de Atención Ciudadana, Laura Patricia Cortés Sahagún, les pidió pormenores de las patrullas y de los elementos para actuar en consecuencia. ¿Cómo los vecinos iban a identificar a los culpables, si éstos apuntaban con sus armas a quien se atrevía a mirarlos? ¿Cómo, si la agencia del Ministerio Público de Arandas se negó a levantar el acta de hechos y querían enviar a los perjudicados a Tepatitlán o a Guadalajara? La solución para las autoridades, si en verdad quieren esclarecer las cosas algún día, es muy sencilla: que vean la bitácora de comisiones de las partidas de policías o quiénes y por cuánto tiempo están asentados en determinado lugar; así sabrán quiénes cometen esos atropellos y allanan moradas sin razón. Y lo peor: impunemente.

Más sobre… ¿seguridad? Con miras a brindar protección a los atletas durante los XVI Juegos Panamericanos, desde hace una semana los tapatíos vemos rondar por la ciudad patrullas de la Policía Federal con elementos fuertemente armados, particularmente en la zona de Chapultepec. Y sin importar si intimidan o no a la gente, portan sus pavorosas armas en posición de defensa y hasta de ataque, con sus carrilleras cruzadas al pecho, las unidades apostadas sobre la banqueta y bloqueando cocheras, estacionamientos, o definitivamente obstruyendo la circulación, puesto que se detienen en doble fila y hacen desplantes de “seguridad” con francotiradores apostados en distintos lugares cada vez que un jefe de ellos se mueve. Todo hace suponer que esta situación la viviremos durante los próximos dos meses y medio. El problema está en que, con tal presencia policiaca, el ciudadano común y corriente que transita por donde tienen su cuartel –El Hotel Laffayette– no se siente más seguro.

Con la cantaleta de que entre los aspirantes panistas a la postulación presidencial es “el único que ha ganado una elección”, el gobernador Emilio González insiste en que no se bajará de la contienda y que le ganará a los aspirantes más fuertes de su partido, como Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio y Ernesto Cordero. Y mientras son peras o son manzanas, Emilio sigue en campaña abierta con el pretexto de promover los Juegos Panamericanos, pues adonde viaja –con cargo al erario– no deja de confirmar su propósito de perseguir la candidatura de su partido.

A los priistas del ayuntamiento de Guadalajara que siembran plantas con los colores verde y rojo de su partido en camellones, jardines, parques y glorietas, se les están destiñendo: el verde se vuelve casi amarillo –color del PRD— y el rojo troca en un lila desvaído por el sol. ¿O será un presagio de lo que les puede ocurrir en julio de 2012 si no se aplican?

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