Guillotina al magisterio

Desde hace muchas lunas ocupa los titulares la guerra de baja intensidad librada por los indiciados como traficantes de estupefacientes y los entes armados que los hombres del poder mandan al frente. No los detiene el crimen artero, negación de toda conducta civilizada, que para eso es guerra, aunque la nieguen. Resulta escaldoso deglutir tan cruenta píldora. No hay poder humano que ponga fin a tan absurdo odio fratricida. Por eso no alejamos nuestra atención de sus intermitentes matanzas. 

Mas conviene atender rubros distintos que también exigen serena reflexión ciudadana. Por donde le rasquemos al cuerpo social, brota escozor y aun pus. Por todos lados se viven embates de mala traza, todos en detrimento de la clase trabajadora. Fijemos la lupa entonces en otras dolencias, antes de que se nos descomponga el cuadro y perdamos la cordura; antes de que nos invada la desesperación colectiva y ya no hallemos elemento de curación para el purulento cuerpo social que se nos muere entre las manos.

Ejemplo reciente de otra desgracia es el atentado contra la tropa magisterial, los obreros de gis y pizarrón. Sus plazas laborales han sido puestas en subasta precisamente por su empleador, que es el gobierno y que debería cuidarlas cual inapreciable relicario. Sólo la organización de los mismos afectados podría frenar el atropello. Los maestros vapuleados tendrán que formar el dique que contenga semejante arbitrariedad. Aunque son demasiados años de mediatización y manipulación inoculada contra los mentores, para pretender abrigar esperanza alguna de resistencia.

Al abrir el blog de la Presidencia en su más reciente entrega, la del 14 de junio pasado, y revisar el mensaje oficial sobre la Alianza para la Calidad de la Educación (ACE), en su pasaje titulado “De mejores maestros”, Alonso Lujambio, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), sostiene que en los últimos tres años 92 mil docentes han ingresado al sector educativo mediante el Concurso Nacional para el Otorgamiento de Plazas Docentes, que es una selección abierta, transparente y “meritocrática”.

Sigue la información: “por primera vez en la historia del país, en 2010 se entregaron estímulos a maestros de educación básica. La derrama subió a mil 800 millones de pesos entre 538 mil maestros, cuyos alumnos lograron los mejores resultados en la prueba Enlace. También se concretó la Reforma a los Lineamientos Generales del Programa Nacional de Carrera Magisterial. Serán 774 mil los profesores de preescolar, primaria y secundaria evaluados dentro y fuera de los salones de clase”. En mayo de este año, la SEP y el SNTE firmaron el Acuerdo para la Evaluación Universal de Docentes y Directivos en servicio de Educación Básica. En éste se establece que serán evaluados cada tres años.

Según él, esto obedece al propósito de mejorar la calidad de la educación y a encontrar una herramienta para descubrir las fortalezas y las debilidades del sistema educativo nacional. Es la tónica triunfalista del discurso oficial.

Pero llevados a los hechos, ya circula por la red virtual una queja anónima de maestros que manifiestan una realidad distinta a la propalada por Lujambio. So pretexto de la aplicación de los exámenes de la ACE, afirman que se vulneran sus condiciones laborales. Cada violación denunciada sería materia de análisis por separado, pues se trata de logros y prestaciones del gremio magisterial. De consuno, la SEP y el SNTE hallaron la fórmula perversa para desmontarlas y escabullirlas sin que se note.

Primero se introduce un esquema para eliminar la basificación. Al contratar plazas que no generan antigüedad, los derechos que se derivan de ésta desa­parecen de un plumazo. ¿Cuál pensión, cuál jubilación se puede exigir al no acumularse años de servicio? Sólo obtienen contratación con base quienes acreditan el examen. Pero a quien no lo presenta o no lo acredita se le otorga plaza sin derecho a antigüedad. No se le ha movido una letra al artículo 123 y ya aplican esta medida anticonstitucional.

Echaron a andar la maquinaria y no la van a parar. Pasarán por el mismo rasero, dice la denuncia, los interinatos ilimitados. Los están perdiendo sus actuales usufructuarios. Pasarán al banco de exámenes de la ACE como parte de la oferta de plazas. Los mentores gozaban tres meses de gracia para arreglar sus documentos de jubilación. Ya fue borrado de un plumazo, a partir del 1 de abril de este año, este derecho prejubilatorio. Con las escuelas de jornada ampliada vulnerarán también la inamovilidad de las plazas. En el siguiente ciclo escolar ampliarán éstas a 70%, dejando sólo 30% para las de turnos completos o discontinuos.

Mas el peor atentado contra la estabilidad laboral magisterial llegará con la plantilla digitalizada. Lujambio informa orondo de una evaluación trianual universal de la planta docente. Con esto la inamovilidad laboral o basificación dejará de ser un derecho; quedará condicionada. Quienes no han participado en los exámenes de la ACE tendrán que presentarse al paredón. Si no aprueban, pelan. Si lo aprueban, lo han de refrendar cada tres años. La cantinela oficial habla de la profesionalización, pero ya sabemos cómo masca la iguana en esto de los otorgamientos caprichosos de plazas y sus simulaciones.

¡Cuán lejana se encuentra la bizarra actitud presente de los forjadores de la niñez mexicana, de la de aquellos mentores que fungieron como pilares ideológicos y formadores de las generaciones pasadas! Los esforzados alquimistas de hombres que les precedieron y que lograron moldear un mexicano medio hasta de prosapia revolucionaria ya no pueblan el horizonte. ¿Quién seguirá el ejemplo del potosino Graciano Sánchez, forjador de la CNC y tutor del juchitleco Juan Gil Preciado? ¿Quién continuará la obra del veracruzano Rafael Ramírez, la del colimote Gregorio Torres Quintero o la del indomable guerrerense Othón Salazar, fundador del MRM? O para quedarnos con la revisión de los de casa: ¿dónde está ahora el sustituto del ponderado Víctor Cadena Aguayo, de Tomás Escobedo, del combativo colotlense Diego Huízar Martínez, de la fogosa maestra Atala Apodaca, de nuestro eximio Basilio Vadillo? ¿Hay entre los mentores actuales alguno que retome la bandera de sus esforzados paladines antecesores y defienda hoy, para sí y para todo su gremio, las fatigosas conquistas laborales por aquéllos conseguidas?