Partidero

Al igual que lo hicieron sus hermanos Santiago, Ignacio y Alfonso en España, aquí, el sacerdote Juan Pedro Oriol dejó la orden de los Legionarios de Cristo fundada por el “falso profeta” Marcial Maciel y se incardinó a la Diócesis de Guadalajara. Además de dar a conocer su decisión en su artículo semanal en Mural, Oriol envió una extensa carta al director general de la orden, el tapatío Álvaro Corcuera, en la que deja en claro su gran desilusión por la doble, escandalosa e hipócrita vida de Maciel. Dice el texto en su parte medular:

… desde el conocimiento de la noticia de la vida falsa y engañosa del que pensaba era nuestro santo fundador hasta el momento actual, quiero decirle, querido padre Álvaro, que en este tiempo la tristeza y la desconfianza han permeado mi vida y he venido experimentando una imposibilidad creciente de readaptarme a una vida religiosa que no consigo identificar con la que yo escogí libre y plenamente (…) Sé que la Iglesia está actuando pero veo casi indiferente la etapa que vive ahora la congregación para buscar la “estructura nueva para no caer en el vacío” (…) No identifico la Voluntad de Dios con que yo pasé los próximos y mejores años de la vida sacerdotal en este intento de rescatar una congregación que, a causa de tantos hechos y situaciones, no es la que yo escogí (…) La Legión que yo amé, ya no existe; no es la congregación que yo amaba con un santo fundador, modelo a seguir, fiel transmisor de un carisma recibido de Dios. ¿Puede recibir y transmitir un carisma un hombre definido por Su Santidad como “falso profeta”, “un enigma en la Iglesia…”? Yo no lo veo, padre, perdóneme (…) la Iglesia nos ha dicho que “se debe reconstruir el futuro personal y el de la Legión sobre el llamado y el amor de Cristo”. Mi futuro personal no lo veo con el de la congregación que se pretende redefinir manteniendo una esencia que hoy consta que carecía de recta intención.
Me cuesta decirle esto, P. Álvaro, pero es así: ya no vivimos en la Legión en la que impera la caridad, ya no. Se ha estado separando la caridad de la verdad. Por ejemplo, ¿se acuerda de lo que le pedí uno de los últimos días en los que hablamos sobre la verdad de nuestra historia? No creo que se pueda construir un futuro sólido sin saber la verdad del pasado, aunque entiendo el porqué de esta determinación pero no la puedo compartir (…) Ahora, aunque se guardan las formas en un aparente respeto y no se insulta a la cara, el trato dista de ser sincero, se habla por la espalda, se hace el vacío a quien disiente, se señala a quien cuestiona y se sigue fomentando como voluntad de Dios. El delegado nos pide respeto por las diferentes posturas pero en nuestra cultura es difícil que se permita esto. La crítica, los comentarios por detrás, los informes tantas veces injustos que se siguen haciendo sin pensar en el daño que hacen, en fin, estas realidades que se siguen practicando en la Legión, me quitan la serenidad (…) No es la Legión en la que puedes confiar en los demás, no, ya no lo es. Se ha derrumbado la confianza (…) vivo y experimento que han cambiado el estilo de sacerdocio que llamó mi corazón cuando ingresé (…) No puedo identificarme con las normas que siguen rigiendo el apostolado, en el que predominan los números, la eficacia y los resultados. Admito haber vivido sujeto muchos años a estas directrices pero, después de haber conocido lo que realmente había detrás de esto, ya no puedo compartirlo ni me identifico con lo que conlleva. (…) No puedo aceptar la manera de manejar nuestros bienes y la concentración de los mismos en manos de unos pocos, los que se alinean con ellos (…) No quiero juzgar esta forma de manejar nuestros recursos como un negocio pero yo no quiero ser parte de esto y, además, manejado al antojo de unos cuantos que no sabemos ni qué han hecho ni qué hacen (…) He visto cómo mi vocación legionaria se ha ido apagando poco a poco y, antes de que se apague mi vocación sacerdotal, doy este paso (…) Un día, día triste y terrible, perdí el candor de la inocencia de mi vocación legionaria al conocer la verdad del fundador y detrás de ésta, la de la congregación… l

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