La gestación

A principios 2007 Sergio Autrey, quien es mi amigo y coleccionista, me comentó que quería producir un conjunto de obras que tuvieran una contundencia insoslayable en el panorama del arte contemporáneo en México. No recuerdo si mencionó pintura o escultura, lo que me pareció evidente fue su voluntad manifiesta de apoyar y expandir el arte a gran escala. Me pareció que era muy improtante captar esa iniciativa que coincidía con las inquietudes de varios artistas de la generación.

Algunos de ellos, anteriormente, habíamos hecho intentos en ese sentido, como Roberto Parodi y Eloy Tarcisio, quienes habían propuesto también una muestra colectiva de cuadros de gran formato, pero que no se pudo realizar. Poco a poco la idea se fue precisando, creo que Sergio Autrey en algún momento hizo un visita al Museo Manuel Felguérez de la ciudad de Zacatecas, donde quedó impresionado por la grandeza del conjunto de pinturas monumentales del Salón de Expocisiones de Osaka. Pienso que esto lo hizo  decidirse a proponer pinturas monumentales.

Al principio Sergio mencionó algunos nombres y me pidió que le sugiriera a otros artistas y lo pusiera en contacto con ellos. La lista poco a poco se fue nutriendo, y después, en reuniones con más artistas, se hablaba de más nombres. ¿Quienes faltaron? Desde luego hay más pintores que pudieron haber estado, cinco o diez. Tristemente no está Estrella Carmona, tal vez se pudo integrar un pintor de otro estado.

Pero finalmente la exposición colectiva Akaso surgió con la propuesta y financiamiento de un coleccionista y la respuesta de los artistas plásticos. Es un proyecto independiente, no es un proyecto institucional ni trata de hacer un recuento exhaustivo.

En las juntas donde asistía la mayoría, Sergio actuaba democráticamente, había discusiones apasionadas, euforia, demandas idealizadas, buenas ideas, exabruptos, acuerdos y desacuerdos. Era importante que se cediera un poco de protagonismo individual en aras de un proyecto colectivo.

Al final, para mí fue un ejercicio de tolerancia. Me di cuenta de que en verdad no existía una única ruta: ni la mía, ni la nuestra; me parecía más importante que hubiera esa variedad de opuestos y de antagonistas. El que fueran aceptadas diferentes visiones, lenguajes y posiciones ante la pintura era algo que enriquecía al grupo de otra manera, era importante que el conjunto no fuera tan formal y escéptico, que tuviera una relación orgánica.

Sorprendentemente la actidud de Sergio era más abierta que la de todos y partía de la idea de que cada uno de nosotros había dedicado la vida a la práctica de la pintura y por tanto el producto no era discutible, simplemente era.

Es verdad que la UNAM a través del Museo Universitario del Chopo apoyó esta exposición, pero fue desconcertante que la primera petición que se hizo fue al MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo), un recinto más espacioso que pudiera haber sido un ideal para esta muestra. El rechazo contundente a la muestra, con el argumento de que las obras no se apegaban a los programas de la institución, no coincide con nuestro proyecto de trabajo y objetivos, hizo daño a las posibilidades de movimiento del conjunto de obras y, desde luego, causó contrariedad en todos nosotros.

Creo que han existido argumentos de duda de este proyecto que podría parecer demencial y fuera de toda lógica económica, pero ese es su valor, y su importancia reside en que surge en un momento de crisis que vive la sociedad, el país y la cultura.

Por otra parte, la actitud de este empresario, de un coleccionista particular, podría verse como un ejemplo para animar a la iniciativa privada y a las instituciones culturales a participar con más contundencia y creatividad y tener una actitud incluyente en el diverso mundo del arte contemporáneo.

La exposición se presenta en el Museo Universitario del  Chopo, las obras están hechas y la moneda aún está en el aire.