BUZÓN DE APÓCRIFOS: Nos lleva el tren

México, D F, 22 de marzo (apro)- ¡Hay, congéneres, que desgraciados somos!: lo digo porque el criminal acto terrorista contra la estación del tren suburbano de Madrid, muestra y confirma una vez más que los errores o las ambiciones particulares de sus gobernantes, líderes políticos y espirituales, sus pueblos son los que los pagan Al respecto, a parte de los españoles, pueden decirlo los iraquíes, estadunidenses, palestinos, israelitas, rusos y chechenios ¿O no es así?
Desgraciados, porque no faltan seres que reaccionan a la violencia con la violencia, sin ir a su raíz, y así conocerla y combatirla mejor por otros medios Ejemplo, la española que declaró ante las cámaras de televisión que si tuviera una pistola y le pusieran delante uno de los autores del brutal atentado, sin el menor remordimiento lo cosía a tiros ¡Qué cosa!
Desgraciados, porque con tal reacción visceral, que, a juzgar por los hechos, comparten no pocos iraquíes, estadunidenses, palestinos, israelíes, rusos y chechenios, únicamente sirve para ampliar y afirmar la espiral de odio que con sus vueltas nos disminuye la conciencia y nos desorienta Este es mi juicio sobre el odio, ¿y el de ustedes, lectores?
Desgraciados, porque, salvo honrosas excepciones que confirman la regla, el más penetrante medio de comunicación actual: la televisión, usa y abusa obscenamente de tan trágicos sucesos más como espectáculo que otra cosa, olvidando en el mejor de los casos y en el peor ocultando y hasta manipulando por conveniencia, la causa profunda de los mismos ¿Qué es insensata, exagerada o falsa mi opinión sobre la tele? Mis estimados, ustedes tienen la palabra
Somos desgraciados, digo, porque, como bien expresaba una de las mantas que apareció en las diversas y multitudinarias manifestaciones con las que los españoles protestaron contra el atroz atentado: todos íbamos en ese tren Y lo peor, para nuestro mal, es que, ignorándolo o sabiéndolo, nos guste o no, ¡todos continuamos viajando en él!
¿Adivinas cómo se llama? Porque ese tren tiene su nombre Tiene su jefe de convoy, sus maquinistas, inspectores y garroteros Ese tren es la globalización, que por llevarlo donde lo llevan, por administrarlo como lo administran los responsables del mismo, los citados más arriba, está resultando tan doloroso y trágico para los que van en él, es decir, para todos
Si piensan que desvarío, mejor será que hagamos memoria y reflexionen Desde las últimas décadas del pasado siglo, intensa, pública y machaconamente, por todos los medios, se nos está vendiendo la idea de que la globalización, como sujeto y objeto de lo posmodernidad histórica, es la sola posibilidad de un mejor futuro humano y el único camino para que los países menos desarrollados, periféricos, accedan a eso que llaman primer mundo, y tan empeñoso y, en todos sus conceptos, vivo ha sido y es ese discurso, que la inmensa mayoría ha terminado por comprar dicha idea sin mayor crítica, así como su conclusión final pero no menos importante: que el que no se suba al tren de la globalización, más le vale que se encomiende a Dios para que no lo coja y se lo lleve le diablo
Pero como he dicho ya, la manera, al menos hasta ahora, de llevar la globalización al sustituir valores tradicionales como la igualdad, la solidaridad, el bienestar colectivo, la seguridad social por la competencia a todo trance y nivel, el éxito a ultranza, la privatización y la ganancia económica como nota final, la está llevando a la triste realidad de que únicamente esté globalizando principalmente la desigualdad, el miedo, el odio y la muerte
¿Exagero? Reflexionen ¿No los más avisados de lo globalifílicos no hablan ya de dar un rostro humano a la libre economía, fundamento de la globalización? ¿Entonces?
Esa es una luz de esperanza, como lo es también que los españoles, con su voto, hayan botado al derechista Aznar, a su nuevo jefe de gobierno, el socialista Rodríguez Zapatero, se haya comprometido a retirar las tropas españolas de Irak, atrevido a decir a G W Bush y Blair, que reflexionen con lo ocurrido en España y que no se vale crear una guerra con mentira, atacar y bombardear un país por si acaso ni invadirlo y ocuparlo también por si acaso
Considero que lo expuesto en los últimos párrafos de la presente son luces que nos dan derecho a la esperanza, pueden ser señales indicadoras de que el tren de la globalización puede cambiar la vía, sin descarrilase, claro, pues así seremos todos menos desgraciados
Si les soy sincero, debo decirles que en lo personal lo dudo; veo fuertes intereses que tratarán de impedirlo a toda costa, pero tal vez esté equivocado ¡Ojalá!
Con todo afecto
JUAN NIPORESAS