Discriminación hacia reclusas

México, D F, 6 de noviembre (apro)- “Vengo con una compañera de causa, se le dice de causa porque venimos por el mismo motivo
“Ella me invitó a viajar a Venezuela porque le iba hacer un favor a su cuñado, entonces la acompañé y cuando regresamos, aquí en el aeropuerto resultó que traíamos drogas en las maletas y ese es el problema, si es ella o no culpable, ya no importa”
Este es el testimonio de Zarina, una de las reclusas del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Santa Martha Acatitla, quien lleva presa un año acusada de delitos contra la salud y condenada a 12 años de prisión
En México, la legislación actual establece la separación de hombres y mujeres en las prisiones Sin embargo, existe un vacío en las especificaciones de las necesidades de cada grupo
Esto significa que para la ley, las necesidades de las mujeres en reclusión son invisibles, especialmente la maternidad, la atención de los hijos y la educación de éstos, así lo considera el libro “Garantizando los derechos humanos de las mujeres en reclusión”
La principal justificación para no atender estas carencias es que la cantidad de población femenina dentro en las cárceles es mínima en comparación con la de hombres, por lo cual ellas no son vistas como prioridad
Cabe destacar que en México existen 455 cárceles de las cuales sólo 13 son exclusivas para mujeres, 236 son mixtas y 206 son para la población varonil
De la población penitenciara, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), 10 mil 737 son mujeres, número que representa 5% de un total de 205 mil 815 personas
Para ellas, vivir dentro de la cárcel significa, en su mayoría, habitar en espacios reducidos, acondicionados básicamente con dormitorios, cocina y lavaderos
“Estamos en estancias de 6x 6 metros, tienes tu propio baño, tu propia regadera con cancel como para tres internas, y tienes dónde cocinar, lavar, dormir, tenemos agua y luz, pero todo esto te lo ganas”, dice Marcela, de 35 años
En los reclusorios mixtos la población varonil cuenta con extensas áreas que incluyen escuela, talleres, áreas verdes, servicio médico, gimnasio, entre otras cosas, estos espacios sólo pueden ser utilizados por las mujeres en algunas ocasiones y en horarios donde los hombres no los ocupan
En los reclusorios mixtos los problemas que se generan debido al constante contacto de las mujeres con los internos, son prácticas como la prostitución, muchas veces apoyada por las mismas autoridades, así como el consumo de drogas, debido al tráfico en los centros de reclusión
Por otro lado, las mujeres reclusas se enfrentan al ineficiente servicio médico, así como la mala alimentación Respecto de este último, 681% de las internas consume los alimentos que se preparan en los penales
Mientras que 274% prefiere obtener los alimentos a través de su familia o gracias a sus propios ingresos
Estas ganancias, donde las internas reciben hasta 300 pesos al mes, provienen de su trabajo dentro del penal, que abarca actividades como tejido de bolsas o bordado de servilletas, sin embargo, la comercialización de sus productos se limita a la familia y al personal del penal
En cuanto a los servicios de salud, el servicio médico más utilizado es el de medicina general y el psicológico, y otras especialidades son cubiertas con traslados a hospitales civiles
No obstante existe un grave problema de insuficiencia en el abasto de medicamentos, y las internas lo reciben únicamente en algunas ocasiones, mientras que otras no cuentan con él nunca
A veces sólo tienen como opción la compra de medicamentes con sus propios recursos o a través del apoyo de familiares, esta situación se dificulta cuando las mujeres no reciben ayuda alguna de sus allegados
“El servicio médico no es adecuado, esté en un tercer nivel, y no hay medicamento suficiente”, dice Zarina
Otra de las demandas de las reclusas es poder cumplir con el papel de madres, ya que 96% de las mujeres en encierro tienen hijos
Según la publicación “Niños y niñas invisibles, hijos e hijas de mujeres reclusas”, la Convención sobre los Derechos del niño señala que los infantes cuya madre se encuentra en prisión tienen derecho a una vida digna al lado de su madre
No obstante, de acuerdo con el “Informe especial sobre la situación de los centros de reclusión”, el Distrito Federal, en 2003, registró que las reclusas que tienen a sus hijos con ellas, carecen de atención pediátrica
Igualmente, existe una serie de violaciones a las condiciones de vida digna tanto para las madres como para sus hijos, como el hacinamiento, ya que frecuentemente duermen en el suelo y en ocasiones sin cobija, y el suministro de leche y pañales no es el adecuado, además hay una evidente carencia de medicamentos
Muchos de estos niños llegan a padecer enfermedades respiratorias o intestinales como consecuencia de las habitaciones donde duermen y por la falta de higiene en la preparación de los alimentos dentro de los penales
La edad máxima para que una niña o niño pueda permanecer con su madre cuando ésta se encuentra recluida varía en cada estado, aun no existe un criterio para determinar la conveniencia o no de su estancia dentro del reclusorio
Por otra parte, y de acuerdo con el trabajo “Violencia contra las mujeres privadas de libertad en América Latina”, de Elena Azaola, antropóloga y psicoanalista, el perfil de las mujeres en prisión es el siguiente
El 70% tiene entre 18 y 35 años Una tercera parte son solteras, mientras que 80% son madres y tienen en promedio tres hijos
El 70% tiene como nivel máximo la primaria, y 20% son analfabetas El 10% restante se distribuye entre las que tienen algún grado de secundaria y unas cuantas que han cursado la preparatoria o alguna carrera corta