MÉXICO, DF, 19 de noviembre (apro) – Editada por Alfaguara, esta novela corta del escritor Jorge Volpi muestra la historia de Laila, una mujer iraquí quien mediante una serie de desgracias, que incluyen la muerte de su familia (esposo e hija) y búsqueda de hermanos, trata de mostrar la inconsciencia del hombre actual
“Nos asediamos, nos traicionamos, nos herimos, nos torturamos, nos destruimos Y luego esperamos al siguiente de la fila”, es lo que menciona la contraportada del libro, a manera de reflexión
El jardín devastado, título que toma de manera simbólica del bíblico Jardín del Edén, muestra en su portada de pasta dura una serie de símbolos árabes que forman un tigre en posición de salto
Contiene 182 páginas y un formato de diseño que lo hacen simple de leer Las problemáticas que textualmente se desarrollan en Irak, en el Lejano Oriente, bien se pueden vislumbrar en el México actual
Volpi, actual director de Canal 22, y escritor de la llamada generación del crack, en la que también figuran Pedro Ángel Palau e Ignacio Padilla, forma parte de autores de narrativa “de aliento apocalíptico, cuyas novelas son las obras de la desesperanza, de los ideales rotos y de los escenarios poco alentadores” (Proceso 1027-29)
Días de ira (en el volumen Tres bosquejos del mal, 1994), La paz de los sepulcros (1995) y En busca de Klingsor (1999), son algunas de sus obras
El siguiente texto es la entrada de El jardín devastado:
“Odio ser humano Huyo entre las sábanas y, apenas parpadeo –el espejismo de la noche–, reencuentro mi estirpe carroñera
“Mi consuelo es no haberme jamás reproducido, o así lo espero
“Alzarse es volverse cómplice Me vence en cambio la urgencia de la bestia Extiendo las piernas, me desentumo y completo el gesto que me confina en el cuarto de baño Orino, luego existo
“No puedes ser este un regreso, mascullo con saliva rancia, pegajosa “El regreso es otro nombre de la huida Mi patria: este amasijo de hienas y fantasmas, su estruendo y el culto del olvido
“Tras la ventana, el mediodía
“Me pregunto –pero sólo Dios es sabio– si el sol de Oriente será más traicionero Si la joven habrá sufrido sus lanzadas Si habrá violado el luto de la tela Si habrá palpado sus pechos y su vientre O si la habrá cuidado a lo lardo de su ruta
“El sol de Oriente
“Quedo desnudo –un cuerpo enclenque como el de las fotografías–, dejo que el chorro de agua me limpie y desperece y, en un remolino que es como la vida, se desperdicie por las cañerías
“Miro los ojos rasgados de la joven –la paz sea con ella–, sus ojos parecidos a la perla semioculta Cuántos kilómetros sin voz, cuántos pasos, cuántas jornadas de sed y de ventisca
“Su sombra en el desierto Sus huellas que se pierden
“Y yo aquí, tibio, a salvo, maldiciendo el cauce de las horas Me desplomo sobre el tejido de mosaicos y, ateo furibundo –¿cuál será la correcta dirección hacia La Meca?–, rezo por ella
“A ti, Rey del día del juicio, pido ayuda (aunque no existas) Condúcela por el recto camino, el camino de aquellos a quienes has favorecido y no son objeto de tu ira
“A ti, Señor de los Necios, Señor de los Dementes, te ruego que la protejas y la guíes”








