Señor director:
Le ruego publicar lo siguiente en su prestigiada revista: En la Cruz se reveló que “el bien no es bueno en cuanto triunfa, sino en cuanto resiste al triunfo”. Digna Ochoa es una de esas cumbres humanas que ofrecen resistencia como las víctimas de las que habla Horkheimer.
La peste se desliza en las tinieblas. Manos siniestras han destrozado contra el polvo la cabeza de los débiles, como exclamara el profeta Ezequiel. Digna Ochoa es ciudadana de una democracia fecunda: la de las valientes, la de las heroínas. Fe, duelo, justicia y memoria nutren la esperanza:
Tú que habitas al amparo del Altísimo
Y te hospedas a la sombra del Omnipotente,
Di al Señor: “Refugio mío, Alcázar mío,
Dios mío, confío en Ti”. (Salmo 91)
Éstas son las columnas a reconstruir: justicia y amistad cívica; sin ellas, la arquitectura social carece de fundamento. Una ética sin base genuinamente religiosa acaba en el nihilismo. El nihilismo, al igual que la razón instrumental del neoliberalismo que desprecia ética y religión, produce el terror.
Las profecías del filósofo nihilista se vuelven a traducir hoy aquí y en el mundo en trágica y funesta realidad.
La libertad y el derecho están heridos de muerte, y como bocas sangrantes gritan no venganza, sólo Justicia.
Los muros de la Cámara de Diputados deben llevar con letras de oro el nombre de Digna Ochoa, y la medalla Belisario Domínguez entregársele post mortem. Esto devolverá a los símbolos su grandeza y dignidad. El mayor homenaje de las mexicanas y mexicanos de buena voluntad será continuar su lucha valiente.
Atentamente
Licenciado MAURO GONZÁLEZ LUNA








