Señor director:
Cada ocho días, sin falta, leo Proceso Particularmente me atrae la sección Palabra de Lector Ahora pretendo ser parte de esa sección, si usted me lo permite
Me hago tres preguntas Primera: ¿En qué universidad o facultad teológica aprendió Norberto Rivera que Dios es repartidor de fortunas? Segunda: ¿En qué cátedra de Elocuencia Sagrada le enseñaron a adular a los poderosos dentro de la Liturgia de la Palabra? Y tercera: ¿Vamos a dejar que se nos endilgue como verdad declarada ex cathedra que la riqueza del difunto mexicano más ilustre de estos días está justificada porque así lo dijo el cardenal, quien por cierto muchas veces disparata?
Manifestó el prelado que Hank (tal para cual) “supo administrar y multiplicar los bienes que Dios le dio” (Proceso 1294, página 13) A Dios no se le engrandece diciendo que hace multimillonarios a unos, mientras deja en la miseria a otros Dios no es responsable de los bienes o los males que nosotros sabemos buscarnos
Dios no le dio al señor Hank los miles de millones de dólares de que disfrutó ¿Quién se los dio? Él tuvo la suficiente astucia, la suficiente ambición y las suficientes oportunidades para poder regodearse como “uno de los hombres más ricos del mundo”
Ya todo nos ha sido dado a todos A nosotros corresponde, con inteligencia a la par que con una buena dosis de responsabilidad y de sentido de justicia, hacer nuestros esos dones
Sobre todo por medio de Jesús, Dios promueve en el mundo un reino de “amor, de justicia y de paz”, y no puede ser desleal consigo mismo enriqueciendo a unos individuos a costa del hambre y la miseria de otros Las diferencias sociales y económicas entre los hombres no las establece Dios Las hacen los hombres mismos, olvidados de que todos somos iguales en todo y, como criaturas de Dios, usufructuarios con igual derecho de todos los bienes
Si Dios no impide que los ambiciosos se enriquezcan a costa de lo que sea es porque Él no tiene en sus planes evitar el pecado, sino respetar la libertad con que Él mismo diseñó al hombre Pero no impedir no significa consentimiento ni complicidad
Es comprensible, aunque detestable, que el cardenal aproveche el ministerio para coludirse engañosamente con los poderosos Éstos, los del palacio y los del templo, siempre se han coludido en la búsqueda de sus intereses, en detrimento del pueblo Pero hay que decirle al prelado de marras que respete a Dios si no quiere respetarse a sí mismo
Atentamente
Presbítero LUIS HUMBERTO ROMÁN GARCÍA








