UN CASTILLO DE CUENTO
Felipe Cobián, Anne Marie Mergier, Agustín Vargas
En una localidad cercana a París se levanta el Château de la Motte, un castillo del siglo XII que a través de operaciones crediticias de Banamex acabó bajo el usufructo de Roberto Hernández El inmueble pertenece a la misteriosa Societe du Château de la Motte, administrada, entre otros, por el yerno del banquero, Luis Bosoms, y es un supuesto hotel sin huéspedes y con cuantiosas pérdidas He aquí el resultado de una exhaustiva investigación periodística
ParÍs/Guadalajara/México- Orgullo de los 2 mil 483 habitantes de la pequeña ciudad de Chateaurenard —ubicada a unos 150 kilómetros al sur de París—, clasificado como monumento histórico, el hermosísimo Château de la Motte parece contemplar su propio reflejo en las aguas plateadas del ancho foso que lo rodea
Es un castillo de cuento de hadas, con ocho torres, cuatro altas y redondas de antiguos ladrillos rosados y otras cuatro más bajitas y macizas de piedras blancas, con techos de pizarra que centellean bajo el sol de verano, y un antiguo puente con arcadas de piedra que atraviesa el foso para dar acceso a la entrada principal, bordeada de sauces llorones
Elegante, el castillo se pavonea en medio de un parque majestuoso de más de 20 hectáreas, en el que dos brazos de ríos y un canal corren entre árboles varias veces centenarios, céspedes impecables, amplias alamedas, senderos secretos y estanques románticos
Este castillo en Francia —descrito en los párrafos anteriores por la corresponsal de Proceso en París— es “usufructuado” por Roberto Hernández, el aún accionista mayoritario del Grupo Financiero Banamex-Accival, según escribió Andrés Manuel López Obrador en su libro Fobaproa: expediente abierto
En la página 32, el hoy jefe de Gobierno del Distrito Federal alude, además, a un testimonio que le ofrecieron sus fuentes de información: “(el castillo) cuenta con una cava de exquisitos vinos También nos contaron que sus dueños apenas lo ocupan, porque sólo pasan por ahí cuando van de cacería a Africa”
De acuerdo con una investigación realizada por Proceso en París, Guadalajara y el Distrito Federal, el castillo pertenece a la Société du Château de la Motte, que —según el número 391671930 del registro de Comercio de la Subprefectura de Montargis, Francia— administran el español José Manuel Montagud y los mexicanos Miguel Brikman, Luis Rebollar y Luis Bosoms
Bosoms —arquitecto de profesión— es el yerno de Roberto Hernández Su esposa, María de Lourdes Hernández —hija mayor del principal dueño de Banamex-Accival— es también integrante del Consejo de Administración de esa institución bancaria
Bosoms es a la vez director del Grupo Plan, cuyo accionista mayoritario es también Roberto Hernández Grupo Plan es propietario de varias haciendas ubicadas en los estados de Yucatán y Campeche —restauradas y transformadas en lujosos hoteles— y de dos desarrollos turísticos de lujo en la costa del Pacífico mexicano: Careyes y El Tamarindo
Miguel Brinkman y Luis Rebollar —los otros dos administradores mexicanos del castillo de La Motte— son, respectivamente, consejero y presidente del Grupo Sidek-Situr Hernández los designó en dichos cargos para poner orden en este grupo de empresas luego de que Banamex prácticamente lo absorbió en 1996
Como príncipes
La sociedad del Castillo de la Motte fue creada conforme a leyes mexicanas el 6 de mayo de 1993 en Guadalajara, con oficinas en el número 2523 de la avenida México, colonia Ladrón de Guevara, según se asienta en actas entregadas a diversas entidades de la administración francesa Sin embargo, dicha dirección en Guadalajara no corresponde a oficina alguna, aunque algunos vecinos recuerdan que hubo allí una oficina del Grupo Sidek
El 17 de agosto de 1993, esta sociedad compró el castillo de la Motte al abogado norteamericano de apellido Jacobs y a su esposa La transacción se realizó en la notaría Nénert et associés, ubicada en el número 38 de la avenida Hoche, en uno de los barrios más cotizados de París
Adquirir esa joya arquitectónica del siglo XVII, cuyos orígenes llegan al siglo XII y las 29 hectáreas de la propiedad, le costó 3 millones 200 mil dólares a esa empresa mexicana Según especialistas en bienes raíces consultados por Proceso, ese precio fue bastante alto, aunque el castillo vale más, pero como está considerado monumento histórico, hay obligaciones que limitan su valor comercial
Una descripción detallada de los bienes comprados aparece en un anexo de los estatutos de la sociedad: además del castillo mismo, de la casa del administrador, de las dependencias, del parque, se mencionan un antiguo molino, numerosas parcelas situadas en el municipio de Chateaurenard y los muebles que adornan la residencia
En el momento de su creación, la sociedad mexicana contaba con un capital social de 250 mil francos, alrededor de 50 mil dólares Sus principales accionistas eran los hermanos Guillermo, José y Jorge Martínez Güitrón, empresarios de Guadalajara y cabezas de Sidek-Situr, grupo propietario de la Siderúrgica Guadalajara y otras empresas metalmetálicas complementarias y dedicado también a la venta de bienes raíces y a proyectos turísticos
Con Sidek-Situr, los hermanos Martínez Güitrón quintuplicaron sus ganancias en el sexenio de Salinas de Gortari Llegaron a controlar casi la cuarta parte de la oferta hotelera de México y se expandieron a Centroamérica y el Caribe Según la revista Forbes, llegaron a poseer una fortuna superior a los mil millones de dólares
Pero a raíz del “error de diciembre”, en 1995 Sidek-Situr protagonizó uno de los mayores escándalos financieros del país Se declaró en moratoria con una deuda de 2 mil 200 millones de dólares El 70% de esa deuda era con 17 bancos mexicanos, el principal de ellos Banamex, de Roberto Hernández Según un boletín oficial de Sidek-Situr, el 9 de febrero de 1996 este grupo reestructuró su deuda con los bancos y Banamex adquirió la mayor parte de las acciones Fue entonces cuando aparecieron Luis Robollar y Miguel Brikman —los administradores del Castillo de la Motte— como presidente y consejero, respectivamente, de Sidek-Situr
Pero Roberto Hernández, en lugar de asumir las deudas de Sidek-Situr, las endosó al Fobaproa Según consta en el informe del auditor canadiense Michael Mackey, Sidek-Situr es la empresa más grande rescatada por Fobaproa, con 776 millones de dólares al 30 de octubre de 1997
El Castillo en Francia, empero, no fue vendido para cubrir las deudas de Sidek-Situr en Fobaproa Simplemente, la Sociedad del Castillo de la Motte conservó su nombre pero cambió de administradores En el informe de su Consejo de Administración, celebrado el 29 de abril de 1997 en Guadalajara, los entonces administradores en funciones “no solicitaron la renovación de sus mandatos” y dejaron su lugar al español Montagout y a los mexicanos Rebollar, Brikman y Bosoms, este último el yerno de Hernández
¿Cómo fue la transferencia de la propiedad del castillo?
De acuerdo con la investigación realizada por los reporteros de Proceso, los hermanos Martínez Güitron transfirieron el castillo a Roberto Hernández como parte de las deudas de Sidek-Situr Lo hicieron mediante la empresa en la que ambos eran socios: El Grupo Plan Dicha transferencia se realizó “en paquete” con el Club Privado El Tamarindo: una península en las costas del Pacífico para refugio y recreo de 50 supermillonarios que, según el proyecto original, pagarían 35 millones de dólares por 12 hectareas para construir mansiones rodeadas de servicios de lujo: campos de golf, canchas de tenis, senderos ecuestres y playas superprivadas
El falso castillo-hotel
Tanto en sus estatutos como en los documentos registrados en la administración francesa, se especifica que la sociedad mexicana del Castillo de la Motte es una empresa dedicada a la hotelería:
“La sociedad tiene como objeto: construir, adquirir, rentar o alquilar, administrar, explotar o hacer explotar establecimientos hoteleros y sus anexos: restaurantes, bares, centros comerciales, clubes nocturnos, casinos; proporcionar los medios necesarios para la administración de establecimientos hoteleros y sus anexos; realizar todo tipo de estudios técnicos, económicos, comerciales, jurídicos ligados con problemas hoteleros, para ella misma o para terceros”
En las paginas de Internet del Château de la Motte, éste se anuncia, en francés, inglés y español, como un hotel de lujo En dichas páginas abundan fotos del castillo y de algunas de sus 15 “suntuosas” habitaciones, sus tres “maravillosos” comedores, sus dos “lujosos” salones de recepciones, su alberca
Se anuncian también los precios de las habitaciones: oscilan, según la temporada, entre mil y mil 286 dólares por noche
Pero en Chateaurenard las rejas del castillo están herméticamente cerradas, no se ve actividad alguna, ningún anuncio publicita ese supuesto hotel de lujo Por el contrario, un cartel metálico ligeramente oxidado advierte que se trata de una propiedad privada
En una elegante dependencia del castillo solamente viven Sebastián García Pimentel Cusi, su esposa y sus dos hijas adolescentes, todos de nacionalidad mexicana
En su tarjeta de presentación, García Pimentel Cusi aparece como “Ingeniero y director de operaciones” En Chateaurenard la gente habla con simpatía del “administrador del castillo” y su “linda familia”, pero nadie recuerda haber visto huéspedes en esa residencia histórica, ni el castillo aparece en la guía especial de castillos-hoteles que informa sobre ese tipo de establecimientos en toda Francia
Cuentas pendientes en París
La lectura de los balances de actividades de la Société du Château de la Motte y de los informes de su Consejo de Administración, revisados a solicitud de Proceso por un experto francés en contabilidad, confirman que, a pesar de estar legalmente registrada como empresa hotelera, no realiza prácticamente actividad alguna
El experto se quedó sorprendido al comprobar que cinco meses después de haber adquirido el castillo, la empresa había registrado pérdidas por 1 millón 561mil 368 francos, mientras que sus ganancias sólo habían llegado a 8 mil 279 francos Además, nada más contaba con cuatro empleados: tres obreros y un técnico
En su asamblea general del 30 de junio de 1994, la primera desde la compra del castillo, los miembros del Consejo de Administración reconocieron que durante 11 meses la Sociedad du Château de la Motte “no había tenido realmente actividad comercial”, y tomaron la firme resolución de desarrollarla cuanto antes
La sorpresa del experto fue mayor cuando estudió los resultados del año de 1994 de la sociedad, cuyo capital acababa de pasar de 250 mil francos a 19 millones 553 mil 900 debido a “la incorporación de los créditos detenidos por la sociedad principal con sede en México”: las ganancias habían aumentado un poco, 91 mil 344 francos, pero las pérdidas se habían incrementado: 2 millones 740 mil 793 francos Al contador le llamó la atención un detalle: la sociedad seguía con cuatro empleados, pero el total de sus salarios, que era de 350 mil 278 francos en 1993, llegó a 561 mil 39 en 1994, sin que aparentemente nada justificara ese aumento
En junio de 1995, el Consejo de Administración comprobó las pérdidas y se comprometió a impulsar seriamente las actividades hoteleras del castillo Sus intenciones no surtieron efecto alguno, ya que el balance de 1995 fue tan malo como los anteriores: ganancias, 72 mil 99 francos; pérdidas, 2 millones 744 mil 518
En el párrafo dedicado a las “perspectivas de porvenir” para 1996, las resoluciones del Consejo de Administración se notan menos firmes Sólo aparece una frase escrita a mano: “Si las circunstancias lo permiten, se debería entrar en una fase en la que se pondrá en marcha la actividad del castillo”
Al leerla el experto en contabilidad se quedó estupefacto: “¡Ya invirtieron más de 19 millones y medio de francos en la compra y el mantenimiento del castillo, en tres años perdieron casi 7 millones de francos y todavía se preguntan si van a poder echar a andar sus actividades hoteleras! Es obvio que no tienen la mínima intención de comercializar ese castillo Su intención es otra No sé cuál, pero está muy lejos de ser ortodoxa”
Las dudas del contador se recrudecieron cuando se dio cuenta de que la sociedad volvió a perder 2 millones 593 mil 21 francos en 1996 y 2 millones 223 mil 150 en 1997, mientras que sus ganancias habían sido de 65 mil 90 francos en 1996 y de 195 mil 600 en 1997
En cuanto a los balances de actividad de 1998, 1999 y 2000, no aparecieron por ninguna parte Proceso los pidió al Tribunal de Comercio de Montargis, que reconoció que era absolutamente anormal que la sociedad no los hubiera enviado, y que además el Tribunal había cometido un error al no haberlos pedido
Precisó una funcionaria: “Vamos a exigirlos de inmediato, y si no nos llegan, tendremos que someter el caso al procurador de la República”
“En realidad esa sociedad es una anomalía —enfatiza el experto en contabilidad— Es sumamente sospechoso que durante tantos años no haya realizado las actividades por las que fue expresamente creada y tiene estatutos legales en Francia Además, la publicidad que hace en Internet puede ser asimilada a una ‘publicidad engañosa’ En Francia es un delito”
Agrega: “En caso de control fiscal, esa sociedad podría tener problemas serios: llamaría la atención del fisco el hecho de que los gastos mencionados que aparecen en sus balances de actividades (salarios, amortiguamientos, cargas sociales, etcétera) no estén justificados por actividad alguna En Francia sólo se pueden deducir ese tipo de gastos de los impuestos cuando corresponden a una actividad real Pero, como lo reconoce el propio Consejo de Administración en las actas de sus juntas, por lo menos hasta finales del 97, esa sociedad no tuvo prácticamente actividades comerciales, sólo tuvo cargas sociales Todo esto es realmente extraño
“Es evidente que poseer un castillo de ese valor detrás de la pantalla de una sociedad anónima tiene dos ventajas: preserva la identidad del o de los dueños y permite escapar al impuesto de solidaridad sobre las grandes fortunas, que es bastante alto en Francia Esa podría ser una explicación de las anomalías que constato al leer estos documentos Pero puede haber otras”, concluye el experto, que se niega a ser más específico








