Los reporteros no van al cielo

Los reporteros no van al cielo
Raúl Cremoux*
Una de las máximas de un experimentado y sólido compañero periodista consiste en decir que “por la naturaleza de nuestro trabajo, los periodistas tenemos tantos enemigos afuera que no nos podemos permitir uno solo en casa” Cuando la áurea norma es violentada, entre todos los del gremio, la pena y la aflicción cunden como llameante reguero de pólvora Tal ha ocurrido en el caso de los reporteros Francisco Ortiz Pinchetti y su hijo Ortiz Pardo Los dos, pero especialmente el primero, han llamado mucho y mal la atención pública, dado que su trabajo en diferentes medios se había caracterizado por su profesionalismo hasta que, con grandes muestras de enfado, se separó de la revista Proceso Su alegato, que ha llevado hasta las páginas de un libro, consiste sustancialmente en señalar que, al cubrir en la contienda electoral del pasado año el desempeño del entonces candidato Vicente Fox, sus jefes lo censuraron ya que ellos militaban por la suerte del priista Francisco Labastida Al hacer su reclamo, fue despedido
Cualquiera que repase los reportajes de ese semanario en esa época no puede, ni queriendo, ver tal estigma Por lo contrario, Labastida es tratado con objetividad y hasta con la acidez natural que el PRI había despertado en tantos años de simulación y engaño No hay en esos textos y caricaturas publicados el menor asomo de simpatía o militancia a favor del tricolor
No podría encontrarse dado que, durante decenios, el análisis crítico de la realidad nacional ha sido su empeño más distintivo El equipo básico formado por Vicente Leñero, Enrique Maza y Julio Scherer ha demostrado que el periodismo de investigación les ha ganado ejemplaridad y hasta homenaje, como el que en estos días se le hace al primero de ellos por su trabajo crítico en el periodismo y sus exitosas incursiones en teatro, cine y literatura Difícil, muy difícilmente puede pensarse que con esos directivos la censura ganase sobre el rigor o la exigencia de textos agudos, bien estructurados y con soporte en las indagaciones Pudieron darse otro tipo de elementos que llegaran al conflicto Eso es normal y pertenece al ámbito del comportamiento humano Admitamos —no obstante— que se hubiese dado una controversia de criterio entre las partes; como suele darse en el triperío de una tarea colectiva que reviste tantos puntos finos de interpretación; y aún más, representémonos un escenario de lo improbable: la aplicación de un momento de censura ¿No queda entre los haberes de la inteligencia y negociación de un reportero con su jefe el hurgar la publicación de sus textos con lenguaje diferente como ofrece la riqueza del español? Por otra parte, ¿qué era exactamente lo que los reporteros Pinchetti, padre e hijo, querían publicar sobre el señor Fox? Esto último es trascendente ya que, al final de lo ocurrido, la revista, como lo hacen los medios independientes, y este periódico es un ejemplo de ello, continúa con su línea editorial intocablemente crítica El reportero Francisco Ortiz Pinchetti no puede decir lo mismo: él es empleado del señor Fox Precisamente por ello, si a su entender fue censurado y además corrido de la revista, podía haber defendido su posición de trabajador en las instancias legales que hay para ello En cuanto a defender su criterio, lo pudo haber hecho desde la modestia y majestad que da la solitaria independencia Desde ahí podía haber obtenido la credibilidad pública y, lo que es más importante, el respeto de sus colegas y pares Al hacer valer recursos humanos, técnicos y de representatividad oficial que le da ser el nuevo director de la agencia gubernamental Notimex, obligadamente es visto como ventajoso y abusivo Al así proceder, se dé cuenta o no, hace recaer sombras de la noche sobre su proceder y deslegitima su alegato El director de Notimex, no importa cual sea su criterio editorial, ni que quiera convertir tal entidad en una auténtica agencia informativa, es un funcionario gubernamental que representa los intereses de su contratante, en este caso del candidato ganador en las elecciones, por el cual Ortiz Pinchetti ha confesado que sentía que su campaña “era alegre, novedosa, diferente”
Debió haber sido la información privilegiada sobre el proceder de esos reporteros o una coincidencia basada en el deseo de ser grato a los ojos del señor Fox lo que llevó hace apenas unos días a expresar al párroco de la iglesia a la que suele asistir el primer mandatario cuando, en medio de los numeroso reporteros gráficos que los rodeaban, el cura fastidiado por las cámaras lanzó un rayo gestado en las escrituras bíblicas: “¡Al cielo no llegan los reporteros!” ¿Y cómo van a llegar cuando su vida cotidiana se entreteje con el infierno que dictan aquí terráqueamente los empresarios convertidos en políticos y los políticos que no saben emprender y realizar sus tareas?
Lo que sí nos queda claro a todos es que, para alcanzar el paraíso celestial, no hay que transitar los caminos del periodismo o, cuando menos, no hay que hacerlo desde la agencia Notimex
* Con permiso del autor se reproduce este artículo, publicado originalmente en El Universal el viernes 13 de julio