Una biografía que explora los sótanos de Televisa

Una biografía que explora los sótanos de Televisa
Azcárraga y los presidentes: historia de componendas
Fragmentos de El Tigre Emilio Azcárraga Milmo y su imperio Televisa, libro de Claudia Fernández y Andrew Paxman, que bajo el sello de las editoriales Grijalbo y Hoja Casa Editorial saldrá a circulación en México en los próximos días
De no haber habido una revuelta estudiantil, probablemente el régimen de Díaz Ordaz nunca hubiera entrado en conflicto con los concesionarios de la televisión Sus políticas, consideradas como conservadoras, fueron abrumadoramente favorables a la televisión comercial hasta la masacre de Tlatelolco
Ejemplo de tan buena relación se puede leer en la carta que el presidente Gustavo Díaz Ordaz envió a Emilio Azcárraga, entonces vicepresidente de Telesistema Mexicano (TSM), el 17 de mayo de 1967 En ella, Díaz Ordaz le agradecía algunos consejos que Azcárraga había dado sobre la utilización de la radio y la televisión y le anunciaba que por esos “servicios tan estimables, me he permitido nombrarlo mi consejero en materia de radio y televisión Le ruego acepte serlo, aunque los honorarios no son importantes, pues únicamente consistirán en una moneda de oro al año Por adelantado le estoy remitiendo dos años de salario”
Más allá de premiar los servicios, esta deferencia presidencial pudo haber sido motivada, en parte por un deseo de mantener a Azcárraga en paz y de asegurar su lealtad en un momento en el que el gobierno estaba por concesionar dos estaciones (Canales 8 y 13) que rivalizarían con Telesistema
Desde entonces, sin embargo, Azcárraga tuvo puerta abierta en Los Pinos Siempre Independientemente de qué tan cercana o tensa fuera su relación con el presidente en turno, Azcárraga sería recibido en la casa presidencial
Iniciado el movimiento estudiantil, Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, pidieron a Azcárraga —como hicieron con otros medios— cooperara en esos momentos con el Estado ()
Echeverría, por su parte, ha negado cualquier sugerencia de censura o presión sobre los medios por parte del gobierno durante la protesta estudiantil en 1968 Sentado en una poltrona de su casa de San Jerónimo, el expresidente Echeverría contaría décadas después: “Había una autolimitación en realidad No recuerdo ni un solo hecho, no había solicitud del Estado para limitar lo que era informar; ni había tiempo seguramente para hacerlo No creo que a nadie se le haya ocurrido” ()
Ya fuera como consecuencia de alguna sugerencia o por motu proprio, los Azcárraga dispusieron que Telesistema Mexicano asumiera el control de la información que trasmitía Hasta entonces, la elaboración de los noticiarios estaba en manos de productores externos, particularmente periódicos La empresa de televisión más importante del país no contaba con ningún espacio en el que pudiera explicar lo que acontecía No había noticiarios propios y, sin embargo, como en una ocasión recordó Miguel Alemán “estábamos plagados de noticiarios” Pasaba el noticiario del estado de Puebla, del Estado de México, de Guerrero; otro del periódico Excélsior, de El Universal y de Novedades; uno más de Philco, de Domecq; en la mañana Su Diario Nescafé, a medianoche el del periódico Avance
“No había un minuto de Telesistema Mexicano y el gobierno mismo nos sugirió hacer un esfuerzo para informar y decir la verdad de lo que pasaba, ya que en vez de orientar a la gente sólo contribuíamos a la desorientación y a la agitación nos acusaban de ‘televisión vendida’ y la intención era demostrar que no estábamos vendidos, que lo único que tratábamos era de llevar una información veraz y oportuna y que nadie nos estaba manejando ni nosotros tratábamos de manipular a nadie”, contó Alemán
El controvertido 125%
La intervención de mayor peso del gobierno en la empresa de los Azcárraga, hasta entonces, se registró en 1968 Esta relación que evolucionaría en un marco simbiótico de supervivencia mutua, tuvo su primera escaramuza durante las protestas estudiantiles del 68 y la pérdida de prestigio de México con referencia a la masacre de Tlatelolco Aunque TSM había colaborado con el gobierno, aparentemente no había sido suficiente
Un mes después, en noviembre, empezaron a mostrarse algunos signos de descontento del gobierno hacia la televisión privada En un discurso público, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, dio a entender que la televisión comercial no había demostrado suficiente preocupación por los efectos potencialmente adversos de su programación en la juventud mexicana Ya para finales de ese año, el gobierno atacó de frente al proponer un leonino esquema fiscal dirigido a TSM, aunque los aumentos propuestos también serían aplicados a los concesionarios de radio y televisión en su conjunto Esta propuesta se sumaría a los impuestos ya existentes
Según contaría años después el propio Azcárraga a gente del medio, “el manejo del 68 estuvo muy mal, nosotros empezamos a cubrirlo y nos amenazaron” La amenaza, como la llamó Azcárraga, se refería al decreto de tiempo oficial en los medios electrónicos que impondría el gobierno federal En su opinión, era una forma de cobrarles la factura por haber permitido, por lo menos en algunas ocasiones, que se escucharan voces discordantes al gobierno
El 31 de diciembre de 1968, la Ley de Ingresos de la Federación para el año de 1969 incluyó el impuesto constituido por los pagos que se efectuaran por los servicios prestados por empresas que funcionaran al amparo de concesión federales Es decir, se cobraría (mensualmente) el 25% sobre los ingresos obtenidos por publicidad Esta disposición implicaría elevar dramáticamente las tarifas publicitarias y resultaría en un conflicto entre las estaciones y sus clientes Sin embargo, el artículo 16 de la ley ofrecía a los concesionarios privados una alternativa al pago de este impuesto: la Secretaría de Hacienda (SHCP) ofrecería un subsidio equivalente al total de este impuesto si la empresa accedía a colocar 49% de sus acciones a la venta, ya fuera directamente o a través de instituciones nacionales de crédito, entre otros requisitos Ninguna de las dos opciones fue atractiva para los concesionarios, quienes temían que si colocaban sus acciones, el gobierno las compraría Inmediatamente se pusieron a negociar Las negociaciones se dieron en dos niveles: uno oficial a través de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio (CIR) y otro a nivel personal, tras bambalinas, liderado por Emilio Azcárraga Milmo ()
El arreglo que finalmente alcanzaron, y que apareció oficialmente el 1 de julio de 1969, fue que el impuesto sería cubierto si las estaciones ponían a disposición del Estado el 125% del tiempo diario de transmisión, con la salvedad de que dicho tiempo no es acumulable ni diferible, es decir, sin importar si se hace uso de él o no Para endulzar el trato, el gobierno incluso decidió extender el tiempo de las concesiones a los operadores ()
Azcárraga Milmo no olvidó la lección: cada vez que la supervivencia del sistema estuviera en riesgo, el gobierno haría lo que fuera para poner a la televisión —el medio con mayor alcance— a disposición de su defensa
Con Echeverría
() Meses atrás, estudiosos e intelectuales habían desatado una serie de ataques hacia la televisión privada como promotora de un consumismo exagerado, particularmente en las páginas de Excélsior y Ovaciones Hubo meses en los que casi a diario aparecía un artículo en contra de TSM La televisora inició la contraofensiva y organizó a los empresarios privados para que boicotearan económicamente a Excélsior —cuyo tiraje entonces se calculaba en unos 150 mil ejemplares diarios— a partir del retiro masivo de su publicidad Entre febrero y septiembre de 1972, el grupo de empresarios exhortó a las compañías trasnacionales, a través de circulares, a que se unieran a la campaña Durante el boicot, se reunió la plana mayor de Excélsior con Emilio Azcárraga Vidaurreta para hablar con él y resolver el conflicto En eso estaban cuando entró Emilio Jr a la oficina y le dijo a Julio Scherer, director del diario: “Te voy a romper la madre” Don Emilio lo corrió con un “no digas pendejadas” Azcárraga Milmo registró el incidente como una cuenta por cobrar Al mismo tiempo del boicot, empezaron a circular panfletos en los que se difamaba a los directivos del diario Sólo con el apoyo de los anuncios gubernamentales pudo Excélsior sobrevivir a las presiones de los anunciantes En esa ocasión, el gobierno ayudó a la publicación porque ésta apoyaba la política presidencial sobre la radio y la televisión ()
La fórmula mexicana
Paradójico Sólo así podría describirse que el monopolio de la televisión comercial, el más poderoso en el mundo de las comunicaciones de habla hispana, fuera autorizado por el gobierno que más cuestionó a la televisión privada desde su creación, por el presidente que públicamente se irguió como su abierto oponente: Luis Echeverría
Mientras algunos ejecutivos de Televisa afirman que la decisión de fusionar a TSM y a TIM se ordenó desde Los Pinos, otros aseguran que se trabajó en una fórmula antes de ventilar la propuesta ante el presidente y eventualmente, sólo se contó con el beneplácito del mandatario El propio Echeverría ha negado que fuera una idea propia En realidad, la decisión de Echeverría de permitir la creación de una sola empresa privada de televisión respondió más bien a un activo cabildeo por parte de la industria televisiva y los argumentos conceptuales ofrecidos durante la presentación de la “fórmula mexicana” de la televisión que hiciera Miguel Sabido y que comulgaban con sus propios intereses Al respecto, el propio O’Farrill, encargado de convencer personalmente al presidente, comentó años después que “el gobierno (sólo) facilitó las cosas”
Sin embargo, el control sobre la programación, e incluso los límites a la comercialización de la televisión, resultaron un beneficio menor comparado con el enorme potencial de servicio político que ofrecía una empresa única de televisión en el largo plazo Para Echeverría estaba claro: se abría la posibilidad de convertir a la nueva empresa en un poderoso vocero supeditado a sus intereses En la lógica del entonces presidente, el fortalecimiento de una sola empresa televisiva ayudaría a asegurar la difusión de información a lo largo y ancho del país; información de interés no tanto público sino gubernamental No imaginaba entonces el pequeño monstruo de Frankestein que había autorizado crear ()
“Muchas veces llegó el señor Azcárraga en su traje de motociclista a ver al presidente”, recordó hace algunos años Mauro Jiménez Lazcano, quien entonces era director de Información y Relaciones Públicas de la Presidencia “Echeverría estaba abierto ¡Cómo no estarlo, si el gobierno dependía de Televisa! Eran nuestra imagen en la República, pues tenían, y tienen, una gran cobertura” ()
Los lazos hacia el poder
Hacia el final del sexenio del presidente Echeverría, los conflictos entre el Estado y los medios fueron cada vez más ásperos En su afán por mantener su influencia en los círculos del poder una vez que concluyera su mandato, Echeverría intervino en varios medios con el fin de aumentar su control sobre la prensa () Al mismo tiempo, en una especie de vendetta por el conflicto con Alfa, Echeverría ejerció una constante presión sobre Televisa para comprarle el Canal 8, que había aportado Bernardo Garza Sada a la sociedad con Azcárraga, pero cuya concesión aún estaba bajo el nombre del regiomontano Azcárraga, resistió las presiones de compra, provocando gran irritación en el entonces presidente Consciente de su posición pero no dispuesto a ver afectados sus intereses, Emilio permitió entonces convertirse en vehículo de Echeverría para atacar a Excélsior
El diario que entonces dirigía Scherer, había sido desde 1968 uno de los más críticos del régimen y era punto de referencia de la prensa internacional Echeverría tenía más de una razón para estar molesto con ellos Excélsior había criticado en forma creciente la corrupción de los líderes sindicales y de algunos gobernadores, como Rubén Figueroa de Guerrero; también señalaba los errores de la política económica, y la farsa de la democracia en México cuando el presidente electo no había tenido contrincante en la elección Para enero de 1976, el Canal 13 había retirado su publicidad de Excélsior y arrancó una campaña difamatoria en su contra, tanto en otros periódicos como en la televisión Además introdujo conflictos al interior de la cooperativa propietaria del diario, iniciando rumores de malos manejos por parte de la administración y la dirección El 10 de junio de ese mismo año, un grupo de paracaidistas dirigidos por Humberto Serrano —dirigente del Consejo Agrario Mexicano y candidato del PRI a ser diputado en 1976— ocuparon los terrenos de Paseos de Tasqueña que había adquirido la cooperativa de Excélsior en 1959 Los invasores recibieron alimentos de Conasupo y apoyo de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP), encabezada por el arquitecto Ramírez Vázquez Ninguna de las autoridades competentes actuó contra esta invasión ilegal
Echeverría, quien semanas antes había entregado uno de los premios nacionales de periodismo a Jacobo Zabludovsky, se aseguró de que Televisa cubriera la información de la invasión de los terrenos de Tasqueña Azcárraga, con tal de quitarse un poco de las presiones de Echeverría de encima, apoyó al presidente en su batalla contra Excélsior () Cada noche de junio y principios de julio de 1976, Zabludovsky dedicó unos minutos a la información del caso Excélsior
Al mismo tiempo, un pequeño grupo de miembros de la cooperativa, entre ellos el actual gerente general, Juventino Olvera, acusaron al director Julio Scherer y al gerente Hero Rodríguez Toro de fraude y una mala administración En una asamblea extraordinaria de la cooperativa, celebrada el 8 de julio de 1976, hubo una confrontación abierta entre la mayoría que apoyaba a Scherer y un pequeño grupo de trabajadores de Excélsior cooptado por el gobierno En violación de los estatutos de la cooperativa, la minoría despidió ilegalmente a Scherer y a algunos de sus colaboradores Este grupo se dividiría posteriormente, para formar la revista semanal Proceso, en 1976, y el diario Uno más uno, en 1977 Ambos representaban el pensamiento independiente de izquierda que no fue cooptado por Echeverría
Nuevamente, Azcárraga había resultado un exitoso operador del gobierno y en esta ocasión había ganado en las vencidas contra Excélsior Proceso, la extensión del Excélsior de Scherer, no tardaría en cobrarle la factura La revista se convertiría en una molesta piedra en el zapato de Azcárraga para el resto de sus días
Azcárraga y López Portillo
Tenían todo para ser amigos Dos hombres de seductora personalidad, con debilidad por las mujeres, pasión por los caballos y placer en el poder Emilio Azcárraga Milmo y el nuevo presidente de la República, José López Portillo, se entendieron bien Por lo menos, al principio
Durante su sexenio, Televisa y no la televisión estatal, los Canales 13 y 11, fue el medio favorito para manejar la imagen presidencial El propio Azcárraga fue nombrado coordinador de la imagen presidencial de López Portillo y de las transmisiones de su visita a España en octubre de 1977 ()
() En ocasiones, el entonces presidente asistía a fastuosos banquetes en Televisa, en los que se presentaban espectáculos musicales y variedades, que en ese momento se promovían en la televisora Rodeado de atractivas actrices, López Portillo se dejaba querer, mientras Azcárraga le recordaba al oído su lealtad a la institución presidencial Ahí, el presidente era testigo de que en esa empresa no mandaba nadie más que Azcárraga Daba órdenes, explotaba en gritos e invariablemente humillaba a algún colaborador ()
La relación de Televisa con el gobierno, entonces, fluía sin obstáculos En gran medida, porque como describiría López Portillo durante una conversación en su casa en 1997: “Emilio tenía muy clara cuál era su función política; no intervenía, sólo estaba a las órdenes del presidente, de todos los presidentes” A López Portillo le quedaba muy claro y cuando necesitaba de su aliado de la televisión, le enviaba un mensaje con alguno de sus secretarios()
() Dos días antes de que concluyera el sexenio de López Portillo, el 29 de noviembre de 1982, el Diario Oficial publicó un acuerdo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes por medio del cual se notificó a la empresa Televisión de Provincia, SA, filial de Televisa, que podía continuar el procedimiento de obtención de concesión para operar y explotar su red existente con 95 nuevas estaciones Pero De la Madrid paró el trámite en cuanto tomó posesión, en gran medida por haberse aprobado al vapor Hacia el final de su propio sexenio, sin embargo, un total de 75 de los 95 canales solicitados en concesión repetían la señal de Canal 2 de Televisa
Una década de claroscuros
Como cada año, el 1 de septiembre de 1982, Emilio invitó a unos 20 notables a comer y ver el informe presidencial en sus oficinas de la Fundación Cultural, en San Ángel, para comentarlo a la hora del coñac
En su último informe a la nación como presidente, López Portillo admitió la sombría situación económica que vivía el país y, en consecuencia decretó la nacionalización de la banca y el control generalizado de cambios Entre lágrimas gritó: “Ya nos saquearon no nos volverán a saquear” Todos los empresarios del país se fueron de espaldas, incluido Azcárraga y sus amigos ()
Al día siguiente, López Portillo mandó llamar —a través de su hermana Margarita, directora de RTC— a un grupo de empresarios del ramo de la comunicación a Los Pinos, la casa presidencial El gobierno quería asegurarse que contaba con ellos para coordinar una estrategia de apoyo hacia la medida El salón se llenó con directores de empresas paraestatales, directores de medios, concesionarios de radio y televisión y algunos funcionarios, encabezados por Margarita López Portillo; todos sentados alrededor de una enorme mesa redonda Emilio llegó tarde, solferino, sudando furia, incontenible Acompañado de Miguel Alemán y Félix Cortés Camarillo, se sentó y saludó muy seco Cuando Margarita le preguntó su opinión sobre la nacionalización, El Tigre estalló, cortando de tajo la densidad hostil del ambiente: “¡Esto es el comunismo!” ()
Azcárraga entonces exigió que la Secretaría de Hacienda declarara que el país no iba al socialismo y que las 3 mil instituciones bancarias se subastaran o se indemnizara a los banqueros Si no hubiera sido por la protesta de Azcárraga, los banqueros, que se habían quedado perplejos, lo hubieran perdido todo Y lo consiguió: esa misma noche, funcionarios de Hacienda explicaron en 24 Horas que la medida no significaba que el país se dirigiera al socialismo y poco después, De la Madrid ofreció una compensación a los exbanqueros privados además de permitirles la apertura de casas de bolsa y de cambio
El episodio, sin embargo, además de finalizar la relación cordial entre Azcárraga y López Portillo (nunca volvieron a hablar), marcó los límites del vínculo entre la empresa y el régimen partidista Por primera vez, el hombre de reconocida lealtad al sistema expresó su inconformidad al presidente, a quien había considerado públicamente su “jefe” Quedaba claro que si bien Azcárraga era leal al sistema, antes que nada, era un hombre de negocios, y eso no había que olvidarlo ()
Con De la Madrid
El 5 de julio de 1982, Televisa y el gobierno firmaron un acuerdo para la instalación del sistema de satélites Morelos Ni el Canal 11 ni el 13 participaron en las negociaciones contractuales Televisa decidió entonces la instalación y el equipamiento de estos satélites, que tendrían un promedio de nueve años de vida y cuyo costo aproximado fue de 150 millones de dólares
Consciente del ambicioso interés de Azcárraga en el negocio de los satélites, en cuanto tomó posesión, De la Madrid cambió el artículo 28 de la Constitución para que toda comunicación satelital fuera considerada como “una actividad estratégica a cargo exclusivo del Estado” Pero Azcárraga no quitó el dedo del renglón y prácticamente fue moldeando las políticas gubernamentales sobre el uso de los satélites; el tipo de aparatos, su ubicación, la distribución del tiempo; todo fue determinado por las necesidades de transmisión de Televisa
No era la primera vez que Azcárraga influía en las políticas de comunicación federales; su opinión tenía gran peso en cuanto al otorgamiento de concesiones o en el establecimiento de tarifas de servicios de comunicación Un año antes del lanzamiento de los satélites Morelos, en enero de 1984, Emilio dirigió una carta al subsecretario de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la dependencia, Javier Jiménez Espriú, en la cual impugnó el alza en las tarifas por la conducción de señales Por el mismo servicio, Televisa tendría que pagar el doble en México que en Estados Unidos; insistía, por tanto, en su solicitud para poder utilizar el satélite estadunidense Galaxy I, para la transmisión de señales entre los dos países () No logró la reducción de las tarifas, pero obtuvo facilidades de pago
Ese octubre, Televisa acordó con la SCT el establecimiento de 80 estaciones terrenas para captar la señal de los satélites; 36 serían colocadas por el Estado y las 44 restantes correrían a cargo de la empresa Éstas seguirían perteneciendo al Estado, pero a cambio, Televisa recibía el derecho de usar prioritariamente el sistema satelital para transmitir su programación()
Durante una cena en casa de Miguel Alemán, el presidente De la Madrid, sentado frente a Paula Cussi, comenzó a discutir sobre las políticas de comunicación y los medios Azcárraga, irritado, dijo de pronto al presidente: “Miguel, no se te olvide que ustedes van y vienen Nosotros siempre estamos aquí” ()
Poco más de un año después de que arrancó el gobierno del presidente De la Madrid, Emilio Azcárraga invitó a comer al secretario de la Contraloría, Francisco Rojas, y a dos de sus subsecretarios, Ignacio Pichardo y Raúl Robles, a sus comedores de la calle de Hamburgo, en la Zona Rosa Por parte de Televisa acudieron Jacobo Zabludovsky y Guillermo Ochoa entre otros comensales Durante la comida, Rojas le agradeció a Jacobo unas notas que el periodista había transmitido, que eran favorables a la Contraloría y El Tigre espetó: “No, Paco, no te equivoques, al único que tienes que agradecérselo es a mí; éstos —dijo señalando a sus colaboradores— son mis gatos” Se hizo el silencio, en la mesa Zabludovsky y Ochoa siguieron comiendo su sopa, sin apenas levantar la mirada ()
Salinas y las 62 concesiones
Por esas fechas ( finales de 1994), Azcárraga andaba cojeando Se había lastimado una pierna en un juego de paddle-tenis, pero aún así, asistió a una reunión en la Fundación Alemán, que presidía su socio Miguel Alemán Al llegar Pedro Aspe, secretario de Hacienda, a la misma reunión, Azcárraga, dolido, se iba a levantar “¿Te ayudo, Emilio?”, preguntó Aspe Azcárraga, sonriendo, respondió: “No, aquí no, cabrón, ¡en Hacienda!”
Sus ruegos se cumplirían pronto, y no precisamente por la ayuda de Aspe Cinco meses después de que se concretó la privatización de los canales estatales de televisión, el gobierno mexicano otorgó a Televisa 62 concesiones de televisión que le permitirían convertir al Canal 9 en su cuarta cadena nacional
Desde que apareció en el Diario Oficial el acuerdo sobre la licitación de varias concesiones en diversos estados de la República, en diciembre de 1992, algunos columnistas de negocios sugirieron que esas concesiones ya tenían dueño La noticia se confirmó un año después cuando la Secretaría de Hacienda anunció que esas concesiones habían sido otorgadas a Televisa y que, por su parte, TV Azteca había recibido 10 nuevas concesiones
Zedillo, la renovación pendiente
Todo este capítulo de escaramuzas legales entre Televisa y Multivisión muestra que las cosas no eran como antes Zedillo no era Salinas y aunque Azcárraga fue el primer representante de la iniciativa privada en visitar a Zedillo cuando fue destapado como el candidato presidencial que sustituiría a Colosio, la relación era muy distinta En parte por el propio carácter puritano y poco sentido del humor del presidente Zedillo; en parte porque Azcárraga pasaba gran parte del tiempo fuera del país y no tenía tiempo para invertir en relaciones ()
A principios de 1994, cuentan algunos, (Alejandro) Burillo pidió que lo comunicaran con Luis Donaldo Colosio, en su cuartel de campaña El candidato del PRI no se encontraba, por lo que Ernesto Zedillo, director de la campaña, tomó la llamada “Yo sólo hablo con Colosio, no con sus subalternos”, le dijo, supuestamente, Burillo Unas semanas después, Colosio estaba tendido en un charco de sangre en Tijuana, y el “subalterno” Zedillo se convirtió en el nuevo candidato del PRI Zedillo, se cuenta, le aclaró a Azcárraga que, una vez que lo eligieran, las relaciones entre Televisa y la Presidencia podrían verse enriquecidas con la ausencia de su sobrino ()
Más municiones contra Burillo se presentaron en la forma de otras actividades cuestionables relacionadas con el futbol y un lío de faldas que llegó a la prensa, todo lo cual disgustó a Azcárraga Al final, Burillo pasaría el primer año posterior a la elección de Zedillo fuera de México —navegando en un megayate con su familia y explorando oportunidades de coproducción en la India, entre otras cosas— funciones algo extrañas para un vicepresidente ejecutivo()
A principios de 1999, Azcárraga Jean había visitado los foros de los noticiarios y pidió una cobertura equitativa Sin embargo, la evidencia ha mostrado que aún se vive una inclinación hacia el candidato que ha sido identificado como el favorito del presidente Zedillo: Francisco Labastida Ochoa ()
Azcárraga era tan cercano al poder que sirvió de enlace en uno de los momentos más álgidos de la política mexicana contemporánea Pocos saben que cuando el expresidente Salinas se enteró del arresto de su hermano Raúl en febrero de 1995, y amenazó con comenzar una huelga de hambre en protesta, Azcárraga fue mediador Sentado en su oficina, El Tigre tenía a Salinas en una línea y a Zedillo en la otra tratando de establecer un puente de comunicación entre ellos “No, Carlos, no puedes hacer esto”, dijo Azcárraga a Salinas “Vas a hacer que México se vea, de veras, como un país del Tercer Mundo” ()