En México, el peor trato del mundo a los enfermos mentales

En México, el peor trato del mundo a los enfermos mentales
Miseria, abandono y derechos humanos conculcados, en los hospitales psiquiátricos
María Scherer Ibarra
MUNICIPIO VILLA DE TEZONTEPEC, HGO – Son las seis de la mañana Los pacientes del Hospital Psiquiátrico Doctor Fernando Ocaranza comienzan a abandonar sus camas, incluso quienes padecen algún malestar En una procesión dantesca, espectral, pasan a las regaderas Tiritan mientras las enfermeras los ayudan a secarse con una sábana sucia y luego, de un inmenso montón de ropa, toman lo que encuentren para cubrirse Nada aquí les pertenece Y por eso al comedor llegan más tarde mujeres con prendas que no les cierran, y varones con vestidos de mujer Esto, mejor que permanecer todo el día desnudos Como sea, la mayoría van descalzos, porque los zapatos son un privilegio de quienes se bañaron aprisa y llegaron primero
El desayuno: un plato de frijoles, dos tortillas, una naranja y un vaso de leche
El ejercicio de quienes lo desean: dar vueltas y más vueltas, durante horas, en patios asfixiantemente estrechos
Otros prefieren acunar las visiones de sus mentes maltrechas, tirados, hechos nudo sobre el piso de cemento frío
De pronto, una onda de alegría recorre el patio, centellean las sonrisas y los enfermos postrados se levantan para rodear a dos personas que los visitan Son dos mujeres a las que besan, abrazan y cuentan cómo han pasado sus últimos días
Las visitas: Virginia González Torres y María Elena Dip, integrantes de la Fundación Mexicana para la Rehabilitación del Enfermo Mental
Aunque el Hospital Psiquiátrico Doctor Fernando Ocaranza es un terreno que apenas exploran, Virginia y María Elena nos conducen como expertas por los círculos que van de los dormitorios a los baños, de los baños al comedor, del comedor a los patios, y ecos de lamentos y clamores resuenan en su información:
—En el hospital Ocaranza, que no tiene sala de emergencias, hay cuatro psiquiatras para 300 enfermos
—No existen aquí los cepillos de dientes ni el papel de baño
—Los usuarios, que con frecuencia son llamados con diminutivos en lugar de sus nombres, han sido despojados de sus derechos humanos, y el personal, sobre todo el administrativo, no respeta su dignidad
—En este hospital, como en la mayoría de los centros psiquiátricos de México —resume Virginia—, se “animaliza a las personas”, pues el “tratamiento” que reciben los somete y los aplasta hasta hacerlos perder su identidad
México, el peor del mundo
Las condiciones “degradantes e inhumanas” que sufren los enfermos en los centros psiquiátricos de México son peores que las observadas en cualquier otra parte del mundo, sentencia en entrevista telefónica Eric Rosenthal, director de la organización no gubernamental (ONG) —con sede en Washington— Mental Disability Rights International (MDRI)
En este país, como en otros de América Latina y del Este de Europa, proliferan los hospitales psiquiátricos de tipo asilar, caracterizados por estancias de largo plazo sin programas de rehabilitación, a pesar de que otras naciones del Tercer Mundo, como Argentina, tratan de enfrentar seriamente el problema de salud mental mediante programas de ayuda comunitaria
De parte del gobierno mexicano —responsable absoluto de proteger los derechos de las personas con discapacidad mental, según las leyes y convenios internacionales—, “hace falta un compromiso verdadero”, expresa Rosenthal, y especifica:
La norma oficial mexicana 025, que se refiere a la prestación de servicios de salud en unidades de atención integral hospitalaria médico-psiquiátrica, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 16 de noviembre de 1995, “es excelente, pero el problema es cumplirla”
Y continúa: Para obligar al gobierno mexicano a respetar la norma y a cambiar el sistema mexicano de salud mental, lo procedente es lograr la “combinación” de denuncias por parte de los pacientes, sus familias, los defensores de los derechos humanos y los médicos, psiquiatras, enfermeras y trabajadoras sociales que conviven con ellos
MDRI otorga su máxima atención al respeto a los derechos humanos de las personas con discapacidades mentales, y se halla constituida por un equipo de abogados, médicos y psiquiatras que viajan por el mundo realizando investigaciones Los resultados son entregados posteriormente a las autoridades para ayudar a los gobiernos a transformar sus sistemas de salud
Luego de haber realizado reportes sobre hospitales psiquiátricos en Uruguay y Hungría, una delegación de MDRI se dispone a viajar a México para hacer públicos, a mediados de febrero, los resultados de su más reciente estudio, dedicado a este país
El Informe sobre México es resultado de tres investigaciones de MDRI realizadas entre julio de 1996 y noviembre de 1999 en el hospital de Jalisco, en los sanatorios Ramírez Moreno, Nieto y Sayago, Fray Bernardino y en dos casas de protección social para personas con discapacidad mental, además del Hospital Ocaranza
La degradación
El documento original del estudio —que aún espera aportaciones y correcciones de las autoridades mexicanas de salud, así como de las ONG dedicadas al problema— ya está en poder de Virginia González Torres Señala graves violaciones de los derechos humanos de los discapacitados mentales, aunque también reconoce mejoras en instituciones donde ha participado activamente el sector no gubernamental
Pero a Virginia González Torres no le sorprenden los hallazgos de MDRI, pues en México, desde hace mucho, los pacientes sobreviven, según González, en condiciones insalubres; el personal aplica tratamientos antihigiénicos y los enfermos carecen de la atención médica y dental adecuada; además, pasan horas en inactividad, no tienen la menor privacidad ni pueden tomar decisiones, y como resultado de la falta de programas de modificación de conducta, son víctimas de abusos y de prácticas —como la sujeción física— que les causan un enorme sufrimiento
En efecto, la reportera y el fotógrafo encontraron en el hospital Ocaranza, en el área de “Cuidados Especiales”, a un paciente con las manos atadas mediante un pedazo de sábana porque, de acuerdo con las enfermeras, las vendas escasean en el hospital y “nos obligan a improvisar” Lo inmovilizaron de ese modo para evitar que se rascara, luego de que otro enfermo lo mordió y le arrancó la punta de la nariz Fue así necesario hacerle un injerto que ocasiona una fuerte comezón
En otros hospitales del país —señala González, y más tarde lo confirma Carlos Gámez, titular de la Coordinación de Salud Mental de la Secretaría de Salud— la situación es peor
Hay, dice Virginia, personas encerradas en áreas restringidas que, por falta de actividad, se pasan horas meciéndose o estimulándose de diferentes formas, que van desde la masturbación hasta los pellizcos y las heridas con uñas, ramas u otras cosas
Varios hospitales carecen, así mismo, de programas de control de esfínteres, y algunos enfermos orinan o defecan en áreas verdes donde el resto de los pacientes se sientan o caminan, muchos de ellos descalzos
Refiere González —parte de su entrevista se realizó en el trayecto de Hidalgo a la Ciudad de México, y otra parte en sus oficinas del Distrito Federal— que en el hospital de Jalisco, Eric Rosenthal, observó a niños que, acostados en colchones manchados con orina y excremento, colocados en el piso, se comían sus propias heces o se causaban daños físicos
En cuanto a la falta de tratamiento y rehabilitación, señala González, el documento confidencial de MDRI establece que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales —del cual México es Estado parte— garantiza la prerrogativa de vivir en el más alto nivel posible de salud física y mental Y el Comité de dicho pacto precisa que esto implica el acceso a los servicios médicos y sociales para que los discapacitados sean autónomos, eviten otras discapacidades y logren su integración social
“Nada qué hacer”
Sin embargo, precisan los autores del estudio, como en los psiquiátricos con sistema asilar la rehabilitación no es la prioridad, algunos pacientes permanecen recluidos durante décadas e incluso de por vida
Entre ellos se encuentran cientos de personas que han sido detenidas por autoridades policiacas o judiciales y que, por falta de atención legal y familiar, prolongan indefinidamente su encierro
Tal es el caso, en el Hospital Ocaranza, de Santiago Mendoza, quien hace tiempo fue internado por la policía municipal por haber matado a otro hombre a machetazos Aunque, de acuerdo con el médico, ya fue dado de alta, allí permanece porque “lo trajo la policía y no hay nada qué hacer”
Estas detenciones arbitrarias en instituciones psiquiátricas, dice Virginia González, son también tratadas en el informe de MDRI
La mayoría de las violaciones de los derechos humanos, continúa, se origina al mantener a los pacientes segregados Un grupo especialmente vulnerable es el de los abandonados, que no tienen familia u otra persona a quién recurrir
Según las cifras que algunos directores de centros psiquiátricos ofrecen, los abandonados constituyen entre 75 y 80% de los internos
El propio Carlos Gámez reconoce que hay un alto número de epilépticos y pacientes con retraso mental que no debieran permanecer en las instituciones psiquiátricas
Y la detención innecesaria del discapacitado, apunta González Torres, contraviene el derecho a la integración comunitaria establecido en la Convención Interamericana sobre la Discapacidad, aprobada por la OEA el año pasado
Por ello, en sus conversaciones con autoridades de Salud, a Eric Rosenthal se le indicó que toda la población internada a largo plazo en psiquiátricos podría reintegrarse a la comunidad con servicios adecuados
Tanto a él como a González Torres, directores y personal de varios hospitales les aseguraron que si tuvieran el capital necesario para aplicar programas comunitarios, comenzarían de inmediato a reintegrar pacientes a la comunidad Y el titular de la Coordinación de Salud Mental de la Secretaría de Salud, Carlos Gámez, prometió incluso que la cifra de internados a largo plazo se reduciría a un tercio en un año, y que el resto se beneficiaría de múltiples servicios comunitarios
“Gámez hizo una promesa muy seria, que me alienta y me atemoriza, porque no hay la preparación, la planificación ni los recursos que se requieren para ejecutarla Me alarma que puedan echar a esa gente a la calle”, dice Rosenthal, y explica que aunque es posible reintegrar a la mayoría de discapacitados a la comunidad, su salud e integridad correrían riesgos sin los servicios necesarios, pues podrían salir a las calles numerosos indigentes abandonados a su suerte
En consecuencia, sugiere, es necesario que México elabore un plan nacional para organizar un nuevo régimen de salud mental, pero aumentando considerablemente el presupuesto en este rubro
Unos 2 millones de enfermos
Para dar una idea de la magnitud del problema, el propio Carlos Gámez y los directores adjuntos de Planeación y Operación, Eduardo Núñez y Rafael Castro, manifestaron que en el país hay 2 millones de “usuarios de los servicios de salud mental con problemas persistentes”
La mayoría recibe consultas “extramuros” en más de 300 unidades de servicio Los 28 hospitales pisquiátricos del país cuentan con 7 mil camas, y, según Eduardo Núñez, “no hay escasez de camas”, sino que están mal distribuidas, pues “no hemos cubierto las necesidades de algunos estados”
Gámez asegura que a partir de la autorización de la norma 025, que obliga a abordar el tratamiento de los pacientes de manera integral, han mejorado las condiciones de varios hospitales y otras unidades de servicio, pero acepta que queda mucho por hacer en cuanto a la capacitación para la rehabilitación psicosocial y para el enfoque multidisciplinario del tratamiento Pero, se defiende, “no generalicemos; no todas las unidades del país están en las mismas circunstancias Hay hospitales psiquiátricos modelo, como el Fray Bernardino o el Ramírez Moreno”
Uno de los obstáculos que tiene la Secretaría de Salud, añade, es que 80% de los psiquiatras se concentra en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, de modo que en el resto de las ciudades “batallamos para conseguir recursos humanos” Además, los viejos hospitales “campestres” se construyeron lejos de las áreas urbanas, así que “los pocos especialistas no quieren transportarse lejos de donde viven”
No obstante, “implementamos programas como los centros de día, la escuela para padres y las terapias familiares Estamos procurando atender a los pacientes fuera de los psiquiátricos Las camas hospitalarias sólo deben utilizarse cuando sea estrictamente necesario, como marca la norma (025), para continuar con tratamiento terapéutico o farmacológico en el seno de la sociedad”
En consecuencia, la Coordinación de Salud Mental, dice Gámez, trata de persuadir a los gobiernos estatales para instalar servicios de otra clase, como unidades de día que proporcionan tratamiento rehabilitatorio ambulatorio
Así, la reinserción en la sociedad de los usuarios de hospitales psiquiátricos será paulatina “No aventaremos a los enfermos a la calle Sabemos que su reincorporación es un trabajo permanente”
Sin embargo, Gámez ya no habla del plazo de un año que, según Rosenthal, le había comunicado “Cada usuario —señala Gámez a la reportera— tiene un plan terapéutico de reinserción paulatina que puede durar años No olvidemos que se han deteriorado sus relaciones sociales y laborales”
Por lo que se refiere al presupuesto, Gámez sostiene que, en la actualidad, la coordinación a su cargo sólo cumple una función normativa y que son los gobiernos estatales los encargados de asignar el presupuesto de salud mental
La CNDH, ajena
Pero en un caso reciente, el propio gobernador de Hidalgo, Manuel Ángel Núñez, negó a González Torres su propuesta de aumentar el presupuesto al Hospital Ocaranza, aunque éste es uno de los psiquiátricos considerados en situación económica “de crisis” por las propias autoridades de salud
Según el informe de MDRI, es posible crear consejos de discapacidad (formados por discapacitados y familiares, profesionales y personal de hospitales), para garantizar la participación de los interesados en vigilar el respeto de los derechos humanos y en transformar los sistemas de salud mental
El documento, apunta la activista, también recomienda que la Comisión Nacional de Derechos Humanos adopte un papel más activo, pues no auxilia en la fiscalización del respeto a los derechos de los pacientes con discapacidad mental ni revisa las condiciones que guardan las instituciones
En su análisis sobre el informe de MDRI, Virginia González toca una de las violaciones más graves contra las personas con discapacidad mental De acuerdo con la reglamentación internacional, cualquier persona sujeta a la admisión involuntaria en un psiquiátrico tiene derecho a una audiencia y a la revisión periódica de su situación por un órgano judicial u otro independiente establecido por la legislación nacional (La retención de un individuo sin revisión viola el derecho a la libertad y seguridad personal previsto por la Convención Americana de Derechos Humanos)
La ley mexicana, en cambio, “no exige revisiones de ningún tipo cuando se procede a la admisión involuntaria Es el personal de los psiquiátricos el que decide cuán largo puede ser el encierro”
Además, los pacientes tienen derecho a ser representados por una persona que no pertenezca a la institución en la que se encuentran recluidos Pero la mayoría de los abandonados antes de 1995 —año en que se aprobó la norma 025— son tutelados por los directores de los psiquiátricos, quienes, de este modo, representan a cientos de personas, muchas de las cuales carecen por completo de defensa ante las detenciones arbitrarias
Conforme a los principios internacionales, las personas con discapacidad mental conservan los mismos derechos que todo ciudadano, pero en México, denuncia Virginia González, la revisión judicial o independiente de sus casos es un derecho que se les niega
En tanto que Carlos Gámez acepta que hay un alto número de pacientes epilépticos y con retraso mental que no debieran permanecer en los centros psiquiátricos, Virginia González, como integrante de los comités ciudadanos de varios centros psiquiátricos (dispuestos por la norma mexicana O25), desarrolla talleres en los que personas con discapacidad mental realizan alguna labor
“Los enfermos, como cualquier ser humano, están ansiosos de aprender, de alcanzar logros Quieren trabajar, construir, más que recibir regalos”
Por cada 45 minutos de trabajo de los discapacitados, la fundación que preside les paga cinco pesos Y una vez a la semana o a la quincena, los llevan a pasear por alguna ciudad cercana
Uno de los logros de rehabilitación conseguido por los técnicos de la Fundación Mexicana es que una de sus defendidas —quien pasó 16 años recluida en Sayago, sin defensa y pidiendo que la dieran de alta—, Margarita, vive al fin sola, a los 40 años de edad, en un departamento rentado de la Colonia del Valle, y ha conseguido su independencia económica: sufraga sus gastos tejiendo y pintando cerámica
Como a ella, la Fundación Mexicana para la Rehabilitación del Enfermo Mental atiende a 600 personas Y, mediante la Fundación Dignidad, ha desarrollado programas y servicios comunitarios como la Casa de Medio Camino, en el que viven pacientes dados de alta sin recursos, y como el Taller Dignidad, donde hombres y mujeres rehabilitados o en curso de rehabilitación toman clases de cerámica y teatro Ahí cocinan para ellos mismos y reciben 150 pesos semanales en pago por su trabajo, además de un apoyo extra para su medicamento
Mientras tanto, el informe de MDRI que se difundirá en febrero, concluye la activista, dará cuenta de acciones oficiales que comprometen la propia salud del enfermo, con lo cual se está violando, además, el derecho a la vida y a un trato digno, reconocidos por la Convención Americana de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos