Las caricaturas me hacen llorar
Carlos Monsiváis
En el dibujo del Fisgón (La Jornada), un presidente Zedillo de nariz infinita contempla a una familia campesina a punto de ser devorada por las aguas, y comenta: “Vamos a atender familia por familia Los Legorreta, los Gutiérrez Cortina, los Azcárraga primero”
En la caricatura de Helguera (La Jornada), en medio del paisaje diluvial, el presidente Zedillo, vestido según moda de algún siglo venidero, implora colérico (si tal cosa es posible, que lo es): “¡Dénme chance! ¡Esto es lo único que podría hacer en mi sexenio sin ayuda del exterior!”
En el dibujo de Calderón (Reforma), un Ernesto Zedillo bravucón, en plan de noquear al universo (si mandíbula tuviere), mira a un ser que emerge del lodo y grita “¡POR FAV”, y contesta: “¡Chitón, que soy el mero Preciso aquí y yo sí te surto!” Contempla la escena un rasta (el Mosh) y un enmascarado (uno del EZLN), y comentan: “¡Oye! ¡No le hagas caso al Doc! ¡En realidad es un encanto!”
En el dibujo de Falcón (Reforma), un Zedillo casi a punto de fundirse con los rasgos caricaturales de Luis Echeverría, se acerca a un ser remodelado por la lluvia y el lodo El texto dice: “Sensible, Zedillo se acerca a los damnificados” El presidente lanza un gracejo: “Ya sé por qué ustedes no hicieron ‘puente’: porque se los llevó el río ¡Ju-Ju!” Le responde el enlodado con los signos que denotan furia, y Zedillo finaliza: “¡Cállese! Y respete los chistes del presidente”
En la caricatura de Magú (La Jornada), un Zedillo cariacontecido, en medio de la tormenta, escucha a su colaborador, que lo consuela: “También al gobierno nos están lloviendo quejas y mentadas”
Las caricaturas aparecen entre el 11 y el 13 de octubre de 1999
“Con este auge de la crítica, se le quitó
el sabor de gloria a las adulaciones”
Dejó de ser motivo de asombro, salvo por la calidad del dibujo o del ingenio, el trato caricatural inmisericorde del presidente de la República y de los más altos funcionarios A estas alturas, ser objeto de censuras y burlas (es forma afectuosa de la crítica) y no buscar de inmediato las represalias, es ya parte del oficio de político, no un rasgo externo o coyuntural, sino un componente básico del diálogo con la sociedad, que se da pese a todo La crítica es el lenguaje más activo de la República, no sólo porque así lo requiere el cúmulo de catástrofes (económicas o naturales, políticas o delincuenciales), sino por ser la crítica el ámbito reconocido de la interlocución Casi un siglo de monólogo autoritario ha despojado de sonido al mensaje oficial Todavía hace 15 años se hablaba de “caricaturas desacralizadoras” o de “inconcebible falta de respeto a la Figura”; ahora, si bien todavía no se normaliza el trato democrático, dejó de manejarse la idea de “lo irreverente” Si no hay referencia previa, no puede darse la irreverencia Desde hace años, la secularización alcanzó al poder político, carece de sentido hablar de la “desacralización” (¿dónde está lo sagrado?), y el funcionario que se ofenda gravemente por el modo en que se le representa o por los comentarios satíricos a cualquiera de sus actos, o al conjunto de ellos, al menos se equivocó de profesión La ausencia de caricaturas es el mejor homenaje satírico
Es un nivel, la nueva situación ha desembocado en el cinismo de la clase política: “Que me dibujen como se les dé la gana, que al cabo todas las caricaturas desolladoras juntas no equivalen a la sombra de una auditoría” Tal vez, pero este desplante de sobreviviente se olvida del hecho central del dibujo satírico y la crítica actuales: el fortalecimiento de límites al abuso, la ineficacia, los arranques temperamentales, la tergiversación de las funciones de los gobernantes Esto significa gran cambio en los cometidos de la caricatura política Durante el siglo XIX, el género es respiradero básico de una sociedad con escasísimas vías de expresión; en los años de la fuerza impune del régimen de la Revolución Mexicana, es la protesta a contracorriente, en un clima de tal sometimiento que incluso los lectores las ven con disimulo Luego, muy especialmente con Rius, Naranjo y Helio Flores, la caricatura es la denuncia memorable, el gran discurso político resuelto en unas cuantas líneas, no tanto la voz de la sociedad como la descripción esencial de los hechos
A partir sobre todo del régimen de Carlos Salinas, sobredeterminado por la sospecha del macrofraude electoral, y obligado por su adopción incondicional de atmósferas de la vida estadunidense a incluir la crítica entre los haberes de la República, el gobierno federal se resigna o, más bien, decide “que ni los ve ni los oye” (En las regiones, la situación es distinta Nada aumenta tanto la susceptibilidad como la certeza del poder omnímodo) Ya la generación de moneros que hoy tienen entre 30 y 45 años de edad da por sentada su independencia y no suele asustarse de su propio trabajo Discute a veces con los editores por matices o alusiones que juzgan extremos, pero no padece la negociación interminable y fatigosa de otros tiempos Y, lo más importante, no vive la caricatura como “transgresión”, sino como trabajo regular El diálogo de los dibujantes satíricos es con la sociedad, y la lectura divertida y comentadísima de las caricaturas se añade al diálogo de la sociedad con las autoridades Si el punto de vista colectivo se expresa o se debe expresar claramente en cada ocasión electoral y en los movimientos sociales, el punto de vista social se vierte a diario a través de las caricaturas y, en otra medida, de los artículos y ensayos En relación con las deidades de la República, los caricaturistas han sido y siguen siendo los primeros ateos
“No se parecía a su caricatura y
por eso casi no lo dejamos hablar”
Al ir desapareciendo la autocensura, los caricaturistas se especializan en obtener una doble semejanza: del físico y de la actitud Ésta siempre se ha dado, pero el sistema de prohibiciones insistía en el carácter “sacrílego” de capturar la actitud, que en la mayoría de los casos equivale al retrato exacto Observados facial y psicológicamente, los políticos se sienten, por supuesto, retratados con otras palabras por la caricatura, ya no deformados o calumniados, y esto modifica la respuesta Una excelente caricatura les resulta una “mala foto”, algo que no les hace justicia, pero que no los inventa Y se ajustan sin convicción alguna a las nuevas reglas: protestan, se quejan, de vez en cuando hacen una llamada, pero no insisten en demasía Lo primordial de su defensa está en otra parte: En la impunidad de las acciones y los despojos, no en la sacrosantidad (la impunidad) de los riesgos y en la compra de indulgencias ante andadas satíricas
En las épocas regidas por la censura, se buscaba la semejanza de la caricatura con el político, o se localizaba el sentido del dibujo en la expresividad de la denuncia; hoy, en épocas de muñecos de peluche y de cabaret político (recuérdense los sucesivos Carlos Salinas de Gortari interpretados por Jesusa Rodríguez), el énfasis se deposita en el parecido de los políticos con sus caricaturas (Mientras más se alejen, más demagógicos) El dibujante necesita caricaturizar la actitud, tan redituable como los más perfectos rasgos demoledores La disminución de los riesgos obliga a subrayar la lógica del absurdo, que esta vez se traspasa de la caricatura a la realidad de los gobernantes No se trata mal a un presidente de la República, se dialoga agudamente con su comportamiento








