Testimonios por escrito

Testimonios por escrito
Desde el 94, Mario Ruiz Massieu incriminó a Zedillo
Antonio Jáquez
Al involucrar a Ernesto Zedillo en los crímenes políticos de 1994, Mario Ruiz Massieu trastocó los expedientes de ese año interminable y golpeó al corazón del sistema político mexicano: la Presidencia de la República
“Para encontrar a los homicidas de mi hermano hay que iniciar una investigación que empiece por Zedillo Él y yo supimos que no era ajeno a los dos crímenes políticos de 1994”, acusó Ruiz Massieu en su carta póstuma
Y subrayó:
“A mi hermano José Francisco lo asesinaron miembros del PRI y lo sabe muy bien el presidente Ernesto Zedillo y en mucho tuvo que ver para ello”
Además, señala al presidente como uno de “mis asesinos”, en una lista que incluye al procurador Jorge Madrazo, al exprocurador Antonio Lozano, al subprocurador José Luis Ramos Rivera y al exfiscal Pablo Chapa Le clava un reproche aparte a Jorge Carpizo: “traidor”
El procurador Madrazo descalificó de inmediato las acusaciones de Ruiz Massieu; negó que la carta tuviera algún valor jurídico y desechó que se pueda iniciar una investigación en contra de los aludidos “Es la expresión de un psicópata que está a punto de quitarse la vida, eso representa jurídicamente”, afirmó Madrazo
Pero los cargos póstumos de Ruiz Massieu contra Zedillo no son un arrebato de último minuto: Son congruentes con los juicios sobre el presidente que manifestó desde finales de 1994, en cartas a diversos medios de información, artículos periodísticos, entrevistas y, sobre todo, en uno de los libros que escribió en una cárcel de Estados Unidos:
“Pronto, la gente se atreverá a recordar públicamente que él (Zedillo) fue el beneficiario directo de esa muerte (de Colosio), como también se benefició de la de mi hermano”, escribió Ruiz Massieu en Testimonios a tiempo
Los demonios
“Nunca en la historia moderna de México habíamos tenido un país tan incierto como el que ahora pretende conducir Ernesto Zedillo”, dijo Ruiz Massieu en su primera columna para El Financiero —el 7 de enero de 1995—, denominada Los demonios andan sueltos, como la célebre frase que pronunció al romper con el sistema priísta unas semanas atrás, el 23 de noviembre de 1994
“En tres semanas —afirmó en esa columna—, (Zedillo) acabó con la confianza de los mexicanos y los depauperó Su lema de campaña: ‘Bienestar para tu familia’, parece una cruel burla a millones de mexicanos El presidente priísta apoyador de priístas inmorales ha pasado a ser el presidente priísta enterrador de las ilusiones de los mexicanos en un tiempo récord: tres semanas”
Sobre los crímenes políticos de 93-94, advirtió que “es realmente iluso pensar que Pablo Chapa podrá con tres casos tan complicados () A mayor abundamiento, si un presidente fuerte como Carlos Salinas fue avasallado y convencido por la clase priísta para que no apoyara en los últimos días la investigación, contra toda mi entereza y firme decisión de llegar al fondo, un presidente débil y acorralado pero profundamente autoritario como Ernesto Zedillo, preferirá abdicar de sus convicciones y olvidarse de estos asuntos”
Por esas mismas fechas, declaró a Proceso (949) que la decisión de la Procuraduría General de la República de exonerar a María de los Angeles Moreno, Ignacio Pichardo Pagaza y Humberto Benítez Treviño por los delitos de obstrucción de justicia y encubrimiento, en el caso Ruiz Massieu, confirman “el autoritarismo y sentimiento de omnipotencia del presidente Zedillo”
Indignado porque la PGR decidió cerrar la averiguación previa que involucraba a esos personajes, y que se abrió a solicitud del propio Ruiz Massieu cuando investigaba el crimen de su hermano, afirmó:
“Esto oscurece la posibilidad de que se sepa la realidad en el asesinato de José Francisco; la averiguación previa que han desechado señalaba a priístas de alto nivel Todo parece indicar que las decisiones políticas del grupo del que yo hablé se han impuesto y ya se comienza a hablar ahora de otros móviles más convenientes para el priísmo No me queda más que insistir en todos los foros posibles que se investigue a fondo el móvil político”
Así lo hizo Por ejemplo, le habló a Reforma, en mayo de 1997, sobre los presuntos beneficiarios del crimen de José Francisco y soltó cuatro nombres: Ernesto Zedillo, Humberto Roque Villanueva, María de los Angeles Moreno e Ignacio Pichardo Pagaza
Puntualizó: “Zedillo se quitó de encima al único salinista que podía manejar uno de los tres poderes, pues mi hermano iba a ser el líder de la Cámara de Diputados, hablando con la verdad, mi hermano era una cuña salinista”
Entrevistado por el mismo diario unos meses después, dijo que a José Francisco lo asesinó un grupo político que se ha adueñado del poder en México “Se beneficiaron adueñándose del poder y, desde luego, eliminando a sus contrincantes”
A mediados de 1998 publicó su libro Justicia sometida y ahí deslizó algunos nombres de supuestos integrantes de ese grupo político:
“Se consideró inicialmente a dos políticos tamaulipecos de importancia nacional, mencionados en algunas declaraciones, como fueron Manuel Garza González, rápidamente descartado por sus antecedentes y la buena relación que mantenía con mi hermano José Francisco, y Enrique Cárdenas González, por su notable cercanía con Manuel Muñoz Rocha, sus oscuros antecedentes y su estrecha liga con el expresidente Luis Echeverría En todos los casos se informó al presidente Salinas, considerando las repercusiones políticas que estas acciones tendrían”
Cuenta que “en el caso particular de Raúl Salinas, el presidente lo vio (que implicaran a Raúl en el crimen) como una demostración de sus enemigos políticos, quienes ya se abalanzaban sobre él para cobrar venganza y hacerle daño” De todos modos, asegura, el presidente Salinas “estuvo de acuerdo” con que su hermano Raúl rindiera declaración ministerial
Revela que durante esas semanas, particularmente las de octubre de 1994, se encontró varias veces con Zedillo:
“Le di un panorama de cómo iban presentándose las cosas Lo vi entusiasmado cuando le dije que se mencionaba a Raúl Salinas entre la gente cercana a Muñoz Rocha y al enterarse me recomendó que hablara con el presidente Salinas y se lo hiciera saber Lo vi molesto cuando supo que no había evidencias sobre la supuesta participación de Raúl Se veía que Zedillo sentía una profunda antipatía por Raúl Salinas, surgida cuando él fue secretario de Programación y Presupuesto y el hermano del presidente era funcionario de Conasupo”
El error de Salinas
El texto más revelador de Ruiz Massieu sobre Zedillo y otros personajes es Testimonios a tiempo, que dio a conocer el año pasado y que pasó casi desapercibido Fue escrito en 1995, en la prisión de Elizabeth, en Nueva Jersey —en la que fue confinado cuando se detectó que traía más dinero del que había declarado al salir hacia España— y según su autor sólo le hizo unas “pequeñas actualizaciones que no modifican en lo sustantivo el contenido original”
El primer capítulo, “El amargo 28 de septiembre”, gira en torno a las primeras horas después del atentado contra José Francisco Recuerda que el presidente Salinas llegó al sanatorio al que se trasladó al herido y, “a los pocos minutos, el presidente electo Ernesto Zedillo” Fue entonces cuando Mario, delante de Zedillo, le pidió a Salinas que le encomendara la investigación “Ambos, Salinas y Zedillo, estuvieron de acuerdo”
En el siguiente capítulo reflexiona sobre los días finales del sexenio de Salinas y la relación del presidente con su sucesor “Pude apreciar que la relación entre ambos se había deteriorado, no obstante que Zedillo había sido miembro del gabinete además de haber sido candidato que contó, cuando menos, con la aceptación del presidente”
Comenta que “a veces me he preguntado si Salinas designó al candidato Zedillo en plena libertad, o si se lo impusieron los gobernadores que estuvieron con él en Los Pinos (tras el asesinato de Colosio), mediante alguna conjura del poder que él ya no tuvo manera de detener o si realmente se vio envuelto en las redes de persuasión de José Córdoba Sólo él sabe la verdadera historia”
El caso es que el gobierno de Zedillo, “en su afán por adquirir personalidad propia, olvidó programas y metas que debieron en algunos o en muchos casos haber permanecido, y trascender sexenios Sin embargo, lo que permaneció fue lo que más cuestiona la población, el modelo de desarrollo económico”
Con la “desaparición” del gobierno de Salinas, “la investigación del homicidio de mi hermano sufrió claramente las consecuencias del antisalinismo gubernamental() La perversidad del gobierno, y acusadamente de la procuraduría, cambió los papeles, por decirlo coloquialmente, y convirtió a los homicidas de mi hermano en una especie de fiscales del mal; les permitió a los dueños de la PGR toda clase de excesos, y a mi familia, que fue la agraviada y que no tenía ninguna relación cercana con los Salinas, la hizo víctima de hostigamiento y persecución; como si hubiera sido la victimaria, invirtió las cosas en una trama siniestra, ante la impavidez, incluso el regocijo, de los ciudadanos, porque les permitió una especie de venganza contra el salinismo”
Clama: “Puedo decir con toda claridad que a mí me alcanzó el antisalinismo por la única razón de haber sido el responsable de la investigación y no haber sujeto a proceso a Raúl Salinas en las semanas en que estuvo a mi cargo esa responsabilidad No se trataba de saber si yo era inocente o culpable de las acusaciones que se me imputaban, simplemente yo había sido el elegido De esa manera se armó la mascarada que permitió iniciar la escalada contra Carlos Salinas
“Se trataba, pues, de escoger a quien debía figurar como el centro de las diatribas y escarnios públicos, y no había mejor candidato que yo: supuestamente cercano al salinismo e impugnador de la dirigencia priísta Nadie pensó en la calidad moral de los asesinos y en las circunstancias en que se daba la imputación (de que protegió a Raúl)”
En ese punto, sentencia: “Lo cierto es que el presidente Salinas no supo escoger a un sucesor adecuado para el país e incluso para él Con la designación del candidato equivocado —y al paso de los meses triunfador de las elecciones— la investigación del homicidio de José Francisco se vio entrampada en el marco de las desavenencias y el enfrentamiento de los presidentes; en medio de la contienda, ésta se desvió hacia los intereses muy particulares de Zedillo, quien la utilizó para vengar agravios supuestos o reales y buscar maniatar a Salinas acusando a su hermano Raúl, en uno de los episodios más ruines de la política y la justicia mexicanas; lleno de sombras, con fabricación de pruebas e inducción de testigos, y con un claro ánimo de venganza, casi personal”
El beneficiario
Ruiz Massieu se refiere también al asesinato de Colosio y afirma que Zedillo, en tanto coordinador de la campaña del político sonorense, puede aportar “muchas de las respuestas” en la investigación del caso, “no sólo por la responsabilidad que tenía, sino porque fue el beneficiario de esa muerte”
Apunta: “Es claro que su silencio y la imposibilidad fáctica de obligarlo a declarar —por lo pronto—, generan muchas dudas, y al haber pasado tan largo tiempo desde el 23 de marzo de 1994, aun al rendir declaración propiamente, no diría nada, salvo negar que tenga información al respecto, como hasta ahora ha hecho El debió ser de los primeros en declarar ministerialmente en las horas posteriores al homicidio; lo salvó su condición de priísta privilegiado, pero ésta se acabará inexorablemente”
(Zedillo rindió declaración sobre el caso Colosio hasta el 12 de abril último —cinco años después de los hechos—, según informó la PGR el 5 de agosto; el fiscal Luis Raúl González Pérez dijo que Zedillo testificó por escrito sobre “34 temas”)
Ruiz Massieu dice que Zedillo también se benefició de la muerte de José Francisco, lo que —matiza—, “no implica necesariamente responsabilidad en el homicidio, pero sí es un buen argumento para denostarlo en su momento, y si no dejémoslo al tiempo Como dije en una entrevista, el entonces delegado estatal de la PGR en Baja California me comentó que se había eliminado físicamente al verdadero asesino material para sustituirlo con el verdadero Mario Aburto”
Contrasta los enredos de la investigación del caso Colosio con los resultados del caso de José Francisco “cuando estuvo a mi cargo: la captura de todos los involucrados en la conspiración en menos de tres semanas y en distintos sitios del país” Lamenta no haber llegado a “estadios superiores” de la investigación, porque “la decisión política en ese sentido nunca llegó”
Asegura que al tomar la decisión de romper “con el PRI-gobierno no medí las consecuencias de enfrentar a ese animal pesado, acosado, rabioso, pero aún fuerte, que me hirió para siempre”
El amanuense
En el capítulo “Equivocación presidencial”, Ruiz Massieu se ocupa especialmente de Zedillo De entrada, reitera que fue “virtualmente el beneficiario” de la muerte de Colosio y dispara:
“Como miembro del gabinete del presidente Salinas nunca destacó, y menos aún se mostró brillante y carismático; dio en todo momento la impresión de ser sólo un funcionario, en el mejor de los casos, serio y responsable, pero sumamente gris, sin brillo () No lucía ni como político ni como tecnócrata Era opaco, es opaco”
Dice que él había tratado poco a Zedillo “Recordaba haberlo visto en la oficina de Córdoba en Los Pinos, anexa a la del presidente, recibiendo consejos y tomando notas Formado por Córdoba, tenía de él la imagen de dócil amanuense; lo tenía presente como un funcionario sin brillo, borroso En verdad no inspiraba nada como líder, aun cuando sus colaboradores lo alaban engañándolo”
Asegura que al estar a cargo de las investigaciones del caso Ruiz Massieu habló varias veces con el presidente electo A Zedillo “fue al primero que le informé de la relación entre Manuel Muñoz Rocha y Raúl Salinas, así como de los comentarios en la prensa y de lo que se escuchaba en los corrillos políticos” Le contó además de su reunión con Salinas en la que le informó sobre Raúl “Zedillo me escuchó, hizo un además de fastidio y fue todo”
Era fácil percatarse “de la antipatía que sentía el candidato triunfante por el hermano del presidente Salinas José Francisco me mencionó en varias ocasiones que Zedillo aborrecía a Raúl; el motivo preciso lo desconozco, pero parece que se debió a los contactos que mantuvieron por cuestiones presupuestales”
En su último encuentro con Zedillo —relata Mario—, a principios de noviembre de 1994, le expuso que no se procedía penalmente contra Raúl Salinas “porque no había evidencias en su contra, y que yo no podía hacerlo sin pruebas, lo que suscitó una reacción de molestia de su parte Después ya no me recibió No pude complacer sus deseos y me gané su animadversión”
Moldea la impresión que le dejó Zedillo en esa última ocasión que lo vio:
“Del Ernesto Zedillo que con gesto amable se acercó a mi familia el 28 de septiembre de 1994 no quedaba nada Se presentó tal como es: con ese gesto torvo de ojos rencorosos, con alma dura, de malos sentimientos Fue hombre bueno con nosotros durante corto tiempo, después nos dañó y hostilizó, tanto a mis padres como a los hermanos de quien —como dije en una ocasión había sido su colaborador, su amigo o su nada Hoy está claro que era su nada”
Duda incluso de que Zedillo haya sido generoso a título personal con la viuda de José Francisco al regalarle un millón de pesos:
“Para mí no es creíble que se lo haya dado de su propio patrimonio sino de las arcas nacionales o de los recursos del PRI, en esa esplendidez tan mexicana de regalar lo ajeno”
El peritaje
Pero si todas esas acusaciones se quedaron sin respuesta directa, el mensaje póstumo de Ruiz Massieu provocó una contestación fulminante del gobierno, en particular del procurador Madrazo: El jueves 16, en rueda de prensa en un salón del Palacio Presidencial, comentó que la carta de Mario “tendría que ser analizada, más que por un jurista, por un psiquiatra Mario Ruiz Massieu vivió mintiendo y murió mintiendo”
Comentó además que la carta “revela el miedo que tenía Ruiz Massieu por encarar a la Corte Penal (de Houston, Texas) que este viernes (17) abriría en proceso penal en su contra por 25 cargos que incluían el lavado de dinero producto del narcotráfico”
Las declaraciones del procurador fueron boletinadas y se repitieron insistentemente en los medios electrónicos a lo largo del jueves e incluso el viernes Además, el procurador concedió entrevistas especiales para responder los cargos de Ruiz Massieu; Así, el viernes 17 por la mañana le dijo a Joaquín López Dóriga:
El mensaje, “independientemente del análisis legal que pudiera tener, debería ser explorado por algún psiquiatra y no es una respuesta de bote pronto, sino que usted debe saber que hay psiquiatras que precisamente se dedican, que tienen como una de sus especialidades la interpretación de este tipo de mensajes Nosotros en la Procuraduría General de la República vamos a pedir un peritaje sobre esto y muy probablemente lo que aparezca ahí, pues es la enorme amargura, la depresión y la desesperación del señor Mario Ruiz Massieu cuando estaba a unos días de encarar una Corte Penal en el sur de Texas”
Proceso buscó un comentario oficial de la Presidencia de la República sobre las acusaciones de Mario Ruiz Massieu El vocero Fernando Lerdo de Tejada dijo que la respuesta ya se dio “a través del abogado de la Nación”