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Como siempre: En vísperas del V Informe de Gobierno, México “abatió” desempleo y pobreza
Carlos Acosta y Guillermo Correa
A la vista el V Informe de Gobierno, y en medio de un ambiente preelectoral que se calienta, el gobierno del presidente Ernesto Zedillo se empeña —como sucede en cada penúltimo año de gestión presidencial— en exaltar los logros de su administración y dibujar un país prácticamente sin problemas, que está —otra vez— a las puertas de la prosperidad
La propia Presidencia de la República y la Secretaría de Hacienda se han encargado en las últimas semanas de emitir mensajes —mediante spots en radio y televisión, la primera, y con insistentes declaraciones de su titular, la segunda— que dan cuenta de cómo México es una potencia exportadora, gracias al Tratado de Libre Comercio (TLC), y un país plenamente insertado en la economía global; de cómo se ha resuelto el problema del empleo —para obtener uno, es cosa de “ponerse las pilas”, según el anuncio televisivo—, y de cómo la mejoría macroeconómica llega “cada día” a los bolsillos de los mexicanos, según el secretario José Angel Gurría
En suma, el país del quinto año; el que quiere mostrarse, siempre, a un año de las elecciones presidenciales, aunque sea con verdades a medias u ocultando datos relevantes
En efecto, los mensajes oficiales, en particular los transmitidos por medios electrónicos, no mienten Pero tampoco dicen toda la verdad; por ejemplo, el de las exportaciones, que se transmitió durante meses, antes de los que se oyen y ven ahora, como el de la mezclilla de Torreón, el de la salsa de San Luis Potosí y el del empleo Refería ese spot que México es la potencia exportadora de América Latina, pues vende al exterior —nunca dice que 80% va sólo a Estados Unidos— cuatro veces más que Argentina y el doble que Brasil
Y, sí, ha habido un crecimiento espectacular de las exportaciones: Según las gráficas del propio anuncio, en 1989 las ventas externas fueron de 35 mil millones de dólares, y en 1998 casi llegaron a los 118 mil millones de dólares
El efecto, indudable, como lo refiere el anuncio, es la creación de más empleos Por supuesto, no se habla de la calidad de los mismos, si son permanentes o temporales; si están bien o mal remunerados Para las cuentas oficiales, es decir, para los efectos que se buscan con el mensaje, sólo importa el aspecto cuantitativo
No interesa tampoco indicar que la dramática devaluación que el peso experimentó desde finales de 1994 —y no la fortaleza de la economía y las empresas nacionales— fue lo que impulsó las exportaciones; es decir, debieron abaratarse en extremo los productos y la mano de obra mexicanos para que las ventas externas crecieran explosivamente Así fue: Con el peso en la lona, las exportaciones crecieron en 1995 en un histórico 306%: de casi 61 mil millones de dólares en 1994 a 79 mil 542 millones un año después En años previos las ventas habían crecido así: 82% en 1992; 123% en 1993, y 173% en 1994
Pero apenas empezó a estabilizarse la economía y, por ende, a ser menos volátil la moneda nacional, las exportaciones, aunque siguieron creciendo, lo han estado haciendo a ritmos cada vez menores: en 1996 crecieron 207%; en 1997, 15%, y en 1998, 64%, o sea, casi cinco veces menos que en 1995
Lo de crecimiento “espectacular” también es relativo, porque los datos oficiales incluyen las ventas de las maquiladoras —cuyas exportaciones contienen nada o un mínimo de componente nacional—, las ventas petroleras —un producto natural— y las de empresas manufactureras de capital extranjero, como las automotrices Si se descuentan maquiladoras, petroleras y manufactureras muy concentradas, las exportaciones nacionales no son tan espectaculares
Ni tan benéficas para toda la población Según datos recogidos por el Senado, en los foros de evaluación del TLC que realiza desde mayo pasado, cuando mucho serán unas 300 empresas —entre maquiladoras, trasnacionales y grandes empresas nacionales— las que efectúan el grueso de las exportaciones El resto, alrededor de 2 millones, poco o nada participan en las ventas al exterior, no tienen crédito ni posibilidad de pagar mejores salarios
A ponerse las pilas
En cuanto al efecto inmediato del crecimiento de las exportaciones y la creación de empleos, también hay bemoles Los anuncios televisivos de la Presidencia sugieren que es un problema resuelto; tanto, que invitan a los mexicanos que buscan un empleo a echarle ganas o a “ponerse las pilas” para encontrarlo Lo cierto es que las propias estadísticas oficiales revelan que entre 300 mil y 400 mil demandantes de empleo se quedan, cada año, sin la oportunidad de obtenerlo Cada año se requieren entre 1 millón 100 mil y 1 millón 200 mil empleos, pero la economía no da más que para tres cuartas partes de eso
Y aunque el gobierno insiste en que año con año se abate el índice de desempleo, también las cifras oficiales dan cuenta de la mala calidad de los nuevos empleos: ofrecen ingresos insuficientes y obligan a jornadas más largas de trabajo para lograr un ingreso adecuado
Según el estudio El empleo en México, del investigador universitario Eduardo Manzo, entre 1991 y 1997 “crecieron significativamente las jornadas menores a 15 horas semanales (39%), mientras que las superiores a 48 y 56 horas aumentaron 48% y 95%, respectivamente De esta manera, si en 1991 el 204% de los ocupados laboraba jornadas mayores a 48 horas, para 1997 este porcentaje llegaba a 29%”
El especialista señala que la mayor parte de los empleos adolecen de precariedad, y define ésta como la insuficiencia de ingreso o la necesidad de laborar jornadas mayores a las normales para percibir ingresos “suficientes” En ese sentido, afirma que casi el 88% de las nuevas ocupaciones, en el período 91-97, pueden calificarse como precarias, “y la mitad de los ocupados se encuentra ya en esa condición”
La propia estructura salarial que dio a conocer recientemente el INEGI indica el ingreso insuficiente de los trabajadores mexicanos: de los casi 38 millones de ocupados, 1061% no tiene ingresos, 2291 percibe menos de un salario mínimo, y 3082% gana entre uno y dos mínimos El resto se distribuye entre quienes perciben de dos a tres mínimos (1305%), los que ganan más de tres y hasta cinco (928%) y quienes perciben más de cinco salarios mínimos (95%) Es decir, 64% de los ocupados (243 millones) no obtiene más de dos salarios mínimos
A comprar más cosas
Pero el secretario de Hacienda, José Angel Gurría, no ve así las cosas Es más optimista Eufórico inclusive Apenas la secretaría a su cargo dio a conocer, a mediados de agosto, los datos más relevantes del comportamiento de la economía en el último trimestre —crecimiento de 32% del PIB, inflación de sólo 07% en julio—, aseguró que la mejoría macroeconómica ya se refleja en los bolsillos de los mexicanos, pues ahora, dijo, “pueden comprar más cosas”
Desatado, afirmó que cada día se nota más esa mejoría en la economía de las personas, y, también, que los pobres están mejor atendidos
Apenas habló y todo mundo se le echó encima Francisco Hernández Juárez, líder de los telefonistas y de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), calificó lo dicho por Gurría como “un desatino” y una “falta de respeto a los mexicanos” De dónde saca el secretario que ahora se pueden comprar más cosas, señaló, si “los salarios no han crecido un milímetro, es decir, cero por ciento”, además de que los sueldos de la industria maquiladora, supuestamente los mejores, no son representativos del resto de los salarios
También los líderes empresariales la emprendieron contra el secretario La Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México, por ejemplo, expresó que el tono y el contenido de las declaraciones de Gurría son muy característicos de su persona, pero muy molestos para la gente De plano, le pidió mesura, pues, dijo, el mejoramiento económico está muy lejos de alcanzar a todos los mexicanos
Y es que el secretario “resolvió” hasta el problema de la pobreza extrema Dijo que los mexicanos que están en esa condición gozan ahora de “salud, educación y los complementos para asegurarnos de que los niños vayan a la escuela, acudan bien desayunados y, además, sanos”
Inclusive, abundó, el hecho de tener finanzas públicas sanas y en orden permite disponer programas de asistencia para los grupos más vulnerables, de tal suerte que “los niños ya no alimenten a sus parásitos, vean bien el pizarrón, escuchen a los maestros y no tengan que irse a trabajar a la milpa con el objeto de complementar el ahorro de la familia, sino que, a través de los subsidios que se dan directamente en efectivo a la madre, puedan seguir en las escuelas aumentando su expectativa de tener un mejor nivel de vida”
En suma, si de poco tienen qué preocuparse los 16 millones de pobres extremos —cifra oficial—, los 29 millones de pobres moderados —también cifra oficial— ya están del otro lado
Y para rematar, el titular de Hacienda, con reconocidos estudios técnicos en administración, finanzas y relaciones internacionales adquiridos en universidades extranjeras, y quien en 1994 pronosticó que los tecnócratas gobernarían a México por lo menos los siguientes 25 años, argumentó que de ninguna manera pueden cuestionarse los resultados obtenidos por la política económica
Resulta, empero, que la realidad —vista inclusive con las propias cifras oficiales— es distinta Nada indica, por ejemplo, que ahora puedan comprarse más cosas con los salarios actuales De finales de 1994 a mayo pasado, mientras que los precios de la canasta básica se incrementaron en más de 250%, el salario mínimo, actualmente de 3445 pesos, lo hizo en 87%
Especialista en el comportamiento de los precios de productos de consumo básico, Laura Juárez, coordinadora de Investigaciones Económicas de la Universidad Obrera, señala que con ese salario sólo se puede obtener 40% de la canasta básica Y explica así el deterioro salarial: Mientras que en diciembre de 1994 un trabajador de salario mínimo debía trabajar 77 horas a la semana —29 más de las 48 normales— para adquirir una canasta básica, para mayo de este año debía trabajar 120 horas —es decir, 72 adicionales— para adquirir lo mismo
Puntualiza que pese al control de la inflación que tanto pregonan las autoridades, los precios de los bienes básicos se han desbocado De diciembre de 1994 a mayo de este año, el costo de la energía eléctrica aumentó 627%; el jabón, 393%; tortilla, 375%; chile, 307%; pasaje en “pesero”, 306%; pan blanco, 300%; huevo, 292%; boleto del Metro, 275%; frijol, 243%; leche, 232%, entre otros
Si suponemos —añade Juárez— que un salario mínimo fuera utilizado para la compra de un solo artículo de la canasta, tomando como referencia los precios al inicio del sexenio, con un minisalario de 1527 pesos diarios podía comprarse, en el Distrito Federal, alguno de los siguientes productos: 102 bolillos, 38 boletos del Metro, 27 viajes de “pesero”, 20 kilos de tortilla, 11 litros de gasolina, 14 kilos de gas ó 18 de sal En la actualidad, el salario mínimo de 3445 pesos únicamente alcanza para 57 piezas de pan, 23 viajes en Metro, 15 de “pesero”, 10 kilogramos de tortilla, ocho litros de gasolina, nueve kilos de gas u 11 de sal
“Entonces, ¿cómo está eso de que ahora se puede comprar más que antes, como asegura Gurría?”, cuestiona la especialista
Más aún, la Comisión de Bienes y Servicios de la Cámara de Senadores, que preside el cetemista Porfirio Camarena Castro, revela en su más reciente informe que para julio de este año el salario mínimo general promedio había perdido más de 30% de su poder adquisitivo en relación al mínimo vigente al inicio de la administración del presidente Zedillo








