Contra fanáticos y loros
Señor director:
Con todo respeto: Si algunas palabras de Ortega y Gasset pueden utilizarse en relación con la “osadía estudiantil” de la UNAM, son las que el filósofo español dedicó a caracterizar la mentalidad del fanático en España invertebrada Es decir, de aquellos que están “convencido(s) de una ‘idea’ no como convencido está un hombre normal, sino como suelen los locos y los imbéciles” () “Cuando un loco y un imbécil se convence de algo no se da por convencido él solo, sino que al mismo tiempo cree que están convencidos todos los demás mortales”
Por lo tanto, no consideran necesario esforzarse en persuadir a los demás: “Les basta con proclamar, con ‘pronunciar’ la opinión de que se trata; en todo el que no sea miserable o perverso repercutirá la incontrastable verdad”
“¿Y los que no coincidían de antemano con él? ¡Ah! Esos no existían, y si existían eran unos precitos En vez de atraerlos, persuadirlos, corregirlos, lo urgente es excluirlos, eliminarlos, distanciarlos, trazando una mágica línea entre los buenos y los malos”
El fanatismo es la razón de que la “izquierda” mesiánica y mojigata de la UNAM resulte siempre un interlocutor insalvable Y le llamamos izquierda por la filiación que ella misma se da, no obstante que haya abdicado de la razón crítica y que, en tal virtud, no haga más que plantear demandas antihistóricas (como la de que la Universidad Nacional siga trabajando con una cuota de hace 50 años) y despropósitos sociales (como el de que el subsidio de los pobres a los ricos vía universidad “gratuita” es justicia social) y políticos (como el de que hay derechos, mas no obligaciones ni responsabilidades; ni recursos morales suficientes que dar en pago de las oportunidades que se les dan con cargo a la nación) No es extraño que confundan su reverencia al mito con las hondas rebeldías de quienes verdaderamente hacen de la historia la hazaña de la inconformidad
Y además estos grupos no se proponen una renovación individual —una lideresa ingresó en 1974— ni mucho menos colectiva Pese a su lenguaje camaleónico (y seudoprogresista), su ethos —tal es meollo de la cuestión— no es el universitario, y su fin no es la emancipación de las conciencias Lo que quieren es convertir a la Universidad en una arena de luchas que relegan a segundo plano la finalidad esencial de estudiar y prepararse para poner el conocimiento al servicio de la sociedad, como si el fervor revolucionario compensara la incompetencia técnica De esto hay evidencia histórica sobrada en las experiencias de Economía y Ciencias de los años setenta y ochenta Sobre estas fuerzas que observó en Ciencias las cuales se manifestaron de vuelta en 1987 y ahora en 1999—, Luis González de Alba escribió en 1982 que son “una preocupante manifestación de la frecuencia con que la izquierda universitaria olvida que el fascismo también fue un movimiento de masas”, y destacó su discurso “autoritario, violento y anticomunista”, “ridículo, reaccionario, antimarxista” () “Víctor Serge nos previene sobre estos individuos, pero nuestros estudiantes revolucionarios ni siquiera han leído Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión Lo peor es que ni siquiera se alzan con el tan postulado fusil ni asoman la nariz más allá de sus cubículos adornados con ches, para al menos poder celebrarlos y cantarlos después entre nuestros muertos” Tampoco han leído a Lenin, quien advirtió a los estudiantes que relegar el aprendizaje no puede más que producir una “generación de loros”, y que lo que hace falta es absorber toda la ciencia y toda la técnica para construir un mundo nuevo
Atentamente
Ignacio Chávez de la Lama
Distrito Federal








