Tendría que descentralizarse, como La Sorbona de París: Luis Villoro
El conflicto lleva a la UNAM a una situación límite y la obliga a transformarse radicalmente
Francisco Ortiz Pardo
Detrás de la iniciativa de ocho investigadores eméritos de la UNAM hay mucho más que la mera preocupación por dar una salida viable al conflicto que se vive en la Universidad Nacional Autónoma de México desde hace más de 100 días: El proyecto ineludible de una Universidad nueva y viva para el siglo XXI
En ese propósito ya no puede haber marcha atrás, ante la descomposición de las relaciones y estructuras universitarias a las que ha llevado el conflicto o que las ha descubierto
El filósofo Luis Villoro —uno de los signatarios de la propuesta que exhorta a las autoridades universitarias y al Consejo General de Huelga a que pacten el establecimiento de “espacios de discusión y análisis” que conduzcan a la reforma integral de la institución— pugna por una Universidad descentralizada, “convertida en muchos centros de enseñanza para que pueda ser tolerablemente gestionada” Como la Sorbona de París
Y es que, dice, “es absolutamente imposible que funcione bien una Universidad gigante con cerca de 300 mil estudiantes, donde necesariamente se contraponen intereses
El exlíder estudiantil Carlos Imaz —dirigente perredista en el Distrito Federal— y el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, Agustín Rodríguez, coinciden en que el modelo vigente de Universidad Nacional está agotado
Dice el primero: “El dilema de la Universidad de masas es falso Se necesita mucha leche para hacer mucha nata La Universidad puede y debe crecer de manera descentralizada, como lo hizo la Universidad de California Necesitamos muchos campus articulados”
Agustín Rodríguez, por su parte, plantea que “la Universidad debe mantener un esfuerzo permanente de actualización de sus organismos, estructuras y formas institucionales, para responder adecuadamente a las necesidades de la sociedad mexicana en el contexto de las grandes transformaciones mundiales”
La nueva Universidad
Justo al cumplirse 100 días de paro, el miércoles 28 de julio, los investigadores eméritos Luis Esteva Maraboto, Héctor Fix Zamudio, Miguel León Portilla, Alfredo López Austin, Manuel Peimbert, Alejandro Rossi, Adolfo Sánchez Vázquez y Luis Villoro dieron a conocer su propuesta en un desplegado dirigido a la comunidad y las autoridades universitarias y al Consejo General de Huelga
En relación con los puntos del pliego petitorio del CGH, señalan la necesidad de suspender la actualización de pagos por servicios diversos “hasta que sean considerados en los espacios de discusión y análisis en el Consejo Universitario, así como a aceptar que los Reglamentos de Exámenes y de Inscripciones y los vínculos entre la UNAM y el Centro Nacional de Evaluación (Ceneval) se discutan en los mismos foros y en el Consejo Universitario, toda vez que “son asuntos que competen a toda la comunidad”
Después, recomienda establecer espacios de discusión y análisis sobre los problemas fundamentales de la Universidad, en busca de las medidas que conduzcan a los cambios necesarios en la institución Esos espacios estarían abiertos a todos los sectores de la Universidad Y el Consejo Universitario deberá traducir sus conclusiones en resoluciones
Señalan que el momento en que el CGH manifieste su intención de levantar la huelga, a condición del establecimiento de dichos espacios, el Consejo Universitario decretará la apertura de los mismos y en un plazo máximo de 60 días deberán comenzar a funcionar Los maestros eméritos ofrecen constituirse en “comisión de seguimiento”
Luis Villoro —que fue miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM durante diez años— en entrevista, aclara que habla a título personal y no en nombre de los firmantes del desplegado
Explica que la UNAM, después de este conflicto ya no puede seguir funcionando de la misma manera y considera que entre los principales problemas que se deben llevar al debate con toda la comunidad universitaria está “el del burocratismo excesivo”
Explica: “Todos lo sabemos Se ha creado un grupo burocrático administrativo en el que participan los funcionarios y los directores, que aunque en muchas ocasiones escuchan a los claustros de profesores, tienen el gobierno de la Universidad, sin que sean los académicos mismos los que se autogobiernen”
Por ello, dice, debe analizarse el establecimiento de instrumentos que aseguren la participación real de académicos y de estudiantes en todos los ámbitos de gobierno de la universidad, sin caer en las medidas extremas del populismo —”que ha sido fatal en muchas experiencias universitarias, porque simplemente el voto del número no puede resolver problemas técnicos y científicos, que son los problemas de la excelencia académica— ni del “burocratismo autoritario, en el que un grupo, una especie de cónclave de personas, decide sobre todos los asuntos de la institución”
—¿Fue el autoritarismo el detonante principal del actual conflicto?
—Conocemos la manera en que fue aprobada la reforma al Reglamento General de Pagos, síntoma muy claro del autoritarismo que he citado Pero no voy a entrar en detalles, porque ustedes lo conocen
Legisladores del PRD y Cuauhtémoc Cárdenas —jefe de Gobierno del DF— avalaron la propuesta de los eméritos, pero representantes del Consejo General de Huelga —especialmente del ala ultra— se manifestaron en contra y refrendaron la exigencia de que se cumplan los seis puntos del pliego petitorio antes del levantamiento de la huelga
—¿Qué piensa de que en principio los estudiantes hayan rechazado su propuesta?— se le pregunta al doctor Villoro, miembro de El Colegio Nacional desde 1978
—Hay que comprender la enorme frustración de un grupo de jóvenes que están no sólo contra de la situación de la universidad Es una generación que se opone a un sistema en el que ellos no han visto más que corrupción, intereses particulares en pugna y falta de cumplimiento de las palabras dadas, como el caso de los acuerdos de San Andrés En un país donde sólo rigen los intereses particulares en pugna, es lógico que exista un grupo amplio de muchachos que tienen una enorme desconfianza, una vital y profunda desconfianza contra todo lo que sea autoridad; la resistencia de los que están en paro contra toda solución razonable me parece que sólo puede explicarse por esta enorme frustración, desencanto y desconfianza ante todo el sistema de autoridad, de organización y de gobierno del país
“Es síntoma de una crisis profunda de la sociedad, del entendimiento comunitario en nuestro país y los responsables somos nosotros, los de las generaciones anteriores, ya sea por acción o por omisión Esto hay que tomarlo en cuenta, antes de juzgar y de condenar a nadie
—¿Es una resistencia peligrosa la de los estudiantes?
—La resistencia de ambas partes conlleva peligros Tenemos que tratar de ser objetivos El conflicto lo creó un mal cálculo, quizás bien intencionado, no lo dudo, pero un mal cálculo que estaba totalmente fuera del conocimiento de lo que es nuestra Universidad; no lo provocaron los estudiantes Una medida que hubiera podido pasar claramente sin mayor problema en otro tipo de universidad, en Oxford, en Harvard, o en La Sorbona, no podía pasar en nuestra Universidad, con nuestros estudiantes, con nuestros problemas
“Eso no quiere decir que se justifique un acto de violencia como es la ocupación de los locales universitarios por los estudiantes; no se justifica, pero no hay malos frente a buenos
—¿Cuáles fueron los errores del CGH y de las autoridades universitarias que provocaron el entrampamiento del conflicto?
—Yo no estoy para juzgar a nadie Claro que ha habido errores de ambas partes y ellos lo han reconocido Son ellos los que deben señalar sus propios errores Lo han hecho las autoridades; el rector Francisco Barnés ha reconocido que tomó medidas erróneas Los más razonables del CGH han reconocido también sus errores
Villoro entra entonces al tema que más le preocupa:
“La pregunta fundamental no es quién es el culpable, sino por qué una institución consagrada a la ciencia, a la investigación, a la docencia, una institución limpia, con los mejores ideales que puede haber en nuestro país, está sujeta a este tipo de problemas
“Lo que debemos preguntarnos es qué reformas radicales tenemos que introducir en la universidad para que no se repita un conflicto tan absurdo como el que estamos pasando Si la huelga ha sido sumamente dañina para la Universidad, puede haber tenido, sin embargo, una consecuencia beneficiosa no querida: Por fin cobramos conciencia, todos los universitarios, gracias a este conflicto, de la urgencia enorme de reflexionar y de analizar la situación de nuestra Universidad y de conducir a una transformación para que sea de un nivel académico de excelencia y también una institución democrática de servicio social
—¿Y qué reformas radicales considera usted que se necesitan para lograr ese tipo de Universidad?
—Desde mi punto de vista es absolutamente imposible que funcione bien una universidad gigante, con cerca de 300 mil alumnos, donde necesariamente se contraponen intereses Qué interés en común puede tener un alumno del posgrado en astronomía con un preparatoriano que empieza a asomarse a la ciencia en un CCH; qué interés común pueden tener todos los miembros de una institución tan diversa, tan heterogénea, tan amplia
“No existen instituciones de este tamaño que puedan administrarse adecuadamente sin caer en una burocracia espantosa, sin caer en un régimen autoritario, como ha sucedido en la UNAM Tiene la Universidad que diversificarse, descentralizarse y, más aún, tiene que convertirse en muchos centros de enseñanza para que pueda ser tolerablemente gestionada
—¿Propone que haya varias universidades dentro de una universidad?
—En todos los países hay redes de universidades Piénsese cómo en el movimiento del 68 la Sorbona fue dividida en muchos centros universitarios, coordinados entre sí Cómo la Universidad de California se convirtió en una red de universidades, cuando naturalmente el número excesivo de estudiantes la obligó a ello En México podría convertirse nuestra universidad en una red de centros universitarios, coordinados entre sí, con ayuda mutua, pero capaces de atender autónomamente sus propios problemas
—¿Lo anterior podría significar que está en crisis el modelo de universidad de masas?
—Depende de lo que entendamos por universidad de masas Si nos referimos con ese término al gigantismo, donde hay una cantidad enorme de estudiantes en una sola institución, entonces estamos condenados por una parte al burocratismo y por otra parte al descenso de la calidad académica Pero si entendemos por universidad de masas una institución democrática, contraria a una universidad elitista y que da oportunidad a todos, cualquiera que sea su estatus social, económico o cultural, puede ser compatible la universidad de masas con el modelo de descentralización
—¿Cuánto tiempo llevaría implementar este modelo que usted imagina?
—Necesitamos discutir este tipo de problemas, pues no pueden resolverse mediante medidas rápidas y unilaterales Tienen que oírse todos las discusiones Yo sé que hay muchos puntos de vista, todos ellos razonables y respetables, sobre la organización de la Universidad Tienen que discutirse estos puntos de vista, ponderarse y llegar a soluciones Por eso es la propuesta de los investigadores, no hacemos más que recoger un clamor que creo que es común, tanto a los estudiantes en paro, como a los académicos Un clamor para que haya espacios de discusión, foros o como queramos llamarlos Donde estos problemas fundamentales en la Universidad se discutan, se traten y sus resultados sean llevados a la institución actual que legalmente está constituida para ello, que es el Consejo Universitario No sé cuánto puede tardar, pero tiene que ser un proceso lento, no puede ser menos de un año, creo yo
Modernidad y compromiso social
El exdirigente estudiantil Carlos Imaz lanza el reto para lograr una nueva Universidad, planteamiento que lo lleva a coincidir con Villoro:
Convertirse en una institución académica más flexible en el acceso al conocimiento y en la que haya mayor relación entre la investigación y la docencia Una Universidad comprometida con los problemas del país, que atienda los requerimientos nacionales, pero fuertemente vinculada con el saber universal
Agustín Rodríguez, secretario general del STUNAM, piensa que sí se debe apoyar la propuesta de los eméritos, porque recoge “una preocupación compartida por el destino de la Universidad”
Dice que la UNAM es y debe seguir siendo una institución pública, financiada por el Estado con recursos suficientes para garantizar su buen funcionamiento
“El subsidio que recibe no sólo debe mantenerse sino incrementarse, aún dentro de las limitaciones del país, para eliminar las barreras económicas que limiten el acceso, la permanencia y el egreso de alumnos”
El impulso económico del Estado —dice el líder sindical— servirá para “mantener un esfuerzo permanente de actualización de sus órganos, estructuras y formas institucionales, para responder a las necesidades de la sociedad mexicana en el contexto de las grandes transformaciones mundiales”
Añade:
“Estamos hablando de un nuevo proyecto de Universidad a partir de los requerimientos del país, que hoy en día es muy diferente al de 1945, fecha en que se aprobó la actual Ley Orgánica Yo creo que México es un país ya más evolucionado, dispuesto a defender sus propios espacios
“Frente al nuevo milenio habrá de indicar rumbos de desarrollo económico, político, tecnológico y la Universidad debe ser acorde con esos lineamientos, porque no podrá sobrevivir en la modernidad con métodos anacrónicos”
Explica que la transformación de la Universidad debe estar subordinada a lineamientos estrictamente sociales “y no, como pretende el gobierno, conforme a un proyecto de país ajustado a los compromisos internacionales, como el Tratado de Libre Comercio, que limitan mucho la participación profesional y abren espacio a la mano de obra barata”
Como producto de esa concepción neoliberal, opina por su parte Imaz, las autoridades universitarias han impulsado un “esquema eficientista” que aísla a la propia Universidad del resto de la sociedad, porque propicia el rezago frente a las demandas y necesidades sociales
“Ese esquema no es viable, porque intenta abrir el mercado en términos desvinculados de la capacidad económica mexicana”
Por todo eso, para Agustín Rodríguez el presidente Ernesto Zedillo tiene en sus manos la solución de los problemas de la Universidad Nacional con el solo hecho de decir ‘aquí hay 10 mil millones de pesos más para tu desarrollo, levántese la huelga y definanse todos los demás mecanismos para que la Universidad siga siendo totalmente pública y gratuita y al servicio de las clases más necesitadas del país'”








