Agrupados en el BUI, provienen de partidos marginales, trotskistas y marxistas-leninistas

Agrupados en el BUI, provienen de partidos marginales, trotskistas y marxistas-leninistas
Semiocultos, desconfiados, la Universidad cayó en sus manos son los ultras
Francisco Ortiz Pardo
Después de dos meses de paro en la UNAM, el movimiento estudiantil cayó en manos de los líderes más enigmáticos y radicales Con el bloqueo de avenidas en la ciudad y con la amenaza de tomar inmuebles y cerrar las carreteras de acceso al Distrito Federal, pusieron en un brete no sólo a las autoridades universitarias, sino al gobierno federal, al de la Ciudad de México y hasta al propio Consejo General de Huelga
Son los ultras
Unos provienen de partidos marginales, trotskistas y marxistas-leninistas Otros se proponen la autogestión y la anarquía Permanecen semiocultos y son desconfiados Se muestran implacables con aquellos que consideran “reformistas” —como los estudiantes cercanos al PRD o al gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas— e impugnan toda forma de institucionalidad “pequeñoburguesa”
Todos confluyen en el Bloque Universitario de Izquierda (BUI), pero con frecuencia se pelean entre ellos por ser los más radicales Y es que hay ultras y hay “megaultras”
El Mosh, La Trevi, El Jager, El Diablo, El Rata, son algunos de los más radicales Estudiantes paristas moderados los llaman “provocadores”, dicen que están armados y claman por frenarlos para salvar al movimiento
10 años de pugnas
En el Congreso Universitario de 1990 —que fue resultado de los acuerdos entre el entonces rector Jorge Carpizo y los estudiantes para levantar la huelga de 1987— había dos grupos dentro del Consejo Estudiantil Universitario (CEU): La Corriente para la Reforma Universitaria (CRU) —dirigida, entre otros, por Ulises Lara, Ricardo Becerra y el actual líder de la mayoría perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Martí Batres— y “los históricos”, entre los que destacaban todavía Carlos Imaz e Imanol Ordorika, líderes del movimiento estudiantil de 1986-87, así como Oscar Moreno, Adrián Garza y Norma Ortega
Otras corrientes se mantuvieron al margen del CEU, pues a la CRU la acusaban de haber vendido el Congreso Universitario, y a los históricos de pactar en la huelga de 1987
En esos grupos —que se aliaron estratégicamente en la Coordinadora Estudiantil, según cuenta Roberto López, uno de los expulsados por los ultras en la Facultad de Ciencias Políticas— estaba la mayor parte de los cuadros dirigentes del actual movimiento Así confluyeron entonces quienes ahora son enemigos: Bolívar Huerta y José Luis Cruz, de la moderada Coalición Democrática Estudiantil (CDE); Salvador Ferrer, Leticia Contreras y Guadalupe La Pita Carrasco, de la Corriente en Lucha por el Socialismo, segmento del BUI; Jorge Mendoza, Jesús Lozano y Roberto López, de la Coordinadora Estudiantil, considerada como centro-moderada por sus posiciones en el CGH; Higinio Muñoz, del Comité Estudiantil Metropolitano —considerado centro-ultra—, y Víctor Alejo, uno de los llamados “ultras de la ultra” o “megaultras” de Ciencias Políticas, que curiosamente votó por las posiciones moderadas para el levantamiento de la huelga en 1987
Además coincidieron en ese frente el Movimiento de Liberación Popular (MLP) —cercano al PRD—, el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), los “autogestivos” de Alfredo Velarde, cuadros del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y “colectivos” de diferentes facultades
A finales de 1991 y principios de 1992, frente a la intentona del entonces rector José Sarukhán de incrementar las cuotas, la CRU desapareció y se produjo una escisión en la Coordinadora Estudiantil José Luis Cruz, Bolívar Huerta e Inti Muñoz, así como un grupo encabezado por Carlos Estrada, con presencia en las facultades de Derecho, Ciencias Políticas y Economía, se juntaron con Martí Batres en una efímera “Tercera Fuerza” Frente a la presión de una nueva movilización estudiantil, Sarukhán canceló su proyecto en julio de 1992
Poco después se sumó a la Coordinadora Estudiantil Francisco Cruz Retama, quien encabeza otra fracción ultra en el actual movimiento estudiantil: la del Partido Obrero Socialista (POS)
En el marco de las elecciones presidenciales de 1994, se intensificó el debate en la Coordinadora Estudiantil, lo que derivó en la desaparición de ese grupo, pues los ultras del POS y de la Corriente en Lucha por el Socialismo se opusieron a apoyar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas
Los cuadros moderados de la extinta corriente mantuvieron la relación con Higinio Muñoz y formaron la Convención Nacional Estudiantil, que se enfrentó al CEU histórico —encabezado en ese momento por Oscar Moreno y Adolfo Llubere, hoy funcionarios en el gobierno capitalino— por no compartir la toma de la Rectoría como una estrategia adecuada en el llamado “movimiento de los rechazados”, en 1995 Después, Higinio Muñoz fundó el CEM
En 1997 se llevaron a cabo las reformas sobre la permanencia y el pase reglamentado a la UNAM que, tras la fracasada resistencia de entonces, han sido retomadas por el movimiento estudiantil, que pide su cancelación como una demanda y condición para levantar la huelga
En algunas reuniones estudiantiles de aquella época apareció El Mosh, cuyo verdadero nombre es Alejandro Echevarría Zarco, y su compañero “ultra de ultras”, Jorge Martínez
Entre 1997 y 1998 se formaron los dos bloques extremos del movimiento estudiantil: Los moderados —”democráticos”, se hacen llamar— de la Red de Estudiantes Universitarios (REU), que finalmente se unió al CEU histórico para formar la CDE, y los ultras —”antivendehuelgas”, como se autonombran— del BUI
El 2 de octubre de 1998, para conmemorar el 30 aniversario de la matanza de Tlatelolco, se juntaron la CDE, el CEM y la Coordnadora Estudiantil (CE), rescatando el nombre en una nueva organización, que se coloca “en medio” de las posiciones extremas El BUI se quedó al margen
Los dirigentes de los diversos grupos y de una buena parte de los paristas sostienen que el actual movimiento no responde a la “lógica de corrientes ni de líderes” Pero en los hechos, las cinco expresiones del movimiento estaban presentes en la mesa directiva de una de las primeras asambleas: Guadalupe Carrasco, del BUI; José Luis Cruz, de la REU; Marjorie González, del CEM; Rodrigo Figueroa, del CEU histórico, y Jorge Mendoza, de la Coordinadora Estudiantil
La embestida ultra
Aunque se gestó en 1998, el BUI salió a la luz pública apenas en febrero último como un grupo opositor al intento del rector Francisco Barnés de incrementar las cuotas
Está formado básicamente por tres facciones, que se diferencian entre sí por su origen y por sus matices de radicalismo: Partido Obrero Socialista (POS), Corriente en Lucha por el Socialismo y los “ultras de ultras” Sus bastiones son las facultades de Economía, Trabajo Social, Ciencias Políticas y el CCH-Oriente
Desde el principio del movimiento, la CDE acusó a los ultras de buscar la “huelga prolongada o muerte, venceremos”, de obstaculizar el diálogo con las autoridades a toda costa y de llevar a cabo una “campaña de linchamiento” en contra de los paristas que no coinciden con sus posiciones ideológicas o estratégicas
Más tarde se sumó a la protesta la Coordinadora Estudiantil, la cual dijo que la ultra “empantanaba” el movimiento, pues hacía imposible el debate constructivo en el CGH
Ésa es, según Roberto López, miembro de ese grupo, la razón por la que “gente de buena voluntad” se apartó del CGH —no así del movimiento, aclara—, harta ya de las imposiciones de la “porra” del BUI, y lo que ha provocado que los ultras se conviertan en los rectores del destino del movimiento, particularmente en lo que respecta a la decisión de bloquear avenidas importantes de la ciudad
En efecto, durante la última sesión del CGH, el lunes 14, los moderados de la CDE de plano abandonaron el auditorio de la Facultad de Ciencias Poco después, por iniciativa de los ultras, que aprovecharon el argumento de la violación de una estudiante del CCH Oriente como “prueba” de la represión que ejercen las autoridades, se decidió la continuación de la huelga y la realización de bloqueos en el Periférico y la calzada Ignacio Zaragoza, el martes 15 y miércoles 16, así como una marcha, el jueves, del Angel de la Independencia a la Secretaría de Gobernación
Según un informe enviado al subsecretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, la estudiante violada identificó a Pedro Carpintero Ochoa, de 27 años de edad e integrante del Consejo General de Huelga, como el sujeto que la atacó cuando se dirigía por la tarde del lunes a la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza
Ese hecho violento se sumó a la cadena de secuestros y amenazas que han sufrido miembros de la CE y la CDE En el caso de las amenazas que ha recibido, Rolando Dromundo, consejero estudiantil por la Facultad de Ciencias Políticas y miembro de la CDE, no duda en inculpar a los ultras:
“Me han llamado por teléfono en la madrugada para decirme que le baje de güevos, que ya no declare a la prensa”
Explica: “La diferencia principal con los ultras no es la ideología, sino la forma de hacer política Desconocen lo institucional, tienen un discurso seudomarxista, mal estudiado y estructurado, demagogo Imponen a gritos sus posturas Estoy seguro de que el levantamiento de la huelga en Políticas va a ser a guamazos”
La semana pasada, Roberto López —miembro de la CE, quien fue expulsado de la misma Facultad por Alejandro Echevarría, El Mosh— aseguró en Proceso que uno de los líderes ultra, Ricardo Martínez, amenazó con expulsar o golpear a otros estudiantes de Políticas, como Miguel Ramírez, Ferrer Galván, Carlos León y Carlos Espejel
El mismo López clama ahora: “Hay que parar a esos cabrones” Y afirma que, de resolver el CGH, en su sesión de este sábado 19, la toma de los accesos a la ciudad, “no nos prestaremos a ese juego de provocación a los gobiernos federal y de la Ciudad de México y revaloraremos nuestra participación en el movimiento”
Integrantes de la CDE, como Carlos Chávez —también expulsado por los radicales de Políticas— y Ramón Moreno —expulsado por los ultras de Derecho—, coinciden en que el cierre de calles es “una franca provocación al movimiento democrático que se ha generado en el país en los últimos años”
Su compañero Bolívar Huerta, de Ciencias, dice que la estrategia de los ultras “puede orillar a una represión del movimiento; es claro que el gobierno de Cárdenas no aceptaría la solicitud de intervenir con la fuerza pública dentro de la UNAM, pero también es claro que por la dinámica del DF, tampoco el gobierno de la ciudad puede tolerar el bloqueo de calles La provocación al gobierno capitalino también tiene que ver con las acusaciones que se le han hecho en el sentido de que ha intervenido, con el PRD, en la Universidad, como lo han expresado escritores con posturas derechistas, como Sergio Sarmiento”
La guarida de “El Mosh”
Está semiabierta la puerta de la imprenta de la Facultad de Ciencias Políticas —el lugar que tomaron como refugio los ultras— cuando la fotógrafa y el reportero llegaron a buscar a El Mosh o a algún otro líder de la “megaultra”, como Jorge y Ricardo Martínez, Víctor Alejo y Argel Pineda En el cubículo desierto —donde, según algunas versiones, negadas por el propio Mosh, se guardan armas—, sólo se escucha el ruido de un motor en la parte trasera y sobre una mesa grande hay dos viejas y grasosas máquinas impresoras y papeles revueltos
En una pared hay un cartel del Che Guevara y una relación sobre los días de huelga Así, desierta, está toda la Facultad
Roberto López argumenta que el hostigamiento de los ultras ha alejado a los activistas, que ahora no pasan de dos decenas
—¿Y El Mosh?
Una y otra vez se repitió la respuesta de sus seguidores, durante tres días de intentos por encontrarlo: “Se fue a las marchas a brigadear a las tomas de las calles Es que así es El Mosh, trabajador”
“Sí, así son los ultras; fanáticos del activismo —confirma su rival Rolando Dromundo— El día no les alcanza; piensan que están en la revolución”
Los megaultras tienen sus bastiones en esa escuela y en Trabajo Social, donde Rodolfo Hernández también ha expulsado a estudiantes, como el caso del consejero Rubén Mendoza, que fue acusado de hacer declaraciones a este semanario
Además, esta vertiente tiene células en el CCH Oriente —por medio del grupo Tlahuiscampa, con El Rata a la cabeza— y en Economía, mediante la Unión de Jóvenes Revolucionarios de México, filial del Partido Comunista de México (marxista-leninista), impulsada por un estudiante de nombre Alberto, apodado El Diablo
El antecedente de los grupos más radicales en Ciencias Políticas es el Buró de Información Política (BIP), surgido a partir del movimiento estudiantil de 1986
De ese grupo salieron los llamados “brigadistas” —ligados al Frente Popular Francisco Villa, entre los que destacaba Eli Homero Aguilar, expreso acusado de despojo y de portación ilegal de armas de fuego, y uno de los integrantes de esa organización que fueron desalojados por la policía capitalina de un predio en Iztapalapa, apenas el lunes 14— que en 1988 ocuparon durante ocho meses la dirección de Ciencias Políticas, en protesta por el nombramiento de Ricardo Pérez Silva como director
El grupo de los brigadistas derivó en El Colectivo, encabezado por Víctor Alejo Plata —La Trevi—, otro de los dirigentes actuales de la megaultra Entre 1996 y 1997, ese grupo se dividió en la Coalición Políticas —encabezada por Jorge Martínez Valero y Argel Pineda, El Jager— y Conciencia y Libertad, encabezada por El Mosh
Alejandro Echevarría Zarco o El Mosh, entró a estudiar al CCH en 1986, con el número de cuenta 8621409-2, pero pronto desertó para hacer su bachillerato en la Universidad del Valle de México Se le vio discreto en el movimiento del 87, sin el peinado rasta que luce ahora Reapareció en el primer semestre de 1994, cuando entró a estudiar sociología a Ciencias Políticas de la UNAM Terminó como alumno regular, con diez de promedio, en el primer semestre de 1997 De ahí a la fecha se ha dedicado al activismo
La posición política de El Mosh —quien ha encabezado la toma de institutos, contra lo dispuesto por el CGH, haciéndose pasar, además, por Bolívar Huerta— coincide con los planteamientos de un grupo denominado Contracorriente, que en mayo pasado reveló sus planteamientos sobre el movimiento en la revista argentina La verdad obrera: ambos se han asumido como la izquierda de la izquierda —los ultras de Políticas han acusado hasta a sus propios compañeros de otras ramas del BUI de aliarse con los “prorrectoriles” de la CDE—, promueven el autogobierno y la autogestión, así como la alianza obrero-estudiantil “como la única opción”, y sus principios se acercan al anarquismo, tal como revela también el símbolo anarco pintado en las paredes de la facultad
Los “moderados” del POS
Del BIP también surgió la llamada Corriente en Lucha por el Socialismo, que tiene sus bases de apoyo principalmente en la Facultad de Ciencias
Algunos de sus integrantes, como la célebre Guadalupe La Pita Carrasco, ya participaban desde el movimiento de 1986 La corriente está dirigida principalmente por maestros de Ciencias a los que Bolívar Huerta ha acusado de llevar a cabo “un franco activismo estudiantil”: Javier Fernández, Guadalupe Carrasco, Rosa María Hernández y Salvador Ferrer, además de Leticia Contreras que, según diversos testimonios, está en la UNAM como estudiante desde 1981
“Tienen una posición estalinista y una visión cuadrada del trabajo”, completaba Huerta (Proceso 1174)
Los ultras moderados están encabezados por Francisco Cruz Retama, de la Facultad de Economía y del Partido Obrero Socialista (POS), organización política que tiene sus antecedentes en la Fracción Bolchevique del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), con el que rompió en 1979 por estar en desacuerdo con el apoyo que dio ese partido al recién victorioso Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua
Edgar Sánchez —dirigente del PRT— explica en entrevista que los miembros del POS —entonces encabezados por Alejandro Varas, entre otros, y actualmente por Cuauhtémoc Ruiz— han acusado a los sandinistas de “reformistas”, a los zapatistas de “dialoguistas” y a Cuauhtémoc Cárdenas de “latifundista”
En 1981 y 1984 le fue rechazado al POS su registro como partido político, pero en 1985 obtuvo dos diputaciones federales —las de René Rojas Ayala y Cuauhtémoc Méndez Estrada— gracias a una alianza con el Partido Socialista Unificado de México (PSUM)
La presencia geográfica del POS se reduce a estados como el de México, Hidalgo, Morelos y el Distrito Federal Ha estado vinculado a la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre (UVyD), la Liga Obrera Marxista —agrupación que surgió en los recintos universitarios en 1964, que se dividió con el movimiento estudiantil de 1968 y se reagrupó en 1971— y la Unión de Colonias Populares de Naucalpan
A pesar de su radicalismo ideológico, Cruz Retama representa a la única rama de los ultras universitarios que ha reconocido la institucionalidad, pues fue consejero universitario en 1994
Aunque los ultras moderados rechazaron la toma de institutos que encabezó El Mosh, han avalado el bloqueo de algunas avenidas importantes de la ciudad
La historia se repite
Gerardo Ávalos —profesor de sociología en la UAM Xochimilco— presenció de cerca, como activista en Ciencias Políticas, la gestación del movimiento estudiantil de 1986-87, y le sorprende lo parecido que ha resultado el actual en lo relacionado con las pugnas entre las corrientes:
“En 1987, los ultras ya nos habían ganado el movimiento, pues empezaron a dominar en términos de masa Al final fue un lío levantar la huelga; tuvimos que llamar a cada estudiante afín para que regresara a apoyarnos, y Carlos Imaz tuvo que llegar a un acuerdo con Eli Aguilar, que era de los ultras de Políticas, para lograr terminar con el paro
“Alegaban lo mismo que los ultras de ahora: Que no se había ganado nada, que se hiciera primero el Congreso, que nos estaban dando atole con el dedo Claro, ahora es todavía más absurdo, porque siquiera entonces existía una mayor polarización ideológica en México entre la derecha y la izquierda”
Además —añade—, “estábamos seguros de que entre ellos había gente del gobierno, de la policía, pero nunca lo podíamos probar Yo estaba entonces en el PRT, donde nos advertían que en la ultra había policías”
—¿Por qué cree que la historia se repite?
—Es que mientras los estudiantes cambian, los ultras son los mismos