Microduendes bancarios

Microduendes bancarios
Señores:
El pasado mayo, un sábado en la mañana, fui de compras a un autoservicio aprovechando que contiene una sucursal Bital con cajero RED, sistema al cual está afiliado “mi” banco Promex Hice un retiro de efectivo con mi tarjeta de débito, pero al contarlo me percaté de que faltaban 300 pesos respecto a la cantidad tecleada y consignada en el ticket (curiosamente, los billetes eran de 50 y no de 200 pesos, como los demás)
A unos pasos se encontraba el personal (ventaja de las sucursales tipo garage), al cual mostré todos los elementos de la operación y pedí ayuda Se declararon incompetentes porque no soy cuentahabiente de Bital; así que me mandaron a Promex Allí fui con mi solicitud por escrito y las copias pertinentes para iniciar un trámite aparentemente trivial
Tiempo después se me notificó, mancomunadamente, que la máquina “sí dispensó el efectivo” de acuerdo a su “tira auditora” y, categóricamente, se decretó: “por lo tanto, su aclaración no procede” (hasta en negritas)
Sorprendido, me inconformé, sólo para recibir un machote de la primera respuesta en la que el mismo juez, con la misma prueba, ratifica la misma sentencia
Como he sido cuentahabiente de Promex —vía nómina del Banco de México— desde que BCH se convirtió en Unión, decidí comentar a mi otorgante el evento para prevenir su repetición e incluso cambiar de banco mi pensión quincenal, pero la opción a Promex sería ¡Bital!, y si quisiera seguirme inconformando, tendría que “pelearme”, además, con RED y/o Cometra, y/o con la CNB, y/o por mi cuenta y riesgo e indefenso (no uso tira auditora) ¿De depositante a contendiente? Kafkiano
La sabiduría contemporánea aconseja en situaciones similares: “No resistas un asalto”, o sea, adiós a mis 300 pesos, y “cuéntaselo a quien más confianza le tengas”, es decir, a los lectores de este medio (Por legítima vanidad debo agregar que, desde que empecé a trabajar hace 30 años, la única molestia que he dado a los bancos es solicitar nueva chequera, y que pese a la modestia de mis saldos, una institución que desde hace 18 años me invitó a ser tarjetahabiente me ofrece un “trato especial como reconocimiento” a “la excelencia y acierto” en mi manejo como cliente)
Termino ésta expresando mi esperanza de que, en estos tiempos “fobapróbicos”, el diluvio se lleve, junto con los macro-demonios, a los micro-duendes, para reconstruir un sistema fiduciario basado en bancos y clientes comunes, sí, pero no corrientes
Atentamente
Jaime López Herranz