Leopoldo Solís, el mentor de Zedillo, reprueba al presidente
El proyecto tecnocrático deja un país depauperado, que trastoca la paz y quiebra la cohesión social
Carlos Acosta Córdova
Las políticas macroeconómicas aplicadas por los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo —que se han concentrado, sin lograrlo cabalmente, en la disciplina de las finanzas públicas, la apertura comercial y la modernización de la economía— son las causantes del deterioro social más severo en las últimas seis décadas
El resultado de quince años de presunta eficiencia tecnocrática es el siguiente: millones de mexicanos nacen ahora con menos peso y estatura; poco más de la mitad de la población está fuera de la seguridad social; faltan más de 7 millones de viviendas en el país; en las zonas urbanas, 40% de quienes se inscriben en la primaria, no la termina, porcentaje que aumenta hasta 80% en las zonas rurales e indígenas; el poder adquisitivo del salario es casi 50% menor al de 1981; casi 1 millón de mexicanos al año, desde 1990, abandonan el país en busca de empleo; en estado de pobreza viven más de 50 millones de mexicanos, de los cuales más de 20 millones sobreviven en la pobreza extrema, con un ingreso diario de poco más de tres pesos en promedio
En particular, a la administración del presidente Ernesto Zedillo le corresponde el poco honroso mérito de haber generado el mayor número de pobres: tan sólo en su primer año de gobierno, en 1995, 105 millones de personas ingresaron a las filas de la pobreza, efecto de “los errores de diciembre” de 1994
Todo ello se consigna en el libro Los indicadores de bienestar en México 1940-1995, editado por el Instituto de Investigación Económica y Social Lucas Alamán, AC, que en breve estará en librerías El estudio, firmado por Sergio Garduño Ríos y Gabriel González Vega, fue concebido y conducido por el director de dicho instituto, el economista Leopoldo Solís —asesor y consejero en materia económica de los presidentes Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid—, con quien el presidente Zedillo ha tenido una relación muy cercana
En efecto, el hoy presidente de la República estuvo bajo las órdenes de Leopoldo Solís, entre 1971 y 1974, en la Dirección General de Programación Económica y Social, de la Secretaría de la Presidencia, en el gobierno de Echeverría Gracias a Solís, Zedillo obtuvo becas para estudiar en el extranjero: en 1973 va a la Universidad de Bradford, en Inglaterra; al año siguiente, a la Universidad de Colorado, en Estados Unidos Ese mismo año, Solís es ya subdirector del Banco de México Invita a trabajar allí a Zedillo, que dura poco en el puesto, pues es becado por el Conacyt —también a instancias de Solís— para estudiar la maestría y el doctorado en economía en la Universidad de Yale, donde coincide con su amigo Jaime Serra Puche
Tan cercana es la relación que Ernesto Zedillo, como secretario de Programación y Presupuesto, fue desde 1989 y hasta que desapareció dicha dependencia —a principios de 1992— presidente del Consejo Directivo del Instituto Lucas Alamán —dirigido desde entonces por Solís—, una institución académica de alto nivel financiada por el gobierno, empresarios y centros de investigación similares
La cercanía y los afectos personales, empero, no fueron obstáculo para que, ahora, a través de investigadores guiados y supervisados por él mismo, Leopoldo Solís haga un juicio severo a las políticas macroeconómicas y sus efectos en el bienestar familiar, aplicadas por el presidente Zedillo
De acuerdo con el estudio, la política de ajuste que aplicó Zedillo en 1995 fue aun más severa que la de 1982-1983, emprendida por Miguel de la Madrid, y de efectos sociales más devastadores: antes de la crisis de 1982, 39% de la población estaba en pobreza y pobreza extrema; después de esa crisis, el porcentaje llegó a 484%; es decir, hubo un aumento de 7 millones de personas pobres En tanto, antes de la crisis de 1994, 452% de la población estaba en condiciones de pobreza y pobreza extrema; luego de la crisis, ya en 1995, el porcentaje de pobres llegó a 567% Es decir, 105 millones de personas, que estaban en la categoría de “clase media baja”, experimentaron un súbito deterioro de su nivel de vida que descendieron a las filas de la pobreza
Dice el estudio que ajustes económicos de la magnitud como el aplicado por Zedillo “dan lugar a una amplia inconformidad social que trastoca la tranquilidad y la seguridad pública, y quiebran la cohesión social tan necesaria para los programas de desarrollo de largo plazo” Además, muchos de los nuevos pobres “permanecerán ahí por mucho tiempo, en especial la gente de edad madura que ya no tiene la probabilidad de ser contratada a las tasas de salarios anteriores o de encontrar nuevamente un trabajo estable”
De hecho, afirma la investigación de Leopoldo Solís, “el desempleo originado por la crisis de diciembre de 1994 dañó más al hombre casado, resultó fatal para los trabajadores más viejos, que habían sido un modelo de ciudadanos y que habían ahorrado para adquirir una casa Fueron ellos los primeros que encabezaron la lista de despidos ‘voluntarios’, fenómeno derivado del achicamiento estratégico de las empresas A esto se sumaron los desplazados por la apertura comercial o el cambio tecnológico, lo que ha implicado la destrucción de puestos productivos, tanto en la industria como en los servicios”
Pesimista, el estudio sostiene que “no existen atajos o remedios ‘mágicos’ para abatir el índice de población que ahora se encuentra bajo los límites de la pobreza” Tan es así que para regresar al índice de pobreza de antes de la crisis de diciembre de 1994 —452% de la población—, la economía tendría que crecer de aquí al año 2005 a tasas anuales de 7%, junto con el continuo descenso en la tasa de crecimiento de la población
Y las expectativas, en ese sentido, no son muy halagüeñas: por el desplome de los ingresos petroleros y los efectos de la crisis financiera mundial —dólar y tasas de interés por las nubes; desplome bursátil—, la economía nacional cuando mucho crecerá este año a 4%, según estimaciones oficiosas del propio gobierno y de analistas privados
Lo peor de todo, sugiere el libro —que terminó de imprimirse en agosto—, es que, contra lo prometido en su campaña por la Presidencia, el presidente Zedillo no expresa mayor compromiso con el bienestar social Admite que en su Plan Nacional de Desarrollo (1995-2000), se propone como una de sus metas la generación de empleos bien remunerados Pero, dice, el documento “no hace referencia a la cuantificación de las metas que se desean alcanzar Se carece de un compromiso en relación con el bienestar en particular, por ejemplo, dotar de más agua potable y de servicios médicos asistenciales a las comunidades que hasta hoy han permanecido marginadas de las ventajas de la vida moderna”
Aciertos y errores
La investigación del Instituto Lucas Alamán abarca de 1940 a 1995, y en algunas variables del bienestar social, hasta 1997 Divide en dos periodos el estudio: uno, la etapa de crecimiento económico sostenido, de 1940 a 1982, y la etapa de modernización de la economía, de 1983 a 1997 Y en materia de bienestar, quedó mejor parado el primer periodo, no obstante el desorden financiero de los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo
Inclusive, hasta 1970, en términos de conducción de la economía, hubo mejores resultados, gracias a la congruencia macroeconómica, que en la etapa modernizadora Dice: “Entre 1940 y 1970, el aprovechamiento del ahorro interno se generalizó y se recurrió sólo en forma modesta al crédito externo El empleo y el salario real en el sector formal se elevaron en forma constante La inflación, entre 1951 y 1970, promedió menos de 5% anual
“En términos generales, se puede decir que hubo congruencia en las políticas macroeconómicas en ese periodo”
A partir de 1971, las cosas empezaron a descomponerse: se relajó la disciplina fiscal, se sobrendeudó al país, se sobrevaluó el tipo de cambio; factores todos que, junto con en fracaso de la apuesta petrolera de 1977-1981 y la imprudencia de los bancos internacionales de prestarle alegremente al gobierno mexicano, se tradujeron en el caos económico que millones de mexicanos guardamos en la memoria
Aun así, empero, entre 1975 y 1984, “contra lo que podría esperarse del desorden financiero que imperó durante las administraciones de Luis Echeverría Alvarez y José López Portillo, llamadas por ellos mismos ‘del crecimiento económico’ y de la ‘administración de la abundancia’, respectivamente, los indicadores de la distribución del ingreso muestran una cierta mejoría En este periodo de nueve años, la distribución del ingreso mejoró 245% a favor de las personas comprendidas en los deciles más bajos (es decir, los de menores ingresos)
“Todo parece indicar que la política distributiva en medio del desorden financiero favoreció a los estratos más débiles” Claro, dice, se generaron desequilibrios financieros que pusieron en entredicho todo lo que se había logrado
En cambio, en la etapa modernizadora (1983-1997) fue más acusado el deterioro social Como aspectos positivos, el estudio señala la depuración de empresas públicas ineficientes, la privatización de paraestatales y de bancos, y la reducción de la inflación, aunque la mayor parte del ajuste recayó en la masa trabajadora Pero poco duró el gusto:
“La política de topes salariales (impuesta con los pactos económicos) se tornó en un ancla para contener las presiones inflacionarias, lo que a la larga, aunque los salarios crecieron a una tasa inferior a la inflación interna, indujo un margen de sobrevaluación de la moneda, lo que se tradujo en un amplio cambio en el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que había representado 7% del PIB
“Esta situación insostenible, aunada a los efectos desconcertantes de homicidios políticos, el brote de inconformidad en las comunidades de los Altos de Chiapas, el manejo inadecuado de la deuda interna (tesobonos), así como la inexperiencia de la nueva administración, condujeron a la crisis de diciembre de 1994 y enero de 1995” Y lo que siguió: caída de 62% en la actividad económica, en 1996, y la brutal depreciación del tipo de cambio del peso frente al dólar
Así, con todo y los aspectos positivos de la etapa modernizadora, “el balance social que arroja no es muy claro” y sí “muy preocupante”
Sentencia: Se ha agudizado la concentración del ingreso; el problema de las carteras vencidas es grave y está lejos de resolverse; “el tipo de cambio se ha convertido en ancla de la inflación interna, no en instrumento de equilibrio externo; los niveles de pobreza extrema han aumentado; se ha registrado un aumento de la economía informal (comercio callejero), y el desempleo ha puesto en peligro la seguridad pública en la mayoría de los grandes centros urbanos
“En síntesis —remata—, se ha presentado un retroceso en el índice de bienestar social”
Adiós al bienestar
No queda ahí la crítica que el análisis conducido por Leopoldo Solís —miembro de El Colegio Nacional, de la Academia Mexicana de la Lengua y de la Junta de Gobierno de El Colegio de México— hace de la conducción tecnocrática de la economía Se explaya:
“La estrategia de modernización de la economía mexicana, en los últimos 15 años, no ha mostrado capacidad para generar más empleos ni para que se obtengan de los existentes niveles de salarios adecuados Además, pese al importante flujo de recursos externos que entraron al país por las elevadas tasas de interés internas, no se pudo mantener la tasa de crecimiento del PIB, en comparación con la observada en el periodo anterior (1940-1982)”, de 64% anual
Consecuencia de todo ello es un grave deterioro en la equidad distributiva que “no es de extrañar, ya que ahora el poder adquisitivo de los salarios reales del sector obrero se contrajo 135%, mientras que los salarios mínimos reales, a su vez, lo hacían en 355%”, entre 1984 y 1994 En una serie más larga, de 1981 a 1995, “la caída del ingreso de la clase trabajadora” se ve “más dramática”: en ese periodo se registró una pérdida del poder adquisitivo de 45%
Específicamente en relación con el salario mínimo, en ese lapso se redujo su capacidad adquisitiva en 689%, mientras que los sueldos de los empleados en la industria manufacturera lo hicieron en 198% y los salarios de los obreros registraron una pérdida de 3424%
En suma, el salario mínimo de 1995, en el primer año de gobierno de Ernesto Zedillo, “se ubicó en el nivel de 1984, y significó un retroceso de casi medio siglo en el ingreso monetario”
En los demás indicadores de bienestar social se registró igualmente un serio retroceso en la etapa “modernizadora” de la economía Por ejemplo, en la alimentación y la nutrición de millones de mexicanos “La proporción de niños desnutridos en el campo era de 51% en 1989, en tanto que en las zonas predominantemente indígenas el índice de desnutrición alcanzó 71%”
Y aunque para 1996 hubo una ligera mejoría en el medio rural, “el índice de desnutrición todavía sigue siendo alarmantemente elevado, pues se registró 432% de infantes con algún grado de desnutrición, que se tradujo en menor talla y estatura, lo cual contrastó con el medio urbano, donde en 1996 sólo 85% de los niños mostró desnutrición”
El estudio no deja duda: “Las políticas macroeconómicas han acentuado la desnutrición A partir de la década de los ochenta, sobre todo en las pequeñas poblaciones rurales de México, se observa un aumento en el índice de mortalidad infantil que pasa a 103 por cada 1000 menores de cinco años Entre 1980 y 1988, las muertes por desnutrición en menores de un año subieron de 40 a 118 por cada 1000; es decir, de 5 a 20 en menores de cinco años”
En materia de salud, pese a los avances en infraestructura —que no es tan diferente de la que hay en países más desarrollados—, también hay datos preocupantes Para 1995, sólo 38% de la población —345 millones de personas— estaba cubierto por los sistemas de seguridad social (IMSS, ISSSTE y demás) Es decir, el resto, 567 millones de personas —62%—, no estaba cubierto por dichos sistemas oficiales Actualmente, refiere el estudio, cerca de 10 millones de personas no tienen acceso a ningún tipo de servicios de salud
En materia de empleo, las políticas macroeconómicas de los últimos 15 años “han mostrado su incapacidad de generar empleos suficientemente remunerados para la creciente población, lo que ha dado origen a la inmensa emigración de mexicanos al exterior Según cifras del gobierno de Estados Unidos, el éxodo de mexicanos a ese país alcanzó las 800,000 personas por año en la década de los noventa”
En el caso de las políticas específicas contra la pobreza, señala que, en su mayoría meramente asistenciales, las aplicadas por las diferentes administraciones no han logrado superar la pobreza ancestral que flagela a la población mexicana Y en una crítica implícita a la política contra la pobreza seguida en el gobierno de Ernesto Zedillo, que apoya con dinero en efectivo a determinados grupos de pobres extremos, apunta:
“Actualmente se ha creado una idea equivocada del papel del Estado, pues se piensa que es su obligación sostener a los ‘menos afortunados’ en la distribución de la riqueza, sin preguntarse sobre el verdadero esfuerzo que éstos deben desarrollar para contribuir a la generación o producción de bienes y servicios, y tener derecho al bienestar”
Las políticas para el campo tampoco escapan a la crítica del estudio de Leopoldo Solís Dice: “Los resultados de las diferentes políticas agrícolas se han traducido hasta ahora en una desintegración del equilibrio social en el medio rural, que se manifiesta en una política de despoblación del campo, para sobrepoblar, aún más, las áreas metropolitanas y acentuar el hacinamiento, la marginación y la miseria”
Lo peor de todo, es que “en la sociedad actual las familias pobres, tanto del medio urbano como del rural, presentan peculiaridades que las llevan a autoperpetuar las condiciones de pobreza a las generaciones siguientes y negarles un mínimo de oportunidades”
Explica: “Aquellas familias que carecen de educación formal están condenadas al submundo económico de la economía informal, y de la industria que subsiste por los bajos salarios que paga a su personal Este círculo vicioso de transmisión de la pobreza de una generación a otra, limita a los hijos las posibilidades de mejorar su futura situación de bienestar, debido a las deficiencias nutricionales, educativas y de salud que padecen”
Por todo ello, concluye, es urgente aplicar, ya, políticas que recuperen el bienestar social “La evidencia de la concentración del ingreso en los últimos años, plantea un reto que la sociedad debe superar mediante la búsqueda de soluciones viables en el corto y mediano plazos, pues en el largo plazo —parafraseando a Keynes— ‘todos estaremos muertos'”








