Las matanzas de Chiapas

Las matanzas de Chiapas
Carlos Monsiváis
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Las imágenes una vez más son alucinantes La legión de niños atónitos, las mujeres (muy jóvenes) llorando, los soldados que arrestan ancianas, los militares a cargo de cadáveres, los policías orgullosos por las detenciones, los testigos que informan de saqueos y robos a 26 casas y dos tiendas cooperativas Una vez más, Dios protege a los buenos superarmados cuando los malos son unos cuantos y mala o nulamente pertrechados Según las notas de Herman Bellinghausen y Jesús Ramírez Cuevas (La Jornada, 11 de junio de 1998), dos excelentes reporteros de esta etapa chiapaneca, lo ocurrido enorgullecerá al gobierno y a las clases altas que lo acompañan, pero a nadie más De acuerdo con el testimonio de los pobladores, no hay tal “enfrentamiento” entre policías y simpatizantes del EZLN Sólo el 10 de junio, y tal vez en homenaje a los héroes paramilitares de 1971 en la Ciudad de México, elementos de Seguridad Pública, judiciales estatales y federales, y militares, se presentan en tres comunidades del municipio autónomo de San Juan de la Libertad o El Bosque: en Chavajeval, Unión Progreso y El Bosque A las siete de la mañana, más de 1,000 elementos rodean el pueblo y lo invaden llevando como guías y señaladores de zapatistas a dos priístas encapuchados La policía dispara a un grupo de campesinos filozapatistas, y se lleva a los heridos La escena es terrible: interrogatorios con los detenidos cara al piso, preguntas brutales que identifican la filiación zapatista con el peor de los crímenes, maltrato, prepotencia y, desde luego, confianza en la impunidad Ya se encargarán los publirrelacionistas del gobierno de transformar los hechos, volviendo “provocación” la matanza y certificando que el único problema del país es el desatado por las víctimas
El campesino Antonio Gómez le declara a Ramírez Cuevas: “Como siete policías me amarraron con un lazo, después me agarraron de pies y manos y se montaron sobre mí varias veces Los de Seguridad Pública dicen que había armas, que encontraron una cartuchera y un pasamontañas, dicen pues Pero no era cierto No encontraron armas, y por eso un policía le puso un pasamontañas a un compañero y le dio en sus manos un rifle R-15 y le tomó fotos y video para mostrarlos como pruebas” Una lástima que este operativo no incluyera a la publirreportera Lolita de la Vega Perdimos sus lúcidas preguntas a los detenidos: ¿Es verdad que le hicieron una operación facial para disfrazarlo de indígena? ¿Usted es sueco o italiano? ¿Cuándo lo van a deportar? ¿En su país hay afición por el futbol?
Previas a la Incursión Justiciera se producen amenazas y seguridades de represalias El cerco psicológico es tanto o más abrumador que el cerco físico A los simpatizantes del zapatismo y a los que no lo son pero allí viven se les recuerda a diario su indefensión y la inexistencia de sus derechos A esto se le denomina “Tregua”, a las atmósferas de “Ni guerra ni paz”, al asedio incesante que se venga de los triunfos políticos del zapatismo con el despliegue de la ocupación No es mala idea de los radicales jubilados en funciones de teóricos de la contrainsurgencia Que haya más fuerzas de seguridad que pobladores, y que al convertirse en minoría en su propia tierra, los indígenas retornen a su anterior destino en las fincas y el hambre Ya lo dijo o lo debió decir Mao, ese otro converso involuntario al priísmo: “Dejad que cien retenes florezcan en la misma cabaña”
Los policías y los militares llegan a Chavajeval, y los policías disparan granadas de gas lacrimógeno (Hay que habituar al pueblo a los males respiratorios de la modernidad) Luego tiran como Dios les da a entender en respuesta a la mínima resistencia El Ejército asume el control Mueren, hasta donde se sabe, un policía y ocho campesinos, y el hasta donde se sabe describe una situación brumosa, ya que no se permite la entrada al lugar a los medios informativos El concierto de la concordia gubernamental es intenso: hay disparos de fusil, tiros de bazuka, granadas y, epílogo de gravedad acústica, disparos de mortero dirigidos a las montañas en torno de Chavajeval (Por si la orografía es filozapatista)
Avanza el proyecto de aplastamiento de las bases de apoyo del EZLN Como premio de consolación se ofrecen en los días siguientes declaraciones conmovidas del gobierno ratificando su voluntad de paz y la permanencia de la Tregua “Los vivos que respetáis gozan de cabal sepulcro”, hubiese comentado un personaje del Tenorio Mientras, el ganadero y gobernador Roberto Albores contamina de buena vibra la cacería de campesinos de San Juan de la Libertad o El Bosque Por su parte, en ausencia del secretario de Gobernación, Emilio Rabasa Gamboa, coordinador gubernamental para el diálogo en Chiapas (en la práctica, vocero de las explicaciones inconvincentes y tardías), se declara “insatisfecho” por las investigaciones de la PGR en Acteal, y alega que el operativo se enderezó contra “asesinos y delincuentes” Así que para combatir a una banda pequeña se movilizan más de 1,000 policías y soldados Y añade: “Se actuó para evitar una nueva masacre como la de Acteal” Con esos métodos de prevención, las funerarias no tienen problema Y en ausencia del gobernador de Chiapas, el subsecretario de Gobierno, Alejandro Cruz Gutiérrez, emite un filosofema que allá la posteridad si no lo recoge: “Lo deseable hubiera sido que la presidencia municipal se recuperara mediante el diálogo y la negociación, y no a través de un operativo policiaco-militar La paz y la reconciliación no se logran únicamente con la fuerza y la intervención de la policía” (La Jornada, 12 de junio de 1998) No, no únicamente Y qué bueno que, contradiciendo al licenciado Rabasa, el subsecretario notifica el fin del operativo: recuperar la presidencia municipal
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En Chiapas, las matanzas son rituales y casi rutinarias Si hay tal cosa como una estrategia del gobierno distinta a su técnica del aplastamiento a plazos (no tanto estrategia como ejecución de una sentencia), es inducir al olvido de Chiapas, ese concepto que tanto se aborrece y que mezcla miseria y rebelión indígenas Al respecto, se acude a un método peculiar: conseguir la amnesia a través del estrépito que, acumulado, obliga al hartazgo Ni a quién le importe otra matanza en Chiapas, por Dios, todos los indios muertos son iguales y qué mal hizo Salinas dejándolos vivos Cierto, lo de Acteal, en diciembre de 1997, repercutió en el mundo entero, pero allí la táctica aplicada por el Señor Gobierno fue aún más tradicional: que la indignación se ahogue entre legajos Primero se habla de la venganza de un padre afligido por la muerte de su hijo a manos de un grupo filozapatista Es, dice la PGR, “asunto intrafamiliar e intracomunitario”, y la versión dura sólo unos días; así, más tarde, en contra incluso de las sombras de la veracidad, la repite en Chile el presidente Zedillo Pero abruman las evidencias de los grupos paramilitares y de la complicidad en la matanza de fuerzas de seguridad, y debe reconocerse lo absurdo de la hipótesis del extraordinario poder de convocatoria criminal de un patriarca agraviado Ya reconocida en la práctica la existencia de los paramilitares, se detiene por decenas a culpables menores y a sus amigos o vecinos A los grandes responsables de Acteal y a sus socios en el ocultamiento de pruebas nadie del gobierno siquiera los menciona
Acto seguido, la Secretaría de Gobernación y, supongo, sus asesores retromaoístas y paleomarxistas, optan por la guerra antipopular prolongada, mezclando lecciones de Ho Chi-Minh y de los militares norteamericanos tipo Westmoreland Hay que “vietnamizar” la región aprovechando el amortiguamiento de la opinión pública y la fuerza escasa de la sociedad civil Los antiguos habitantes de una clandestinidad sospechosamente idéntica al anonimato extraen sus lecciones de la derrota que no volverán a sufrir (más vale cola de represión que cabeza de ilusión sectaria), y proponen a sus jefes aislar al EZLN y a la red de catequistas, antes del grand finale (inevitablemente el exterminio de Marcos) Tienen a su servicio, y sin pagarle horas extras, a la Ley, esa majestad augusta jamás descargada contra los saqueadores del país, y con ella en la mano se lanzan contra los municipios autónomos El pretexto es lo de menos Albores, quien anunció de modo alucinado: “Conmigo llega a Chiapas la buena vibra”, encabeza los asaltos “a nombre de la Ley” y “rescata” territorios que le entrega al PRI para, es de suponerse, disponer el apoyo indígena a Fobaproa, ese gran homenaje del Estado al logro botinero
Dejadme solo El hostigamiento a la Conai, con todo y campaña de difamaciones, produce la renuncia del obispo Samuel Ruiz y la disolución del organismo A la Cocopa su desgaste la margina cuantiosamente, y el gobierno no escucha los llamados de las organizaciones no gubernamentales de México y de muchos otros países ¿Para qué? Quien posee la Verdad en la macroeconomía, la posee en todos los demás terrenos, y además, si los zapatistas según Zedillo querían balcanizar el país, se les unificará con esa paz y esa reconciliación que se inician con la fuerza y la intervención de la policía (el gobierno de Chiapas dixit) Lo ya probado: A tres años y medio del gobierno de Zedillo, el conflicto de Chiapas se ahonda y el método para resolverlo es la militarización rodeada de bravatas oficiales Se deshonró la firma gubernamental en los Acuerdos de San Andrés Larráinzar sin explicaciones mínimamente convincentes, o con la parodia de un argumento repetido fatigosamente en radio, prensa y televisión: “El gobierno suscribe los Acuerdos de San Andrés, salvo en lo fundamental, lo que le obliga a enviar una iniciativa de ley” Y Chiapas sigue siendo el gran fracaso de una administración no muy pródiga en éxitos (Fobaproa es el otro competidor en materia de desastres, pero al respecto los únicos operativos son dejar huir a Jorge Lankenau de una casa rodeada de agentes, y pagarle el viaje de Madrid a México a El Divino Angel Isidoro Rodríguez y su comitiva)
Al gobierno le interesa, y de modo básico, diluir lo más significativo de Chiapas, su carga ética, su carácter de prueba irrefutable de la deshumanización gubernamental y social, del feroz encono racista y de la tragedia de la desigualdad en México Para eso, quiere a toda costa trasladar el conflicto a la zona en donde mejor se ocultan los dramas de la sociedad injusta y despojada: la nota roja Por eso, la invasión de El Bosque se presenta como una batida de hampones; por eso, se quiere diluir lo de Acteal en el castigo a los asesinos materiales; por eso, Albores se ufana (¡él!) de llevar la ley a la entidad Ya se tiene la disculpa ante las reclamaciones del exterior: “El gobierno protege a la ciudadanía de Chiapas” Pero no la protege del gobierno, y por eso en vez de responder a la violencia que sí existe, y al caos delincuencial, y a las bandas de forajidos, se busca destruir al EZLN llevándolo a una violencia suicida o alojándolo en el camposanto que convenientemente se llamará “Panteones de la Tregua” Pero el problema indígena no es asunto de nota roja, ni a estas alturas sirve de algo la idea de que muerto el adversario empezó la prosperidad