Uno no se resigna y el otro quiere ser
Ortiz y Gurría mandan señales cruzadas a los mercados, en su anticipada lucha por la sucesión presidencial
Carlos Acosta Córdova y Mónica Pérez
El paquete de iniciativas de reforma al sistema financiero que envió el presidente Ernesto Zedillo al Congreso —y que, entre otras cosas, desplaza a la Secretaría de Hacienda de la conducción de la economía nacional; formaliza como deuda pública los espectaculares pasivos de Fobaproa, por más de 550,000 millones de pesos, y permite la entrada de capital extranjero, hasta en 100%, a los bancos nacionales—, reavivó la pugna que por los reflectores vienen sosteniendo Guillermo Ortiz y José Angel Gurría
Asediados por el fantasma de la sucesión presidencial, el gobernador del Banco de México y el secretario de Hacienda desestiman los candados impuestos por su partido, que les impiden ser candidatos —pues no han tenido cargos de elección ni cuentan con experiencia de dirigentes dentro del PRI—, y se enfrascaron ya en una disputa personal, que es más por dejarse ver y hacerse sentir, que por fijar un rumbo claro para la economía del país
Encarrerados, se inventan aparadores y aprovechan tribunas y foros para llevar agua a su molino
La última: Ortiz indujo al ITAM a realizar el seminario “El papel del Banco Central en la economía” —inclusive apoyó económicamente la participación de ponentes extranjeros—, en el que él mismo tuvo el papel estelar Y para no quedarse atrás, Gurría forzó a Angel Aceves Saucedo, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, para que lo invitara —sin mediar una convocatoria formal de la mayoría de los integrantes de dicha comisión— a debatir con diputados, en la Cámara, sobre las reformas al sistema financiero propuestas por el Ejecutivo
Mesurado uno y bravucón el otro, Ortiz y Gurría nada escatiman por ganar reflectores Poco a poco van llegando al enfrentamiento Por lo pronto, el secretario de Hacienda ya lanzó la primera piedra: ante diputados, cuestionó el sistema bancario —virtual hechura de Ortiz—, al decir que los bancos hoy ni prestan un buen servicio ni tienen capacidad para capitalizarse, por lo que, de aprobarse la iniciativa correspondiente, el capital extranjero podrá asumir el control de los bancos mexicanos
Más aún, a través de su subsecretario Martín Werner, criticó los modos de operar del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), al señalar que la cartera que ese fideicomiso compró a los bancos —como fórmula para salvarlos de la quiebra— es tan de mala calidad que apenas podrá recuperarse entre 30 y 40% de su valor
En la réplica, el gobernador del Banco de México —también ante diputados— dijo que los bancos están mejor que nunca; aceptó que durante la privatización, de la que él fue protagonista, hubo errores en la adjudicación de algunas instituciones —”no se escogió a las personas adecuadas”—, pero rechazó que haya habido operaciones turbias en la operación de Fobaproa, tanto que invitó a los diputados a practicar todas las auditorías que quieran a ese fondo
De paso, le enmendó la plana a su antiguo subordinado, Martín Werner, al señalar que es incorrecto decir que sólo se recuperará el 30% del valor de los activos en poder de Fobaproa: “Esa no es una cifra ni una estimación oficial Es muy difícil ex ante asignar el valor que puedan tener los bienes que vayan a enajenarse”, dijo
El banquero central
El origen de las presuntas diferencias entre el secretario Gurría y el responsable del banco central se remonta a diciembre último, cuando el presidente Zedillo decidió sustituir a Guillermo Ortiz como secretario de Hacienda y ubicarlo al frente del Banco de México, en lugar de Miguel Mancera Formalmente el presidente sólo puede, por ley, proponer candidato para gobernador del banco y el Senado es el que decide si ratifica o no La realidad, como en muchos casos, es otra
Ortiz fue el secretario de la crisis Desde los últimos días de diciembre de 1994 se encargó de hacerle frente a la brutal crisis devaluatoria causada, entre muchos otros factores ya reconocidos, por los errores de su antecesor Jaime Serra Puche —que sólo duró 28 días como secretario de Hacienda— a la hora de instrumentar modificaciones en la política cambiaria
El nuevo secretario aplicó severos programas de ajuste, dolorosos —la economía decreció 7% en 1995, millones quedaron sin empleo, empresas quebraron, la pobreza se extendió—, pero que lograron arreglos macroeconómicos que hoy son elogiados en el mundo
Ortiz ganó reputación nacional y mundial al lograr que México saliera del bache en breve tiempo: la actividad económica creció 7% en 1997; el tipo de cambio se mantiene sin graves alteraciones; la inflación sigue a la baja; no hay problema grave en las cuentas externas Aunque los pendientes siguen, como en toda la historia económica reciente, en el terreno de lo social
Pero a Ortiz se le cruzaron los tiempos políticos La inédita integración de la Cámara de Diputados, sin mayoría priísta, y un muy anticipado jaloneo por la sucesión presidencial, crearon un marco propicio para que abrigara expectativas personales Aun cuando los candados priístas le cancelaban posibilidades para “la grande”, nunca dejó de suspirar Persona cercanísima al presidente de la República, Ortiz alentaba sus propias aspiraciones: lo mismo con los miembros de la comunidad financiera nacional que con sus interlocutores políticos, el secretario se condujo con habilidad
Líderes de partidos políticos y legisladores de todos los signos conocieron su trato deferente, conciliador La muestra más evidente fueron las mil y una reuniones que sostuvo —él mismo y su equipo más cercano de colaboradores— con diputados y senadores en ocasión de la discusión y aprobación del paquete económico para 1998
Bien librado salió Ortiz de las febriles jornadas decembrinas en la Cámara de Diputados, aunque al final tuvo que auxiliarlo el propio presidente Zedillo, pues en Los Pinos se logró el voto panista en favor del presupuesto de egresos
Fue un triunfo de Ortiz, se dijo siempre Pero el gozo le duró poco El presidente Zedillo decidió que las reconocidas prendas de Guillermo Ortiz debían ser puestas —durante los próximos seis años; es decir, hasta la mitad del próximo sexenio— al servicio del Banco de México, al que Miguel Mancera debía dejar por mandato de ley En el último día del periodo de sesiones del Congreso, la mayoría priísta en el Senado lo ratificó como gobernador del instituto central El 1¼ de enero debía asumir el cargo Así pasó
Es decir, dejaba la primera línea —pese a los candados de su partido— de candidatos naturales a la Presidencia
Se quedó con las ganas
Pero no las pudo contener en el nuevo cargo La tradición, en México y en la mayoría de los países, señala que los bancos centrales y sus titulares deben ser muy escrupulosos, discretos, poco afectos a la prensa, sin ánimo para los reflectores La razón: los mercados, y la gente en general, son muy sensibles a lo que diga el banquero central Y como ni en los mercados, ni mucho menos en la población en general, hay siempre la capacidad de interpretar con precisión los dichos del banquero, mejor se opta por la prudencia declarativa
Pero Ortiz llegó al banco con la inercia de un secretario que, alentado por sus propias aspiraciones, modificó el esquema Aunque se excedió: de la discreción —que en el caso del Banco de México y de Mancera en particular, llegaba muchas veces a un hermetismo exasperante— se fue hasta el extremo de buscar él mismo los reflectores
Si era claro que había que remontar la ausencia de comunicación entre el Banco de México y la sociedad, Ortiz convirtió esa necesidad en ganas de dejarse ver y hacerse sentir El fantasma del 2000 lo persigue
Y así ha sido desde que inició su gestión Si la agenda cotidiana de Miguel Mancera era un secreto hasta para los periodistas más avezados, a la de Ortiz poco le falta para ser del conocimiento del público en general Gracias a una renovada estructura de prensa y difusión —apuntalada por una nueva oficina de “Relaciones Externas”, dirigida por Alejandro Valenzuela, el anterior vocero oficial de la Secretaría de Hacienda—, Ortiz no deja semana que pase sin que aparezca en diarios, radio o televisión, ya sea con entrevistas, conferencias de prensa y hasta declaraciones “de banqueta”, que le permiten mantenerse en las primeras planas de los periódicos y en los principales espacios informativos de medios electrónicos
Lo malo no es eso, sino que sigue hablando como secretario de Hacienda, invadiendo terrenos que ya no le corresponden y, lo peor, sigue dando recetas para hacer que la economía marche mejor Es decir, no se circunscribe a la política monetaria y a los temas que son de su responsabilidad, sino que abarca todo el conjunto de variables macroeconómicas
Pero lo que preocupa no es que le “robe cámara” al secretario de Hacienda, José Angel Gurría, sino que, a decir de analistas políticos y financieros, está mostrando un ánimo protagónico excesivo y riesgoso por las señales que envía a los mercados: poca coordinación entre Hacienda y el Banco de México; que en aquella no hay mando y que en éste —en virtud de las iniciativas que se discutirán en el Congreso— Ortiz será el supersecretario de economía, pues tendrá absoluto control no sólo de la política monetaria, que es su atribución, sino también de la política cambiaria, hasta ahora prerrogativa de Hacienda, y mayores atribuciones en materia de supervisión y regulación de las instituciones financieras
En suma, que uno y otro, independientemente de sus posibilidades reales, están en permanente disputa Y lo grave es que ésta se traduce en diferencias que afectan seriamente las expectativas de los agentes económicos Por ejemplo, en las cifras del comportamiento de la economía para este año El Banco de México siempre se le adelanta a Hacienda en el dato de crecimiento económico y no siempre coinciden De una tasa de 52% estimada en el programa económico aprobado en diciembre pasado, Ortiz ya anunció que, de acuerdo con analistas privados, la economía podría crecer 48%, mientras que Gurría, aunque no lo ha hecho público, sostiene una estimación de 45%
Y lo único que producen es desconcierto: las empresas no pueden planear correctamente; la inversión productiva se desalienta; la inversión extranjera se ahuyenta; se abona el desánimo y la incertidumbre en los mercados financieros
Inclusive, Ortiz ya probó los efectos de una política de comunicación más abierta Cuando dio a conocer, en enero, el programa de política monetaria para este año, instruyó a los subgobernadores del Banco de México —tan discretos antes que parecían estar sólo de adorno— para que hicieran presentaciones de ese programa en espacios noticiosos de la radio Uno de los subgobernadores, José Sidaoui —antes subsecretario de Hacienda con el propio Ortiz— habló de presiones sobre el tipo de cambio y de que nada garantizaba que no pudiera haber otra devaluación Ese día el peso sufrió uno de los embates más fuertes; perdió valor frente al dólar y el Banco de México fue acusado de manipular, con declaraciones, el desempeño del tipo de cambio
Los subgobernadores volvieron a la discreción Pero Ortiz siguió con su estrategia personal de dejarse ver
El secretario acotado
Por su parte, a Gurría le tocó bailar con la más fea Tuvo que estrenarse como secretario de Hacienda anunciando un recorte al presupuesto obligado por la caída en los ingresos públicos, efecto del derrumbe de los precios internacionales del petróleo Aunque las dificultades se le aparecieron desde el día en que el presidente Zedillo le dio el nombramiento y le anunció veladamente que sería un secretario acotado: sus atribuciones en materia cambiaria y de supervisión financiera pasarían a manos de Ortiz, con un Banco de México plenamente autónomo en esas áreas que, sobre todo en la cuestión del tipo de cambio, han sido histórica fuente de disputas entre el banco central y la Secretaría de Hacienda
Además, debía empezar a trabajar con el equipo completo que dejó Ortiz en la Secretaría Y así pasó: heredó a los subsecretarios Martín Werner, del ramo, y Santiago Levy, de Egresos, y al presidente del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Tomás Ruiz Con ellos, y a veces pese a ellos, se ha ido quitando piedras en el camino, para emprender su lucha personal por atraer las miradas que luego le signifiquen apoyos y simpatías para el anhelado año 2000
Aunque su estilo es muy diferente al de Ortiz, lo mismo dentro que fuera de la dependencia: batalló por que la Subsecretaría de Ingresos, que Ortiz había desaparecido, se volviera a crear; desechó los planes de reestructuración de la banca de desarrollo que aquél estaba a punto de instaurar; revivió, con otro nombre y con otras formas, los pactos económicos que Ortiz había cancelado Gurría busca imprimir su sello personal a la Secretaría que siempre quiso conducir, desde que la deuda externa dejó de ser un problema para el país, según Pedro Aspe y Carlos Salinas, a principios de los años noventa
Y en ese ánimo ya ha tenido problemas con los miembros del equipo que antes era el de Ortiz Particularmente con el subsecretario de Ingresos, el abogado Tomás Ruiz, a quien Gurría llegó a decirle en una ocasión: “Mira, Tomás, no nos hagamos pendejos: ni tú ni yo sabemos de política fiscal; ella sí”, dijo, apuntando a Alma Rosa Moreno, funcionaria de amplia experiencia en la Secretaría, a quien el secretario rescató de un puesto intrascendente e incorporó como responsable del diseño de la política fiscal
El problema entre Gurría y Ruiz es que son iguales: se desviven por los reflectores, aunque el primero se siente con más derecho Tomás Ruiz, antes de la llegada de Gurría, era el funcionario —prácticamente de todo el gabinete del presidente Zedillo— que más prensa tenía —incluido un vocero oficial— y más ostentación hacía de su cargo, hasta en cuestiones personales: como ninguno, cuenta con el equipo de seguridad personal más aparatoso A donde va, le antecede y le sigue una fila de autos con guaruras “Es la arrogancia propia de la edad”, comentan a Proceso compañeros suyos en la dependencia, que lo atribuyen a su juventud
El mismo estilo “entrón” ha empleado Gurría fuera de la Secretaría Lo mismo con periodistas que con legisladores Se enoja con frecuencia, regaña y descalifica Cuando no le gusta una pregunta de los primeros responde lacónico A los segundos se ha dirigido con agresividad y sorna Por ejemplo, en su reciente comparecencia ante diputados, la emprendió contra perredistas A Alfonso Ramírez Cuéllar, uno de los dirigentes históricos de El Barzón, le llamó ignorante y difamador; a Dolores Padierna la conminó a “leer bien” las iniciativas, y a Porfirio Muñoz Ledo le recordó su viaje no oficial por Europa con gastos de la Cámara
A la caza de los reflectores
En su disputa personal, Ortiz y Gurría han propiciado la imagen de que hay diferencias graves en el gabinete, proyectos encontrados Pero nada de ello se sustenta Ni hay diferencias de fondo ni tienen proyectos económicos distintos Simplemente, a los funcionarios se les atravesó la política, y en tiempos de ánimo sucesorio anticipado Ortiz no se resigna y Gurría quiere ser Y en función de ello actúan Andan a la caza de los reflectores Aunque luego se les pasa la mano Ponen nerviosos a los mercados financieros y tienen que recular Pero no tardan en reincidir
En las iniciativas presidenciales de reforma al sistema financiero enviadas al Congreso, ambos vieron otra oportunidad para “ventanearse” Ortiz a la cabeza y Gurría tras sus pasos El gobernador del Banco de México organizó con el Instituto Tecnológico Autónomo (ITAM) la realización del seminario “El papel del Banco Central en la economía”, con la participación de académicos, políticos de diferentes partidos, empresarios, analistas independientes, funcionarios del banco pero nadie de la Secretaría de Hacienda
De acuerdo con fuentes del propio Banco de México, la institución colaboró con alrededor de 5,000 dólares para que viniera a México, y participara en el seminario, el exgobernador del Banco Central de Chile, el doctor Roberto Zahaler
En el encuentro de especialistas, Ortiz se dio la oportunidad de hablar ampliamente sobre las bondades de la mayor autonomía que la legislación propuesta le otorga Atendió todas las preguntas y comentarios de sus interlocutores (el líder nacional del PAN, Felipe Calderón, y la exsenadora y exdiputada perredista Ifigenia Martínez, entre otros), y apuntó la frase que encabezaría los diarios al día siguiente: con las mayores atribuciones que tendrá en materia de cambios y de supervisión financiera, el Banco de México no será un enclave de poder económico ni un superpoder que desequilibre la debida coordinación entre los diversos elementos de política económica
En la reacción, Gurría tuvo que hacerse también su foro para remontar la desventaja Presionó al experimentado Angel Aceves Saucedo, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, para que lo invitara a debatir con diputados sobre los alcances de las iniciativas presidenciales Y llegó a la Cámara sin que se respetaran normas, procedimientos y usos internos de esa instancia legislativa Aceves lo “invitó” sin que hubiera acuerdo de la mayoría de los integrantes de esa comisión; no convocó a éstos con la anticipación reglamentaria ni ordenó la publicación del aviso de la comparecencia en la Gaceta Parlamentaria; ignoró a los secretarios de la mesa directiva, que son los encargados de elaborar la orden del día y, en el colmo, no avisó a los miembros de la comisión que sería el propio titular de Hacienda el que se presentaría sino que les dijo que la reunión sería con “altos funcionarios” de dicha dependencia
En suma, sintetizaron diputados, Gurría se “autoinvitó” a la Cámara
Y así le fue La comparecencia, el jueves 2, fue ríspida El secretario empleó un tono bravucón y descalificatorio, y la oposición se le fue encima Salió raspado Pero pudo deslizar la primera piedra contra su “contrincante” Guillermo Ortiz: cuestionó la calidad del sistema bancario, luego de casi seis años de privatizado: los bancos están mal, no prestan un servicio eficiente ni pueden capitalizarse de manera sólida Tanto que, dijo, es preferible abandonar un “mal entendido nacionalismo” y permitir que entre el capital extranjero a asumir el control de los bancos mexicanos Y más: sugirió que el rescate de los bancos fue errático, que Fobaproa les compró cartera chatarra, de la que acaso podrá recuperarse entre 30 y 40% de su valor
El lunes 6, acudió Guillermo Ortiz ante la misma Comisión de Hacienda —formalmente invitado—, con más “tablas” en el trato con legisladores Rechazó las insinuaciones de Gurría Y aunque no contestó a satisfacción plena muchos interrogantes —sobre todo relacionados con la transparencia en las operaciones de Fobaproa—, recibió el aplauso y el reconocimiento de los diputados
Y así se la pasan Ortiz que da un paso y Gurría que quiere emparejársele; uno que se adelanta y el otro que lo sigue Pero nada resuelven respecto de las preocupaciones fundamentales sobre el futuro de la economía nacional








