Acteal, 22 de diciembre
A 200 metros, 40 agentes escucharon el largo tiroteo sin intervenir los encabezaba el general retirado Julio César Santiago Díaz
Carlos Marín
Pregunta- Que diga el declarante que, si por el cargo que desempeñaba el 22 de diciembre de 1997, era el mando de mayor jerarquía que se encontraba en la comunidad de Acteal
Respuesta- Que por su cargo de jefe de asesores de la Coordinación de Seguridad Pública y director de la Policía Auxiliar en el estado, sí: era el mando de mayor jerarquía en ese lugar y en ese momento
—Que diga si los oficiales, de haber recibido una instrucción del declarante, tendrían que haberla aceptado
Respuesta- Que sí Que de haber habido una instrucción del declarante, estaban obligados a cumplirla
En retiro del Ejército, el general brigadier Julio César Santiago Díaz jugó un papel decisivo el 22 de diciembre, cuando el nombre de Acteal empezó a conocerse en el mundo:
Acompañado por 40 policías estatales, “cubiertos y en alerta”, estuvo durante tres horas y media sin hacer nada, plantado a la entrada del caserío, mientras a escasos 200 metros, montaña abajo, era cometida la masacre
A él pareció referirse el subprocurador José Luis Ramos Rivera en Washington, el miércoles 24 de febrero, cuando confió ante reporteros que un alto funcionario de Seguridad Pública de Chiapas, “alguien con capacidad de dar órdenes” —dijo—, resultó involucrado en el homicidio colectivo; aunque supuso que “él no sabe que lo buscamos”
Julio César Santiago Díaz estuvo en Acteal entre la una y las cuatro y media de la tarde
En ese lapso, según relató ante el Ministerio Público Federal hace un mes:
no se dejaron de escuchar disparos de armas de fuego de distintos calibres como el 22, escopeta, así como ráfagas de AR-15 y AK-47, deseando aclarar que los disparos se oían en intervalos de tres a cinco minutos; es decir, se escuchaban disparos, pasaban de tres a cinco minutos sin que se escucharan, y volvían a escucharse, siendo así todo el tiempo que permaneció el declarante en la entrada a la comunidad de Acteal, sobre la carretera
Durante la cacería —declaró el general retirado—, y debido a que los disparos provenían “de lo alto de los cerros”, no se interrumpió el tránsito de vehículos y ni siquiera se puso un retén
En esas tres horas y media —contó— ninguno de los cuatro comandantes o de los restantes 40 policías estatales que fueron llegando al punto entró al caserío ni se atrevió a bajar la cuesta para averiguar lo que sucedía, debido a que un suboficial le recomendó:
“Jefe, hágase más para acá porque le pueden dar un tiro”
Custodio de paramilitares
Felipe Vázquez Espinosa —38 años, casado, dos hijos— fue quien reforzó el susto del jefe de mayor jerarquía en la zona
Subcomandante de Seguridad Pública, Vázquez Espinosa, esa misma mañana, había transportado a unos músicos de la Iglesia adventista y acababa de sumarse con cinco elementos a los que habían ido concentrándose en la entrada del poblado
Tenía diez años en Seguridad Pública Se dio de alta en la corporación después de haber estudiado en la Academia de Policía del estado, y el día de la masacre ostentaba el grado de suboficial
Dice que cuando tenía su base en Majomut, poco antes de ser destinado a la colonia Miguel Utrillas, del ejido Los Chorros, “se enteró” de que en este ejido eran Tomás Méndez Pérez y su gente quienes se caracterizaban por la portación de armas de fuego, sobre todo AK-47 y rifles calibre 22
La verdad es que este joven y gallardo subcomandante que aparece con su R-15 en alto en la portada de Proceso trabajó como protector de paramilitares:
—Que diga el declarante si alguna vez vio a algún habitante de Los Chorros portando armas
Respuesta- Que sí Que en una ocasión, el día 26 de noviembre hablé con una persona que acompañaba a otra que portaba un arma de las denominadas Cuerno de Chivo y al preguntarle por qué portaban esas armas me dijo que eran para seguridad Y al pedir instrucciones a mis superiores, el primer oficial, Absalón Gordillo, me indicó que si era partido verde lo dejara ir: verde, que es priísta, por lo que lo dejé ir
En declaración ministerial posterior, enriqueció la historia:
Admitió que el 26 de noviembre, “por instrucciones superiores”, custodió a un grupo de paramilitares tzotziles que llevaban en costales, en una pick-up, un cargamento de Cuernos de Chivo
La instrucción dice haberla recibido, sin lugar a dudas, del primer oficial Absalón Gordillo Ruiz, comandante en Majomut
Vázquez Espinosa y sus hombres custodiaron el recorrido de cuatro sujetos entre la localidad de Chemix y la colonia Utrillas, del ejido Los Chorros
De aquella comisión son las imágenes que aparecen aquí Afirma Vázquez Espinosa desconocer el nombre de otro de sus compañeros que figura en las fotografías y que ignora también para qué fotógrafo posó
En su versión, los habitantes de Utrillas “temían ser atacados por integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”, por lo que su misión consistía en “brindarles seguridad”
Cuando se le preguntó si sabía la ocupación de un tal Tomás Méndez Pérez, el suboficial respondió que había escuchado en Los Chorros que era el “representante de los priístas”
El 22 de diciembre, su presencia en Acteal fue consecuencia de la orden que recibió cuatro días antes de su comandante de sector, José María del Carmen Nuricumbo, para que custodiara el traslado, el sábado 20, de diez tzotziles adventistas a la localidad de Los Robles, llamada también El Roblar
El día de la masacre, con diez elementos, el propio Vázquez Espinosa hizo el viaje desde Los Chorros para custodiar el retorno de los diez tzotziles, cosa que ocurrió como a las diez de la mañana
Aproximadamente 600 metros después del poblado de Acteal, el declarante escuchó tres disparos a lo lejos pero, como llevaba escoltando a los presbiterianos y con el fin de brindarles seguridad, siguió su camino, llegando a Los Chorros aproximadamente a las 13 horas
—¿Por qué motivo no investigó de qué se trataba cuando escuchó los tres disparos al pasar Acteal?
Respuesta- Porque llevaba la responsabilidad de brindar seguridad a las diez personas presbiterianas y no podía exponerlas, además de que los disparos se escucharon muy lejos
—¿A qué base comisionada de Seguridad Pública correspondía investigar los disparos que escuchó?
Respuesta- A Majomut
Cuando pasó por Majomut, dice haberle dado aviso al comandante García Rivas:
Le dije que había escuchado tres disparos después del paraje de Acteal, pidiéndole instrucciones al respecto, y me dijo que me siguiera con mi comisión ()
—Que diga el declarante si tiene alguna copia de recibido el reporte que dice haber hecho de los disparos que escuchó
Respuesta- Que no, porque fue en forma verbal
—Que diga si los reportes a sus superiores deben ser en forma escrita o verbal
Respuesta- La mayoría de las veces es verbal
De su actuación en noviembre como custodio de paramilitares en el tráfico de armas, habla su más reciente confesión ante el Ministerio Público Federal:
Encontrándose el de la voz con el total de su gente (40 elementos) en la población de Miguel Utrillas, en noviembre, sin recordar la fecha exacta, se presentaron ante el compareciente, como a las once de la mañana, seis personas del sexo masculino, recordando el nombre de uno de ellos como Andrés Santís Etzin, quien dijo ser agente de la Policía Municipal, bajo el mando de Tomás Pérez Méndez, quien es el (presidente del) comisariado ejidal de la misma población, solicitando apoyo para trasladar a cuatro personas que se encontraban cortando café en la población de Chemix y que traían sus armas, para traerlos de regreso a Los Chorros
El de la voz se comunicó con su superior inmediato, Absalón Gordillo, para enterarlo de la solicitud, contestándole Absalón que, si eran “verdes”, queriendo decir con ello que si era gente del Partido Revolucionario Institucional, por siglas PRI, que estaba bien, pero a condición de que ellos trajeran sus propios vehículos
Que una vez autorizada la comisión, ordenó a su gente se trasladara a bordo de una unidad oficial para dirigirse a Chemix, en donde ya los estaban esperando cuatro muchachos como de entre 22 y 28 años en una camioneta pick-up de color rojo, marca Ford, al parecer modelo 1982
Los 17 kilómetros en camino de terracería fueron recorridos en dos horas de ida y vuelta
Una vez que las custodiaron, estas personas se fueron para sus domicilios, y no sabe si por este tipo de custodias al comandante Absalón Gordillo le pagan alguna cantidad de dinero
El 27 o 28 de noviembre, Tomás Pérez Méndez tuvo una discusión con el de la voz, diciéndole que la policía que venía bajo el mando del compareciente y las armas que traían no servían para nada, porque él y su gente tenían mejores
La maquinación
De Tomás Pérez Méndez es la siguiente versión:
En septiembre —tres meses antes de la masacre—, en Los Chorros, se efectuó una asamblea encabezada por el presidente del comisariado ejidal, Alfonso López Luna, y el agente municipal Agustín Santís Etzin, en la que se informó a la población de los “rumores” acerca de que integrantes del EZLN iban a llegar a matar gente de la comunidad
A punto de terminar la reunión —dice Tomás—, con 30 seguidores, irrumpieron Antonio López Santís y Diego Hernández Gutiérrez, y con insultos exigieron a López Luna “darles guerra a los zapatistas”
Propusieron a la población que el presidente del comisariado ejidal y Santís Etzin, si se negaban a ello, fuesen amarrados y se les cobrara 5,000 pesos de multa
De plano, Antonio tomó el poder en la comunidad: equipó a seis tzotziles con rifles calibre 22 y compró a Lorenzo Hernández un AK-47
En octubre, el mismo Antonio López Santís convocó a otra asamblea y obligó a todos a aportar 75 pesos, sobre la advertencia de que quien no cooperara “sería castigado” Según Tomás Pérez Méndez, alrededor de 600 personas dieron la cuota (se juntaron como 45,000 pesos) A la siguiente semana, uno de los lugartenientes de Antonio López Santís, Martín Etzin Luna, les informó que en San Cristóbal de las Casas, con un traficante chamula del barrio de La Hormiga, había conseguido otro Cuerno de Chivo
En noviembre se hizo otra “vaquita”, esta vez con aportaciones de 100 pesos, y el mismo Entzin Luna llegó con otras dos AK-47
Consta en video la declaración:
El encargado de recibir y comprar las armas era Antonio López Santís
En el mismo mes de noviembre volvieron a pedir otra cooperación Llegaron a juntar siete armas de fuego de las conocidas como Cuernos de Chivo, cartuchos para armas calibre 22 y un arma chica, de las llamadas UZI, y cuatro armas largas calibre 22 de 16 tiros
En el mes de noviembre se juntaron en la casa de Pedro Santís, en donde se encuentra el teléfono, y Antonio López Santís entregó Cuernos de Chivo a Roberto Méndez Pérez, Victorio Ruiz López, Sebastián Méndez Arias
En total, fueron repartidas doce armas de fuego
El relato de Tomás Pérez Méndez esclarece las complicidades de comandantes y policías estatales con las bandas de homicidas en las que estuvo involucrado el suboficial Felipe Vázquez Espinosa:
En los últimos días de noviembre, salieron a la ciudad de San Cristóbal de las Casas Martín Entzin Luna, Martín Santís Entzin, Roberto Méndez Pérez y Alberto Ruiz Pérez a bordo de la camioneta pick-up roja de redilas a comprar cartuchos Fueron acompañados por Felipe Vázquez, quien es el capitán de Seguridad Pública del estado comisionado a la base Los Chorros, el cual fue contratado por Antonio López Santís, para custodiarlos y a quien le pagaron dos mil pesos
Un homicidio anterior a la masacre del 22 de diciembre, efectivamente, ocurrió el 17 de diciembre, cuando “unas personas encapuchadas, sin saber de qué comunidad eran”, mataron al tzotzil Antonio Vázquez Santís
El 21 de diciembre, en Quextic, hubo una reunión en la casa de Manuel Vázquez Ruiz, medio hermano del asesinado, hijos los dos de Antonio Vásquez Santís En ella participaron al menos ocho tzotziles armados, algunos de ellos provenientes de Los Chorros
En Los Chorros —según Tomás Pérez Méndez—, la familia Luna Pérez llegó a la casa de Pedro Santís Pérez y allí estaba Antonio López Santís con su gente, y le pidieron apoyo para “vengar” el homicidio, sin que se sepa por qué lo atribuyeron a personas de la comunidad de Acteal
Antonio —uno de los más enconados paramilitares “priístas” que quería acabar con los “zapatistas”— apoyó la petición y sugirió que todos se vistieran con pantalón y camisa azul La partida sería a las cinco de la mañana del día siguiente
La cómplice negligencia del gobierno de Ruiz Ferro
En Acteal se desbordó una mezcla de pretextos económicos, sociales, políticos y religiosos, en la que el ingrediente letal fue la línea política del aparato de Seguridad Pública del gobierno chiapaneco
La policía del exgobernador Julio César Ruiz Ferro mantuvo siempre una conducta hostil contra las comunidades de simpatizantes del EZLN y llegó al extremo, en la madrugada del 22 al 23 de diciembre, de alterar las evidencias de lo que había sucedido en Acteal, al grado de que inventó muertes con arma blanca y destripamientos de mujeres encinta para fortalecer la cómoda hipótesis de venganzas entre indígenas primitivos
La verdad fue desvirtuada por el gobierno estatal en una campaña de medios, en la que hasta filtró la especie de una matanza de ritual, al estilo de los kaibiles guatemaltecos
—Ninguna de las 45 víctimas (siete varones adultos, 18 menores de edad, 20 mujeres, de las cuales cuatro estaban embarazadas) fue muerta en la “capilla”: 36 fueron asesinados en las faldas del cerro, en una hondonada, y los nueve restantes fueron perseguidos y cazados en las inmediaciones
—El Servicio Médico Forense del estado inventó que 33 fallecieron por arma de fuego, siete por machetes o cuchillos y cinco por golpes en la cabeza; pero Servicios Periciales de la Procuraduría General de la República determinó que 43 habían sido baleados y dos fueron muertos a golpes
—La Procuraduría estatal no preservó el área de la matanza ni permitió la intervención de peritos en criminalística de campo; no practicó legalmente las diligencias para el levantamiento de cadáveres ni dio fe de los sitios donde fueron hallados los casquillos de las balas percutidas
—Antes del 22 de diciembre, en el municipio de Chenalhó se cometieron diversos crímenes, ante los cuales la procuraduría local ni siquiera envió algún agente del Ministerio Público y nunca inició la averiguación previa correspondiente
—Desde el 10 de junio de 1997, autoridades y vecinos del municipio intentaron repetidamente ser recibidos por el gobernador Julio César Ruiz Ferro, lo que jamás ocurrió
—Abundan testimonios ministeriales en el sentido de que el secretario de Gobierno de Chiapas, Homero Tovilla, expresaba el criterio de que “los indígenas deben resolver sus propios problemas”
—Se toleró con apoyo estatal el sistema coercitivo de afiliación que aplican los “priístas”
Sobrevivientes
Javier Capote Santís, 20 años, originario y vecino de Quextic, municipio de Chenalhó, perdió a sus familiares en la matanza de Acteal, donde la rapiña también fue programada:
Dice que en la reunión que tuvo lugar en Quextic, en la casa de Manuel Vázquez Ruiz, se determinó que quienes no alcanzaran arma de todos modos acudieran al caserío de Acteal, para saquear las casuchas de las víctimas
Javier y José Méndez Paciencia habían sido detenidos en la colonia La Esperanza, municipio de Chenalhó, por haber pretendido vender café en la localidad de Chemix, lo cual, debido al duelo que se guardaba por algún difunto, prohibían las costumbres locales
Tuvo que acudir a rescatarlos a Chemix —a donde habían sido llevados, amarrados y encarcelados— su compañero Ramiro Pérez Pérez
Chemix era territorio de la familia Vázquez —aquélla en cuya casa los paramilitares preparaban su “venganza”—, donde no se tentaban la mano para castigar a nadie
Ramiro tiene también 20 años de edad y, aunque no casado, vivía “en unión libre” y estaba a punto de convertirse en uno de los viudos de Acteal
Como la mayoría de testigos e inculpados, Ramiro es monolingüe y su versión se conoce gracias a una empleada del Instituto Nacional Indigenista —Marcela Ignacia Suárez Cruz—, dedicada a la atención de las etnias chiapanecas, sobre todo la tzotzil
Dice Ramiro que cuando los sacaron de la cárcel por intentar vender café, tuvo que pagar 3,500 pesos por persona, que consiguió prestado
Después de esa primera extorsión, fueron conminados a dar una “multa” adicional de 600 pesos por no pertenecer al PRI, sino a Las Abejas
El agente rural municipal les dijo: Ahora somos priístas porque si no entran al partido del PRI, los matamos Cuando escuchamos esto, les dijimos: Sí, somos del PRI, para evitar que nos mataran
Los repentinos conversos continuaron el juego sin saber que serían invitados a participar en la reunión de Quextic, donde conspiraban los paramilitares de Manuel Vázquez Ruiz,
para informar a la comunidad que ya tenían seis personas más del PRI, que ya eran compañeros del partido, e informarles lo que iban a hacer cómo robaban el café, a quiénes iban a matar, y los primeros eran los zapatistas, y luego la sociedad civil de Acteal
Dicha operación, dijeron, sería el día 22, terminándose la asamblea a las diez de la noche A ninguno de los presentes los dejaron irse a sus casas porque iban a salir muy temprano todos para llevar a cabo la matazón en Acteal y robar las casas vacías, diciéndoles que tenían que dar diez tortillas cada uno para darle de comer a la gente que los iba a cuidar, que son de la comunidad de Los Chorros
Al igual que otros participantes y con el pretexto de conseguir las tortillas, tuvieron oportunidad de salir del poblado
Corrieron hacia Acteal, para avisar a sus compañeros que iban a llegar a matarlos “los priístas” de las comunidades de Los Chorros, La Esperanza, Canolal, Chemix, Sajalukum y Bajoveltic (al menos eso dijeron los conspiradores); pero fue inútil
Llegaron al campamento de desplazados y advirtieron a sus esposas, madres y hermanos que estaban a punto de sufrir una agresión
El catequista Alonso Vázquez Gómez —dirigente de Las Abejas, como se denomina al grupo de desplazados en este lugar— les agradeció el aviso; pero determinó que todos se quedarían “a orar”, que “sólo Dios sabía” lo que podía suceder y que le pedirían no morir
El catequista figuró entre los primeros en la lista de muertos
A pie, después de viajar toda la noche, José Méndez Espinosa llegó hasta el centro de San Cristóbal de las Casas en el amanecer del 22 y le dijo a Patricio Murphy lo de la matazón inminente Murphy le sugirió lo más lógico: correr a la subprocuraduría de Asuntos Indígenas del gobierno del estado
En la subprocuraduría, Méndez Espinosa no supo quién le dijo que estaban de vacaciones, “pero que regresara el día 28”
“Indios patarrajada”, como se dicen ellos mismos (recogiendo como propio el agravio de los coletos conservadores), su sistema de comunicación resultó más efectivo que el del gobierno chiapaneco y al filo de las seis y media de la tarde Javier, Ramiro y José ya se habían enterado de que sus familiares y amigos habían sido asesinados
Se pudo evitar
En el Centro Fray Bartolomé de las Casas no se tiene duda de que por vía de la justicia, de haberse aplicado en los crímenes anteriores al de Acteal, la masacre no se hubiera producido
Seguridad Pública sabía perfectamente que en Chenalhó había 264 paramilitares identificados Unos 60 estuvieron en Acteal el 22 de diciembre y victimaron a 45 de un total aproximado de 10,000 desplazados repartidos en Chenalhó
Antropólogo, historiador, Andrés Aubry —prestigiado por su gran conocimiento de la situación chiapaneca—, dice al reportero que en ese municipio las historias personales y familiares, políticas y sociales, se entreveran
“Zapatistas” y “priístas” tienen parientes y amigos en el otro bando, y se dan casos de vejaciones recíprocas que aniquilan los afectos
Los desplazados provienen de la destrucción de sus pequeños pueblos, de la falta de respeto a sus ejidos y parcelas; de la imposibilidad de sesionar en asambleas y de trabajar sin temor; de humillaciones de las autoridades, del cambio de dirigentes sin mandato ni elección, de la destrucción de sus símbolos comunitarios, de la prohibición de reuniones, o toleradas algunas bajo la vigilancia de paramilitares protegidos por la policía
Todo eso se desbordó en Acteal
Que siempre sí
Ni siquiera el general retirado Julio César Santiago Díaz, con sus 67 años de edad y el orgullo de su paso por el Colegio Militar, su autoridad moral como jefe de asesores de la Coordinación de Seguridad Pública y su responsabilidad como director de la Policía Auxiliar, no hizo otra cosa que nada durante la balacera
La perspicacia de este exfuncionario clave de Julio César Ruiz Ferro se redujo tanto que no fue sino hasta las cinco de la mañana del día siguiente cuando le llegaron “con la novedad, mi general, de que allí abajo hay muchos muertos”








