Operativos, balaceras y secuestros policiacos que culminan en ejecuciones
Miedo e inseguridad en la capital de la República: la mano dura del general Salgado aporta su cuota de violencia
Raúl Monge
Lejos de frenar el crecimiento del índice delictivo en la Ciudad de México, la policía preventiva contribuye a incrementar la inseguridad y la zozobra en el asiento de los poderes federales mediante acciones violentas e ilegales, una de las cuales culminó en la ejecución de por lo menos tres jóvenes cuyos cuerpos fueron encontrados en una mina de arena de la delegación Tláhuac, luego de que unos 19 integrantes de los cuerpos de élite “Jaguares” y “Zorros” protagonizaron una fuerte balacera y propiciaron el secuestro de las víctimas
El escándalo comenzó poco después de que dos policías del Sector 8 Poniente de Tláhuac, Saúl Bermejo de la Chica y Luis Animas Montes, dieron parte a la Policía Judicial del DF del hallazgo, el martes 9 de septiembre, de tres cadáveres en el paraje de Tetecom, colonia Zapotitlán
Un día antes, el lunes 8, seis jóvenes habían desaparecido —según denuncias de sus familiares— en la colonia Buenos Aires, tras una balacera protagonizada por los dos cuerpos de élite donde murieron un civil y un policía, además de que hubo tres lesionados de bala
De acuerdo con varios testigos, los jóvenes fueron subidos por los policías a un Golf blanco, perteneciente a un vecino, y a un camión utilizado para trasportar a las fuerzas policiacas, donde luego se encontrarían rastros de sangre de uno de los jóvenes secuestrados
Con base en las evidencias periciales y testimoniales de 22 testigos presenciales de los hechos y de 500 policías, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) aprehendió y consignó, el pasado jueves 2, a doce “Jaguares” y a siete “Zorros”, que quedaron a disposición del Juzgado 19 de lo Penal, con sede en el Reclusorio Oriente
De ellos, sólo Eleazar Armando Pérez Zavala fue acusado de homicidio, pues de su pistola salieron las balas que mataron al civil de la Buenos Aires y a los tres jóvenes encontrados en la mina, según la Procuraduría capitalina
Los otros 18 fueron consignados por el delito de abuso de autoridad, por lo que tienen derecho a quedar libres bajo fianza Sin embargo, el viernes 3, el juez Cleofas Lucas Pérez se negó a fijar la fianza a los “Jaguares” y “Zorros” que la solicitaron, por considerarlos de alta peligrosidad
Jorge Peña Sandoval, subprocurador “B” y director de Homicidios de la PGJDF, explicó al reportero que el hecho de que sólo uno de los policías haya sido acusado de homicidio calificado, no quiere decir que “no haya más culpables” del mismo delito
Informó:
“A Pérez Zavala lo identificaron cinco testigos como la persona que accionó su arma en la colonia Buenos Aires, y los casquillos y ojivas que aparecieron en esa zona, como en la mina de Tláhuac, corresponden a esa misma arma No había, pues, ninguna duda”
Como responsable de la investigación, concentrada en trece tomos y 3,000 fojas, Peña Sandoval establece que “esto sigue y va a terminar cuando tenga a todos los responsables en la cárcel Nadie está por encima de la ley”
Por lo pronto, dijo que tratará de fortalecer las acusaciones contra los policías encarcelados, así como de ampliar la acusación a más “Jaguares” y “Zorros” que directa o indirectamente estén implicados en el enfrentamiento de la Buenos Aires y en sus secuelas de terror
También busca a dos policías preventivos que, con su patrulla, actuaron como escudo de protección en la ejecución de Juan Carlos Peralta Romero, de 17 años; Oscar Iván Mora Licea, de 18, y Daniel Colín Enciso, de 21 Las huellas de sangre de este último fueron halladas en el camión, pues había resultado herido en el intenso intercambio de fuego entre los agentes policiacos y los presuntos delincuentes
Peña Sandoval dio su versión:
En medio de la confusión, la irritación y el pánico causados por la balacera en las calles de la colonia capitalina conocida como “deshuesadero” de automóviles robados, los tres muchachos fueron subidos por la fuerza al camión de la policía y al Golf para enseguida sacarlos de la colonia
Poco después, a las 18:30 horas, el Golf blanco fue visto pasar por el camino que conduce a Zapotitlán Llovía En el automóvil iban varias personas, dos de las cuales portaban uniforme negro A unos metros de distancia, lo seguía una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública
El Golf dio vuelta hacia el camino a Tetenco, de terracería, que conduce a la mina de arena, mientras la patrulla se estacionó a la entrada de esa vía
Minutos más tarde, vecinos del lugar escucharon varias detonaciones —”como cohetones”— con intervalos de minutos Apenas cesaron, los policías preventivos se subieron a la patrulla y partieron en sentido contrario al lugar donde se escucharon los disparos
Con segundos de diferencia, el auto compacto apareció a toda velocidad, pero con menos personas, según testimonios recogidos por la Policía Judicial
Ahí, en la hondonada de 14 metros de profundidad, quedaron los cuerpos acribillados de Peralta Romero, Colín Enciso y Mora Licea Se encontraron después ocho casquillos y tres ojivas, todos calibre 9 mm
Con base en las pruebas periciales, la PGJDF determinó que coincidían con los recogidos en la colonia Buenos Aires y que habían sido disparados por la pistola de Pérez Zavala
Al principio se pensó que en la ejecución sólo habían participado “Jaguares” y que la ejecución se había realizado en ese lugar para inculpar a los “Zorros”, cuyo cuartel general se localiza a 10 minutos de la mina de arena
El hallazgo de los cadáveres se produjo la tarde del martes 9 Un campesino informó a los tripulantes de la patrulla 8817 del Sector 8 Poniente de Tláhuac, Saúl Bermejo de la Chica y Luis Animas Montes, quienes se dirigieron de inmediato a la mina y hallaron los tres cuerpos
El general se defiende
Los cadáveres fueron conducidos al anfiteatro de la delegación Tláhuac, adonde pronto acudieron familiares de los jóvenes para identificarlos, y también de inmediato señalaron como responsables a los “Jaguares” y “Zorros”
Sin embargo, el secretario de Seguridad Pública, general Enrique Salgado Cordero, defendió a sus subordinados
En declaraciones públicas, negó que policías a su cargo hubieran hecho alguna detención el lunes 8, aunque reconoció que un grupo de “Zorros” —que estaban francos— habían participado en la balacera, la cual se produjo cuando trataron de evitar un asalto
Conforme avanzaron las investigaciones, el general fue modificando el sentido y el tono de sus declaraciones:
“Somos los más interesados en que este crimen se aclare, y si en esta investigación resulta involucrado cualquier elemento de la corporación, seremos los primeros en exigir que se actúe con estricto apego a la ley, con toda energía, contra quien o quienes hayan incurrido en la comisión de estos delitos”
Las críticas en contra del responsable de la seguridad pública en la sede de los poderes federales se incrementaron durante la última semana de septiembre, cuando al comparecer ante el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal defendió la eficacia de los operativos policiacos realizados en varias colonias de la Ciudad de México y explicó:
“Decir no a los operativos, es decir sí a la impunidad de la delincuencia Si no nos ven en sus territorios, si no temen nuestras acciones que afecten sus redes clientelares, seguirán creciendo, y mañana no hablaremos de la necesidad de operativos, sino de toques de queda y zonas de la ciudad donde la delincuencia gobierne”
Dos días después, el secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, al comparecer en el Senado, admitió que “la inseguridad está ganándonos la batalla”, pero puntualizó: “El delito no puede combatirse con delitos ni con conductas arbitrarias e ilegales”
Y el 29 de septiembre, el presidente Zedillo calificó como “desafortunada” la declaración del general Salgado Cordero sobre el toque de queda y externó su desencanto porque no se ha resuelto el problema de la seguridad en la Ciudad de México
“Estoy francamente insatisfecho con lo que hemos logrado”, afirmó el jefe del Ejecutivo federal
Del optimismo al fracaso
No obstante su insatisfacción, el presidente Zedillo ha mantenido en su puesto al general Salgado, actitud que contrasta con la mostrada hacia el primer jefe de la policía del actual gobierno capitalino, David Garay Maldonado
El 28 de mayo de 1996, el presidente Zedillo despidió a Garay después de que grupos de granaderos impidieron violentamente que una marcha de maestros llegara a la residencia de Los Pinos, con un saldo de decenas de heridos
En un comunicado de la Dirección de Comunicación Social de la Presidencia, se explicó:
“El presidente consideró que al haber optado en primera instancia por el uso de la fuerza en vez de utilizar métodos que concilien el mantenimiento del orden público con el diálogo y la negociación, la actuación de la Secretaría de Seguridad Pública no correspondió al mejor interés de la ciudadanía ni del gobierno
“La Presidencia de la República reitera su firme convicción de que a la violencia no debe responderse con violencia, de que es obligación de la autoridad ser invariablemente respetuosa de los derechos ciudadanos y de que todo grupo, organización o ciudadano cuenta con cauces claros para que sus demandas sean atendidas conforme al Estado de derecho, en un clima de tranquilidad y respeto, y por la vía de la conciliación”
Al principio de su gestión, el general Salgado Cordero se ciñó a esos postulados En su primera conferencia de prensa, advirtió que sólo en casos extremos, “cuando se quebrante el orden público y se pongan en riesgo los intereses de las mayorías, se recurrirá al uso de elementos que la ley prevé para esos casos, pero sin recurrir a la aplicación extrema de la fuerza”
Las acciones coercitivas, estableció, se aplicarán una vez que se hayan agotado “todos los recursos que aconseja la razón, en primer lugar el convencimiento, a través de la conciliación y el diálogo”
Un poco más tarde nombró a generales y coroneles en los mandos de dirección de la policía y comenzó la reorganización de la institución Salgado reconoció que estaba desempeñando “la tarea más compleja de mi vida”
Explicó que la policía “no puede funcionar como está”, por lo que se comprometió a darle una nueva fisonomía “Vamos a ser duros e inflexibles hacia adentro y hacia afuera”
Y nuevamente recurrió a los militares para lograr sus propósitos: Envió a un batallón de soldados a la delegación Iztapalapa, para sustituir a los policías preventivos, los cuales fueron obligados a asistir a cursos de capacitación en el Campo Militar Número 1 Se anunció que, una vez terminada la capacitación, regresarían a sus puestos, y los soldados serían trasladados a otra delegación Sin embargo, “a petición de los vecinos”, los militares no han sido retirados de esa zona
Después aumentó los salarios a todos los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, y puso en marcha el programa para proporcionar bicicletas a cientos de policías con el fin de vigilar varias colonias
La llegada de los militares provocó brotes de descontento entre los policías preventivos
Señalaron:
“El general Salgado presenta cuentas alegres Dice que ha logrado disminuir el índice de delincuencia y que la presencia de los militares en tareas de seguridad pública ha sido un éxito Pero no habla de los bancazos, de los asaltos a pasajeros de autobuses y ‘peseros’, así como en contra de peatones ni de las patrullas destruidas por los militares”
Al no poder reducir el índice de criminalidad en la Ciudad de México, la impotencia comenzó a surgir en los discursos de un general que, mientras era jefe de la IX Región Militar, en Guerrero, estaba convencido de que el Ejército no debía intervenir en labores de seguridad pública
Ante vecinos de Iztapalapa, el general Salgado reconoció que la delincuencia había rebasado a las fuerzas del orden, por lo que urgió a crear un frente común contra ese problema
Después propuso que para mejorar su efectividad, era necesario que la policía preventiva tuviera atribuciones de investigación, independientemente de su labor preventiva, como en un momento las tuvieron el Servicio Secreto o la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), ambas agrupaciones con un negro historial
En marzo de 1997, dos meses antes de cumplir un año en su cargo, el general Salgado compareció ante la Asamblea Legislativa, y reconoció que no se habían logrado muchos avances en el combate a la delincuencia
De plano, admitió: “No vamos a acabar con la delincuencia”
Pero comenzó a repartir responsabilidades Dijo que los culpables del estado en que se hallaba la policía eran quienes habían estado al frente de ella, “pues permitieron el abandono de la corporación”
Y desde entonces, aplicó medidas más duras para mantener la disciplina interna:
Ante un paro de labores de policías preventivos, mandó a los granaderos para que disolvieran un plantón, lo que provocó una trifulca Varios policías resultaron heridos
Pocos días después, el 10 de mayo, durante una ceremonia realizada en el Campo Militar Número Uno, advirtió:
“La disciplina castrense enseña que las órdenes se dan para cumplirse, no para negociarse; en la corporación policiaca se acabaron los cotos de poder”
Durante la campaña electoral de Cuauhtémoc Cárdenas, quien el 6 de julio fue elegido jefe de Gobierno del Distrito Federal, el perredista se manifestó en contra de la participación de los militares en tareas policiacas, ya que, dijo, no son sus funciones y ellos no han sido eficaces en la lucha contra la delincuencia
A partir de ese mismo mes de julio, el general Salgado incrementó los grandes operativos policiacos, especialmente en colonias consideradas como refugio de delincuentes, como la Doctores, Buenos Aires y Tepito
“Zorros”, “Jaguares”, preventivos, agentes de la Policía Judicial del DF, todos ellos provistos de armas de alto poder, se apoderaban durante varias horas de esas zonas; detenían a todo el que les parecía sospechoso y entraban a casas privadas y negocios para buscar objetos robados Pronto surgieron protestas por los abusos
“Vamos bien, vamos muy bien”, aseguraba el general Salgado, mientras que los partidos políticos de oposición y la Comisión de Derechos Humanos del DF manifestaban que debían suspenderse esas acciones
Representantes del PRD pidieron su renuncia, pero Salgado respondió que sólo lo haría cuando el presidente Zedillo se lo pidiera, y afirmó: “Estoy seguro de que las acciones que hemos venido realizado en diversas delegaciones están apegadas a derecho”
Luego de un viaje de trabajo por Chicago y Nueva York, en compañía del regente Oscar Espinosa Villarreal, el titular de la SSP regresó convencido de que el sistema de “cero tolerancia” era lo mejor que podía hacerse para disminuir el índice de delitos
Aun en medio de la indignación que causó la ejecución de los tres jóvenes de la Buenos Aires, el general Salgado se mantuvo firme: “Hasta el último día de mi gestión se aplicarán los operativos”
Sin embargo, del optimismo mostrado en sus primeros días al frente de la SSP, el general Salgado se desplazó hasta el virtual reconocimiento de su fracaso en la comparecencia que recientemente tuvo en la ALDF Allí aceptó que persisten problemas de corrupción, baja moral e indisciplina, falta de profesionalismo y anarquía administrativa en la Secretaría
El último día de la gestión del general Salgado podría anticiparse a la toma de posesión del nuevo gobierno capitalino si se confirma que otros tres cadáveres hallados el lunes 29 de septiembre en el kilómetro 205 de la carretera al Ajusco corresponden a los otros tres jóvenes secuestrados en la colonia Buenos Aires, quienes también habrían sido ejecutados
Los familiares de estas tres personas ya reconocieron las ropas que portaban el día que desaparecieron en medio de la balacera Y en esta semana se espera que la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal dé a conocer los resultados de las pruebas realizadas para identificar los cuerpos








