Como sus antecesores, cae en el síndrome del tercer año: el del mesías

Como sus antecesores, cae en el síndrome del tercer año: el del mesías
Zedillo fustiga a sus críticos, se proclama dueño de la verdad y se comporta, ya, como salvador del país
Elías Chávez
Ernesto Zedillo se quita la camisa y cambia su estilo de gobernar: Orgulloso, infla el pecho, muestra su camiseta “para que la gente sepa de que color y que bonita es”, y se transforma en mesías
Redentor y libertador del futuro de México, Zedillo arremete contra los “pesimistas de toda la vida”, mientras en él, optimista, todo cambia, desde el modo de ser, el modo de actuar e, inclusive, modifica, agrandando, los rasgos de su firma
Su estilo de caminar, su vocabulario, el tono de su voz, todo es diferente al iniciar Zedillo su tercer año de gobierno, año en el que los diez anteriores presidentes de México, desde Lázaro Cárdenas hasta Carlos Salinas, han sufrido el síndrome del mesías, según diagnostica Miguel Alemán Velasco, senador de la República por Veracruz e hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés
Tan marcado es el cambio de Zedillo que el jueves 9, cuando inauguró el puente vehicular Periférico Sur-Calzada México- Xochimilco, un grupo de acarreados descubrió lo que no habían visto en los dos primeros años del zedillato:
“¡Se ve, se siente, tenemos Presidente!”
A coro, los acarreados repetían la “porra”, en tanto que Zedillo, sonriente, parecía reanudar la campaña electoral que emprendió en abril de 1994, en esa ocasión para obtener la Presidencia de la República y ahora para que su partido, el PRI, mantenga el control del Congreso de la Unión y gane los gobiernos de Campeche, Colima, Querétaro, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y el Distrito Federal, entidad, esta última, en la que por primera vez los ciudadanos elegirán a sus autoridades
En su más reciente libro, Si el Aguila Hablara, Alemán Velasco analiza —Proceso 1022— los “síndromes” o “complejos” que han afectado a los presidentes de México, desde Lázaro Cárdenas hasta Carlos Salinas de Gortari
Todos ellos han padecido, en su primer año de gobierno, el Síndrome de los Santos Reyes o de Santa Claus, el Síndrome del Coordinador en el segundo año; el del Mesías en el tercero; el de Harún Al Rachid, el de Comendador de los Creyentes de Las Mil y Una Noches, el cuarto; el de Iván el Terrible, en el quinto; y el de Premio Nobel, en el sexto
Siempre cercano al poder —inclusive vivió en Los Pinos de los 13 a los 19 años de edad—, Alemán Velasco explica, en su libro, cada uno de los seis síndromes
Dice que en el tercero, el presidente toma nuevos bríos y adquiere el Síndrome del Mesías: “Mi verdad es la única y punto” Inclusive está dispuesto a perder la vida antes que ceder ni un ápice: O estás conmigo o contra mí No hay alternativa
“Es el momento de hacer un ajuste de cuentas, o mejor dicho, un balance de conciencia Hay que eliminar a quien sea necesario, porque hay que meditar en lo que se ha hecho, y especialmente en lo que falta por hacer ¿Se ha roto algún récord en construcción, en carreteras, en electrificación, en escuelas? Hay que romperlo y pronto, sin pasar de este año El gobierno se asienta y es cuando se asume el poder pleno”
Quienes padecen este Síndrome del Mesías “están convencidos de que no existe nadie como ellos, nadie más con capacidad de acción, de resolución y de visión, que ellos; nadie había hecho ni logrará nunca hacer nada igual ()”
Por su parte, el presidente Zedillo comenzó a mostrar síntomas de mesianismo antes de iniciar el tercer año de su gobierno: El 28 de noviembre pasado, cuando se encontraba de gira en Singapur, olvidó su ánimo conciliador, propicio a los consensos, y advirtió que cuantas veces sea necesario “ejerceré mi mayoría” en el Congreso para sacar adelante las reformas que México necesita, “tal y como lo hice” en el caso de la reforma política
Ante corresponsales extranjeros que le preguntaron el motivo del “estancamiento” de la reforma política, Zedillo afirmó que “es falso” que hubiera retroceso en ese tema
Más aún, afirmó que en el caso del financiamiento —punto de disenso entre él y los partidos de oposición— estaba convencido de que él estaba en lo correcto “y ellos en un error”:
“Fue mi punto de vista y sólo mi punto de vista, que estaban (los partidos de oposición) en un error No tuvimos un acuerdo y yo dije: Hemos estado en desacuerdo sobre este punto, pero yo estoy en lo correcto y ustedes están mal y, por supuesto, que use mi autoridad moral con mi partido para obtener que la legislación fuese aprobada”
Zedillo argumentó que el talón de Aquiles de la democracia es el financiamiento a los partidos, y la oposición en México no entendió que su reforma no era coyuntural, “sino que miraba al siglo XXI”
En apoyo a su actitud, el presidente recordó que él fue electo con más de 50% de los votos (17 millones) “Tengo la mayoría y todas las veces que no exista acuerdo tengo que usar mi mayoría”
Poco después, el 9 de diciembre, Zedillo mostró nuevos síntomas del síndrome descrito por Miguel Alemán, en el sentido de que el mesías piensa que él es el único que sabe “por dónde está el sendero hacia un México mejor” y dice: “Ya se ve la luz, yo puedo verla a lo lejos”
En una cena organizada por el Consejo Nacional de Comercio Exterior, en Nueva York, el presidente recordó la crisis financiera que surgió en diciembre de 1994, y dijo:
“Yo tenía plena confianza de que más pronto que tarde (la crisis) sería superada Mis razones eran fundamentalmente buenas () Mi deber consistía en hacer lo necesario, no buscando la popularidad, sino procurando poner nuevamente en pie nuestra economía () Mi confianza en la fortaleza de nuestra nación y en la pertinencia de nuestro programa de recuperación ha probado estar bien fundada En pocos meses se disipó la amenaza de un colapso financiero () Hoy, nuestra economía está claramente en recuperación Se ha registrado el crecimiento más fuerte para un tercer trimestre desde 1981 () Nuestro programa económico para 1997 fortalecerá y consolidará la recuperación”
En el aspecto político, en Nueva York, Zedillo volvió a enorgullecerse, como en Singapur, de haber sido elegido presidente en comicios intensamente competidos e “incuestionablemente legítimos”, sin recordar que al inicio de su gobierno, también en el extranjero, reconoció que habían sido inequitativos, y en los que recibió la mitad de los votos en una “participación sin precedente” de 78% del electorado
Zedillo elogió otro de sus grandes logros: la reforma política Presumió, entre otras cosas, de que ahora, “por primera vez en nuestra historia”, el Instituto Federal Electoral es totalmente independiente, de que ahora hay “condiciones justas” para que los candidatos y los partidos accedan a los medios de comunicación, de que el regente de la Ciudad de México será ahora elegido mediante el voto directo de los ciudadanos
Insistió en que, “por primera vez en nuestra historia, se aprobó una reforma electoral por unanimidad en las dos cámaras que integran el Congreso de la Unión”, y que tal reforma “ha proporcionado nuevos y sólidos principios constitucionales para lograr elecciones totalmente democráticas en todos los niveles del gobierno”
Sin embargo, reconoció que entre él y los partidos de oposición “surgieron algunos desacuerdos” respecto del financiamiento público de las campañas electorales Dijo estar convencido de que la amenaza más grande para la democracia moderna radica en el financiamiento de las campañas
“Mi convencimiento no sólo se funda en la experiencia de México, sino en lo ocurrido en otras partes del mundo, donde casos de financiamiento ilegal o injusto de campañas han socavado el ideal de la verdadera democracia”
En Si el Aguila Hablara, Alemán Velasco hace un recuento de cómo ha afectado el Síndrome del Mesías a los diez presidentes anteriores a Zedillo Por ejemplo, de Lázaro Cárdenas, en el libro se dice:
“Si en algún caso alguien tuvo la conciencia de ser el mesías, lo fue don Lázaro Con todo mi respeto, pero en verdad, en su tercer año, eliminó no sólo del escenario político, sino inclusive del territorio nacional, al general Calles () El Hombre de Jiquilpan construyó y delineó el poder absolutista del presidente de la República, que hasta ahora todos han detentado y más que nunca en el tercer año, en el que este poder brilla con toda su intensidad”
De Manuel Avila Camacho se mencionan, entre otros síntomas de su mesianismo, el hecho de que haya iniciado su tercer año de gobierno con la promulgación de un acuerdo para que en todas las escuelas oficiales, desde los jardines de niño hasta las profesionales, la enseñanza sea absoluta y efectivamente gratuita
Y así como Cárdenas en su tercer año recibió a los republicanos españoles, Avila Camacho abrió las puertas a 700 refugiados polacos que se instalaron en el estado de Guanajuato
En cuanto al presidente Miguel Alemán, su hijo menciona, entre los muchos síntomas de mesianismo, uno similar al de Zedillo: Inició su tercer año con una “reforma auténticamente democrática” Promovió que la Cámara de Diputados aprobara una Ley Electoral Federal, con la cual “se inauguró un amanecer de democracia para México”
Al siguiente sexenio, el mesías Adolfo Ruiz Cortines hizo, en su tercer año de gobierno, “un gran regalo a la mujer mexicana”: Les “concedió” el derecho de voto en las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, “poniendo fin a toda una historia de relegación y de machismo”
De Adolfo López Mateos, entre sus muchos síntomas de mesianismo creó la Conasupo, firmó en Uruguay la “Alianza para el Progreso” e informó, a través de Nacional Financiera, que México había amortizado el 98% de su deuda exterior
Respecto del tema de la democracia, en su tercer año el mesías Gustavo Díaz Ordaz quiere confirmar “su voluntad democrática” con el reconocimiento de los “diputados de partido”, reforma iniciada por su antecesor López Mateos Ese mismo año reconoció el hecho de que la oposición hubiera ganado dos diputaciones locales en Yucatán y la alcaldía de Mérida Por si fuera poco, en su tercer año de gobierno, Díaz Ordaz denunció, como hoy, “una campaña de calumnias contra México por parte de agencias noticiosas extranjeras y consorcios editoriales”
De Luis Echeverría, Alemán Velasco afirma que desde el momento mismo de su destape se transfiguró en el mesías que nadie soñó existía dentro de él
José López Portillo inició su tercer año “como auténtico mesías al traer a México al Sumo Pontífice”, invitó a Cozumel a Fidel Castro y permitió, después de 45 años de clandestinaje, la legalización del Partido Comunista Mexicano
Mesías por los cuatro costados, López Portillo exigió ante la Asamblea de la ONU la adopción de un plan mundial de energía que permitiera un nuevo orden internacional Su esposa, doña Carmen Romano, no se quedó atrás y se lanzó a criticar, en la misma XXXIV Asamblea, “los espectros del hambre, la insalubridad, la miseria y la marginación”
Al siguiente sexenio, Miguel de la Madrid inició su tercer año con el anuncio de la descentralización de la administración pública, con lo que —aseguró— se fortalecerían los gobiernos estatales y municipales y se lograría un desarrollo nacional más equilibrado
Carlos Salinas, al igual de Echeverría, actuó como mesías, antes que nada “Se sintió predestinado y le devolvió a la Presidencia de la República el brillo y el poder que se había deteriorado un poco en el tercer año de Miguel de la Madrid” Inclusive se convirtió en mesías internacional y desde el tercer año de su mandato se dedicó a impulsar el Tratado de Libre Comercio
En febrero de su tercer año, Salinas volteó el decreto de López Portillo de la nacionalización de la banca e inició el proceso de venta de los bancos En abril, el entonces secretario de Programación y Presupuesto, Ernesto Zedillo, dijo que la deuda externa había bajado de 110,000 millones de dólares a 70,000 millones México iba hacia adelante El mesías, en su apogeo, dominaba la situación
Zedillo inicia ahora su tercer año de gobierno y se convierte en el nuevo mesías
Seguro de sí mismo, la semana pasada, en Xalapa, aseguró que México está saliendo adelante, y, eufórico, gritó: “¡México saldrá adelante! () Siempre supe, nunca tuve duda de que, gracias al carácter, al esfuerzo, a la voluntad de los mexicanos, lograríamos salir adelante!”
Lo mismo repitió en su mensaje de Año Nuevo, transmitido por televisión, el que agregó: “Tengo buenas razones para confiar en que 1997 será un año de firmes avances para México y todos los mexicanos”
La seguridad de Zedillo se nota inclusive en su cambiada voz, ya no chillona como cuando era candidato y cuando asumió la Presidencia:
“Hoy —6 de enero—, después de dos años de esfuerzo, puedo decirles con toda confianza que los mexicanos iniciamos 1997 con un nuevo ánimo () La mayoría de los mexicanos somos fundamentalmente optimistas; sabemos que afortunadamente sólo son una minoría aquellos que todo lo ven siempre a través del cristal del pesimismo; del cristal de la tragedia; del cristal de la falta de ganas para salir adelante La mayoría de los mexicanos sí creemos en la capacidad y en la fortaleza de nuestro México”
Dijo que México “no es como lo quieren ver algunos, un país sumido irremediablemente en la crisis ¡Tenemos problemas, pero son problemas que todos los días estamos superando y vamos a seguir superando, aunque les pese a los pesimistas de toda la vida!”
Zedillo dijo que esta decidido a “quitarle a la política el mesianismo, el protagonismo de que el gobernante se esté presentando como el benefactor o como el hombre que por sí solo puede resolver todos los problemas del pueblo”
Al día siguiente, 7 de enero, en su encuentro anual con embajadores y cónsules generales de México, en el Salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, el presidente adoptó el papel de mesías defensor del PRI y del sistema político nacional
Dijo que, en lo político, se nos quiere estereotipar y se nos quiere presentar, “a veces cayendo en lo ridículo, como la última dictadura, como el último régimen totalitario de los herederos de principios de siglo Como una estructura política obsoleta que tiene que morir, pero que se resiste a morir; que los mexicanos no creemos o por lo menos no practicamos al democracia, y que hemos sido incapaces de ponernos a tono con los nuevos vientos que nos dicta el final del siglo”
A continuación, sin decir nombres, atacó a “algunos mexicanos que han tomado como modus vivendi el reproducir, el generar, el alimentar” una mala imagen de México en el extranjero
Esos malos mexicanos —añadió— se han especializado en relacionarse con corresponsales extranjeros, a quienes agasajan en sus casas de fin de semana, “hasta convencerlos de que México sigue siendo Recordaré la polémica de (Jesús) Puente Leyva con (Mario) Vargas Llosa, de que México sigue siendo la dictadura perfecta”
Por el contrario, el presidente se ufanó de que durante muchas décadas México tuvo un sistema político que “nos dio la estabilidad y la paz social, de la que no gozaron otros países latinoamericanos” Inclusive presumió de que en el la última reforma política de Japón siguieron, en alguna forma, el modelo mexicano
Orgulloso de su reforma política, Zedillo contraatacó a sus críticos:
“Quienes hoy dicen que la reforma fue un fiasco o que no se logró o que se mayoriteó, sencillamente están incurriendo en un acto de deshonestidad intelectual Son los mismos que se opusieron al financiamiento público que propuso el gobierno, pero fueron los mismos que se presentaron en primer lugar a reclamar sus prerrogativas económicas en el IFE”
Contagiado del mesianismo de los diez presidentes que lo han antecedido, convencido de que su verdad es la única, Zedillo exhortó a los embajadores y a los cónsules:
“No seamos condescendientes con aquellos intereses que, encubiertos en un supuesto ánimo democrático, finalmente están buscando un interés muy particular, que no es el interés del Estado, el interés que nosotros, como funcionarios públicos, debemos perseguir”
Al exhortar a los diplomáticos a abandonar la pasividad y a debatir estos temas, Zedillo dijo:
“A veces se interpreta mal que el presidente de la República les responda a algunos, con mucho cuidado, como pretendo ser las más de las veces ¡No! Es parte de una democracia el no estar de acuerdo, pero también el presidente de la República y también ustedes tienen todo el derecho a no estar de acuerdo con opiniones de otros”
Y aunque dijo estar convencido de que los diplomáticos mexicanos “tienen muy bien puesta la camiseta”, Zedillo les dijo:
“A veces traemos la camiseta abajo de la camisa, pero en ocasiones es necesario quitarse la camisa y mostrar con mucha más claridad el pecho, para que la gente sepa de que color y que bonita es nuestra camiseta”
Antes, al referirse a la crisis económica, había manifestado:
“Se tomaron las decisiones que se tenían que tomar, enfrentamos la realidad que tuvimos que enfrentar, y al cabo de pocos meses, dada la gravedad de aquella situación, vimos claramente que los mismos indicadores que nos estaban señalando que el país estaba viviendo una crisis, estaban cambiando sustancialmente 180 grados”
Y remachó: “No hay ningún indicador que pueda producir un economista ortodoxo o heterodoxo que no pueda señalar que en 1996 nuestra economía inició el camino de la recuperación”
El presidente continuó su transformación el miércoles 8, en la ceremonia conmemorativa del Día de al Enfermera, en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, donde denunció a “algunas voces minoritarias que no reconocen el esfuerzo popular con que México está saliendo adelante Se trata de voces pesimistas que quieren hacernos creer que estamos sumidos en el abismo; que buscan fomentar la autodenigración y la desesperanza Se trata de voces cuyo único eco es la desconfianza Son las voces de quienes no confían en México, porque no confían en sí mismos”
Con insistencia nunca vista, Zedillo dijo que esas “voces minoritarias” prefieren “un México derrotado a un México en pie de lucha, porque creen que en la derrota de la inmensa mayoría son ellos los que ganan”
Lejos de la rigidez de sus gestos y ademanes de hace dos años, ahora en sus discursos Zedillo se muestra relajado y bromista, como en la ceremonia en la que atestiguó, el jueves 9, en Los Pinos, la firma de tres contratos de préstamo y garantía con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de cuyo presidente, Enrique Iglesias, dijo que “no obstante ser economista se ha caracterizado por hacer buenos pronósticos económicos”
Obsesivo, Zedillo insistió en su optimismo Afirmó que, antes de lo que muchos pensaban, el país superó la gravísima emergencia financiera de hace dos años, y que en 1996 “se ha puesto en el camino de la recuperación y, con ello, ha contribuido a apuntalar la economía latinoamericana en su conjunto”
Hasta presumió de que la economía mexicana es, en términos relativos, una de las menos endeudadas del mundo, y prometió que mantendrá la contratación de empréstitos “dentro de límites prudenciales”, congruente con la “sana capacidad de pago del país”
Ese mismo día Zedillo empezó a mostrar su camiseta y efectuó, al estilo de cuando era candidato a la Presidencia de la República, una gira de trabajo por el sur del Distrito Federal
Al inaugurar las nuevas instalaciones de Locatel, recordó que cuando fue candidato presidencial se dio cuenta de que los ciudadanos querían, en primer lugar, “un gobierno que no cayese en las simulaciones ni en clientelismos políticos”
Fue entonces cuando Zedillo tomó la “decisión fundamental, surgida de lo más profundo de mi conciencia”, de impulsar una “reforma democrática sin precedente en la historia de la República para el gobierno del Distrito Federal”
En franca manifestación de mesianismo, Zedillo mostró su orgullo de que el próximo 6 de julio los ciudadanos del Distrito Federal “recibirán su certificado democrático de mayoría de edad”
Poco después, al inaugurar el puente vehicular de Periférico Sur y Calzada México-Xochimilco, y alentado por el “¡se ve, se siente, tenemos presidente!”, Zedillo volvió a manifestar su orgullo y su “satisfacción personal” por la instauración de la reforma democrática en el Distrito Federal
Al Síndrome del Mesías sigue, en el cuarto año de gobierno, según Miguel Alemán, el Síndrome de Harún Al-Rachid, en el que el califa “se enoja con su gran visir, deja a todas las del harem, se enamora de Scherezada y le pone casa o palacio, y a veces sale por las noches, disfrazado, para escuchar lo que el pueblo dice de él”
En el quinto año, el Síndrome de Iván el Terrible se caracteriza por que el presidente no confía en nadie Es el año en que “se comienza a buscar al hombre que mejor haya desempeñado su labor, al más prudente, al más efectivo” Es el año de mayores desastres sociales y políticos, cuando ya muy pocos le son leales al presidente
En el sexto año ya se sabe quien es el candidato del PRI y aparece, entonces, el Síndrome del Premio Nobel: “Si el pueblo de México no me supo comprender, el mundo sí sabrá apreciar mi obra” Y es cuando el presidente saliente sueña dirigir algún organismo multinacional, ya sea la ONU, la OEA, la Organización Mundial de Comercio, o de plano se siente merecedor del Nobel de la Paz
Alemán Velasco también da ejemplos, en su libro, de como todos estos síndromes afectaron a los diez antecesores de Zedillo, quien por lo pronto, imbuido del mesianismo de su tercer año de gobierno, el jueves volvió a olvidarse de la “sana distancia” con su partido y designó director de Nafinsa a Carlos Sales Gutiérrez, con lo que despejó el camino para que ese mismo día fuera destapado Antonio González Curi como candidato del PRI a gobernador de Campeche