El Premio Nacional de Ciencias Sociales disecciona a la televisión mexicana
Televisa o TV Azteca ofrecen lo mismo: lo morboso, lo violento, lo imbécil: Pablo Latapí
Andrés Ruiz
Desde el barullo ensordecedor del Periférico, por una angosta calle empedrada, se llega a un espacio arbolado que al atardecer entona una sinfonía de pájaros Ahí, por una puerta que permanece siempre abierta, se accede a la biblioteca del doctor Pablo Latapí Sarre Destaca, en uno de sus estantes, un pequeño cuadro con una frase en griego de la primera carta de Pablo a los corintios: “Porque el espíritu todo lo escudriña, hasta los misterios de Dios”
De modales serenos, voz pausada y conversación articulada, lúcida, el doctor Latapí, recién galardonado con el Premio Nacional en Ciencias Sociales, Historia y Filosofía, trastoca su moderación en vehemencia cuando se le pregunta acerca de la influencia que la televisión ha tenido sobre el proceso educativo: Escudada en la libertad de expresión, dice, la televisión mexicana “comete verdaderas atrocidades; basta citar a los señores Azcárraga o Salinas Pliego para ver qué ideas tienen en concreto, cómo conciben lo que son sus empresas televisoras
“Desde la perspectiva de la formación del hombre y de su dignidad es simplemente lamentable lo que estamos presenciando Basta prender la televisión para ver el tipo de programas, verdaderamente imbéciles, que se transmiten, el manoseo que se hace continuamente de la violencia, el cultivo del morbo, los prototipos que se presentan a los jóvenes, todo esto es sumamente preocupante
“Suelo decir que si la televisión se hubiera inventado antes de la Constitución de los Estados nacionales, por tanto de los sistemas educativos, ni por asomo un ministro de educación hubiera pensado en dejar a la televisión fuera de su campo de acción, es obvio Pero nace en otra era, con propósitos de lucro, se convierte en instrumento de publicidad, se determina tecnológicamente que la única posibilidad sea la unidireccional y no una televisión en que haya mensaje y respuesta, para constituir, por ejemplo, grupos sociales activos, para remediar problemas sociales regionales Esto nos ha llevado a la atroz situación que ese medio tiene en la actualidad”
La televisión comercial, añade, tiene su propia racionalidad, “como la debiera tener también la televisión gubernamental, que a veces se mimetiza demasiado con la comercial Es evidente que la solución no puede darse sólo a partir de la exigencia de una conducta diferente de los medios comerciales, se puede y se deben hacer convenios, establecer lo que ahora está de moda: códigos de ética, pero exigir que se cumplan por medio de comisiones del Congreso”
Sin embargo, reflexiona, “se debe actuar también por otros muchos lados, como educar para la recepción, es decir, enseñar a los niños, a los jóvenes y a los padres de familia a recibir esos mensajes reinterpretándolos; entonces el proceso educativo tendría una ayuda en la perversidad de la televisión, al poder ver los extremos indeseables de la realización de los seres humanos Se puede actuar además por el lado de la publicidad de las empresas, e insistir con los anunciantes para que no se fíen de los ratings que dicen tener las empresas televisivas”
El problema, señala, “es complejo, y tengo la impresión que no se está haciendo lo suficiente, sobre todo al ver la degradación de la calidad de los programas, porque es totalmente falso decir que el mercado funciona en este aspecto; yo cuestiono el argumento de las empresas, tanto de Televisión Azteca como de Televisa, que dicen que esos programas son los que la gente quiere; habría que ver qué es lo que conciben como ‘gente’ y lo que para ellos significa ‘quiere'”
Y esto, dice, es sólo en lo referente a la programación, porque en otros niveles, “que es como hay que analizar estos fenómenos, uno debe preguntarse qué hábitos personales y familiares se están trastocando con la televisión, qué influencia tiene sobre los procesos de pensamiento Por ejemplo, es evidente que el niño que ve mucha televisión se vuelve pasivo, aumenta su información, ciertamente, está enterado de más cosas, pero de una manera absolutamente superficial, al tiempo que su capacidad de concentración disminuye y la de raciocinio lógico tampoco es estimulada, como lo puede ser por la lectura Además, se debe analizar cómo modifica la relación con los padres en el aspecto educativo”
Todos estos aspectos, más psicológicos, incluso neurológicos y de sociología familiar, tendrían que ser investigados profundamente, “porque ni siquiera los maestros los consideran, no hacen intervenir a los alumnos en su análisis La televisión, que es tan importante para los niños y jóvenes como un objeto de su consideración pedagógica, queda así sin cuestionamiento, lo que es sin duda un error, porque ese esclarecimiento de los propios gustos del niño y del adolescente es sumamente importante como proceso educativo”
Investigar la educación
Doctorado en ciencias de la educación por la Universidad de Munich y reconocido como uno de los mejores especialistas mexicanos en el tema, el doctor Latapí considera que el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía “representa un estímulo y un reconocimiento, además de que por primera vez se otorga a un investigador en educación, que es un campo en desarrollo y consolidación Es satisfactorio comprobar que el Conacyt así lo entienda, porque si pensamos en el México del año 2020, cuando la educación esté ya plenamente federalizada, me pregunto cuántos programas serios de doctorado en educación necesitamos, cuántos centros de investigación educativa en cada estado, cuántos técnicos en planificación, en gestión educativa, en formación de los formadores de maestros; esto preocupa mucho”
En México “dedicamos 120,000 millones de pesos al gasto educativo nacional de este año y ni siquiera el 1 por 1000 de este gasto, que serían 120 millones, se destina a labores de investigación Ninguna empresa que se respete a sí misma puede descuidar de tal manera lo que llaman investigación y desarrollo”
Considera que la investigación educativa “es indispensable para el desarrollo de toda sociedad, y aporta al país la generación metódica, rigurosa y sistemática de conocimiento sobre el tema La investigación educativa es ayuda para avanzar Formula preguntas fundamentales: cómo conocemos, cómo aprendemos, cómo asimilamos valores, sabemos muy poco de estas grandes cuestiones esenciales para el futuro de nuestro país y de la humanidad En segundo lugar, critica para rectificar, así avanzan los seres humanos, enmendando, reconociendo sus errores En tercer lugar, cumple también una función, sobre todo en el orden de la política educativa, de control y contrapeso”
El Estado “requiere el pensamiento independiente y crítico, lo requiere en la prensa, en la docencia de las universidades, también en los centros de investigación social, por eso preocupa que en estos momentos se vean con cierta hostilidad los avances de la sociedad civil, su creciente autonomía y consolidación”
Al margen de la comunidad
Viendo hacia atrás sus investigaciones y escritos, el doctor Latapí, colaborador de Proceso, identifica cuatro grandes temas recurrentes: “Primero, la importancia de los valores, tanto en la formación de maestros y alumnos como para orientar las decisiones de la política educativa; segundo, la justicia en la distribución de las oportunidades de educación, con el fin de superar el inmenso rezago de los adultos sin instrucción básica y de favorecer a los más necesitados, principalmente a los indígenas en su lucha por mayor equidad; tercero, la calidad de la educación, entendida como formación integral y humana de la persona, y cuarto, el financiamiento desde la perspectiva de encontrar fórmulas más congruentes con una organización federalista de la educación Esas son las principales preocupaciones que he tenido a lo largo de mi vida como investigador”
El sistema educativo mexicano es sumamente heterogéneo, asegura, “sin duda hay algunas escuelas excelentes y muchas buenas, pero lo que predomina es la baja calidad Se aprende muy poco y no se llegan a formar cabalmente las destrezas intelectuales fundamentales, no se logra que los alumnos aprendan a pensar con claridad, con lógica, que se expresen correctamente de palabra y por escrito Uno se cuestiona por qué sucede esto y encuentra que el factor central, decisivo, de la calidad educativa es el maestro, por lo que entonces se deriva a la pregunta de qué ha pasado con el magisterio mexicano ¿Tenemos acaso los maestros que el país merece, y añado, que podríamos perfectamente tener? Es evidente que no
“He reflexionado mucho sobre esta situación y encuentro que se han dado dos fenómenos generadores de mediocridad: Por una parte, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que ha cogobernado la educación y ha adquirido, a lo largo de los años, espacios de mayor control mediante criterios escalafonarios, con el control de las nuevas plazas, de los movimientos de personal, etcétera, y a medida que se ha dado este fenómeno de extralimitación ilegítima de sus funciones, el bien educativo ha sufrido, de manera que este avance en el cogobierno sindical se ha hecho a costa de la formación de niños y jóvenes
“Y por otra, el Estado, que ha sido cómplice de esta mediocridad al usar políticamente al magisterio, exigiéndole apoyo corporativo en campañas electorales o para conseguir votos para el partido oficial Este doble fenómeno me parece que está en la raíz de la baja calidad de la educación”
Señala otra causa relacionada con la anterior, que es el aislamiento de la escuela respecto de la familia y de la comunidad: “El SNTE considera a la escuela su feudo y ve con hostilidad la intervención de los padres de familia y, por otra parte, el Estado teme que con la presencia de los padres de familia y de otros grupos sociales se cuele la Iglesia y ponga en peligro el laicismo escolar El hecho es que nuestra escuela es anómalamente una institución aislada de su necesario entorno, ya que educar a los alumnos sin la contribución de las familias es imposible y educarlos con aislamiento de la comunidad es pernicioso”
Carecemos de una definición inteligente de laicidad escolar, dice el doctor Latapí: “Yo he propugnado una laicidad escolar abierta en tres dimensiones: Primero, a todas las religiones y modos de pensar; la escuela pública laica debe prescindir de las religiones, pero no ignorarlas, debe estar abierta a todos los modos de pensar de sus alumnos Segundo, una laicidad abierta a la moralidad individual de cada alumno y esto es muy difícil, pero la escuela no puede prescindir de la formación moral de sus alumnos y debe por tanto apoyar el esfuerzo de construcción de la libertad, que es la moral de todos sus alumnos conforme a sus propias convicciones o a las de sus padres, y tercero, tener una laicidad abierta a los valores culturales del país, que de hecho, en nuestro caso, son, en parte, religiosos
“Este concepto de laicidad lo he expuesto en varios escritos, toda vez que me parece que no podemos seguir anclados en el pasado, tenemos que romper con nuestra inveterada práctica de simulación, acabar con mitos intocables y construir una filosofía de la educación que inspire la política educativa y que vea hacia el futuro”
Sentencia que la escuela mexicana ha perdido su función formativa, no sólo en el aspecto moral sino en el propio desarrollo del conocimiento, “en su función de enseñar a pensar, a expresarse, debido a la influencia del positivismo que viene desde el siglo XIX, probablemente porque era una escuela demasiado seminarística, demasiado apegada a una filosofía inerte, fruto de una tradición escolástica ya muy degradada; entonces nos quedamos con un currículum escolar que segrega los conocimientos en asignaturas y que tiene una fe infinita en el dato y en el progreso Esto lleva a un descuido de la formación intelectual, de sentido crítico, entendida como placer del espíritu: leer para disfrutar, no para enterarse o para poder contestar un examen, sino para disfrutar”
Si uno analiza textos clásicos de la literatura, dice, “ve al hombre airado, celoso, ambicioso, degradado, traidor, esas grandes experiencias humanas que están en la tradición de la paideia griega, eso se perdió y recuperarlo es muy difícil; hay que formar a los maestros con otras perspectivas Creo que el legado educativo que yo tuve la suerte de recibir en la Compañía de Jesús está en la base de mi valoración de lo humano, de lo humanista en la educación, y creo que tiene mucha respuesta, le podría enseñar, por ejemplo, muchas cartas de maestros que reaccionan a los artículos que publico en Proceso, precisamente por estas tonalidades, lo que me muestra que hay un deseo del magisterio mexicano por recuperar el sentido humano de la educación ojalá podamos ayudar”
La biblioteca del doctor Latapí habla mucho de él, en su espacio conviven una moderna computadora al lado de una vieja máquina de escribir, las publicaciones más recientes con los textos clásicos, y sobre un estante yace, en su estuche, el violín que tocó durante 10 años de su vida Podría decirse, en términos cibernéticos, que navega entre La ciudad de Dios y el Internet El dice:
“Uno utiliza las herramientas de análisis como corresponde al rigor científico, evidentemente Lo que la universidad alemana me dejó más allá de esa formación básica general fue la autoexigencia intelectual, toda esa disciplina es el legado educativo que uno recibió, afortunadamente aunque tengo otras muchas carencias, desde luego”
Modernidad y utopía
En resumen, asevera el doctor Latapí, “yo diría que si al maestro no le interesa la educación porque considera como una conquista laboral tener más días sin clases, si al alumno no le interesa porque considera fabuloso que no haya clase, si a los padres de familia no les importa que sea buena la escuela, que el maestro asista o no, entonces el país no tiene remedio; sin embargo, tengo confianza en el futuro
“Hay mucha gente que crecientemente va cobrando conciencia de la importancia de la educación, de su educación, de la de sus hijos, y no se diga entre maestros, directores, algunos supervisores y algunos funcionarios en los gobiernos estatales, porque el federalismo, visto ya cualitativamente, tiene esta posible gran ventaja de salvar el sentido de la educación y recuperar la calidad para el futuro De modo que sí tengo esperanza a pesar de las grandes incertidumbres en que vivimos en estos momentos, y la tengo porque veo ese crecimiento de conciencia en la sociedad, en la gente común y corriente, que se expresa de muchas maneras y porque también vislumbro una potencialidad de exigencia hacia el sistema educativo en todos a quienes sí interesa la educación Por ahí va mi esperanza”
Son tantos años de insistir, dice, de ver cómo se ha degradado la educación, que “me preguntaba si no sería frustrante, porque finalmente el hombre vive de la utopía que puede hacer con sus manos todos los días
“No he hecho todavía mi balance Estoy construyendo un índice de ancianidad, como digo en plan jocoso, de elementos que lo van haciendo a uno comprender, porque lo principal de la vida ya va pasando, por eso tiene que llegar pronto para mí el momento de hacer ese recuento, que va a contener muchas frustraciones, una lista de incontables insistencias que no encontraron oídos, muchos temas de política educativa ignorados, llamadas de atención, datos, evidencias que se aportaron y que no hallaron su curso político, porque lo que importa es que se hagan las cosas, que sirva de algo el conocimiento sobre la educación Uno comprende que hay una lógica en el sistema político que no da siempre prioridad a la educación de manera que habrá un buen saldo de frustraciones, eso lo sé”
No obstante, parece que ese índice de ancianidad deberá esperar, a juzgar por el destello coruscante en los ojos del doctor Latapí al hablar del futuro:
“Hay una fascinación necesaria en la utopía, porque para mí, en cierta forma, es un reflejo de la trascendencia, pues sin ésta la utopía queda un poco al aire, inexplicada, como tendencia de todos los hombres De alguna manera creo que el significado último de la vida tiene que ver con estas utopías que nos toca alimentar, quizá ilusamente, pero que nos dan enorme satisfacción”








