“Está reproduciendo el esquema que nos llevó a la crisis del 94. ¿Por qué no puede aprender?”

“Está reproduciendo el esquema que nos llevó a la crisis del 94 ¿Por qué no puede aprender?”
El gobierno rompió pactos y ahora carece de fuerza para sacar adelante su modelo económico: David Ibarra
Carlos Acosta Córdova
Luego de 10 meses sin mayores sobresaltos, los mercados financieros volvieron a convulsionarse la semana pasada A los recurrentes altibajos en la Bolsa de Valores se sumó un nuevo ataque especulativo contra el peso, que llevó al tipo de cambio a ubicarse, el miércoles 16, arriba de los 790 pesos por dólar en el mercado libre
El Banco de México respondió, como siempre, con un aumento en las tasas de interés —cinco puntos porcentuales que se vieron descomunales frente a la continua baja que las tasas venían registrando— para evitar la estampida de capitales y retener el ahorro en pesos Pudo recuperarse un poco la moneda nacional: para el viernes 18, el dólar costaba 10 centavos menos
El daño, sin embargo, estaba hecho Del último día de septiembre al miércoles 16 de octubre, la paridad pasó de 750 pesos a más de 790, y es superior a los 8 pesos en la frontera Fue la máxima depreciación, en el año, en tan pocos días, cuando la constante había sido una permanente apreciación del peso
Más aún, el incremento abrupto en las tasas de interés echó por tierra lo ganado en el año: la tasa interbancaria promedio se acercó al 32% anual y disparó las tasas activas de los bancos a niveles de entre 45% y 50% El efecto: se recrudecen los problemas de los deudores y se desalienta la inversión productiva Otra vez: pocos se arriesgan a pedir un crédito que, en México, es hasta cinco veces más caro que en Estados Unidos
El aumento en las tasas, además, no impidió —como lo reconoció la Secretaría de Hacienda el jueves 17— una salida “temporal” de capitales: inversionistas extranjeros se fueron, de plano del país; tesorerías de grandes empresas obtuvieron importantes sumas de dólares y volvieron a aparecer enormes colas en las casas de cambio
Semana, pues, de nerviosismo e incertidumbre, que no alcanzaron a desaparecer con las explicaciones optimistas de las autoridades Hacienda dijo, como siempre, que no pasa nada, que sólo fueron unos centavos los que perdió el peso, que la moneda nacional está fuerte y que la inestabilidad en los mercados es “pasajera”, pues la economía es sólida El Banco de México señaló, por su parte, que actuó correctamente y que no relajará la política monetaria, pues la prioridad es el control de la inflación
En cambio, entre corredurías y analistas extranjeros empezó a generalizarse la recomendación que venían haciendo desde un mes antes: es hora de salir de México; es el momento de deshacerse de acciones y bonos mexicanos; y aunque el rendimiento de las inversiones en pesos siguen siendo mejores que en dólares, el riesgo político de quedarse en el país “es, simplemente, demasiado grande”, apuntó el analista David P Goldman
En un artículo que escribió en la última edición de Forbes, advierte que el mercado mexicano va perdiendo atractivo; pero más que eso, la razón para no invertir ya en el país es que su sistema político “no funciona: Una lucha descontrolada por el poder entre diferentes grupos es más bien lo que predomina Y a los lados hay una perturbadora tendencia hacia la violencia política”
Aparente optimismo oficial
Si bien en el discurso oficial se desestimaron la magnitud y el impacto de la depreciación del peso ocurrida en la semana, lo cierto es que el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, y el gobernador del Banco de México, Miguel Mancera, debieron reunirse, por separado, con grupos de legisladores para explicarles el problema y hacerles llamados a la calma La Secretaría de Relaciones Exteriores, por su parte, instruyó a embajadores y cónsules a informar al mundo que México y sus mercados financieros están en calma
El trabajo de convencimiento con la prensa nacional no fue menor El vocero de la Secretaría de Hacienda, Alejandro Valenzuela, insistió ante reporteros en que la volatilidad que están experimentando los mercados financieros es temporal, que ya estaba prevista —por la diferencia de inflación entre México y sus principales socios comerciales— y que no debe preocupar, pues “los fundamentos de la economía son sólidos”
Otra de las razones externas de la depreciación del peso —explicó Valenzuela— es el comportamiento favorable de los mercados estadunidenses, particularmente del Dow Jones: esto propició que “muchos inversionistas se salieran del peso y se fueran al dólar para tomar las ganancias de dicho mercado”
Entre las razones internas del nerviosismo que ha llevado a la depreciación de la moneda nacional, Valenzuela reconoció que una de ellas fue el anuncio sobre la petroquímica, en el sentido de que, por el momento, no se dejaría al 100% en manos privadas
Sin embargo, expuso que si a lo largo del año ha habido una “estabilidad notable”, no deben sorprender también periodos de volatilidad “Estamos aprendiendo a vivir en un régimen de flotación” del tipo de cambio
Meros inventos
Para el exsecretario de Hacienda y Crédito Público, David Ibarra Muñoz, las explicaciones que dieron las autoridades, sobre la depreciación cambiaria de la semana pasada, son meros “inventos” que esconden errores e incongruencias en la conducción de la economía
Por ejemplo, dice, la decisión de no permitir el 100% de inversión privada en la petroquímica nada tiene que ver con lo que pasó: todavía no hay inversión en la petroquímica y los capitales que están viniendo son de corto plazo, que están buscando un rendimiento alto A la petroquímica todavía no llegan Es decir, no se puede ir el capital que no ha llegado
Y lo demás son inventos: “Le pueden inventar mil cosas: que subieron tantito las tasas de largo plazo en los Estados Unidos; que el EZLN hizo una declaración inconveniente; que el EPR hizo algún operativo” Con cualquier cosa, dice, se pretende explicar la volatilidad de los mercados
Las cosas, empero, no son tan superficiales El problema de fondo —dice— es que el gobierno permitió que el peso se estuviera apreciando desde el año pasado “Ha usado la política cambiaria, permitiendo la apreciación del peso, para que, revaluando la moneda nacional y abaratando el dólar, vengan más bienes de fuera y contribuyan a abatir la inflación”
Pero usar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, explica, “conspira contra la estrategia de largo plazo, que es hacernos exportadores” Para eso hay que dar certidumbre a nuestros agentes económicos que venden en el exterior Y la certidumbre sólo la da un tipo de cambio real y estable Pero el gobierno no lo ha querido hacer Prefiere mantener apreciado el peso en busca de lograr, a como dé lugar, el abatimiento de la inflación Otra vez, queda de manifiesto que el crecimiento de la economía no es la prioridad
Eso, dice, fue lo que pasó la semana pasada: el peso se venía apreciando —llevaba ya 13%—, los exportadores perdían competitividad, la tasa de crecimiento de las exportaciones cayó, la de las importaciones —muchas de ellas, de bienes de consumo que poco contribuyen al crecimiento económico— subió dramáticamente
La situación, dice el economista —asesor de la Cepal—, es insostenible y cada vez es más parecida a la que llevó a la crisis de diciembre de 1994: se está bajando artificialmente la inflación; se está restringiendo la tasa de crecimiento de las exportaciones, y aumentando innecesariamente las importaciones —”desde agosto es terriblemente alta la tasa, por ahí de 40%”—; está entrando mucho capital de corto plazo, “de ese que no ayuda a ampliar las capacidades productivas del país, sino que viene a buscar una tasa de interés y de beneficios anormalmente alta”
En fin, “estamos reproduciendo el esquema que nos llevó a la crisis del 94, en pequeño, pero lo estamos reproduciendo ¿Por qué? ¿Por qué no podemos aprender?”
Reconoce que la depreciación del peso de la semana pasada —menos de 4%— no es de una magnitud que deba alarmar Es lo que se debió haber hecho, pero de otra manera: “El problema es que si no se hacen las cosas a tiempo y suavemente, después el brinco es más brusco y causa incertidumbre e inestabilidad Esta depreciación debió haberse diluido en el tiempo”
Pero el trastorno, abunda, ya se causó No debe exagerarse pero pudo evitarse Ahora hay que sufrir las consecuencias: incertidumbre, volatilidad de los mercados, desconfianza en las políticas y, lo peor, presiones inflacionarias adicionales, pues muchas casas comerciales ya están reetiquetando
—No funciona, entonces, el régimen de libre flotación
—Para mi gusto, si uno no tiene suficientes reservas, y creo que no las tenemos todavía, tenemos que optar por un sistema análogo al que tenemos, pero cuidando, estableciéndole un piso, no permitiendo la apreciación del peso, restableciendo un piso abajo, dejándolo fluctuar hacia arriba Si usted no lo deja apreciarse, cualquier ingreso de capital, el Banco de México lo puede tomar y acumular reservas o pagar deuda Lo puede esterilizar Comprar esos dólares, acumular reservas que mucha falta nos hace, o pagar deuda cara que tenemos afuera
“Pero en lugar de eso el gobierno dejó que se apreciara el peso”, dice, e insiste: “¿Por qué no puede aprender?”
El problema de fondo
Secretario de Hacienda, de noviembre de 1977 a marzo de 1982, David Ibarra combina su interpretación de lo acontecido la semana pasada con el contenido de su más reciente libro, ¿Transición o crisis? Las contradicciones de la política económica y el bienestar social —del que hará varias presentaciones esta semana—, para responder esa pregunta
Atrás de errores e incongruencias en la conducción de la economía, dice, hay un problema de fondo: no entendemos —el gobierno particularmente— dónde estamos parados Explica: “Se han querido connotar los problemas que tenemos ahora como una crisis Las crisis, al menos en economía, son fenómenos recurrentes, algunas veces cíclicas Pero nosotros no estamos propiamente en una crisis Estamos en una transición Una transición profunda en lo institucional”
Explica el cambio de modelo, siempre anteponiendo la primera persona del plural:
“Antes queríamos crecer hacia adentro, fortaleciendo nuestro mercado interno, nuestras relaciones interindustriales; integrando nuestros procesos productivos No sólo se trataba de producir artículos de consumo final sino los principales insumos para la industria y hasta muchos bienes de capital Ese era nuestro modelo Queríamos crecer hacia adentro, multiplicar hasta donde fuera posible las vinculaciones intersectoriales
“Ahora queremos crecer hacia afuera Ya no nos importa fortalecer el mercado interno Lo hemos descuidado al punto de que ya no crece, sino decrece Los salarios reales bajan Queremos crecer hacia afuera, usando la demanda de otros países ¿Por qué?: porque es mejor, en la óptica oficial, tener la demanda de muchos países que sólo la del lado interno
“Pero todo esto tiene consecuencias que afectan profundamente a los seres humanos de este país Si yo quiero crecer hacia afuera, los requisitos son otros: no tengo que cuidar acá adentro ni a los empresarios ni a los trabajadores ¿Qué es lo que tengo que hacer?: vender barato, eficiente, pero como no tengo tecnología ni infraestructura de Primer Mundo, ¿qué puedo usar?: mano de obra barata”
A lo largo de la entrevista, David Ibarra siempre empleará el “nosotros” y evitará la acusación directa al gobierno
Retoma: “Entonces hay una transición, porque de los actores económicos de este país unos salen terriblemente perjudicados y otros salen terriblemente favorecidos Y cuando usted cambia la suerte de los actores económicos, cambian las correlaciones políticas y usted tiene que entrar a un sistema político distinto
“Y si ahora los trabajadores no cuentan, los sindicatos se debilitan, los salarios reales bajan, el corporativismo viejo ya no puede contar Y si yo lo que quiero es que mis empresas produzcan a costos baratos, pues voy a adquirir los insumos de estas empresas afuera, lo más barato que pueda, y me descuido de las cadenas productivas Y en ese proceso perjudico a mi enorme cadena de pequeñas y medianas empresas que me alimentaban Y tampoco me importa el empleo Por eso digo que estamos en una transición”
Que no es sólo económica, dice “Las clases privilegiadas cambian La correlación de fuerzas se altera El mismo manejo político resulta completamente metamorfoseado Antes como el presidente daba, o la institución de la Presidencia daba, protegía tutelarmente a los trabajadores, el pacto no escrito era: tú me proteges y yo voto por ti Y con los empresarios era lo mismo: yo te protejo de la competencia externa, te doy todo el mercado nacional, y cuando venga alguien a quererse meter aquí te protejo, te doy todos los contratos de obra, a cambio de qué: a cambio de que tú también me apoyes como fuerza política
“Entonces, cuando ese sistema, ese pacto implícito se acaba, pues la fuerza del presidencialismo se debilita y tenemos que ir a otra cosa: cómo podemos ahora conciliar nuestro crecimiento hacia afuera con equidad distributiva; tenemos que hacer que las decisiones de política económica se democraticen Que la participación de los trabajadores y de los empresarios sea mucho mayor Y menor la del gobierno porque ya no tiene nada que ofrecer O poco que ofrecer Y se defiendan de esa manera los intereses nacionales, manifiestos por las necesidades de la gente y por las necesidades de nuestros empresarios y no de los foráneos Por eso es transición”
Esa, dice, es la pregunta fundamental de su libro, con el que aspira “a que se haga un reflexión más profunda sobre cómo instrumentar mejor la apertura externa y cómo podemos ponernos de acuerdo en función de nuestros intereses”
—La idea, entonces, no es cambiar el modelo
—Así es Ya estamos a mitad del río en esa reforma, y tan costoso es irse para atrás como seguir adelante Déjeme explicar: Hay una inercia autoritaria El gobierno inició esta reforma autoritariamente Al contrario de lo que le diría un marxista —que son las relaciones sociales de producción las que determinan la superestructura—, acá el autoritarismo de la superestructura inventó, adoptó, tomado de fuera, el paradigma neoliberal y nos lo impuso en la realidad
“Al imponerlo en la realidad revientan muchas cosas Bien, ya estamos a mitad del río en esa reforma Pero tenemos que encauzarla de manera de que tenga los costos menores y signifique los menos sacrificios humanos posibles Hay que establecer derechos sociales exigibles Eso pone un coto; es una limitación a la mala distribución del ingreso, a la iniquidad social Porque, ¿qué es lo que hacemos ahora?: La economía produce enormes desigualdades, desempleo, baja de salario real y luego llega la política social atrás y con recursos limitados a tratar de remediarlo
“Así nunca vamos a acabar ¿Qué es lo que ocurre? Se polariza cada vez más la distribución del ingreso, se multiplican cada vez más los pobres La política social vista así no cubre; hay que hacer política social con la misma jerarquía de la política económica”
—Cómo hacerlo Habla usted de democratizar la política económica ¿Se puede frente a la fuerza de las inercias, los compromisos con el exterior, la actitud del gobierno que sólo acepta su verdad?
—Tenemos que hacerlo Tenemos que crear los mecanismos de formación de consensos que no tenemos Antes el gobierno hablaba Los otros sectores, con su pacto implícito, seguían las directrices gubernamentales, porque sabían que era lo mejor que les podía pasar El gobierno y los sindicatos gubernamentales siempre hicieron liderazgo salarial: empujaban los salarios para arriba, inventaron las prestaciones, inventaron todas las reivindicaciones obreras De la misma manera siempre se protegió a los productores, a los industriales, campesinos, manufactureros, en esa lógica de un pacto implícito Y todos lo respetaban
“El problema es cuando se rompen las reglas y hay que construir unas nuevas Para mi gusto, aunque hay muchos caminos, uno bastante expedito es hacer como hacen los alemanes, los suecos, los holandeses, los austriacos, que tienen un pacto, un acuerdo como el que tenemos aquí, para discutir precios y a veces salarios, pero sin sesgos, donde se ponen de acuerdo, sistemáticamente, periódicamente varias veces al año, trabajadores, empresarios y gobierno, sobre la política económica”
—¿No se hacía ya con el Pacto antes, con la Alianza ahora?
—Pero lo hacen sólo sobre una parte de la política económica: la inflación No, debe ser sobre toda la política económica Y allí se fijan los compromisos que todos cumplen o deben cumplir todos Porque el gobierno por más que se esfuerza ya no puede Antes podía, ahora no Ya no tiene los instrumentos para disciplinar a trabajadores y empresarios
—¿Cómo funcionaría un pacto distinto al que se tiene ahora, si precisamente nació como mecanismo antiinflacionario?
—Antes de que salgan las directrices de política económica cada año, deben pasar por un periodo previo de digestión y de análisis presupuestal en una serie de reuniones, de grupos de trabajo, entre empresarios trabajadores y gobierno Y allí sale un compromiso de todos Y todos son corresponsables, y todos participan
“Porque ahorita qué pasa: todos los grupos nos estamos jalando la misma cobijita que no crece Qué quieren los empresarios: que les bajen impuestos, que los salarios no suban, que flexibilicen las leyes laborales; qué quieren los trabajadores: que les quiten impuestos, que les suban salarios; qué quiere el gobierno: subir impuestos, subir tarifas
“Y qué estamos haciendo: en lugar de ponernos de acuerdo, estamos jalando la cobijita cada quien para su lado Pongámonos de acuerdo, porque jalando la cobija ésta no crece”
—Siempre ha pasado así Se ve hasta natural esa actitud de que cada quien ve por su interés
—Sí, pero que eso se resuelva constructivamente en una reunión entre los tres Y donde no sólo se discuta cómo se jala la cobija, sino se discuta también cómo se hace crecer la cobija
—¿No hay voluntarismo en el planteamiento?
—Mire: uno de los problemas que tenemos es que hemos aumentado enormemente los derechos económicos, pero no hemos aumentado los derechos sociales, ni nos estamos dando cuenta de que hay que ponernos de acuerdo y no multiplicar los desacuerdos Qué más voluntarista quiere usted que sea esta transición en que nos encontramos: ¿hubo consulta pública sobre para dónde íbamos a caminar? ¿se nos anticipó qué grupos iban a salir beneficiados y cuáles perjudicados, y estuvimos de acuerdo? No No Se impuso autoritariamente Lo que yo quiero es que en lugar de imposición autoritaria haya acuerdo entre las partes afectadas Acuerdo responsable
—El gobierno siempre ha asumido una actitud protagónica, descalificatoria de los demás
—El gobierno hizo eso: empezó a construir la nueva sociedad desde el gobierno, pero sin el acuerdo de las partes Y eso lo pudo hacer porque antes tenía mucha fuerza, pero en el proceso él mismo se las está quitando Por qué ahora se le tiene que hacer caso ¿Dónde están los intereses que obligan a hacerle caso? Se han roto los pactos implícitos anteriores
—No se ve fácil Usted dice en su libro que para pasar de un régimen casi autoritario a otro de modernidad democrática se requiere aprender “el arte de debatir, ceder, acomodar y arribar a soluciones compartidas” Pero aquí, para empezar, no hay ánimo de diálogo, de escuchar Sobre todo en el gobierno
—Tenemos que hacerlo No hablo de debate como polémica, sino de crear los mecanismos para intercambiar ideas Nadie en este mundo tiene ideas con toda la verdad Hay que ventilar ideas y crear los mecanismos para que esto ocurra De nueva cuenta: si usted establece un foro de política económica y lo democratiza, para que ahí se discuta todo, ese sería un debate constructivo Pero si de lo que se trata es de que yo escribo en un periódico y me contestan en otro, no nos vamos a entender
—Por lo pronto, el presidente Zedillo ya pintó su raya: no le interesa debatir con quienes discrepan del gobierno; dice que no tienen rigor intelectual y es muy bajo su nivel
—Insisto: la política económica y las concepciones económicas no nacen de los libros de texto Sí se alimentan de teoría y de paradigmas, pero esos paradigmas se tienen que ajustar con la realidad y hacer un juego democrático Usted no puede decir si la sociedad civil tiene o no nivel para discutir la política económica, es la sociedad civil con la que cuenta usted No hay otra