En el sigilo, la relación evolucionó del elogio a la omisión

En el sigilo, la relación evolucionó del elogio a la omisión
El presidente Zedillo no sabe qué hacer con el expresidente Salinas: ni su nombre quiere mencionar
Carlos Acosta Córdova
Mientras Carlos Salinas de Gortari sigue moviéndose, se deja entrevistar, aparece sonriente en fotografías que dan la vuelta al mundo, y anuncia que regresará a México “cuando lo considere conveniente”, el presidente Ernesto Zedillo no decide qué hacer con él Frente a un expresidente que ya no se oculta, el presidente opta por evadirlo, al extremo de que el nombre de aquél no existe en su vocabulario
La más reciente prueba de ello: En la emisión inaugural de la serie de televisión Entre Vistas, transmitida el domingo 11 por Multivisión, el periodista Joaquín López-Dóriga le preguntó:
—Señor presidente: ¿Cuál es su relación con sus antecesores? Quedan cuatro expresidentes
Y rápido contestó Zedillo:
—Por ejemplo, con el licenciado De la Madrid tengo la oportunidad de hablar en algunas ocasiones He estado atento, por ejemplo, de la salud del licenciado José López Portillo, que se enfermó el año pasado, y que afortunadamente se ha recuperado Con el licenciado Echeverría he tenido la oportunidad de platicar un par de ocasiones Y ya
A pregunta cargada de intención, respuesta igual Frente a las cámaras, el “y ya” fue contundente: ni hay relación con el “cuarto” expresidente vivo, ni Zedillo quiere hablar de él
López-Dóriga no quiso preguntar directamente por Carlos Salinas “El ‘y ya’ me fue suficiente; me quedó claro que con él no tiene ninguna relación”, argumentó luego en entrevista con Proceso
Pero de manera elíptica insistió con Zedillo: le comentó que los sucesores de Adolfo López Mateos no gozan del aprecio público, del elogio, del recuerdo que éste tiene como expresidente
Zedillo no cayó:
—Es malo que los expresidentes hagan juicios sobre presidentes; pero sería peor que los presidentes hicieran juicios sobre los expresidentes
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Salvo algún deslinde discursivo, sobre todo en materia económica —al principio de la crisis, Zedillo dijo, contra sus tesis iniciales, que había heredado una economía en extremo vulnerable—, no hay indicios de que el presidente quiera fijar una postura más decidida frente a su sucesor, que poco a poco va recobrando presencia en el país, y más a raíz de la exoneración de Othón Cortés, que echó por tierra la tesis, armada por la PGR, de un complot orquestado desde Los Pinos para asesinar a Luis Donaldo Colosio
El exilio de Carlos Salinas, desde marzo de 1995, que lo ha llevado a Canadá, Cuba e Irlanda —donde actualmente reside—, en nada se parece a la ruptura frontal, histórica, que protagonizaron Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles, cuando éste pretendía manejarlo, imponerle decisiones El famoso “maximato” callista
“Por órdenes del presidente de la República, le comunico que debe abandonar mañana, a temprana hora, el país”, le dijo escueto el general Rafael Navarro, enviado de Cárdenas, al expresidente Calles, el 9 de abril de 1936, a las puertas de su casa, donde lo recibió aún en pijama
La salida de Salinas fue distinta Se habló en su momento de un exilio negociado directamente con el presidente Zedillo Luego, también, de un autoexilio, decidido por el expresidente ante el temor de que luego de la aprehensión de su hermano Raúl, a finales de febrero del año pasado, él también sería detenido
La presunta ruptura entre Zedillo y Salinas —que tuvo sus momentos culminantes en la exigencia pública de Salinas de reivindicar su nombre y de que el nuevo gobierno reconociera sus errores en el manejo de la economía, así como la detención de su hermano Raúl— tampoco se compara con otros momentos similares en la historia del país
Como en el precedente que establecieron Cárdenas y Calles, las demás rupturas, independientemente de su magnitud y de sus efectos, tuvieron lugar por acciones decididas del presidente en turno En la excepción, Luis Echeverría rompió con Gustavo Díaz Ordaz desde la campaña por la Presidencia El momento: cuando el candidato pidió un minuto de silencio, en la Universidad Nicolaíta, por los caídos en la masacre de Tlatelolco, en 1968 Fue tal el encono de Díaz Ordaz, que no sólo retiró el apoyo del Ejército en algunos de los actos del candidato, sino que incluso se llegó a filtrar la idea de un cambio Al menos así lo pedía el entonces secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán
Ya como presidente, Echeverría pintó su raya Condenó a Díaz Ordaz al ostracismo —no apareció públicamente en todo ese sexenio— y dejó sin espacios, dentro de su gobierno, a políticos identificados con el expresidente “Emisarios del pasado”, descalificaba Echeverría
Le fue peor a éste en su distanciamiento con José López Portillo: tuvo que salir del país, camuflado como embajador en las desconocidas Islas Fiji En su libro de memorias Mis Tiempos, López Portillo reconoce que la presencia de Echeverría era sumamente incómoda Dice: “Mucha gente se movía en torno de Echeverría, mucha gente que hablaba e intrigaba y que pregonaba tener línea para inconformarse Empezaba a tomar cuerpo el cuento del ‘maximato’ fomentado de una parte por quienes visitaban a Luis y le confiaban sus amarguras, sin que él hiciera nada para borrar la apariencia”
Habla en sus memorias de los “constantes y copiosos informes negativos” que le daba Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación, sobre actos de Porfirio Muñoz Ledo y Augusto Gómez Villanueva, abiertos echeverristas, que propiciaban una “desconfianza muy desagradable”
Eran los primeros meses de su gobierno, y López Portillo removió a Muñoz Ledo de la Secretaría de Educación Pública y a Gómez Villanueva de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados
Dice JLP: “Poco a poco iba asumiendo guardia frente a un viejo amigo” Y “como empezaba a crearse una apariencia política estorbosa para el óptimo manejo de la imagen presidencial”, decidió mandar lo más lejos posible a Echeverría: las Islas Fiji
Terminada su gestión, López Portillo dijo aspirar a ser el mejor expresidente de México No estorbó a Miguel de la Madrid Pero ni falta hacía su presencia para hacer daño La situación en que dejó al país —petrolizado, sobrendeudado, irritado— era suficiente para la ruptura
En sus primeros discursos, De la Madrid se quejó de haber heredado una economía en ruinas, “como en tiempos de guerra”, y una sociedad lastimada por la corrupción del gobierno anterior “No permitiremos que el país se nos deshaga entre las manos”, clamó y se aprestó a reparar —a costa de más sacrificios para la población— el desbarajuste que había dejado López Portillo
De la Madrid no emprendió ninguna acción virulenta contra el expresidente —aunque terceros la pagaron, como Jorge Díaz Serrano, que fue a la cárcel—, pero sus juicios lapidarios y sus acciones correctivas marcaron el tono de la ruptura
Excepción a la regla establecida con la ruptura Cárdenas-Calles, fue la relación entre De la Madrid y Carlos Salinas de Gortari No hubo distanciamiento Coincidieron en tesis y programas, aunque fue evidente la mayor ambición y pasión por el poder del segundo De la Madrid tuvo espacio en el gobierno de Salinas, que lo nombró director del Fondo de Cultura Económica Tan buena fue la relación que, el 1¼ de diciembre de 1994, luego de entregarle la banda tricolor a Ernesto Zedillo, Salinas fue a la casa de Miguel de la Madrid, en Coyoacán, a expresarle su agradecimiento
Al término de la gestión de Carlos Salinas, y aun antes, durante la campaña del candidato sustituto Ernesto Zedillo, nada presagiaba una tormenta en la relación entre ambos Por el contrario, se la pasaban de elogio en elogio Salinas es un “presidente patriota”, reiteraba Zedillo por el país entero Zedillo es un “candidato formidable”, con una “capacidad enorme de aprender rápidamente”, respondía Salinas
Aun en su toma de posesión, Zedillo insistía: “Sucedo, en esta investidura, a un presidente que gobernó con visión; que con inteligencia y patriotismo concibió grandes transformaciones y supo llevarlas a cabo con determinación Le expreso mi respeto y mi reconocimiento”
Poco duró el gusto Mientras Salinas viajaba festivo por el mundo —conferencias, premios, alianzas, paseos— en busca de su candidatura para dirigir la Organización Mundial de Comercio —sustituto del GATT—, Zedillo decidió, la noche del 19 de diciembre de 1994, modificar la política cambiaria Pero su equipo económico instrumentó de tal manera la medida que de una propuesta de “ampliar el límite superior de la banda de fluctuación”, se pasó a una macrodevaluación, superior a 50%, que originó la más severa crisis económica de las últimas siete décadas Y así lo ha reconocido el propio presidente
Zedillo intentó un tímido deslinde: se debió haber devaluado en el sexenio pasado Luego, en el pico de la crisis, acusó: sin mencionar nombres, señalaba que Salinas había dejado una economía extremadamente vulnerable
Fue la tónica: nunca la acusación directa a su antecesor Sí, el deslinde discursivo “Presido un gobierno que hablará siempre con la verdad un gobierno que velará por el interés general sobre cualquier interés de persona o de grupo”
También: “Antes que la imagen presidencial y antes que el renombre de funcionarios públicos, mi compromiso es actuar responsablemente, sin eludir ni tratar de ocultar la realidad”
Mientras el país experimentaba el colapso —economía derrumbada, desánimo nacional—, Salinas seguía aspirando a dirigir la OMC, aunque ya con todo en contra: se le responsabilizaba de la crisis, de la no solución al conflicto en Chiapas, y aun de negligencia frente a los crímenes políticos A finales de febrero, en la prensa internacional se señalaba a Salinas como encubridor en el caso Colosio y como responsable del desastre económico
Salinas respondió violento Se comunicó por teléfono a espacios de televisión y radio de gran audiencia para decir su verdad —que su gobierno no causó la crisis económica y que él no encubrió las investigaciones sobre la muerte de Colosio— y exigir la reivindicación de su nombre y de su gobierno
El hecho se interpretó como una ruptura, que se recrudeció al hacerse pública —justo entre una primera llamada telefónica, al noticiario 24 Horas de la Tarde, y una segunda, al también noticiario televisivo Hechos— la detención de su hermano Raúl, como presunto responsable de la autoría intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu “Tengo plena confianza en la inocencia de mi hermano”, dijo la noche del 28 de febrero y la mañana del 1¼ de marzo
No había sosiego para el expresidente Había perdido las aspiraciones por dirigir un organismo internacional, y su familia se desmembraba Amenazó con una huelga de hambre para denunciar, dijo, la “campaña de hostigamiento y falsedades” en su contra
Versiones recogidas por Proceso en su momento, señalaron contactos, negociaciones y acuerdos entre Salinas y Zedillo, de los que resultó que la PGR eximiera públicamente al expresidente de cualquier responsabilidad en el caso Colosio y le prometiera atenuar sus críticas al gobierno de Salinas como culpable de la crisis económica A cambio, se acordó que Salinas saliera del país
Aun ahora, en la Presidencia de la República se niega cualquier encuentro entre Zedillo y Salinas, en aquellos días La tesis oficial es que la última vez que se vieron fue el 1¼ de diciembre de 1994, el día de la transmisión de poderes, y que la última vez que hablaron fue el 24 de ese mismo mes, cuando Salinas le habló al presidente Zedillo para desearle feliz Navidad
Andrés Openheimer, sin embargo, en su libro En la frontera del caos, revela que ambos personajes sí se reunieron —en la casa de Arsenio Farell— después de la huelga de hambre:
“Cuando pregunté a Zedillo sobre lo que se habló en aquella conversación privada me envió su respuesta a través de su secretario privado, Liébano Sáenz: ‘Yo nunca he hecho ningún acuerdo con el expresidente’, dijo Zedillo ‘Me limité a decirle que había una acción penal muy específica contra su hermano Raúl, y que actuaría la autoridad competente con estricto apego a la ley'”
Desde ese momento, la relación entre Zedillo y Salinas se tornó misteriosa El presidente, desde mediados del año pasado, niega cualquier relación con su antecesor En sus conferencias de prensa —junio, julio y agosto—, una y otra vez dijo no tener tratos con el expresidente Menos aún, dijo, pacto alguno “No haré acuerdos oscuros ni ocultos”, afirmó en agosto
Entre tanto, de Salinas llegaban versiones de sus estadías en Nueva York, Montreal y Cuba Luego, en Dublín Nunca se habló de un hombre a salto de mata, acorralado, perseguido Aunque con algo de descrédito o prestigio menguado, lo cierto es que cada vez se advierte mayor presencia del expresidente en los medios internacionales A un diario irlandés dijo que regresaría a México “cuando lo considere conveniente”
Salinas tuvo sus últimas apariciones en medios informativos nacionales, de manera directa, en noviembre y diciembre del año pasado Tres comunicados de prensa, desde lugares no ubicados, para enfrentar acusaciones e insinuaciones que —por cierto, nunca surgidos en el gobierno de Zedillo— se le fueron acumulando en los últimos meses: por ejemplo, que Othón Cortés tuvo contacto con él en Los Pinos, según un senador perredista; o que sí tuvo responsabilidad en la crisis económica, según el expresidente Luis Echeverría
Más aún se le señaló responsabilidad —otra vez: no de parte del gobierno— en los rumores de golpe de Estado de principios de noviembre A todo ello se agregó la detención de Paulina Castañón en Suiza, cuando pretendía hacer retiros de multimillonarias cuentas abiertas por su esposo Raúl Salinas de Gortari
A todo respondió el expresidente, exculpándose Y más: dijo estar dispuesto a declarar y ponerse a disposición de autoridades mexicanas “para cualquier aclaración, incluso de carácter legal”
Pese a la oferta, nunca ha sido llamado Durante el año pasado, el presidente Zedillo insistió en que el procurador general Antonio Lozano Gracia nunca le reportó elementos para fincarle a Salinas alguna responsabilidad Aunque ello, dijo, no significa que haya sido exonerado “El presidente no tiene facultades ni para juzgar ni para exonerar a ninguna persona” Antes, en una conferencia de prensa, había dicho que “en México no hay intocables”
En marzo, poco antes del segundo aniversario del asesinato de Colosio, Alfonso Durazo, quien fue secretario particular del sonorense en sus últimos seis años de vida, consideró, en entrevista con este semanario, que “el citatorio a Salinas es imprescindible para el auténtico desarrollo de la investigación del crimen” También, que “es evidente que hay una decisión política de por medio para que (Salinas) no se presente ante las autoridades” Y sugirió la idea de un entendimiento, embozado, entre Zedillo y Salinas
En junio, nuevos rumores —ahora sobre una supuesta renuncia de Zedillo; encuentros en Dublín, entre Salinas y políticos en activo— atrajeron nuevamente las miradas sobre el expresidente Sin estar físicamente en el país, volvía a generar nuevamente inquietud lo mismo en mercados financieros que en las esferas de la política
El reclamo se ha hecho general: que Salinas declare Pero el presidente no se anima Antes bien, el expresidente obtuvo, apenas la semana antepasada, un aliciente más: liberado Othón Cortés, no hay línea de investigación que conduzca a su persona A lo más que llegó el presidente fue a la remoción del fiscal Pablo Chapa Bezanilla Salinas sigue repartiendo sonrisas