“DISCRIMINACION” AEREA

“DISCRIMINACION” AEREA
Señor director:
Le solicitamos dar a conocer públicamente la siguiente denuncia, que fue remitida a la Compañía Mexicana de Aviación el pasado 25 de febrero, por el acoso y discriminación de que fuimos objeto con motivo de nuestro viaje de la Ciudad de México a San Francisco, Estados Unidos, en el vuelo 972 del 1¼ de diciembre de 1995
Las personas que intervinieron en los hechos mencionados fueron el capitán de vuelo Arturo Trujillo Vizcarra, una azafata, el supervisor de abordo, cinco guardias que nos detuvieron, dos supervisores de los mismos, el conductor de una camioneta y siete empleados que nos retuvieron en el aeropuerto de Guadalajara
La historia es esta:
El 1¼ de diciembre de 1995, mi compañera Holly y yo (Livit) salimos de Puerto Escondido e hicimos una conexión con el vuelo 972 de Mexicana, del Distrito Federal a San Francisco, con escala en Guadalajara Durante el trayecto, una azafata (quien se negó a identificarse) nos dijo que, debido a la molestia expresada por otro pasajero (a quien tampoco identificó), nos solicitaba que “dejáramos de besarnos” Luego, en el aeropuerto de Guadalajara, mientras esperábamos que abordaran otras personas con destino a San Francisco, una persona que dijo ser el capitán del vuelo nos comunicó que había recibido quejas sobre nuestro comportamiento
Pedimos al capitán especificar a qué comportamiento se refería No respondió, y, ante nuestra insistencia de que lo hiciera, se irritó y amenazó con sacarnos del avión La discusión continuó sin que atinara a respondernos qué debíamos dejar de hacer, hasta que, de pronto, dijo que no se nos permitiría proseguir el viaje y, bruscamente, retornó a la cabina
Holly lo siguió y, después de hablar brevemente con el supervisor del vuelo (Martín), preguntó nuevamente al capitán cuál era el problema El capitán aseguró entonces que una pasajera se había quejado y que él mismo había visto cómo yo me había sentado en las piernas de Holly Según él, nosotras estábamos “mal”, “éramos inmorales”, y los mexicanos en el avión tenían “una moral distinta” Holly respondió que quien estaba mal era él, pues no habíamos hecho nada malo y, desde luego, nada diferente de lo que cualquiera de ellos habría hecho con su esposa en público No obstante, Holly le manifestó que respetaríamos las normas que impusiera con el fin de regresar a nuestra casa en San Francisco lo antes posible
El supervisor y el capitán estuvieron de acuerdo, éste aceptó que permaneciéramos en el avión, y Holly regresó a su asiento Sin embargo, minutos después, volvió el capitán y, en un tono muy agresivo, nos advirtió que él podría aterrizar donde quisiera, y que así lo haría si, en el resto del trayecto, “hacíamos algo” Le pregunté entonces su nombre, y el capitán no sólo se negó a proporcionarlo, sino que, de plano, nos dijo que ya no se nos permitiría proseguir el viaje, y abandonó el aparato Acto seguido, ingresaron varios guardias de seguridad que nos pidieron bajar, mientras movían nuestras pertenencias sin pedirnos autorización
Cuando nos obligaron a descender, tuvimos que insistir para que nos devolvieran el equipaje Técnicamente, podría decirse que fuimos secuestradas, pues durante un tiempo, que nos pareció de horas, cinco guardias de seguridad y dos supervisores nos trajeron dando vueltas por el aeropuerto en una camioneta Aparentemente, los guardias no sabían qué hacer con nosotras, ni sus supervisores, a quienes los primeros pedían instrucciones constantemente Por fin nos llevaron a una oficina y nos permitieron leer el informe del capitán Allí nos enteramos de su nombre y, de pronto, nos rodearon siete hombres, uno de los cuales se burló de nosotras simulando que abrazaba y besaba a otro
Fuimos conducidas al mostrador de Mexicana, donde nos proporcionaron otro boleto, y nos dijeron que los gastos de hotel y de cena nos serían reembolsados mediante la presentación de las notas correspondientes Uno de los guardias comentó entonces que algo parecido a nuestra experiencia se había producido antes, también con el capitán Arturo Trujillo Vizcarra, y que esto le había causado problemas serios con la aerolínea
El origen de todo lo anterior es que Holly tiene miedo de los aviones y había buscado consuelo en mí, por lo que a ratos yo apoyaba la cabeza en su hombro y le daba besos en la mejilla, además de que, en un momento dado, decidí cruzarme al asiento del centro y, al hacerlo, me senté momentáneamente en sus piernas Fue todo En ningún momento mostramos ninguna sexualidad abierta, ningún comportamiento ilegal, ninguna conducta inmoral u ofensiva Nunca nos besamos en la boca ni nos acariciamos, aunque nos mirábamos y sonreíamos porque estábamos juntas y disfrutábamos de nuestra compañía Probablemente era obvio, para cualquiera que nos hubiera observado un poco, que éramos amantes, lesbianas, pero esto no nos avergüenza y, de hecho, estamos orgullosas del amor que nos tenemos, mas nunca pretendimos llamar la atención; sencillamente, disfrutábamos del final de unas vacaciones maravillosas y bien merecidas en un lugar muy hermoso
Somos ciudadanas estadunidenses, profesionistas, adultas y bien educadas Hemos viajado mucho y estamos acostumbradas a que se nos trate equitativamente como mujeres, como lesbianas, como personas Nunca habíamos sido turistas en México y, después de esto, dudaríamos en regresar, porque esas vacaciones se convirtieron en una pesadilla: nos aterrorizaron, humillaron y avergonzaron Además, la falta de sueño y alimentación, el frío en la camioneta y la tensión y desesperación a que fuimos sometidas, ocasionaron que Holly sufriera un ataque serio y prolongado de gripe, pues durante siete días no pudo ir a trabajar
Y es que, cuando nos bajaron del avión, no nos dijeron adónde nos llevaban; no sabíamos si nos harían daño; tuvimos miedo y, cuando nos pasaron por la fila de pasajeros que esperaban para abordar, sentimos humillación y vergüenza Los mismos sentimientos surgieron mientras nos escoltaban por la terminal hasta la oficina, y luego al mostrador de venta de boletos Todos nos miraban como si hubiéramos cometido algún delito, aunque no habíamos hecho nada malo
Este es un caso claro de discriminación y acoso México y Mexicana de Aviación deberían entrar al siglo XXI y darse cuenta de que la discriminación y el acoso son innecesarios, desagradables e imprudentes Toda empresa comercial que tenga la esperanza de sobrevivir hoy y mañana haría bien en considerar el impacto que pueden tener tales violaciones ultrajantes de los derechos humanos
Nosotras hicimos esta denuncia ante Mexicana de Aviación y le planteamos varias demandas que la empresa no ha cumplido, pese a que, en una carta fechada el 4 de marzo, nos ofreció disculpas por el incidente y se comprometió a investigar los hechos para tratar de dar satisfacción a nuestras exigencias No lo ha hecho hasta la fecha (Carta resumida)
Atentamente
Livit Callentine y Holly Babe Faust
375 Jayne Avenue 401