“Tratamos de comunicarnos por radio; nadie contestó; cayó el primero, y luego otro y otro ”
Muerte en el desierto: sin protección, sin apoyo, sin auxilio, 36 reclutas quedaron atrapados en el infierno de Laguna Salada
Francisco Ortiz Pinchetti
MEXICALI Y el Sol los calcinó
A una temperatura superior a 50 grados centígrados, perdidos en el desierto, vacías sus cantimploras, sin comunicación con su base de apoyo, atrapados en una “olla de presión” formada por las corrientes de aire caliente que se enfrentan en uno de los cañones de la sierra El Mayor, en medio de la Laguna Salada, los reclutas pasaron en unas horas de la deshidratación al delirio y de ahí a la inconsciencia
Eran soldados de caballería, del 18 Regimiento Ninguno de ellos tenía más de 26 años de edad Entre 18 y 21, los más En su mayoría oriundos de Sinaloa, habían sido trasladados desde su base en Nogales, Sonora
Ellos cumplían la última prueba de un “curso de sobrevivencia” que habían iniciado catorce días atrás en las planicies y serranías del desierto bajacaliforniano: una geografía atroz Con un sueldo de 800 pesos mensuales, les animaba el aliciente de ascender a cabos o sargentos segundos al terminar su adiestramiento
La patrulla estaba integrada por 36 elementos de tropa al mando de un oficial Durante las dos semanas anteriores cubrieron sin incidentes prácticas de rapel y de ascenso y descenso de montaña La prueba final consistía en una travesía de 35 kilómetros a pie a través de las estribaciones de la sierra El Mayor
En vehículos fueron trasladados al ejido Guardianes de la Patria, en el desierto de la Laguna Salada De ahí emprendieron la caminata a las tres de la mañana del lunes 29 de julio Deberían llegar siete horas más tarde, a las 10, al Campo Mosqueda, un campamento situado a orillas del río Hardy, a unos 55 kilómetros al sur de Mexicali, sobre la carretera a San Felipe
Llevaban un radiotransmisor, mapas, brújulas y los pertrechos indispensables para la travesía Otros tres oficiales, a bordo de un jeep con remolque, transportarían por brechas adyacentes a la serranía los víveres, agua y comida, hasta el Campo Mosqueda, donde los esperarían
Los caminantes, empero, no llegaron a la cita
En el trayecto había ocurrido la tragedia: perdidos y sin apoyo, descargadas las baterías del radio, los integrantes de la patrulla enfrentaron el infierno Once de ellos murieron ahí, literalmente calcinados Otros 26 lograron salvarse, como pudieron, pero trece requirieron ser hospitalizados víctimas de la deshidratación y las quemaduras Uno de ellos murió en el Hospital General de Mexicali
Ante el retraso de sus compañeros, dos de los oficiales que esperaban en el Campo Mosqueda decidieron la tarde de ese lunes ir en su busca También ellos encontraron la muerte en el desierto Sus cadáveres no fueron hallados hasta el viernes 2 de agosto
En total, catorce militares muertos
Hasta el viernes, cinco reclutas seguían internados en el hospital del ISSSTE de esta capital Dos de ellos, en estado de gravedad
NEGLIGENCIA DEL COMANDANTE
La zona en que ocurrió el accidente es particularmente agreste, árida, infame Sólo huizaches, cachanillas y otros arbustos pueblan la planicie de la Laguna Salada En los cerros grises que forman la sierra de El Mayor, ni siquiera esa vegetación menor existe: son cañadas pedregosas en las que ni los cactus crecen
En esta época del año, pleno verano, el sol es un asesino implacable: no hay resquicio, un árbol donde guarecerse Las temperaturas superan a menudo los 50, 55 grados centígrados Los arroyos, secos, son ríos de piedras ardientes
Ese es el lugar y el clima escogidos por el Ejército para las prácticas del llamado “Curso de Sobrevivencia” de sus jóvenes reclutas
Los mandan al averno
Relatos de algunos de los sobrevivientes y la propia versión del general Eulalio Fonseca Orozco, comandante de la II Región Militar —que abarca los estados de Sonora y las dos Baja Californias— denotan que, además, no existen adecuadas medidas de protección y apoyo para los soldados durante ese adiestramiento, ni hay dispositivos de auxilio rápido en caso de emergencia, como ocurrió
La Secretaría de la Defensa Nacional informó en la Ciudad de México, el miércoles 30, que la Procuraduría de Justicia Militar —cuyo titular viajó a Mexicali— realizaría una investigación sobre lo ocurrido, para deslindar responsabilidades y proceder como legalmente corresponda
Es claro que la patrulla del 18 Regimiento de Caballería Motorizada perdió el rumbo cuando atravesaba la sierra de El Mayor y que eso fue el origen de la tragedia Lo que no está claro es por qué sus integrantes no llevaban pertrechos suficientes, ni por qué les fue imposible comunicarse a su base Tampoco, la tardanza del operativo de rescate, en el cual se tuvo que emplear un helicóptero de la delegación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Mexicali, ya que la base militar no cuenta con ninguno de esos aparatos
En su única declaración sobre lo ocurrido, el general Fonseca Orozco —que se hizo cargo de la comandancia de la II Región cuando la sede de ésta fue trasladada a Mexicali, en enero pasado— dijo que estas prácticas son rutinarias para adiestrar al personal militar en montaña, desierto y agua, y que antes de ésta se habían efectuado otras nueve en la misma zona sin que ocurriera ningún percance
“Nuestros elementos tienen que estar bien preparados para sus labores de auxilio”, dijo al justificar la rudeza de los adiestramientos ante los reporteros que lo entrevistaron (La Crónica de Mexicali, 2 de agosto)
Atribuyó el accidente del lunes 29 a una “desobediencia” del oficial que comandaba la patrulla Dijo que el comandante, un subteniente de caballería que se encuentra entre los muertos, decidió equivocadamente cambiar el rumbo de la caminata y abandonar la ruta previamente fijada Quiso “cortar camino” para hacer menos tiempo del que se había hecho en anteriores entrenamientos
Sin embargo, Fonseca Orozco aceptó:
“Si hay algún culpable, soy yo No puedo excusarme con la ignorancia, con las deficiencias o las negligencias de mis subordinados Soy el responsable”
Conforme a su versión, la equivocación del comandante hizo que la patrulla entrara a un cañón de “piedra caliente”, localizado en las faldas de la sierra El Mayor, que tiene dos entradas de aire demasiado caliente
Ilustró:
“Fue como si se metieran a una olla de presión”
El calor era sofocante, al grado de que afectó severamente a los soldados Algunos de plano no podían seguir El comandante ordenó entonces que un grupo de los que se encontraban en mejores condiciones se adelantará para buscar auxilio
El operador del radio, cabo de transmisiones José Luis Cota Santillanes, de 19 años de edad, intentó en vano la comunicación, hasta desfallecer Fue el primero en morir
En su desesperación, explicó Fonseca Orozco, manipuló excesivamente el radio transmisor, sin hacer las pausas necesarias para que sus baterías se recargaran con la energía solar
MORIR EN EL DESIERTO
Los soldados que se quedaron en el cañón, tendidos entre las rocas como lagartijas, agotaron su dotación de agua, enloquecieron y acabaron por morir sin remedio
“Una muerte atroz, que sin embargo, no significa un sufrimiento físico prolongado”, explica el doctor Teodoro Robles López, coordinador de servicios médicos del hospital del ISSSTE en Mexicali
El primer efecto de la insolación, dice el médico, es la pérdida de líquidos y luego la de electrolitos En este punto, se experimentan mareos y una debilidad general que va en aumento Los rayos del sol provocan quemaduras en la piel, del primero al tercer grado Vienen luego daños a órganos como los riñones “La falta de líquidos ocasiona una insuficiencia renal severa”
Finalmente sobreviene lo que los médicos llaman el “golpe de sol”: al ascender la temperatura corporal arriba de los 40 grados centígrados, hay un daño al sistema nervioso central Esto provoca visiones y delirios y conduce a una pérdida del conocimiento “Viene luego lo que llamamos un secuestro de líquidos y la muerte”
Del grupo que fue enviado en busca de auxilio, 25 soldados lograron sobrevivir Maltrechos, con diversos grados de deshidratación y quemaduras, algunos llegaron por su pie hasta la carretera que va a San Felipe Hubo dos que alcanzaron el Campo Mosqueda, destino original de su viaje Otros fueron rescatados por las brigadas que salieron en su búsqueda
El general Fonseca Orozco fue informado de la pérdida de la patrulla el lunes mismo por la tarde Los primeros sobrevivientes fueron rescatados el martes al mediodía Esa misma tarde encontraron los cadáveres de tres militares Los de otros nueve fueron localizados entre el miércoles y el jueves Y el viernes, los de los dos oficiales que habían ido a buscar a sus compañeros
Unos 120 soldados participaron en el operativo de rescate En un principio, se utilizó solamente el helicóptero prestado por la CFE Luego llegó otro helicóptero, militar
El centro de operaciones de rescate se instaló en el Campo Mosqueda, donde hay un campamento militar para las prácticas de adiestramiento Ahí, bajo unas palapas, están los catres donde descansarían los infortunados miembros de la patrulla perdida al terminar su “prueba final”
Herméticos, los militares al mando del campamento se negaron a dar alguna información Algunos soldados manifestaron extrañeza por lo ocurrido a sus compañeros “Algo raro ocurrió”, dice un subteniente
Fue el miércoles por la mañana cuando se solicitó el apoyo de la dirección de Bomberos y Protección Civil del municipio de Mexicali “Nos pidieron personal y un equipo de rapel, que es el que se utiliza para deslizamiento por medio de cuerdas en las montañas”, dice el titular de esa dependencia, Fernando Rivera
En su opinión, con pertrechos suficientes, personas entrenadas pueden resistir varios días aun en las condiciones adversas de esa zona “Sabemos que en el desierto hay que caminar de noche y descansar de día; pero algo que no acabo de explicarme ocurrió con estos soldados Probablemente el retraso al extraviarse los hizo consumir el agua que llevaban y la ayuda no llegó a tiempo”
Los sobrevivientes atendidos en el hospital del ISSSTE dicen poco “No recuerdo”, responde en su cama del tercer piso Germán Olay Roche, de 19 años de edad “Nos perdimos Nos dispersamos Salimos cada quien como pudo, sin agua, perdidos”
Su compañero, Adrián Arturo Arciga Saavedra, de 18 años de edad, relata que estuvo tres días en el desierto sin agua ni comida Dice que el problema empezó cuando el cabo de transmisiones se enfermó “Lo esperamos, pero no se pudo recuperar Hasta que se nos acabó el agua Ahí estuvimos, sin poder hacer nada Luego se murió el primero Después cayó otro y otro No nos pudimos comunicar por el radio No contestó nadie Tratamos y tratamos, hasta que se acabó la batería”
Todavía sumido en el horror de su vivencia, el soldado platica que estaban en un arroyo seco en el que “había puras piedras” Dice: “No había nada ahí, nada, nada Estaba solo Volteaba uno y veía pura piedra”
Arciga salvó la vida al ser localizado por un batallón de rescate Cerca de él yacían los cuerpos de varios de sus compañeros Los cadáveres de los soldados muertos fueron concentrados en el Servicio Médico Forense de Mexicali Ahí se les practicó la necropsia y se les embalsamó Una funeraria privada, El Manzano, fue contratada para el amortajamiento
Sin que recibieran reconocimiento oficial alguno, sin honores, los cuerpos fueron colocados en ataúdes metálicos de color gris y trasladados en un camión militar al aeropuerto mexicalense De ahí fueron llevados por vía aérea a sus lugares de origen
Los sobrevivientes tendrán tiempo suficiente para restablecerse Luego, dijo el general Fonseca Orozco, serán llevados de nuevo al desierto para que concluyan su adiestramiento








