HORTENSIAS A MARIO PAYERAS

HORTENSIAS A MARIO PAYERAS
Señor director:
Le ruego publicar los siguientes párrafos que, con toda humildad e indignación, son enviados con el fin de preguntar por el cadáver robado de un poeta, filósofo, escritor y defensor de los pobres en el país que me vio nacer
En diciembre de 1992 me encontraba en la biblioteca del condado de Glendale, California, estudiando los principios físicos de ventiladores mecánicos Sin embargo, estando en una posición que me ubicaba frente a los estantes de los escritores latinoamericanos, encontré un volumen de Los días de la selva, de Mario Payeras
Se trata de un testimonio épico que narra los primeros días de actividades de un grupo guerrillero guatemalteco en las montañas del Quiché en 1972, y que obtuvo el Premio Casa de las Américas En un par de horas lo leí, y lo releí una y otra vez Horas más tarde, cuando el atardecer era anunciado por cientos de jilgueros que volaban de ida y vuelta sobre los árboles que rodean esta impresionante biblioteca, salí y me di cuenta de que el tiempo había transcurrido implacable para todos los guatemaltecos; yo tenía muchos años fuera del país, y esta lectura me devolvía de golpe sobre las rutas de aquellos cielos de hermosos celajes y matices, únicos en el mundo y que podíamos apreciar en el valle de Santa Cruz del Quiché, región donde efectué de joven mi servicio social como médico
Mario Payeras murió el 16 de enero de 1995 en la Ciudad de México, de un infarto Nunca lo conocí; nunca tuve el agrado de estrechar su mano; sin embargo, uno de mis deseos era visitar algún día su tumba y, junto con todos mis hijos, llevarle el ramo más grande de hortensias que pudiera encontrar para adornar el lugar, donde, según las últimas publicaciones, un jaguar duermevela al insigne patriota guatemalteco
En febrero pasado, la tumba de Mario Payeras en Chiapas fue saqueada; creo que estaba enterrado en Tuxtla Gutiérrez Quizá por medio de esta carta en Proceso logre hacer entrar en razón a aquel o aquellos que cometieron semejante infamia
Los restos de Mario Payeras no pertenecen a nadie; éstos, donde se encuentren, abonarán la tierra; pero el pensamiento de Mario Payeras pertenece a todos, y éste último nunca podrá ser allanado, violado y robado, pues permanecerá vivaz, perenne, invariable, continuo, incesante y sin intermisión en todos aquellos que trabajamos por la paz y la justicia en el mundo
Donde te encuentres, Mario, te llegarán mis hortensias
Atentamente
Doctor Otto René Hernández García
Ciudadano canadiense