El escritor, en su crónica sobre su visita a Chiapas: “Los zapatistas transformaron a centenares de miles en sujetos de la historia”
Régis Debray subraya la advertencia del “profeta” Marcos: “Si desaparecemos, sólo quedará la violencia, una Yugoslavia en el sureste mexicano”
Régis Debray y Anne Marie Mergier
En vísperas de la publicación de su obra más reciente, Alabados sean nuestros señores, unánimemente elogiado por la crítica gala, el escritor Régis Debray viajó a México, donde pasó diez días, del 11 al 21 de abril pasado
Invitado por el subcomandante Marcos, Debray recorrió Chiapas y pasó dos días con el líder zapatista, con quien sostuvo largas pláticas
De regreso al Distrito Federal, el escritor tuvo también la oportunidad de conversar con destacados intelectuales y políticos mexicanos
Debray cuenta ese viaje en una crónica densa en la que no se limita a describir lo que vio, oyó, descubrió en Chiapas Va más lejos: a lo largo de su relato reflexiona “en voz alta” y llega a preguntarse si “esos mexicanos no estarían inventando un nuevo realismo (), una tercera vía que escape a la verborragia radical y a la resignación demócrata realista”
Con el acuerdo del autor y de Le Monde, esta crónica se publica simultáneamente en Proceso y en el vespertino francés
PARIS- Un llamado de cuerno a lo lejos, en plena noche Así corren las noticias, de pueblo en pueblo, de valle en valle, sobre largos sonidos de trompas Marcos y el siempre burlón mayor Moisés, sentados bajo la ceiba, se consultan con la mirada A un metro de ellos, no distingo sus ojos Segundo bramido La campana de La Realidad empieza a tañer La Realidad, el pueblo-campamento tojolabal donde charlamos en la nostalgia, debajo del árbol enorme Lucecitas móviles de linternas de pilas que se prenden, ruidos de motores, faros por el lado del retén (el puesto de control, a la entrada de la aldea) El dirigente indio, ansioso, se pone de pie; la pequeña escolta de insurgentes se forma en medio-círculo ¿Incursión?, ¿acción de comando? A los dos minutos, regresa Moisés Falsa alarma Sólo era un jeep de la Cruz Roja que traía de vuelta el cuerpo de un niño víctima de anemia Se llamaba Francisco, tenía nueve años Su familia lo había llevado tres días antes al centro de salud, a unos diez kilómetros, en la orilla de la zona zapatista Lo sepultarán aquí El maíz escasea, la desnutrición cunde en las comunidades Un niño murió esta mañana ¿A quién le importa, si nunca nació? Entre la mayoría de los indígenas de Chiapas, a falta de registro de estado civil, no hay actas de nacimiento; luego, tampoco, actas de defunción Se entierra así nomás La rutina
¿Por qué entonces esta repentina tensión y estos tintineos de armas en la explanada donde vagan perros y gallinas, en medio de coquetas cabañas de techos de paja o de lámina? Es que la Seguridad del pueblo detectó, estas últimas semanas, uno o dos intentos de infiltración de civiles armados No es seguro que el gobierno quiera, hoy en día, agregar al mito el martirio Circunscribir y dejar que se pudra, calcula, le perjudica menos que liquidar Quedan las guardias blancas, los sicarios de los grandes propietarios No es difícil imaginar que los latifundistas darían mucho por acabar con Marcos Incluso sería, en abstracto, la solución más económica, sólo con disfrazarla de ajuste de cuentas entre jefes, o de oscura historia de narcos
Sobre Chiapas zapatista, lo primero que hay que decir es esto: el invitado va a encontrarse con el subcomandante y, sorpresa, encuentra a los indígenas Tzotziles, choles, tzeltales, tojolabales, zoques, mames, antiguos zombis convertidos en ciudadanos cabales, con o sin paliacate rojo en la nariz Rebeldes anónimos, organizados por comunidades enteras, sobre varias decenas de miles de kilómetros cuadrados, desde las altas tierras frías de San Andrés, que recuerdan un paisaje de Auvergne, hasta las asfixiantes espesuras de la Selva Lacandona, que evocan Amazonia húmeda Un territorio mitad Suiza y mitad Trópico Una población con su administración, sus milicias, sus salvoconductos, sus reglamentos Sus municipios, sus ejidos (tierras comunales), sus milpas, sus anfiteatros de madera edificados a cielo abierto para los grandes encuentros, llamados Aguascalientes (nombre de la Convención revolucionaria de 1914) Sus gallinas, sus caballos y sus vacas Uno se espera una guerrilla, y se tropieza con un pueblo (en este caso, un mosaico de comunidades) Desde Nueva York, París o incluso “Mexico-City”, se ve a los hijos de Zapata por el hoyito de las cámaras: un Zorro con pasamontañas negro, gorra de tres estrellas, chaquetón café, cananas cruzadas, mochila, pipa estilo Che (¿por qué esas botas rotas y esa gorra mal remendada? “Es más escenográfico”, me contesta con un guiño) Falta el sustrato: el mundo maya, con su memoria, sus lenguas, sus vestidos, sus ceremonias Con sus heridas, su hambre, su esperanza nueva Y eso lo cambia todo “Marcos” es el interfase Los medios, que personalizan por obligación, sólo registran el “afuera” occidental, cuando la vedette simbólica saca su fuerza y sin duda su estilo, sus fábulas, sus personajes, de un “adentro” asiático y oculto
¿Guerrillero o superstar? Ni lo uno ni lo otro Un militante inventivo El EZLN no es —ya no o no todavía— una guerrilla (si bien así empezó, hace diez años, conforme al modelo elitista del foco, la vanguardia armada) Se convirtió en la organización de autodefensa de unos centenares de miles de excluidos (de tres millones de habitantes en Chiapas, un millón son indígenas) Y el Sub no tiene la publicidad por fin, sino por medio Los medios, para él, son la guerra de Clausewitz en papel periódico: lo político prolongado por otros medios Le asestó golpes al establishment, quien se los devuelve con creces; todo normal Si eligió por arma lo impreso y por interlocutores, al principio, cuatro órganos de la prensa escrita, también peleó contra la tele y los medios masivos, ridiculizando, humillando, a los más poderosos, a los oficiales; y la factura se cobra Cuando le digo que se habla de Chiapas, en un gran diario parisino de la tarde, como de la cita de boga del red-set internacional con un Marcos intentando vanamente posar para Toscani, suelta la carcajada frente a la calumnia “Ni modo, la guerra es la guerra”, murmura, alzando los hombros
—Te van a convertir en atracción turística Un poco chafa, ¿no?
—¿Y qué? ¿Zapatur? Ni modo Marcos pierde imagen, pero los indígenas ganan seguridad Es lo que importa Tendrán más probabilidad de comer, y menos amenazas encima Así que bienvenidos los famosos Necesitamos aguantar hasta la temporada de lluvias Un mes más y estamos salvados hasta el año que entra
Las lluvias empiezan a fines de mayo Convierten en lodazales los caminos, vueltos casi intransitables, e impiden sobre todo que operen los comandos heliportados (el helicóptero es la única amenaza seria, de la que los campesinos no tienen tiempo de avisar a los insurgentes, como lo hacen con todo desplazamiento por tierra) Cuando una “personalidad” sube a La Realidad, arrastra consigo a unos periodistas y disuade, por si acaso, toda incursión militar Danielle Mitterrand, de paso por México, anunció su llegada a esta región, adonde su fundación manda fondos para alimentos y medicinas Marcos se alegra de ir a recibirla y darle las gracias Será una foto en la prensa nacional; por lo tanto, un respiro y una grieta en el cerco informativo El maíz, esa es la prioridad Expulsados de sus pueblos de origen o de sus parcelas por la penetración del Ejército, los campesinos sufren cada vez más para sembrar y cosechar; para “juntar leña”, combustible fundamental y material básico de construcción Los militares, me explica el Sub, tratan de comprarlos ofreciéndoles harina para las tortillas, frijoles, leche, por su apoyo Los indígenas zapatistas se niegan Puede dar hambre, la dignidad
¿La guerra de imágenes? Más que una metáfora Cada lado filma al otro A las diez de la mañana, cada tercer día, una columna de vehículos blindados atraviesa lentamente La Realidad, por el camino central de terracería Pretexto: llevar víveres al campamento militar de San Quintín, más allá del río Euseba A la cabeza y al final de la columna, un soldado con casco maneja una cámara de video Y simpatizantes zapatistas, médicos o trabajadoras sociales, les sacan fotos, en espejo Así fue, me cuentan, como un día se descubrió a un asesor militar norteamericano, trepado en un half-track Esta falta de gusto, testimonio de por medio, no se repitió
Las leyes y garantías constitucionales —incluyendo la libertad de ir y venir— siguen vigentes Un puesto de policía, en Las Margaritas, controla la identidad de los viajeros, les toma fotos, pero sin particular agresividad No se esculcan los coches Entre brutal y campechano No se trata de una “República liberada”, sino de una especie de Estado dentro del Estado, al que este último cerca y quisiera, sin duda, ahogar, pero cortésmente, sin estridencias inútiles De momento, el equivalente en superficie a dos o tres Córcegas está tranquilo, a pesar de las intimidaciones a las que se dedican, de repente, los soldados Hay más muertos en los vecinos estados de Guerrero o Oaxaca que en esta zona de combates virtuales Relación de fuerzas obliga Desde 1988, en todo el territorio mexicano, se registraron 421 asesinatos de militantes de izquierda
Estado de derecho de baja intensidad, México dejó de ser dictadura, sin ser una democracia Chiapas no está en guerra, tampoco en paz Los insurgentes ni son una banda clandestina ni un partido con registro Las armas están para animar la negociación, después de hacerla posible Las autoridades ahora dialogan con transgresores de la ley que persiguen por otra parte El enlace entre el secretario de Gobernación y los insurgentes, Javier Elorriaga, fue detenido en la ofensiva militar de febrero de 1995: lo acaban de condenar a trece años de cárcel Unos indígenas muchas veces iletrados tienen por asesores e invitados, en la mesa de negociación, a la crema y nata de la inteligencia universitaria (antropólogos, historiadores o juristas) Guerrilleros que intentan no disparar un solo tiro, Ejército que ocupa la zona pero esquiva el enfrentamiento En este cara-a-cara, se compite a ver quién no rompe la tregua Aquí, el primero que dispare perderá, porque la batalla es psicológica antes que militar
Para un revolucionario, aquél entre-dos es una situación para nada cómoda Encierra a Marcos en el ingrato dilema de verse, o criminalizado si reanuda el combate (que una sola vez estalló, cuando, el 1¼ de enero de 1994, día de inauguración del Tratado de Libre Comercio con los vecinos del Norte, el EZLN ocupó las grandes ciudades del estado; cincuenta muertos) o folclorizado si se queda con las armas calladas Satanizado por asesino, si contesta la presión militar disparando; ridiculizado por bluff, si responde replegándose ¿Cómo salir de la trampa? Saliendo del perímetro, nacionalizando más y más el juego La segunda ronda de negociaciones ya no trata de cuestiones indígenas, sino de la estructura del régimen Programa explosivo del que los zapatistas fueron el detonante
“Chiapas —me dirá Manuel Camacho, exsecretario de Relaciones Exteriores, nombrado por el presidente de entonces, Carlos Salinas, para alcanzar la paz después de la insurrección del 1¼ de enero de 1994— Chiapas es el laboratorio de la democratización del país” Apoyado en la opinión, Camacho consiguió conjurar lo peor La línea dura del PRI, el partido de Estado, quería la guerra sin frases Diez años antes, el joven Camacho, entonces alto funcionario, había preparado un proyecto de reforma agraria para Chiapas Frente a la presión de los caciques, el Señor Presidente de entonces enterró discretamente el plan de reformas Resultado: el estallido
Marcos trae la historia de México metida en la sangre Curioso libertario que piensa como patriota, manda en un ejército jerarquizado, y reacciona en términos comunitarios, no individualistas Pues el zapatismo nuevo, restando la rusticidad del prócer, es la misma ecuación que el antiguo: el Evangelio más el sarape, la tradición bíblica de los misioneros más la tradición agraria de los indios desarraigados, y la suma al servicio de una religión de la patria Como en 1910, la restitución de las tierras y la expulsión de los mercaderes del templo conforman las dos aspiraciones mayores de la sublevación La huella religiosa es obvia hasta en el puritano y disciplinado ordenamiento de los lugares de arraigo, islitas de orden con algo, por lo menos en La Realidad, de las “reducciones” jesuitas del Paraguay Los regalitos personales están prohibidos; da y recibe sólo la comunidad Remedio preventivo de la corrupción Se reconoce a un pueblo zapatista, entre otras cosas, en que no hay niñitos pidiendo en las calles, mientras en Chamula, todavía bajo control de los caciques tradicionales, parvadas de niños limosneros, descalzos y harapientos, asedian al visitante Prohibido el alcohol La droga también, ni se diga Nada de desnudez Acceso separado, para hombres y mujeres, al río donde uno se baña al anochecer, al lado de los caballos Cada uno tiene que lavarse, quién en calzones, quién en fondo y brasier Todo lo cual queda estipulado en letreros y flechas en profusión Hay una iglesita para la comunión del domingo Una enfermería, una escuela Galpones con hamacas Altarcitos en las paredes de las casuchas, en los que la Virgen de Guadalupe convive con una estampa de Zapata Comida frugal: frijoles y tortillas Sin luz eléctrica En la noche, se escuchan canciones a coro, bajo los árboles, antes del sueño profundo de los inocentes Ecologistas y corazones puros se sentirán en casa en esos linderos de la Selva Lacandona Un campo de vacaciones ideal Por lo menos, mientras se mantenga a raya al Ejército, pues cada nuevo campamento militar trae tras de sí las impurezas que el evangelismo un tanto marcial de los insurgentes intentó circunscribir: mariguana, tequila y prostitución
En la fachada de la casa diocesana de San Cristóbal, que fue sede episcopal de Bartolomé de las Casas, el defensor de los indios en el siglo XVI, todavía se distinguen las salpicaduras de huevos y frutos podridos disparados por los “coletos” enfurecidos, los antizapatistas locales Don Samuel Ruiz, el obispo de San Cristóbal, tiene guardaespaldas El obispo “rojo”, mal señalado en el Vaticano, lleva 36 años aquí Antes de la toma de la ciudad por los zapatistas, el gobierno había pedido que Roma lo sustituyera, hasta que se dio cuenta de que era el hombre más adecuado para fungir de mediador entre el Estado y los insurgentes, dado su prestigio entre los indígenas Hoy, está en un consejo episcopal Me recibe su vicario, el dominico Gonzalo Ituarte; 12 años de presencia en las comunidades En el despacho-sacristía, retratos de antiguos obispos, uno de Juan XXIII, ninguno de Juan Pablo II (falta de espacio, probablemente) Hablamos de la guerra civil fría, de las acusaciones de la oligarquía local en contra de la Iglesia, de los primeros incidentes, en la celebración del Quinto Centenario, cuando la estatua de un conquistador fue derribada, en una plaza de la ciudad, por los manifestantes indios “No estoy de acuerdo con la lucha armada —me dice—, pero entiendo sus motivos Los zapatistas luchan por lo mismo que nosotros Si razonara como teólogo, diría que es una ‘guerra justa’ La situación social ya no se toleraba Pero ¿qué es una insurrección justa, si se extermina a todos? Mire Guatemala: 150 mil muertos en veinte años Y 50 mil refugiados aquí” Ninguna señal de desánimo en este hombre jovial y alerta que se atiene a la comunión de los mártires y los santos y piensa que “la vida, como el Espíritu, siempre termina triunfando”
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A la mañana siguiente de una recepción calurosa y espectacular en la entrada de La Realidad, cita acostumbrada de las visitas, Marcos y los suyos vienen a sacarme de una hamaca reparadora y salimos a caballo rumbo a la selva Una horita de trote por cerros medio pelones Hasta un campamento en un claro, limpiecito y camuflado, que me hace recordar el de Nancahuasú, 30 años atrás Ensordecedor chirrido de grillos e insectos Centinelas alrededor El comandante Tacho, miembro del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, nos alcanza Nos ponemos a hablar de lo humano y de lo divino, como se dice en español, de las relaciones humanas y también religiosas en las comunidades Tacho es católico, pero no hay que tomarlo en cuenta La laicidad es la condición previa para evitar enfrentamientos interétnicos y mantener la unidad Dicen cómo el Ejército intenta dividir para reinar, oponiendo tal sector, tal credo, a tal otro Marcos, que tiene el habla clara y veloz, sin lirismo, escucha mis objeciones mientras chupa su pipa con aire meditativo Cuenta cuánto le asombró la solidaridad internacional y cuánto lo decepcionaron los ataques de los antiguos revolucionarios de Centroamérica, salvo los guatemaltecos; lo difícil que resulta querer pertenecer a todos y a ninguno, en el juego de exclusiones mutuas de la izquierda internacional, y la importancia del oxígeno exterior para la causa indígena, necesario para alejar todo riesgo de repliegue fundamentalista o étnico ¿No podría Internet dar alas tecnológicas al internacionalismo de antaño? “Los simpatizantes, sí, pero yo no puedo usarlo personalmente Con la detección por satélite, tendría una bomba encima a los ocho minutos” El checheno Dudaiev no tuvo tal cautela “Al principio —resume Marcos—, creíamos que no íbamos a durar nada; después, descubrimos que no éramos sino un síntoma, una parcela de un movimiento mucho más amplio que nosotros, incluso en el extranjero” Hace unos meses, pese al boicot informativo, millón y medio de mexicanos de las ciudades contestaron el referéndum sobre las salidas que debe darse a la rebelión
¿Qué haría falta para que depusiera las armas y se quitara el pasamontañas? ¿Cuándo considerará alcanzada su meta de guerra? “El día —contesta— en que todo indígena goce de los mismos derechos que un blanco en cualquier parte de la República; el día que haya terminado el sistema de partido de Estado, y que elección haya dejado de ser sinónimo de fraude Hoy, a un opositor lo compran o lo matan Eso es lo que debe cambiar” “Falta harto”, le señalo ¿Aguantarán hasta entonces? “En el peor de los casos, regresamos a la selva Ya resistimos diez años Podemos volver a las catacumbas otros diez años, o más El régimen nos subestima en lo militar Nos conviene Por lo demás, es cierto, hay desgaste Pero ellos se desgastan también, y más rápido Aquí todo el mundo es vulnerable, pero nosotros un poco menos que el gobierno, éste o cualquiera El tiempo juega a favor nuestro No hay cambios a la vista en la situación económica No cabe duda, vamos a ganar El único problema —agrega con una carcajada— es que no tenemos la menor idea de qué hacer después”
Extraña alianza de confianza en sí mismo y humildad programática Marcos, que nunca pierde una oportunidad de burlarse de sí mismo, no da la sensación de estar engreído Lo cual tiene su mérito para quien alcanzó en vida algo de esa leyenda que rodeó al Che a título póstumo Este errante recibe por todas las vías un correo de presidente, que obviamente no puede contestar, y que le toca quemar en los momentos de peligro Hay de todo Cartas de detenidos de los cuatro vientos pidiendo que los venga a liberar (abrió cárceles de Chiapas, en los días de la insurrección) Cartas de autores dramáticos que no consiguen que se pongan sus obras, de aprendices de novelistas en busca de editores, de reformadores sociales que buscan un hermano en paranoia También, más en serio, de la viuda y el huérfano La función de Robin Hood tiene sus peros, más cuando no hay secretarios Marcos, que pertenece a esa especie odiosa para los dormilones del montón, la de quien puede vivir con cuatro horas de sueño por noche, devora a conciencia, antorcha de pilas mediante, libros e impresos, como en los tiempos de antaño Hay atrasos que adelantan En una librería de San Cristóbal, el dueño, francés de origen, me comentó, a la vuelta: “Desde los zapatistas, la gente aquí ve menos tele Vienen a comprar libros Para mi negocio, pura ganancia”
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Llegar a la capital es como brincar de Orenoque a La Défense Chiapas pertenece al México norteamericano tanto como pertenece Guyana a la República francesa: misma bandera, otro planeta Las preguntas llueven sobre el visitante de regreso Estrategia, estilo, color de los ojos, alianzas, peligrosidad Adversario o amigo, nadie aquí le discute al movimiento el arte de nunca estar donde se le espera Sorprender, desestabilizar, quizás no baste para hacer una política, pero es suficiente para que ninguna política pueda hacerse sin él
¿Vieja izquierda dogmática que resurge tal cual de los escombros? ¿Semilla de Fidel cuya capucha oculta un autoritarismo sectario? ¿Ingenioso manipulador de masas indígenas regimentadas? ¿Virtuoso de la sociedad del espectáculo? ¿Clásico caudillo, refrescado por el humor posmoderno y la lectura de Cortázar? O acaso ¿primer representante de un posible post-caudillismo? Todo eso da para controversia
“Me asombra, para bien y para mal”, me confía Octavio Paz, a quien, sin embargo, los césares revolucionarios no inspiran cariño alguno, como tampoco las ingenuidades de izquierda “El lado espectacular me irrita un poco, pero es admirable su capacidad de establecer vínculos bastante profundos con los grupos indios Lo que quisiera yo es que entre a la vida política y ayude a la transición democrática” Dejo la acogedora biblioteca del gran poeta historiador para ir a una cena entre amigos Ahí, Carlos Fuentes no se muerde la lengua: “Es un gran tipo, punto y aparte Cambió la historia de este país Lo aprecio, lo admiro, y lo digo” Desembarcando de su descabezada Colombia, donde los terroristas no son los únicos en imaginarlo en supremo recurso y presidente de transición (“Ni hablar, si me presento serían capaces de elegirme, una auténtica catástrofe”), García Márquez sonríe sin opinar: Marcos es colega por la mano izquierda, pero un colombiano no se puede meter en los asuntos interiores mexicanos
“Desde luego, la personalidad más interesante de este país (que cuenta con muchas, pienso yo in petto) —agrega Julio Scherer, el decano del periodismo mexicano— También fue, en su momento, la más importante, pero el aura se derrite y la historia puede cambiar de caballo Las cosas van de prisa” “Dejó pasar su hora, lástima”, refrenda a su vez Jorge Castañeda, analista respetado y político de centro-izquierda “No me quiere; a mí, sin embargo, me cae bien —exclama Porfirio Muñoz Ledo, chispeante presidente del partido de oposición de la izquierda legal, el PRD— Si se deja aislar del país real por la pequeña izquierda radical que se convirtió en su Corte, será una gran pérdida para México” Otros invitados entran al ruedo; la noche va para largo Esta ciudad intensa no es para dormilones
México 1996 Fin de reino, fin de régimen, fin de una época El más viejo partido de Estado del mundo, creado en 1929, duda en voltear la hoja Los Estados Unidos observan, preocupados, su frontera sur, con los millones de braceros hambreados por la crisis que empujan tras las alambradas De los dos países, ¿cuál conquistará al otro? ¿Cuál, de las dos culturas, le ganará a la otra? A largo plazo, el juego está abierto Por lo pronto, es inocultable el callejón sin salida: un gobierno que ya no gobierna nada, o casi; ciudades pequeñas que entran en disidencia; la calle que reclama, pide cuentas; tecnócratas educados en Yale o en el MIT que alinean números en el papel, y en Marte De todos lados, un nuevo pacto social pugna por nacer Algunos anuncian una tormenta; otros, una lenta pudrición
“Bienvenido al infierno”, le espetó el Sub al nuevo presidente después de la elección Cuando me acogió, en medio de la Comandancia Zapatista a caballo, con el sentido del brillo que lo caracteriza, el profeta cinéfilo me tomó del brazo y me llevó a ver, del otro lado de un barranco, un cuadrado de selva en llamas: los campesinos tojolabales desmontan quemando “La vida es cruel, ¿no crees? Tiene que pasar el fuego para que vuelva a crecer el maíz No puedes construir si no empiezas destruyendo” Me cruza por la cabeza que el cultivo de roza y quema agota la tierra y devasta los mejores bosques, pero, finalmente, quien conoce el terreno es él No digo nada y contemplo, en la noche, la llamarada de esta metáfora de Apocalipsis
“No queremos una revolución impuesta desde arriba: siempre se vuelve contra sí misma No somos una vanguardia No estamos aquí para cerrar, sino para abrir el juego —me repitió en su campamento— Nuestra meta: darle la palabra a la sociedad civil, en todas partes, de todas las maneras, en todos los frentes Ni somos los únicos ni somos los mejores No tenemos la verdad; tampoco respuestas para todo Con sólo despertar las buenas preguntas, nos damos por satisfechos”
Este “A ustedes ahora les toca” contrasta con 50 años de vanguardia autoproclamada Tomar las armas, pero preferir la estimulación por encima de la confrontación: primera originalidad Plantarse como fuerza nacional sin pretender el poder del Estado, sin apetencia por las funciones de diputado, gobernador o presidente: segunda paradoja “La política de otra manera” Es desconcertante, irritante, problemático Pero capaz de involucrar, más allá de las fronteras mexicanas, a todo aquél que está expuesto a los amargos enredos del ejercicio del poder y la voluntad de justicia
Propio de las comunidades indígenas —huella asiática— es que el poder sube, va de abajo para arriba Este culto al consenso, este “todos juntos o nada”, destiñó al puñado de guevaristas a la antigua, verticalistas y seguros de su verdad, que se sumieron, en 1984, en lo desconocido Aquellos blancos venían a convertir a los indígenas a la Revolución, como sus antepasados, antaño, al Evangelio; he aquí que los convirtieron los indios, a ellos, a otro concepto distinto del mundo, horizontal y humilde Los primeros trajeron de la ciudad el sentido del individuo, de la nación, y más allá, del ancho mundo; los autóctonos dieron el de la armonía, del referéndum permanente, de la escucha Cada elemento se desconstruyó y reconstruyó en el encuentro con el otro Este mestizaje de dos microcosmos hizo progresar a los dos El zapatismo es el exacto opuesto, y puede que el antídoto, del peruano Sendero Luminoso “Si llegáramos a desaparecer —insiste Marcos—, entonces sí, sólo quedaría la violencia, salvaje y sin esperanzas Yugoslavia en el sureste mexicano El Estado federal se quedaría sin interlocutor, sólo con enemigos” Esta disidencia recelosa cumple, muy probablemente, un papel federador y constructivo Vuelve a soldar al cuerpo nacional lo que de otra forma amenazaría con separarse, si no es que hacerlo estallar
A un rebelde de los confines, lo despachan siempre con un apodo cortafuego: “romántico” El hombre del pasamontañas tranquiliza por su lado terrenal, con el sentido del detalle práctico para atemperar la indispensable megalomanía (hacía falta, imagino, para soportar la “larga travesía del dolor a la esperanza”, once años de zancudos, frijoles y trabajo clandestino, una década con los pies mojados, sin chocolate ni ruedas de prensa) “Y ahora, ¿la orden del día? —Ganar, me contesta— Y conseguir maíz”
Ninguna retórica en este poeta; si habla sin reparo de la muerte, no parece dotado para el suicidio; un pie en la larga duración indígena, el otro donde los hombres apurados de la megalópolis Difícil, este puente estirado entre la memoria y las urgencias ¿Cuál le ganará al otro: el tiempo largo de los mayas o el tiempo breve de los yuppies? Hamlet, That is the question Las culturas orales tienen ritmo lento, no se escatima el tiempo de deliberar, escalón por escalón En tierra zapatista, desasosiego de los urbanos apurados, siempre hay que esperar, bajo la lluvia o el sol; los indígenas consultan y dejan pasar las horas con sonriente indiferencia
Negarse a los juegos y delicias del poder, a semejanza de una izquierda de testimonio, contestataria y moral, sin dejar de darse a la vez los medios de la fuerza, a semejanza de una izquierda voluntarista y sin ilusiones: una apuesta insólita Para manejo de la disidencia y digestión de los opositores, el sistema político mexicano es el primero del mundo (Si el PC soviético hubiera mandado una misión de información a estudiar el Partido Revolucionario Institucional, sin duda estaría todavía en pie la Unión Soviética) No hay hoja de acero que no se derrita en este estómago Los insurgentes lo saben El ni-ni zapatista (ni guerrilla ni partido) puede leerse como una manera de escapar de la prueba de la realidad y las responsabilidades Pero mejor sería preguntarnos si esos mexicanos no están inventando un nuevo realismo Un modo bastante bueno de no apagar el fuego de la rebeldía bajo cenizas de Estado Asumir hasta el final la función tribunicia de defensa de los oprimidos, pero a través de su poder de obstrucción y del despliegue de cierta capacidad de escalar a los extremos, y no sólo con desfiles en las calles Un equivalente de la disuasión del débil hacia el fuerte ¿Una tercera vía que escape de la verborragia radical y la resignación demócrata-realista? Localmente, funcionó Sin prometer la luna, los zapatistas movilizan Transformaron a centenares de miles de hombres-objetos en sujetos de la historia Eso, por lo menos, iba yo pensando al observar con qué orgullo nos miraba, cerca de Oventic, en Los Altos, un miliciano de 16 años, quien, perdido en la bruma, con pasamontañas y uniforme, vigilaba, estoico y firme, con sus compañeros, la entrada de Aguascalientes III, uno de los lugares edificados por los indígenas para recibir a los miles de extranjeros que esperan este verano para el encuentro “entre galaxias, contra el neoliberalismo” Después de hacernos esperar una hora detrás de unos alambres, en lo que iba a consultar por radio a los mandos (cosa de estar seguro que había acuerdo general para dejarnos pasar al sagrado recinto), nos hizo visitar el resultado de varios meses de trabajo a mano limpia: las cocinas, los comedores, los dormitorios colectivos, todo en empalizadas de madera cortada ahí mismo y, recostado sobre el cerro, un anfiteatro de gradas de tablones alrededor de un amplio terraplén de tierra apisonada (El equivalente del primer Aguascalientes que destruyó el Ejército, hace un año, en Guadalupe Tepeyac) “Los militares tienen una semana buscando el enfrentamiento con nuestras fuerzas Pero dimos nuestra palabra y respetaremos el cese al fuego”, nos declara, mirando de frente Nuestras fuerzas, nuestra palabra: los ojos del adolescente resplandecen de orgullo
México cuenta con cien millones de habitantes, de los que sólo quince son indígenas Los insurgentes, si no quieren pudrirse en pie, tendrán que multiplicar pasarelas entre márgenes y mayorías, clandestinos y legalistas Un sencillo “¡Despistados de todos los países, uníos!” no bastará para derrocar al neoliberalismo del día
Los zapatistas no pretenden tener la clave del enigma; el zapatismo no es una doctrina Pero en San Cristóbal, en el mercado indio, un corrido repite a todo volumen, en una radiocasetera: “Marcos es toda la gente, Marcos es un camarada”
“El final de las utopías” no era pues la rendición Sino el regreso a lo esencial: la resistencia








