Con todo y sus carteras vencidas, pasan poco a poco a manos de instituciones extranjeras
Para salvar a los bancos, el gobierno lo ha intentado todo y todo ha fracasado
Carlos Acosta Córdova
La banca eficiente y competitiva, palanca del crecimiento económico, que se imaginó el gobierno al reprivatizar 18 bancos comerciales, está convirtiéndose en un verdadero fracaso: nada detiene su hundimiento
A los más de 126,000 millones de pesos que ha gastado para salvarlos de la quiebra —pero que deberá pagar la sociedad entera—, el gobierno se dispone a agregar otros 20,000 millones: en breve anunciará un nuevo programa de apoyo a deudores hipotecarios que, víctimas de la inflación, están cayendo otra vez en la incapacidad de pagar
No hay dinero suficiente que levante a la banca Y lo peor: al deterioro en la calidad de sus activos, la falta de liquidez, la capitalización insuficiente y sus perspectivas de rentabilidad poco halagüeñas, la banca debe sumar no pocos hechos que la hacen vivir el peor de sus momentos
Entre ellos: el descrédito que le costaron los escándalos financieros y los fraudes de algunos neobanqueros, ahora ex —Carlos Cabal Peniche, de Cremi y Unión, y Angel Rodríguez, de Banpaís—; la incapacidad para preservar el control de las instituciones por parte de mexicanos; la imposibilidad para cumplir su tarea fundamental, prestar dinero; sin manera de frenar el crecimiento espectacular de la cartera vencida, y, más recientemente, las severas acusaciones en su contra de la agencia antinarcóticos de Estados Unidos, la DEA, de que en los bancos mexicanos se lava dinero del narcotráfico
Por si fuera poco, la banca misma y el gobierno han propiciado un fortalecimiento de las organizaciones de deudores, encabezadas por El Barzón, que continuamente dan muestra de su capacidad de movilización y día con día ganan cientos de adeptos en todo el país
Mal, como nunca en la historia económica reciente del país, está la banca El propio dirigente de los banqueros, José Madariaga Lomelín, dijo hace poco que la banca mexicana ha vivido estos meses “en esa orilla de la crisis que llamamos ‘límite de subsistencia'”
No es para menos:
—La cartera vencida, que no llegaba a los 20,000 millones de pesos a finales de 1992, año en que concluyó la reprivatización, ronda ahora los 160,000 millones de pesos; al inicio de la crisis desatada por la devaluación de diciembre de 1994, la cartera vencida era de 53,500 millones
—El índice de morosidad aumentó casi cuatro veces en los últimos tres años
—Prácticamente todos los bancos han tenido que ser socorridos por el gobierno, que ya ha gastado más de 120,000 millones de pesos —el triple de los 40,000 que obtuvo por su venta— para salvarlos de la quiebra
—Aun así, para muchos ha sido insuficiente el rescate gubernamental, de tal suerte que han optado por dejar en manos de bancos extranjeros buena parte de su capital: por ejemplo, el Banco Bilbao Vizcaya, de España, controla 70% del Grupo Financiero Probursa, de José Madariaga, y el Banco de Nueva Escocia, de Canadá, es propietario de 55% del grupo Inverlat, de Agustín Legorreta
—Para enfrentar su propia crisis, cada banco ha debido someterse a severos ajustes internos, que se han traducido en cierre de sucursales y en un espectacular despido de trabajadores: en tres años, más de 33,000 empleados bancarios se quedaron sin empleo
—A la caída abrupta en sus utilidades —”como negocio, la banca ha sido la peor inversión” y “hemos perdido muchísimo”, ha dicho reiteradamente Madariaga, presidente de la Asociación de Banqueros de México—, los bancos y los banqueros deben agregar una permanente mala imagen “Usureros” y “agiotistas” los llaman las organizaciones de deudores que se han formado en todo el país Pero, sobre todo, los sonados casos —de deshonestidad, fraude, corrupción— de los bancos Unión y Cremi, de Cabal Peniche, y Banpais, de Rodríguez, han puesto en duda la calidad moral y la experiencia financiera de los nuevos banqueros
“La peor crisis de imagen”, como dice el propio Madariaga
Más aún, en plena resaca por la crisis financiera desatada con la devaluación de diciembre de 1994, y ante la insuficiencia del rescate gubernamental, a los bancos mexicanos no les va quedando más remedio que dejar en bancos extranjeros buena parte de su capital
Al expediente abierto el año pasado por los bancos Probursa y Bital —que dejaron en manos de instituciones crediticias extranjeras 70% y 20%, respectivamente, del capital de sus grupos financieros—, se agregaron este año el segundo y el cuarto bancos comerciales más grandes del país: desde el 15 de febrero, Bancomer —de Eugenio Garza Lagüera— dejó en manos del Banco de Montreal 16% de las acciones de su grupo financiero, y también en la misma fecha, Inverlat —de Agustín Legorreta— tuvo que ceder 55% de su grupo al Banco de Nueva Escocia
De hecho, Probursa, desde hace un año filial del español Banco Bilbao Vizcaya, sentó el precedente de que un banco extranjero entrara al país con un porcentaje superior al nacional El Tratado de Libre Comercio establecía que sería hasta el año 2000 cuando la apertura en esa parte del sector financiero sería total Sin embargo, ante los problemas de liquidez en el país, producto de la crisis posdevaluatoria, el gobierno del presidente Ernesto Zedillo decidió, en febrero de 1995, introducir reformas al marco legal para que, con el propósito de contribuir al saneamiento, capitalización y competitividad del sistema financiero mexicano, bancos extranjeros puedan adquirir instituciones nacionales
El segundo caso en que un banco extranjero se queda con la mayor parte del capital de un banco mexicano es el de Inverlat y el Banco de Nueva Escocia
El hecho probó que la crisis financiera desatada por la abrupta devaluación del peso en diciembre de 1994 no respetó ni a los banqueros de prosapia, con sobrada experiencia en el ramo
Es el caso de Agustín Francisco Legorreta Chauvet, quien había presidido y dirigido el Banco Nacional de México de 1971 a 1982 En febrero de 1992 ganó la subasta por el Multibanco Comermex (hoy Inverlat) —duró, pues, casi diez años sin banco—, pero cuatro años después volvió a quedarse sin el control de institución crediticia alguna: 55% del capital del grupo financiero Inverlat es propiedad del banco canadiense
A eso tuvo que llegar Legorreta, con toda la experiencia en el sector financiero Pero otros, más dedicados a la especulación, hasta perdieron el banco, como Cabal Peniche y Rodríguez, ambos prófugos de la justicia
Los casos más recientes en que instituciones extranjeras llegan y adquieren parte del capital de bancos mexicanos, son Banorte y Serfin El 24% de las acciones del Grupo Financiero Banorte está en manos de 35 fondos de inversión estadunidenses e ingleses; la última semana de marzo, el exsecretario del Tesoro estadunidense Nicholas Brady compró 25% de las acciones del grupo
Por su parte, Serfin anunció la semana pasada que próximamente venderá a algún banco extranjero entre 16% y 20% de su capital Será esa una medida adicional a la decisión de vender parte de su cartera crediticia a Fobaproa, por un monto cercano a 20,000 millones de pesos
Por cierto, en poder total de Fobaproa están Cremi, Unión y Banpaís, y serán vendidos este año una vez que estén suficientemente capitalizados y reestructurados
Otros bancos intervenidos —más por deficiencias en su conducción y una débil capitalización, que por irregularidades fraudulentas— son el Banco Obrero, el Banco de Oriente y el Banco del Centro Este último está en proceso de ser fusionado con Banorte, del polémico Maseco, Roberto González Barrera
SIN SOLUCION
Arrastrada por la crisis, la banca no halla sosiego, y el gobierno del presidente Ernesto Zedillo no acierta a encontrar la fórmula para apuntalarla Desde su perspectiva, lo ha intentado todo, tras los primeros impactos de la crisis devaluatoria, que significaron, para los bancos, deterioro en su liquidez y problemas de solvencia:
—Para que las instituciones pudieran enfrentar eventuales pérdidas, modificó el marco regulatorio y estableció un sistema más estricto de constitución de reservas para créditos en problemas
—Puso en marcha el Programa de Capitalización Temporal (Procapte) para ayudar a aquellos bancos que por efecto de la devaluación y del nuevo marco regulatorio, vieron descender su coeficiente capital/activos por debajo del mínimo exigido La devaluación propició un considerable incremento en el valor, en pesos, de los créditos bancarios denominados en moneda extranjera
—Abrió una ventanilla en el Banco de México para que los bancos pudieran obtener créditos en dólares y se les facilitara el pago de sus obligaciones con el exterior
—Intervino instituciones bancarias para sanearlas, vía Fobaproa, lo mismo si su deterioro se debía a irregularidades fraudulentas o a una conducción poco eficiente De hecho, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) es propietario de buena parte de las acciones —cuando no del total— de los bancos Unión, Cremi, Banpaís, Obrero, de Oriente, del Centro, Interestatal e Inverlat
—Inyectó dinero a los bancos comprándoles parte de su cartera crediticia Fue tal la necesidad de recursos que el año pasado doce bancos se acogieron al programa y efectuaron ventas de cartera por más de 67,000 millones de pesos Según analistas del grupo financiero Serfin, hasta febrero pasado, Fobaproa había comprado 80,000 millones en cartera de los bancos Ese mismo grupo anunció la semana pasada que venderá en breve cerca de 20,000 millones, con lo que, sumado a la venta que hizo el año pasado, habrá dejado en manos de Fobaproa cerca de 25% de su cartera En total, al término de febrero, el fondo mantiene en su poder cerca de 13% de la cartera total de la banca Esto y la asunción del control total de algunos bancos es lo que se ha dado en llamar la “reestatización silenciosa”
—Estableció las Unidades de Inversión (UDI) —unidades de cuenta con valor constante, indexadas a la inflación— para denominar los créditos y evitar la amortización acelerada que provoca la inflación En principio, fue acogida con beneplácito la introducción de las UDI: el valor de los créditos denominados en esas unidades permanece prácticamente constante en términos reales, tanto respecto del principal como de los intereses Sin embargo, la elevada inflación del año pasado echó el gozo al pozo: por ejemplo, pagar una mensualidad de 1,000 UDI cuando fueron introducidas, significaba pagar 1,000 pesos; pero el viernes 3 de mayo para pagar 1,000 UDI había que sacar del bolsillo poco más de 1,500 pesos, pues el valor de una UDI era ese día de 1502327 pesos El año pasado se hicieron casi 146,000 reestructuraciones de créditos en estas unidades, lo mismo de deudas de estados y municipios, que de créditos empresariales e hipotecarios
—Se puso en marcha el Acuerdo de Apoyo Inmediato a Deudores de la Banca (ADE) con el propósito de disminuir el impacto de las alzas en las tasas de interés en familias y empresas medianas y pequeñas, de tal suerte que pudiera aligerárseles el pago de sus deudas El acuerdo, que prescribe en septiembre próximo, incluye reducciones en las tasas de interés, y plazos mayores, en créditos de tarjeta, créditos al consumo, empresariales, agropecuarios y de vivienda
Pero otra vez, sin embargo, la inflación y las tasas altas echaron por la borda los fines perseguidos: con todo y ADE y con todo y UDI, las deudas siguen siendo una pesada carga para personas y familias; la insolvencia se recrudece y las organizaciones de deudores aumentan su número y su fuerza
En todo 1995, el costo fiscal de los programas de saneamiento financiero —UDI, ADE, Fobaproa, Procapte, y apoyos a quienes invirtieron en autopistas concesionadas— fue de casi 91,000 millones de pesos Nuevas compras de cartera crediticia de bancos con problemas y nuevos apoyos a deudores hipotecarios incrementarán ese costo, en 1996, según analistas de grupos financieros, en otros 60,000 millones de pesos
Y por lo que se ve, el gobierno está dispuesto a eso y más En la convención bancaria celebrada en Cancún a mediados de marzo, el presidente Zedillo aseguró que su gobierno “continúa fuertemente comprometido con el fortalecimiento del sistema bancario, alentando sanamente su capitalización y estimulando su competitividad”
La razón: “Apoyar al sistema financiero no equivale ni a salvar el patrimonio de los accionistas ni a enriquecerlos”, sino a “respaldar a quienes depositan e invierten sus ahorros u obtienen créditos para sus tareas productivas o para satisfacer las necesidades de sus familias”, dijo Zedillo
Antes y después de la convención de Cancún, la generosidad del gobierno con los bancos —que no se ha correspondido con un real fortalecimiento de los mismos ni en una mejora sustancial en las economías familiares y empresariales— ha sido centro de las más severas críticas
Una de ellas, previa al encuentro de los banqueros, fue de Manuel Espinosa Yglesias, el viejo exbanquero, principal accionista de Bancomer hasta su nacionalización, en 1982, quien dijo públicamente que el apoyo del gobierno a los bancos es “injusto” y “denigrante”, pues favorecía a los hombres del dinero antes que al pueblo
Observador acucioso de lo que pasa en el sistema bancario, Espinosa Yglesias dijo, sin ambages, que “es inocente decir que no se ayuda a los banqueros La compra de cartera vencida es ridícula, ya que es cartera perdida y eso ayuda a los bancos”
Luego de la convención, y ante la inminencia del término de la tregua judicial incluida en el ADE —los bancos se comprometieron a no realizar actos y promociones de cobro en juicios civiles o mercantiles, “salvo los necesarios para conservar sus derechos”; eso, hasta el 31 de enero, que luego se prorrogó al 30 de abril—, las críticas arreciaron: el rescate de la banca le ha dado un poco de oxígeno a los bancos, pero a los deudores no les ha ayudado gran cosa
Y en esa percepción han participado públicamente las organizaciones empresariales, sindicales, instituciones académicas, intelectuales, los partidos políticos —incluido el PRI, que en su propuesta de cambio económico que presentará en su próxima Asamblea Nacional así lo expresará—, y las cámaras de Diputados y Senadores, que han formado una comisión especial para darle seguimiento al problema de las carteras vencidas
Hasta el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que en su más reciente informe sobre la economía mexicana, el cual entrega mensualmente al Congreso, ve la situación de los bancos “particularmente difícil”: la calidad de sus activos, dice, “sigue siendo una preocupación” por la persistentemente alta cartera vencida
Prueba fehaciente del poco éxito de los programas de rescate bancario, sobre todo para los acreditados, es no sólo el continuo surgimiento de propuestas alternativas para resolver el problema de las carteras vencidas —el Partido Acción Nacional presentó, el 25 de abril, ante el pleno de la Cámara de Diputados una propuesta de Fideicomiso de Apoyo a Deudores; El Barzón, hará lo propio ante el presidente de la República esta semana—, sino el reciente empuje de las organizaciones de deudores en todo el país
Antes que desalentarla, los programas gubernamentales ADE y el de reestructuraciones en UDI, fortalecieron la membresía y la presencia de esas organizaciones La Unión Nacional de Productores Agropecuarios, Industriales, Comerciantes y Prestadores de Servicios, AC, mejor conocido como El Barzón, tiene formalmente acreditados a un millón de miembros, distribuidos en 872 “barzones” en todo el país y registra diariamente, según su dirigente nacional, Juan José Quirino Salas, el ingreso de cerca de cien nuevos miembros








