“No veo intenciones de realizar la transición, pero sin el cambio político no iremos a ningún lado”. La política económica es de sobrevivencia, y aunque para el fatalismo tecnocrático no hay de otra, debe ponerse a discusión: Manuel Camacho

“No veo intenciones de realizar la transición, pero sin el cambio político no iremos a ningún lado”
La política económica es de sobrevivencia, y aunque para el fatalismo tecnocrático no hay de otra, debe ponerse a discusión: Manuel Camacho
Alejandro Caballero
En materia económica, el gobierno ha caído en el “no hay de otra, en el fatalismo tecnocrático, y las decisiones que se han tomado no necesariamente son las únicas ni las mejores”, afirma Manuel Camacho Solís
Apenas con seis meses formalmente en la oposición, pero gradual crítico del gobierno desde que perdió la candidatura presidencial por el PRI, Camacho considera que “no se está ante una discusión ideológica, sino ante un problema de resultados”
Resalta que el país atraviesa por una “situación dolorosa”, en la que reinan “el pesimismo y la desilusión”, y que el gobierno “no tiene una estrategia de desarrollo que le dé la vuelta a la situación de inestabilidad” Hasta ahora, considera, el gobierno ha aplicado sólo “una estrategia de sobrevivencia”
En entrevista con Proceso, Camacho dice que en la administración de Ernesto Zedillo “también hay un problema de arrogancia, de pensar que todo lo saben”
Y pide, “como un ciudadano más”, que se vaya a la discusión “de los temas grandes”, entre ellos el de la deuda externa y los bancos
El exregente, excomisionado para la Paz en Chiapas, efímero secretario de Relaciones Exteriores y por largos años uno de los hombres de mayor confianza de Carlos Salinas, sostiene que el gobierno “tiene poco interés por discutir”, y que no le ve “intención de hacer la transición”
De la reforma electoral y los acuerdos hasta ahora alcanzados, opina que “falta mucho por concretar”, que “se están haciendo tarde”, que “no se está conectando la política con las preocupaciones de la gente”, que la mesa de Bucareli es “una mesa burocrática” y que “el procedimiento político no está a la altura de las expectativas de la sociedad, y menos de la dimensión de los problemas que tenemos”
Finalmente, dice creer que el país se sigue moviendo “en función de los calendarios sexenales”, y que será en el año 2000 “cuando se den las pruebas definitivas”
Camacho fue entrevistado el miércoles 17 en las oficinas de la Fundación Democracia y Desarrollo que preside, a unos días de que, en la presente semana, después de Vicente Fox y antes de Porfirio Muñoz Ledo, el exregente capitalino realice su análisis y haga las propuestas correspondientes al ciclo Los compromisos con la nación
NI LAS UNICAS NI LAS MEJORES
—¿Cuál es su opinión sobre el pronunciamiento presidencial de que la estrategia económica que se ha seguido hasta ahora ha sido la menos dolorosa para el país?
—El argumento es que no había de otra, que no hay de otra, que el camino que se sigue y se ha seguido es el menos malo Sí creo que actualmente hay claridad en la concepción económica, pero las decisiones que se han tomado no son necesariamente las únicas ni las mejores
“Uno puede pensar que por el tamaño del déficit, de la cuenta corriente, por el exceso de importaciones y de consumo, así como por el crecimiento de los tesobonos, México iba a necesitar una desaceleración de la economía Eso es indudable, pero el tamaño del ajuste terminó siendo altísimo
“Frente a una debacle como la que hemos vivido, necesitábamos el apoyo de la comunidad financiera internacional para evitar que la situación se agravara, pero en los círculos financieros, y entre los propios especialistas que estudian estos temas, se pregunta también si la negociación que realizamos con Estados Unidos fue la más favorable para el país No está muy claro si en esa negociación se tomaron en cuenta suficientemente los intereses de los mexicanos
“El argumento de que ‘no hay de otra’, hasta cierto punto es válido, pero la instrumentación de las medidas no fue la más acertada
“No estamos ante una discusión ideológica; estamos ante un problema de resultados, ante un país que en los últimos 15 años va de mal en peor en su economía No se consolidó el crecimiento, no mejoraron los ingresos, no se crearon más empleos, los salarios se han ido muy para abajo y las desigualdades crecieron
“Se ha fallado en parte en la concepción y mucho en la operación También es un problema de arrogancia, de pensar que todo lo sabemos y que nadie más sabe Es hasta cierto punto un fatalismo tecnocrático el que conduce a decir ‘no hay de otra’
“Aunque la situación es muy compleja, en la medida en que discutamos los asuntos podremos ir construyendo mejores salidas, de manera que lo que hoy no es posible, después sí lo sea”
Sobre la deuda externa, dice Camacho que ha tenido un enorme crecimiento y que “de una manera u otra se tiene que pagar”, pero, señala, “pongámosla en el terreno de la discusión”, y se pregunta: “¿Para qué la escondemos?”
Y en cuanto a los bancos, se formula una nueva pregunta: “Lo que se hace, es lo único que se podía hacer?” En una discusión, continúa, “habrá quien considere —y yo me incluyo entre ellos— que hay que tomar una decisión de carácter político respecto a cómo se utilizan los fondos con los que se trata de resolver el problema bancario: con los accionistas o con la planta productiva”
Dentro de la política económica, señala “problemas de operación”, y explica que, más allá de discutir si debe incrementarse o reducirse el gasto público, lo cierto es que “hay un retraso en la ejecución del gasto público programado, que incluso ha reconocido el propio secretario de Hacienda”
Y advierte que, en todas estas circunstancias, lo que ha prevalecido es la actitud que se resume en la frase de “nosotros sí sabemos”
“Yo creo —advierte— que nadie puede decir que sabe todo, y menos en un mundo tan complicado No se trata de construir un programa que todo mundo acepte Se trata de construir un programa con el mayor nivel posible de aceptación y con una consistencia técnica que permita convencer a quienes toman las decisiones Estamos un poco esperanzados a que, desde el exterior, la gente diga: ‘Van bien y, por tanto, volvemos a traer el capital’; confiamos en que el mercado por sí mismo va a reaccionar y que vamos a volver a crecer pero nos va a volver a pasar lo mismo
“En la medida en que haya recuperación, otra vez vamos a tener los problemas de balanza de pagos y de cuenta corriente; enfrentamos ya la tensión entre la posibilidad de una sobrevaluación y la posibilidad de mantener un tipo de cambio que no nos lleve a un desequilibrio mayor Tenemos el problema de qué tanta inflación es compatible con evitar un agravamiento de la situación de la banca y con la tasa de crecimiento que ha sido planteada
“Entonces, yo no digo que tenga una solución mejor Lo único que pido, como un ciudadano más, es que vayamos a los temas grandes, que los discutamos abiertamente y que, mientras se logra salir adelante de una realidad tan dolorosa como la que estamos viviendo, abramos los espacios con el fin de prepararnos para las dos alternativas que me parece tenemos que calcular como gobierno, como sociedad: una para construir una estrategia de desarrollo, dentro del capitalismo, que sea la más compatible con los valores políticos de la sociedad mexicana, y que necesariamente debe tener contenidos de justicia; y la otra, que debemos estar preparados —porque nunca lo hemos estado— para la circunstancia de que algo falle o se produzca un nuevo shock externo que haga inviable un programa como el actualmente diseñado Preparémonos para lo que el país necesita, y para afrontar las dificultades que puedan venir”
POCO INTERES POR DISCUTIR
—En otras palabras, ¿está diciendo que no ha habido una adecuada conducción de los asuntos económico-financieros del país?
—Creo que hay una visión económica, que hay un programa, que hay una estrategia, pero no necesariamente era la única manera y no necesariamente la mejor Tampoco considero que, con base en ese tipo de argumentos, se deban hacer a un lado las opiniones de la gente que piensa distinto El sector privado se está expresando de otra manera; sus integrantes quieren otras respuestas: tenemos que tomarlos en cuenta; también a los sindicatos, y, desde luego, a la opinión pública, de manera creciente Por otro lado, el país no tiene una estrategia de desarrollo que le dé la vuelta a esta situación de corto plazo tan inestable, en la que hemos estado durante muchos años y de la que no acabamos de salir
—Hay un problema recurrente en lo que usted ha ido exponiendo, el de los espacios de discusión ¿Están cerrados de veras? ¿Es probable que se abran?
—Existe poco interés por discutir Lo que observo desde afuera es que, por ejemplo, algunos empresarios se inconforman, y se les dice que no tienen razón; siempre que piden que haya cambio en el modelo económico, se les responde que “no hay de otra”, que “no vamos a cambiar”, y se mantiene la línea Puedo entenderlo, porque si en este momento se declara: “Vamos a una cosa totalmente distinta”, los mercados financieros se pondrían nerviosos pero esos son los asuntos que deben resolverse con una adecuada operación técnica y política
“Por otro lado, la sociedad lo que nos pide es que, al final de todo, haya una salida, que todos estos sacrificios no terminen en un deterioro creciente, que salgamos del túnel en que se ha metido la economía los últimos 25 años Eso implica una definición mayor de la estrategia de desarrollo y un determinado nivel de acuerdo de todos los grupos, de todas las organizaciones, de todas las corrientes, de todas las inteligencias nacionales”
—Como se están haciendo las cosas en el terreno económico, ¿usted ve esa luz al final del túnel?
—Veo una estrategia de sobrevivencia que me parece mejor, desde luego, que una situación de inestabilidad, pero sí pienso que, por el interés del propio gobierno mexicano, deberían abrirse los espacios para preparar las cosas, por si finalmente no resultan
LA TRANSICION
—¿Estaría de acuerdo en que, al lado de los déficit económicos que menciona, están los déficit políticos, la falta de contrapesos, de espacios reales de discusión y decisión?
—Ese es un problema del pasado y del presente Una parte esencial de lo que habría sido una estrategia con menores riesgos y de mayor responsabilidad con el país, después de todo lo que habíamos vivido en los años 70 y 80, era acompañar las reformas económicas con las reformas políticas Y el error de no hacerlo se cometió cuando hubo la oportunidad de realizar una reforma consensual, unánime, que generara mayores esperanzas, que consolidara todo el proceso de cambio Entonces predominaron los intereses de facción, los temores, las ambiciones personales
“Ahora vivimos un intento por abrir estos espacios, pero estamos todavía muy lejos, no sólo de un proceso de transición —sin el cual no vamos a encontrar el verdadero acuerdo de toda la sociedad en la política—, sino que aún nos encontramos en el trance de vencer obstáculos para la conclusión de una reforma electoral que dé garantías plenas de equidad y de imparcialidad en 1997 y que disminuya los riesgos del año 2000
“Nos estamos tardando mucho; no estamos haciendo todo lo que podíamos hacer, y no hemos logrado que esos procesos se vuelvan algo real en el ánimo social No estamos conectando la política con las preocupaciones de la gente, cuando la política es el único recurso que tiene la sociedad para cambiar la orientación de los programas de gobierno y para la reorientación del desarrollo del país
“Hoy, después de que se firma un acuerdo, en el que desgraciadamente no participó el PAN y donde todavía falta mucho por concretar, en vez de ver a la gente aplaudiendo en las calles, nadie le presta atención Estamos llevando a la gente al terreno de una mesa burocrática, en donde no niega uno los esfuerzos, incluso los posibles resultados No obstante, lo menos que podemos decir es que el procedimiento político no está a la altura de las expectativas de esta sociedad, y, menos, de la dimensión de los problemas que experimentamos”
—¿Considera que estos intentos por arribar a acuerdos políticos están llegando tarde?
—Desde luego que se están haciendo tarde Pero lo que pasó, ni modo; ahora, hagámoslo a fondo, hagámoslo bien Existe la oportunidad de que en el Congreso, con la participación de PAN, PRD, PRI y PT, se aproveche lo que se ha avanzado en la mesa, lo que se caminó en el Seminario de Chapultepec, para disponer a fin de año de una reforma electoral que nos permita tener la tranquilidad de que el espacio electoral, que es tan importante, cuente con mayor equidad e imparcialidad Eso es importantísimo, y aunque no veo la intención en el gobierno de hacer la transición, creo que si hay una elección con esas características, ahí tendremos las bases para avanzar en la transformación de las instituciones, en el cambio del sistema político, sin el cual no iremos a ningún lado
—¿Les confiere usted un rango de definitivas a las elecciones de 1997?
—Yo no les daría ese rango Si esas elecciones no se dan sobre bases de imparcialidad y de justicia, en un momento determinado es cierto que van a ser un factor más de turbulencia política en México, pero estoy convencido de que el país se sigue moviendo en función de los calendarios sexenales y de que será en el año 2000 cuando se produzcan las pruebas definitivas
“Pero sería un gravísimo error esperar hasta el año 2000 Todo lo que pueda conducirse, canalizarse y ordenarse antes del 97 será útil, y todo lo que pueda hacerse a partir del resultado del 97 será lo que evite que en el año 2000 tengamos un problema que ya no podamos controlar ni conducir”
—¿Hay poco espacio para estar optimista en los próximos meses y años?
—Hay poco espacio para pensar que las cosas se van a resolver fácilmente, aunque muchísimo espacio para creer en el país Si a pesar de todo lo que ha ocurrido todavía podemos hablarnos entre nosotros, todavía creemos en México, todavía estamos dispuestos a defender nuestras cosas, todavía tenemos recursos y gente con talento, éste es un motivo para el optimismo Sin embargo, en México, en este momento, existe un gran pesimismo y una gran desilusión; es lógico que esto ocurra, y aunque hay gente que quiere hacer las cosas, no podemos pedirle más de lo que puede dar