Porfirio Muñoz Ledo considera que en las actuales circunstancias del país “el catastrofismo es inevitable”, y que lo único que podría salvarlo “es una operación de caballo: la sustitución de los mandos de la República”.
Sin matices, el dirigente nacional del PRD, tercera fuerza política del país, dice en entrevista que “la administración de Zedillo es la peor del mundo”, y que la afirmación del gobierno de que no hay de otra “es absolutamente mentirosa”.
–Con las actuales políticas económicas que el gobierno anuncia que no va a modificar, ¿qué escenarios prevé para el país?
–Por desgracia, el catastrofismo es inevitable. Si México fuera un país recién independizado, que nunca hubiera tenido un proyecto de nación, ni hubiera conocido etapas de expansión y prosperidad, ni tuviera los antecedentes y luchas históricas que tiene, podría decirse que su destino es convivir con la pobreza extrema, pero México no es Bangladesh, ni siquiera Haití. México fue a lo largo de muchos años un país de avanzada en los países de desarrollo, un país con aspiraciones de grandeza, por lo tanto, cuando un pueblo con historia se ve condenado a un retroceso económico y social de la magnitud al que se le está sometiendo, la catástrofe es inevitable.
“En México está ocurriendo un proceso de desintegración social que es como la muerte lenta, como el cáncer. Y es ahí donde ni el mejor de los hospitales de diagnóstico, si los hubiera para la cosa social, podría decirnos qué va a ocurrir. Hay una degradación de las relaciones sociales, hay una disolución de las instituciones y el incremento de redes de intereses que se colocan por encima del Estado por un lado y por el otro, el estancamiento de la planta productiva, con lo cual las perspectivas de desarrollo del país y de crecimiento, no solamente disminuyen, sino que quedan canceladas para el futuro.
“La afirmación del gobierno en el sentido de que no hay de otra, es absolutamente mentirosa. Lo que ha ocurrido, y el gobierno no se da cuenta, es que este país perdió a su clase dirigente sin poderla sustituir por un sistema democrático. En el momento en que la clase dirigente abandona e incluso traiciona la defensa de los intereses nacionales, el pueblo queda con una enorme orfandad, porque el autoritarismo ha vedado a la población misma, a sus fuerzas políticas, a sus partidos, a su parlamento, esa tarea.
“La Presidencia del país fue asaltada y sometida por un grupo tecnocrático no leal a la nación. Ese es el problema. Se produjo un golpe de Estado tecnocrático y se consumó por errores muy graves de cálculo de Luis Echeverría, que no se dio cuenta que al decidir que su sucesor pasara por la Secretaría de Hacienda, y a sabiendas de que no tenía ni grupo político ni experiencia política, lo puso fatalmente en manos del sector financiero, y tampoco calculó que ese era el tiempo precisamente en que los grandes intereses internacionales iban a sustituir formas de supeditación de los países de la periferia.
“México no tiene solución. La crisis de México está concentrada desde hace 15 años en la traición de su clase dirigente y en la incapacidad que hemos tenido para sustituir a esa clase dirigente.”
–¿Y objetivamente se puede esperar un cambio en la política económica?
–Se dice que es la terquedad de Zedillo; ese es un factor psicológico, pero no es todo. Zedillo está atrapado por una red de intereses del pasado, de complicidades que tienen que ver con crímenes políticos, de penetración de intereses corruptos dentro del sistema y desde luego, está totalmente en manos de la estrategia financiera norteamericana.
“Por eso la gran operación en México, la que podría salvar al enfermo, es una operación de caballo, y esa operación de caballo se llama sustitución en los mandos de la República, y esto no puede ser más que por la vías de la presión social y por la vía electoral, que el doctor Zedillo estuviera obligado por un Congreso de oposición a cambiar de política.”
–¿Hay tiempo para el 97?
–Desgraciadamente no hemos logrado lo que queríamos, que era parar esta política económica y darle a la población la posibilidad de una alternativa. Estamos terminando la reforma electoral, que de alguna manera llega tarde, pero aun en el caso de que se resolviera de manera satisfactoria, porque hasta ahora es incompleta, la posibilidad de cambiar está en el 97, y entonces quizá sea demasiado tarde. Entonces, qué hacer de aquí al 97 es la gran pregunta y yo no veo sino una solución: la movilización social articulada de empresarios, deudores y los distintos sectores haciendo presión sobre el gobierno. El escenario es peligrosísimo, muy peligroso. Yo creo que la gente va a haber un momento en que se va a fastidiar y no sabemos por dónde pueda empezar la ruptura del orden público.
“Yo creo que el país va a estar suspendido de un hilo en los próximos 14, 15 meses, de aquí al 97, y que si en el 97 no hay un pronunciamiento claro de la sociedad en contra del gobierno, no tendremos solución de aquí al fin de siglo. No es el 2000 la clave; sólo abarroteros de la política, como son los panistas, piensan que lo importante es ganar la Presidencia.”
–¿En el escenario que describe hay espacio para el optimismo?
–En el momento actual no. A mí me parece que la situación del país es muy grave y que dicen que a grandes males, grandes remedios.
“La única forma de que se resuelva es con un cambio radical y ese cambio debe llegar por el sufragio popular o de una reacción del organismo muy fuerte, que puede llevar a un periodo de inestabilidad muy grave para el país. Yo me daría de santos de que en las elecciones locales la mayor parte de la población votara contra el PRI, pero lo que ocurre es ridículo. Hay un problema muy severo de la gente al no conectar los problemas económicos con el cambio político y entonces eso hace nugatorio el proyecto de una reforma por la vía electoral.”
–Zedillo dice que se han tomado las decisiones menos dolorosas.
–Estos jóvenes gobernantes no tienen derecho a decir que no hay otro camino, porque son los peores. Es decir, cualquier camino es mejor, el chino, el coreano, el hondureño, el guatemalteco, hasta el argentino de Menem es mejor que éste. Es el peor camino económico, es la peor administración económica en el mundo.
–Zedillo considera que es ofensivo soslayar los logros.
–Es la peor administración del mundo, qué peor dolor que la economía no crezca, que la gente no tenga empleo, que la planta productiva se destruya. Que me diga cuál es peor que la de él, que me lo diga con cifras.








