Fragmentos de “México en la frontera del caos”, el libro-reportaje de Andrés Oppenheimer
Zedillo y sus inseguridades, Hank y su fabulosa fortuna, Colosio y el EZLN
Andrés Oppenheimer
El candidato accidental
Ernesto Zedillo no podía contener las lágrimas Estaba triste, frustrado, enojado Era sólo una semana después del asesinato de Colosio, y había estado sentado durante más de una hora bajo el calor de los reflectores detrás de un escritorio de utilería en los estudios de televisión Qualli, tratando en vano de grabar su primer anuncio de televisión en su nueva condición de candidato presidencial del PRI
Una y otra vez, había tenido que levantar la mano y pedir que la toma se repitiera Simplemente, no podía decir su texto como quería Sus ojos no transmitían la seguridad en sí mismo que debía transmitir un futuro jefe de Estado Las palabras que había memorizado, una promesa de combatir la delincuencia callejera y cambiar el corrupto sistema judicial mexicano, le brotaban de la boca sin convicción No podía permitirse aparecer en cámara como un mal orador, y alimentar así las críticas de sus adversarios en el sentido de que era un candidato sustituto de última opción, un tecnócrata sin talento político
Su primera sesión fotográfica como candidato unos días antes había sido un desastre La fotógrafa había intentado hacerlo sonreír con chistes y bromas ocurrentes, pero había sido en vano Acongojado por la muerte de Colosio y abrumado por sus nuevas responsabilidades como el candidato con más posibilidades de llegar a la Presidencia, Zedillo no lograba arrancar una sonrisa franca La fotografía oficial de campaña que había surgido de la sesión de fotos, lo mejor que la fotógrafa pudo lograr, había sido horrorosa La sonrisa del candidato parecía una mueca forzada y artificial, como la de un hombre circunspecto que trataba de mostrar sus dientes caninos A poco de aparecer la foto, los caricaturistas de la Ciudad de México se habían dado un festín retratándolo como Drácula Era una imagen espantosa, y ya estaba en los muros de toda la ciudad
Ahora, en los estudios de televisión, Zedillo necesitaba urgentemente reparar el daño causado por esa foto con un spot televisivo convincente Sus jefes de campaña habían preparado un guión con un discurso breve y directo, en el que el candidato presentaba su plan de lucha contra la delincuencia La idea era presentar a Zedillo como un hombre de su propia plataforma, y disipar los rumores de que era un opaco candidato escogido a último momento que se limitaría a recitar el programa de campaña de Colosio Pero Zedillo no lograba ofrecer una imagen serena ante las cámaras de televisión Todavía no había podido digerir los recientes acontecimientos Estaba en tal estado de confusión mental que no podía mirar convincentemente a las cámaras Cuanto más lo intentaba, menos lo lograba Frustrado, furioso contra sí mismo, se levantó y salió del estudio sin pronunciar una palabra En una sala contigua, camino a la salida, abrazó a uno de los principales ayudantes de Colosio con lágrimas en los ojos “Pinche Donaldo, ¿dónde estás?”, testigos presenciales escucharon decir a Zedillo “¿Dónde estás cuando más te necesitamos?” Segundos más tarde, el ayudante de Colosio escoltaba al nuevo candidato hacia la calle La sesión de grabación tuvo que ser suspendida
Los estrategas de la campaña de Zedillo se reunieron hasta tarde esa noche para diseñar un nuevo anuncio de televisión Necesitaban sacar algo al aire de inmediato, pero no podían usar nada de lo que le habían grabado ese día: Zedillo parecía paralizado de miedo De manera que concibieron una serie de cuatro anuncios de televisión basados en fotos del álbum de familia de Zedillo y en antiguos recortes de prensa El primer spot hablaba de los humildes orígenes del candidato, mostrando fotos de su familia en la ciudad norteña de Mexicali Acto seguido, los televidentes verían la espalda de un niño que iba por una calle de tierra vendiendo periódicos Mediante un truco de computación, el joven, un actor, se daba la vuelta y la imagen de su rostro era sustituida por una foto de Zedillo en la escuela primaria Un segundo anuncio televisivo, producido unos días después y destinado a resaltar la experiencia de Zedillo en el gobierno, estaba confeccionado con antiguas grabaciones de televisión de los discursos de Zedillo cuando era secretario de Educación
Afortunadamente para la campaña del PRI, los anuncios estaban tan bien hechos que nadie se dio cuenta de que Zedillo no aparecía en ellos Pero las personas que rodeaban al candidato lo sabían muy bien, y lo guardaron como un gran secreto Zedillo no estaba preparado para el cargo Es más, estaba aterrado
Zedillo era, en efecto, un candidato accidental Aunque había sido uno de los siete precandidatos que habían sido mencionados como con posibilidades de ser nombrado por Salinas para la candidatura del PRI, nunca había tomado en serio dicha probabilidad Estaba apuntando hacia el año 2000
Mientras que Colosio había sido colocado por Salinas en puestos políticos clave —había sido el jefe de la campaña del presidente, senador y presidente del PRI—, Zedillo nunca se había postulado para un cargo de elección ni detentado un puesto político de importancia “Nunca pensé que tuviera una oportunidad en esta vuelta”, reconocería más tarde Zedillo en un raro momento de candor
Incluso en los días después del asesinato de Colosio, Zedillo no había tenido expectativas de reemplazar al candidato asesinado, a pesar del hecho de que, como su director de campaña, era sin duda uno de los máximos contendientes para el puesto En el funeral de Colosio, Zedillo había permanecido sentado en un rincón, con la cabeza baja, lejos de la camarilla de gobernadores y senadores del PRI que ya estaban haciendo especulaciones en voz baja sobre quién sería el nuevo candidato Dos días después, Zedillo fue a la sede de la campaña y, para sorpresa de todos, empezó a empacar sus pertenencias, según el propio candidato me lo relataría meses después Desaparecido Colosio, estaba convencido de que su carrera política había terminado El nuevo candidato del partido seguramente buscaría a su propio director de campaña, un hombre de su confianza Empezó a meter sus cosas en cajones, recuerda uno de sus colaboradores más próximos Me dijo que iba a dedicarse a la enseñanza, que aquí ya no había nada que hacer para él
Zedillo era un seguidor, no un líder Hasta la muerte de Colosio, siempre había tenido la fama de alumno predilecto: un estudiante modelo que había escalado posiciones desde un pasado humilde a altos puestos en el gabinete, gracias a una combinación de inteligencia, trabajo duro y lealtad a sus jefes
Según su biografía oficial, era el segundo de seis hijos de un electricista y una exestudiante de medicina, y se había criado en la ciudad norteña de Mexicali, en la frontera con California Su familia se había trasladado allí desde la Ciudad de México en busca de un futuro mejor cuando Zedillo tenía sólo tres años Se instalaron en una calle de tierra en el barrio humilde de Pueblo Nuevo, a sólo unos metros de la frontera con Estados Unidos Pero el padre de Zedillo no había logrado encontrar un trabajo fijo en su nuevo hogar, y su madre había tenido que salir a trabajar de secretaria, y a completar el ingreso familiar vendiendo dulces en el cine de Mexicali los fines de semana, mientras sus hijos boleaban zapatos y vendían periódicos en las calles Los sábados y domingos, Ernesto recogía chatarra en su barrio: latas de cerveza, clavos, cualquier pedazo de metal que encontraba y la vendía a la acería local por diez pesos el saco, afirma la versión oficial
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Fuera cual fuera la historia real de su primera infancia, no había duda de que Zedillo decía la verdad cuando señalaba que venía de una familia humilde En agudo contraste con la mayoría de los hijos de las familias políticas de México, que iban sólo a escuelas privadas de élite, Zedillo había cursado toda la primaria y secundaria en escuelas públicas El Zedillo, como lo conocían sus compañeros de escuela secundaria, había estado siempre entre los mejores de su clase Cuando ya estaba en la secundaria, su abuela materna se había trasladado a vivir con ellos, y se ocupaba de los niños mientras su madre estaba en el trabajo Era flaquito, paliducho y muy aseado, siempre muy serio para su edad, lo recuerda Rosalba Castro, que trabajaba con la madre de Ernesto y era una de sus mejores amigas en aquella época
Socialmente, Ernesto era cordial pero retraído Muchos de sus compañeros lo recuerdan como un poco extraño, tal vez en parte porque era un muchacho de la capital en un lugar donde los chilangos, o habitantes de la Ciudad de México, no eran especialmente bienvenidos Como en gran parte del norte de México, el estereotipo de los chilangos en Mexicali era el de gente engreída, que miraba desde arriba a los provincianos “En la primaria, le tomábamos el pelo por su tono de voz”, recuerda Fernando Prince, un antiguo compañero de Zedillo en la escuela primaria Leona Vicario “¡Era un chilango! ¡Tenía un acentito!”
A los catorce años, Ernesto regresó a la Ciudad de México para vivir con su hermano mayor Luis Eduardo y continuar sus estudios de preparatoria, haciendo el viaje de 48 horas en autobús solo Al principio, los dos muchachos se quedaron a vivir con sus abuelos, y luego se trasladaron a un pequeño departamento donde vivirían por su cuenta Después de terminar la escuela preparatoria, Zedillo empezó a estudiar economía en el Instituto Politécnico Nacional, una escuela estatal que había sido fundada como contrapartida de las universidades humanistas y elitistas del Estado A los 19 años, Ernesto sufrió un golpe devastador: su madre, a la que amaba profundamente, murió de peritonitis, cuando tenía sólo 38 años
Zedillo tuvo su primera gran oportunidad profesional en 1971, cuando mientras aún seguía su licenciatura se incorporó al PRI y consiguió un trabajo en la oficina de Política Económica del gobierno El jefe de esa oficina, Leopoldo Solís, lo tomó a su cargo, y el joven no tardó en convertirse en un eslabón de una de las tantas cadenas de lealtad dentro del partido gobernante Gracias a su nuevo protector y a contactos del partido, no tardó en obtener becas del gobierno para estudiar en el extranjero, primero en la Universidad de Bradford en Inglaterra, y después para su doctorado en economía en la Universidad de Yale
Era una historia de Hollywood con final feliz que, sin embargo, dejó profundas heridas en su carácter Un perfil psicológico de la CIA, preparado a principios de 1995, llegaba a la conclusión de que el presidente mexicano albergaba cierta ira y resentimiento contra los privilegiados, según funcionarios estadunidenses que tuvieron acceso al informe Un hombre que se había hecho solo, y cuya infancia había estado plagada de privaciones, era muy probable que viera al mundo como un lugar poco hospitalario Zedillo no sentía que le debía su éxito a nadie: desconfiaba de la clase política, de los privilegiados hombres de negocios que habían hecho miles de millones gracias a sus contactos oficiales, y hasta tenía una relación distante si bien cordial con muchas de las personas que lo rodeaban Su refugio emocional era el trabajo, la total dedicación rayana en la compulsión que le había hecho triunfar
Sus dependientes lo veían como frío, duro, rígido y sin sentido del humor, y como un hombre que considera que la preparación, la disciplina y la puntualidad no son negociables, según otro informe de la Sección de Análisis de Líderes de la CIA, que circuló entre diplomáticos norteamericanos en 1994 y principios de 1995 Más concisamente, algunos de sus ayudantes se referían a él como El nerd, el niño genio, pero inmerso en su mundo y poco sociable, señalaba el perfil psicológico de la agencia de inteligencia norteamericana
Como estudiante en Yale, Zedillo había sido un ratón de biblioteca Un joven delgaducho y serio cuyos gruesos anteojos contribuían a darle una imagen de estudioso, no fumaba, no bebía, y sólo hacía una breve aparición en las fiestas estudiantiles Cuando le pregunté sobre esto último, me señaló que se debía a que era uno de los pocos estudiantes mexicanos en Yale que ya estaba casado, y por lo tanto no vivía en los dormitorios de sus compañeros solteros Se había casado a los 23 años, poco antes de ingresar en Yale, con Nilda Patricia Velasco, una excompañera del Instituto Politécnico Nacional
Llevaba una vida bastante monacal, me dijo Zedillo, recordando sus días en Yale A diferencia de Colosio, otro estudiante procedente de una familia de clase obrera que había obtenido becas del gobierno para estudiar en Estados Unidos, Zedillo no se aventuraba mucho fuera del recinto universitario Su prioridad era terminar sus estudios lo antes posible, y esto no le dejaba mucho tiempo para otras cosas
La diferencia entre ambas personalidades era sorprendente Cuando una vez le pregunté a Colosio qué era lo que más le había impactado en su época de estudiante en Estados Unidos, me dijo que eran las protestas contra la guerra de Vietnam y la segregación racial que había visto en Filadelfia y otras ciudades norteamericanas Cuando le hice a Zedillo la misma pregunta unos meses después, cuando había reemplazado a Colosio como candidato del PRI, su reacción instintiva había sido hablar de Yale, como si nunca hubiera salido más allá del recinto universitario
“El primer año fue de una intensidad de trabajo impresionante, porque llegué a Estados Unidos con muchas desventajas Mi preparación en México había sido muy distinta a la que reciben los estudiantes en Estados Unidos Tenía una mala preparación en matemáticas, estadística y teoría económica”, me señaló Zedillo “Fue un año muy pesado, también, porque hablaba el inglés muy mal Además, el primer semestre tuve un profesor, William Brainard, que era un maestro extraordinario, pero que hablaba tan rápido que ni siquiera mis compañeros norteamericanos lo entendían Para mí era realmente dramático seguirlo en clase y tomar notas”
De regreso en México y con la ayuda de su antiguo jefe, Zedillo se incorporó al Banco de México, el banco central del país, a los 27 años No tardó en convertirse en ayudante de Miguel Mancera, uno de los economistas más importantes del banco, que adoptaría al joven graduado de Yale como uno de sus protegidos, y le asignaría puestos oficiales cada vez más importantes en los años siguientes En 1983, Zedillo fue nombrado director de un fideicomiso del gobierno para ayudar a las compañías mexicanas a reestructurar sus deudas externas, y en 1987 fue ascendido a subsecretario de Programación y Presupuesto Cuando Salinas tomó posesión en 1988, nombró a Zedillo secretario de Programación y Presupuesto, y en 1992 secretario de Educación
Pero a lo largo de su carrera en el gabinete de Salinas, Zedillo había continuado siendo visto como un protegido de Mancera, uno de varios tecnócratas jóvenes del Banco de México que tenían un currículum impresionante, pero ninguna experiencia política Por eso, era uno de los pocos secretarios del gabinete que no era considerado un serio contendiente a la Presidencia Su insignificancia política era tal, que el nombre de Zedillo ni siquiera aparecía en la edición de 1993 de la Enciclopedia de México: saltaba de Zea a Zelis, pasando por alto al entonces secretario de Educación que pronto se convertiría en candidato presidencial del partido gobernante Cuando finalmente fue designado candidato, los encuestadores de Zedillo se encontraron con una realidad escalofriante: sólo alrededor del 10% de los mexicanos reconocían el nombre del nuevo aspirante a la Presidencia
Si por algo se conocía a Zedillo dentro del partido gobernante era por su espíritu ahorrativo rayano en la tacañería, tanto en sus puestos de gobierno como en su vida personal La clase política del PRI, acostumbrada a derrochar dinero del gobierno en su vida cotidiana, veía con desdén a Zedillo y otros discípulos de Mancera que hacían un culto de la frugalidad En el mundillo de los políticos del partido oficial, Zedillo tenía fama de ser inflexible en los recortes al presupuesto, y llamaba la atención como un hombre que se enorgullecía de llevar modestos relojes de plástico, manejar coches poco llamativos y llevar una vida personal austera
Zedillo y Nilda Patricia, una economista de aspecto severo que había abandonado su carrera para criar a sus hijos, se jactaban de no tener una muchacha de planta, una verdadera excentricidad para un funcionario del gobierno mexicano, mucho más aún para un miembro del gabinete presidencial Nilda Patricia sostenía que desde que habían vuelto de Yale y se habían trasladado a un barrio de clase media en la Ciudad de México, habían preferido no tener una persona extraña en la casa Hasta como secretario del gabinete, Zedillo se ufanaba de hacer su cama todos los días, y de tener un guardarropa que se limitaba a media docena de trajes, en su mayoría grises y negros, uno para cada día de la semana En el trabajo, mientras otros burócratas encargaban café o jugo de naranja a los meseros de sus despachos, Zedillo pedía agua al tiempo Zedillo era uno de los más austeros y honrados candidatos que el PRI jamás había postulado a la Presidencia: ninguno de ellos había llegado a esa posición con un patrimonio económico tan modesto
Pero lo que Zedillo consideraba como una forma de vida ejemplar para un funcionario público, era visto por otros funcionarios acostumbrados desde siempre a la gran vida a costa del gobierno como un síntoma de mezquindad “El chiste entre nosotros era que si Zedillo te invitaba a comer, tenías que llevar algo de dinero”, me dijo un funcionario que había trabajado para Zedillo en el gabinete de Salinas Cuando llegaba la hora de pagar, siempre resultaba que él había olvidado la cartera, o se había quedado sin efectivo, o salía con alguna otra excusa
—Escena de los estudios de televisión Qualli, intentos de Zedillo de grabar un comercial, de entrevistas separadas del autor con dos ayudantes presidenciales que presenciaron la escena, Cd de México, 6 de julio y 13 de septiembre de 1994
—Cita de Zedillo, “Pinche Donaldo”, de un alto funcionario de la campaña de Zedillo que presenció la escena, entrevistado por el autor, Cd de México, agosto de 1994
—Datos de la biografía oficial de Zedillo, de Ernesto Zedillo, arquitecto de un México moderno: perfil y políticas de un candidato a presidente PRI México 1994 También de Siete en punto, de Javier Lozada, septiembre de 1993
—Cita que empieza “era flaquito, paliducho”, de entrevista telefónica del autor con Rosalba Castro, en Mexicali, 5 de mayo de 1995
—Las citas sobre la personalidad de Zedillo de la Sección de Análisis de Líderes de la CIA, fueron leídas al autor por un diplomático estadunidense con acceso a los informes de inteligencia de EU y confirmadas por otro funcionario estadunidense familiarizado con los informes, en Washington
—Citas del presidente Zedillo, “llevaba una vida bastante monacal”, anécdotas de la vida en Yale y “el primer año fue de una intensidad” Entrevista del autor con Zedillo Acapulco, 17 de mayo de 1994
—La carrera de Zedillo en el gobierno según su biografía oficial y de “Hace más de 30 años quiso ser presidente” Reforma, p 26
—Declaración de Zedillo de que se hacía la cama y de que su guardarropa consistía en media docena de trajes, de entrevistas del autor con Zedillo Acapulco, 17 de mayo de 1994, y Cd de México, 6 de diciembre de 1994
El profesor Hank González
El multimillonario secretario de Agricultura, Carlos Hank González, era objeto de un respeto generalizado dentro de la clase dirigente por su fabulosa fortuna, y la generosidad con que la usaba para comprar lealtades
Hank González, quien ostentaba con orgullo su apodo de El Profesor, un título que databa de su época como maestro de escuela primaria en pequeño pueblo rural, era el líder del Grupo Atlacomulco, una de las camarillas más influyentes de la élite gobernante La característica principal del grupo, aparte de la fabulosa fortuna que El Profesor había amasado desde su época como gobernador del Estado de México, era que su propio líder negaba su existencia, así como el hecho de que varios de sus miembros estuvieran ocupando puestos de importancia en el equipo de Zedillo La maquinaria política bien aceitada del Profesor dentro del PRI había sido crucial para ayudar a Zedillo a ganar las elecciones, y esto según las leyes no escritas de la política mexicana iba a dar a su grupo una poderosa voz en el nuevo gobierno El Grupo Atlacomulco podía convertirse en un fuerte muro de contención si el nuevo gobierno decidía impulsar reformas políticas demasiado drásticas
“Noooo, don Andrés, puedo asegurarle que no hay tal cosa como el Grupo Atlacomulco”, me dijo El Profesor, abriendo las manos ampliamente, durante un desayuno-entrevista en su mansión en el lujoso barrio de Las Lomas, de la Ciudad de México El grupo era una creación de los medios de comunicación, dijo Cierto que el presidente del PRI, el secretario de finanzas del partido y el jefe de gabinete de Zedillo eran gente cercana a él, pero esto no significaba que operaran como grupo, o que siguieran sus instrucciones “Son sólo amigos míos ¿Por qué son mis amigos? Porque, don Andrés, he sido un activista del PRI durante los últimos 50 años Me incorporé a la juventud del partido en 1944, y conozco virtualmente a todos dentro del partido No soy una persona influyente dentro del grupo de Zedillo, ni en ningún otro, pero soy un viejo activista del PRI con una militancia muy larga y, afortunadamente, muchos amigos dentro del partido Así de simple”
El Profesor era, como muchos me habían advertido antes de reunirme con él, uno de los hombres más encantadores que uno pudiera encontrar Un hombre alto y de pelo blanco que parecía más joven que sus 67 años, era legendario por sus proezas en relaciones públicas Su secreto radicaba en que no sólo repartía dinero: cuando la madre de un joven y relativamente desconocido reportero había sido diagnosticada de cáncer, El Profesor había ordenado inmediatamente que la enviaran a Houston con todos los gastos pagados para un tratamiento especial; cuando el padre de un funcionario intermedio del partido gobernante había muerto, El Profesor había asistido personalmente al funeral, y ofrecido su ayuda a la familia; cuando un alto dirigente del PRI había sido echado de su puesto y la clase gobernante le había dado la espalda, El Profesor lo había invitado a una cena en su casa con otras celebridades, rescatándolo así del ostracismo político Eran gestos que no se olvidaban fácilmente, y que le creaban al Profesor lealtades de toda la vida
La otra cosa por la que El Profesor se había convertido en una figura legendaria era por la fabulosa fortuna que había amasado a la sombra del poder, durante sus años como gobernador del Estado de México, regente de la Ciudad de México, secretario de Turismo y secretario de Agricultura: un total de 1,300 millones de dólares, según la revista Forbes El y sus hijos dirigían, entre otras compañías, el Grupo Industrial Hermes, que vendía vehículos Mercedes Benz, generadores de energía y equipos para la industria petrolera, sobre todo al gobierno Gran parte de la fortuna del Profesor databa de su época como gobernador del Estado de México y regente capitalino, cuando según informes de prensa había adquirido camiones de basura, tractores y autobuses por valor de millones de dólares a una compañía dirigida por sus hijos Cuando le preguntaron por ese entonces cómo había pasado de humilde maestro rural a multimillonario, El Profesor había sonreído y sentenciado: Un político pobre es un pobre político
Los dirigentes de la oposición de México y funcionarios de Estados Unidos veían al Profesor como un símbolo de los males de México ¿Cómo podía alguien que había nacido pobre, no había heredado nada y había trabajado toda su vida como funcionario público tener semejante fortuna?, preguntaban Es un hombre que ha acumulado una fortuna de 1,300 millones de dólares con un salario que nunca superó los 80,000 dólares anuales, me señaló un funcionario norteamericano en Washington, DC Se ha vuelto un rostro que simboliza todos los problemas de México
El Profesor sacudió la cabeza nuevamente cuando le pregunté sobre su fortuna Estaba sentado frente a mí en la mesa de su comedor decorado con obras de José María Velasco, el pintor mexicano del siglo XIX cuyos cuadros se cotizaban en más de un millón de dólares, y acabábamos de escoger nuestro desayuno de un menú escrito a mano con tinta china que nos había puesto en las manos un sirviente de uniforme blanco El Profesor afirmó que había empezado a hacerse rico mucho antes de ser nombrado gobernador del Estado de México
“Noooo, don Andrés”, repetía con una cálida sonrisa, rechazando mis sugerencias de que había construido su fortuna aprovechándose de sus cargos públicos “Cuando yo era muy joven, decidí resolver los problemas económicos de mi familia antes de sumergirme en la política De manera que fundé una fabriquita de dulces en mi ciudad, Atlacomulco Después, fui distribuidor de Pepsi Cola en aquella región y empecé a hacer otros negocios” En el transcurso de los años siguientes, mientras ascendía en la política municipal, había empezado a comprar unos cuantos camioncitos, que se habían multiplicado hasta formar una empresita de camiones, que a su vez le había permitido empezar otros proyectos empresariales que El Profesor describía modestamente con similares diminutivos “Lo hice porque nunca quise depender de mis ingresos como político para ganarme la vida Me gusta tener mis propias fuentes de ingresos, que sean independientes de la política, para poder así actuar con entera libertad”
Hacia el final de nuestro desayuno, El Profesor me dijo que planeaba retirarse del gobierno, y que por lo tanto no aceptaría ningún puesto en el futuro gobierno de Zedillo No lo necesitaba: Zedillo estaba rodeado de varios de sus incondicionales seguidores Dentro o fuera del gobierno, El Profesor dirigía un sector de la vieja guardia del PRI que al nuevo presidente le costaría trabajo ignorar
Mientras observaba al presidente electo en la sede de su campaña durante nuestra charla al finalizar la jornada electoral, tuve el presentimiento de que terminaría convirtiéndose en un presidente de línea dura Zedillo tenía una veta de mal genio que afloraba cada tanto, y que podía pasar por un rasgo autoritario Le había visto perder los estribos en por lo menos dos oportunidades durante las semanas previas a las elecciones: una vez cortando rudamente la palabra a un reportero cuya pregunta en una conferencia de prensa claramente le molestó Un tecnócrata pragmático sin mucho sentido del humor y poco roce político, tenía el tipo de personalidad que podía llevarle a convertirse en un gobernante autocrático Además, quizá no tuviera más opción: no era muy querido por la maquinaria política del PRI, que sólo lo había apoyado como candidato de último recurso; no tenía muchos amigos en la oposición de centro derecha o de centro izquierda; y tampoco había tenido el tiempo suficiente para desarrollar su propio equipo de colaboradores Estaba a punto de tomar posesión como el presidente más aislado en la historia reciente del país Todo esto parecía indicar que quizá, tarde o temprano, tendría que afirmarse por la fuerza
Durante la plática informal al final de la entrevista, después de haber hablado sobre sus planes para manejar la crisis de Chiapas, le mencioné, medio en serio, medio en broma, que tenía el presentimiento de que terminaría siendo un presidente duro Zedillo se rió y sacudió la cabeza
Te equivocas, dijo, repitiendo su afirmación dos veces Muy al contrario Ya verás
—Citas de Carlos Hank González, de entrevista del autor con Hank en su casa de la Ciudad de México, 13 de mayo de 1994
—Fortuna de Hank, de Hank González, the evolution of a dinosaur, de Joel Millman, Forbes, 5 de diciembre de 1994
—Cita del presidente Zedillo, “Está equivocado”, de conversación con el autor después de informar a un pequeño grupo de corresponsales extranjeros, 21 de agosto, 1994
Colosio sabía de Chiapas desde mediados de 1994
Salinas pensó que podría prevenir un estallido guerrillero en Chiapas con un enorme aumento de recursos gubernamentales para las poblaciones en que actuaban los rebeldes y, si esto no funcionaba, tal vez reprimiendo drásticamente a los insurgentes después de que la aprobación del TLC hubiera sido plenamente asimilada en Estados Unidos Pero la rebelión zapatista le tomó de sorpresa: había sido lanzada antes de que él pudiera poner en marcha sus planes para desbaratarla
Uno de los altos funcionarios del gobierno que había discutido varias veces con Salinas la necesidad de prevenir un levantamiento en Chiapas era el entonces secretario de Desarrollo Social y futuro candidato del PRI, Colosio El secretario tenía información de primera mano sobre el tema, entre otras cosas porque varios de sus colaboradores más cercanos eran exactivistas de izquierda que habían trabajado en organizaciones campesinas de Chiapas y conocían mejor que muchos el juego interno de los movimientos izquierdistas de la zona
En una entrevista un día antes de su trágica muerte, ocurrida el 23 de marzo de 1994, Colosio reconoció que a mediados de 1993 había recibido de su representante en Chiapas, Juan Manuel Mauricio Legizamo, un informe confidencial en que le pedía urgentemente el equivalente de 13 millones de dólares para programas sociales de emergencia en el estado La comunicación, fechada el 16 de junio de 1993, exigía la creación inmediata de hospitales, caminos y sistemas de drenaje para ayudar a contrarrestar la gravedad de la presencia de movimientos armados en la Selva Lacandona
Cuando le pregunté a Colosio si le había transmitido esa información al presidente, alzó las cejas y abrió las manos El gesto era inequívoco: por supuesto que sí
Entonces, ¿qué es lo que había fallado? Salinas había autorizado los fondos y había decidido enviar a Colosio a Chiapas en agosto de 1993 para distribuir dinero entre las comunidades indígenas más inquietas, dijo Colosio Además, el presidente le había dado instrucciones para que se reuniera con los grupos de fachada de las organizaciones rebeldes y los invitara a participar en la decisión sobre cómo gastar el dinero, el primer paso para futuros intentos de cooptar a sus dirigentes Colosio realizó su gira en Chiapas, pero no sirvió de mucho Mirando hacia atrás y considerando los niveles de sufrimiento y las demandas de la gente que encontramos allá, es obvio que llegamos demasiado tarde, concluyó Colosio
El levantamiento zapatista había dejado por lo menos 145 muertos, cientos de heridos y más de 25,000 refugiados de guerra En su prisa por lanzar a México al Primer Mundo y ante su temor de alarmar a Estados Unidos, el gobierno de Salinas había ocultado las numerosas evidencias de la existencia de guerrilleros en México En un sistema sin controles y contrapesos eficientes, en que el gobierno siempre había sido capaz de comprar a los medios de comunicación más importantes y escribir la historia a su antojo, Salinas pensó que podía salirse con la suya calificando cualquier incidente de violencia en Chiapas como producto de ancestrales conflictos entre los campesinos por la tierra Su política de negación le iba a costar muy cara a México
—Cita de Luis Donaldo Colosio, de entrevista del autor con Colosio, Mazatlán, Sinaloa, 22 de marzo de 1994
El embajador Montaño ruega en Washington
Una fría mañana de domingo, el embajador de México en Estados Unidos, Jorge Montaño, entró en las oficinas en la Casa Blanca del director suplente del Consejo Nacional de Seguridad de Clinton, Sandy Berger El mexicano, un hombre alto y apuesto en sus cuarentas, parecía angustiado Llevaba una carpeta llena de recortes de periódicos mexicanos que extendió sobre el escritorio del ayudante de la Seguridad Nacional de Clinton poco después de que ambos iniciaran su conversación
Esto es lo que la prensa mexicana dice, Montaño dijo a Berger con un aire de urgencia Voy a traducir algunos de estos artículos
Había recortes de las páginas op-ed de Reforma y La Jornada, en las que columnistas mexicanos pronosticaban la inminente caída del gobierno de Zedillo El Congreso de Estados Unidos, después de muestras iniciales de apoyo del portavoz de la Cámara, Newt Gingrich, y del líder de la mayoría en el Senado, Bob Dole, no había reunido los votos para apoyar el paquete de rescate a México Las reservas mexicanas seguían cayendo El gobierno de Zedillo había perdido credibilidad con inversionistas extranjeros y nacionales Los mexicanos estaban indignados y Zedillo carecía de una base sólida desde la cual gobernar Había una seria posibilidad de que se viera forzado a renunciar, escribían los analistas
Me dicen que no tenemos reservas externas suficientes para pasar el martes, dijo el embajador a Berger O tenemos una clara señal (de apoyo de Estados Unidos) o tenemos que declararnos en moratoria
El lunes 30 de enero de 1995, Gingrich y Dole informaban a la administración Clinton que no había votos suficientes en el Congreso para aprobar el paquete de rescate mexicano Horas después, el presidente anunció su programa de rescate sin precedentes de 50,000 millones de dólares para México, cantidad a la que Estados Unidos contribuiría con unos 20,000 millones
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A cambio del paquete de rescate patrocinado por Estados Unidos, Zedillo fue obligado a lanzar un programa económico inusualmente duro Iba a haber fuertes recortes del gasto del gobierno y otras medidas de austeridad que iban a provocar despidos masivos, economistas independientes calculaban que iba a haber un millón de despidos en 1995 y congelación de salarios y precios, además de una nueva ronda de privatizaciones para lograr recaudar más de 12,000 millones de dólares Además, el acuerdo del 20 de febrero de 1994 con el gobierno de Estados Unidos estipulaba que México tenía que respaldarlo con dinero de sus exportaciones petroleras, un tema políticamente sensible en México, donde el sector petrolero de propiedad estatal aún era visto como un símbolo de soberanía nacional, y exigía que el gobierno mexicano proporcionara datos oportunos y precisos sobre sus reservas externas
“Es una tragedia”, Zedillo dijo confidencialmente a uno de sus ayudantes más cercanos cuando estaban luchando por sacar adelante un nuevo programa económico en la cima de la crisis financiera Pasará mucho tiempo antes de que los mexicanos tengamos opciones de nuevo
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Zedillo tenía algunas cartas valiosas que jugar: era un presidente accidental con una imagen de honestidad que había ganado las elecciones menos objetables en la historia de México, y por un amplio margen Era un hombre inteligente, y un administrador pragmático Estos eran atributos políticos nada desdeñables que le daban una reserva de credibilidad que podía ayudarle si así lo decidía, a sacar al país del atolladero
El peligro era que el paquete de rescate de 50,000 millones de dólares y el subsiguiente optimismo de la administración Clinton sobre la recuperación económica de México le dieran a Zedillo un falso sentido de seguridad y que, una vez más, México postergara las urgentes reformas políticas que necesitaba para encontrar una fuente de estabilidad más sólida
—Relato de la reunión del embajador Jorge Montaño con Sandy Berger, de entrevista del autor con Montaño, Ciudad de México, 27 de abril de 1995
—Cita de Zedillo, “es una tragedia”, de entrevista del autor con alto funcionario mexicano, casa presidencial de Los Pinos, Ciudad de México, 14 de junio de 1994








