La PGR estrecha el cerco y el jefe de seguridad de Colosio asume, solitario, su defensa
Domiro García Reyes, acosado por el descrédito, las filtraciones y sus propias contradicciones
Carlos Marín
La gloria se hizo trizas con la tragedia, que se volvió deshonra y derivó en sospechas
En los últimos meses, las insinuaciones oficiales y oficiosas acerca de la presunta participación del general Domiro García Reyes en el asesinato de Luis Donaldo Colosio crecieron al punto de atribuir al procurador general de la República imputaciones penales directas, ante las cuales, el viernes 23, por primera vez, el que fue jefe de seguridad del candidato a la Presidencia hizo una defensa pública de su actuación, mediante un comunicado:
“Me mataron a mi jefe —dice el general— y así lo informé a quien era Presidente de la República”
Vínculo potencial entre el presunto segundo tirador de Lomas Taurinas, Othón Cortés Vázquez, y Carlos Salinas de Gortari, Domiro García Reyes había mantenido absoluta discreción durante 23 meses
Cauto, evita dar su interpretación acerca de los dos únicos orígenes del homicidio: un tirador por cuenta propia o resultado de un complot:
“Fuimos capaces de aprehender al asesino y de entregarlo con vida a las autoridades competentes Se declaró culpable, fue juzgado y actualmente se encuentra cumpliendo una condena”
Por lo mismo, el militar pregunta: “¿Qué otra verdad se quiere?”
Cerebro de la fallida seguridad de Luis Donaldo Colosio, en el centro del tumultuario tropel de aquel 23 de marzo, Domiro García Reyes quedó atrapado en el nudo de la tragedia
DOS MESES PREMONITORIOS
Descrito por sus cercanos en los días inmediatos al crimen como un general abatido al grado de ya no querer vivir; desistido del suicidio con la reflexión de que su muerte enturbiaría más las pesquisas; confinado en una pequeña oficina de Los Pinos en lo que restó del salinato, poco duró la tímida reivindicación que pretendió hacérsele con el nombramiento, jamás ejercido, de agregado militar en Corea
García Reyes, dos semanas antes de su comunicado, el lunes 12 de febrero, dio visos de tener luz verde del alto mando del Ejército para defenderse más allá de las diligencias ministeriales y el acoso de la Subprocuraduría Especial a cargo de Pablo Chapa Bezanilla, cuando en el hotel Presidente —frente a Chapultepec— se le vio a la mesa con legisladores de la comisión de seguimiento del Caso Colosio y el general Arturo Acosta Chaparro
Oficialmente, sin embargo, la salida a escena de Domiro no es resultado de una estrategia institucional: El mismo viernes, la Secretaría de la Defensa Nacional, a través del subdirector de Prensa, Edgar Segura Ruiz, informó que la manifestación pública del general fue “un asunto personal, en el que la dependencia no intervendrá”
Las vísperas del comunicado estuvieron plagadas de actuaciones y filtraciones de la Subprocuraduría Especial que apuntaban a García Reyes como próximo objetivo:
—El interrogatorio —en enero— a que fue sometido en la prisión del Campo Militar Número Uno el mayor retirado Héctor Morán Aguilar, en dos ocasiones, por parte de Chapa Bezanilla, por considerar que tiene relaciones estrechas con García Reyes
—El tormento de tres días —en la primera semana de este mes— en la cárcel de Almoloya, a Mario Aburto Martínez, para que firmara una declaración admitiendo que la pistola Taurus con que victimó a Colosio le había sido entregada por Othón Cortés, a resultas de lo cual el asesino confeso y sentenciado terminó en la clínica penitenciaria
—La filtración en algunos diarios —la semana pasada— de la novena declaración ministerial del general, a propósito del papel de la gente encargada de hacer vallas durante la campaña, subcontratada por Fernando de la Sota
—Las revelaciones atribuidas a varios diputados el viernes 23, en el sentido de que el procurador Antonio Lozano Gracia había dicho a los legisladores de la comisión de seguimiento que García Reyes “sí tuvo que ver” en el asesinato
CONTRADICCIONES Y SOSPECHAS
Entre los principales misterios que envuelven la desventura del general García Reyes se encuentran su tardía —cinco días después del homicidio— primera declaración ante el Ministerio Público Federal, en la que dijo ignorar la contratación de personas ajenas al Estado Mayor Presidencial para cuidar a Luis Donaldo Colosio
Asimismo, de aquella primera declaración sobresale el hecho, notablemente evidente en su literalidad, de que antes se le permitió ver el famoso video del disparo a la cabeza, y sobre el cual, como locutor en off, el general hizo una especie de crónica simultánea
En 1994, García Reyes hizo otras dos declaraciones reiterativas de la primera e inculpatorias de Tranquilino Sánchez Venegas —acusado, encarcelado, procesado y absuelto por falta de pruebas— como el sujeto que le obstaculizó los movimientos previos a los disparos contra Colosio
Iniciado el nuevo gobierno y a partir de febrero de 1995, con Chapa Bezanilla como subprocurador especial, García Reyes empezó a perfilarse como eventual reo de Almoloya, con la aprehensión del supuesto segundo tirador, Othón Cortés Vázquez
Desde entonces, el general ha comparecido otras seis veces ante los investigadores y, mediante filtraciones de la PGR, se ha ido esparciendo crecientemente la especie de que su detención es inminente
Dos son los principales hilos de las suspicacias de la Subprocuraduría respecto de Domiro:
—Que afirme insistentemente que no conocía a Cortés Vázquez, a pesar de que éste condujo el vehículo en que llegó el general al aeropuerto de Tijuana —al día siguiente del asesinato—, para el traslado del cuerpo de Colosio a la Ciudad de México
—Una declaración periodística de la esposa de Othón —en los días inmediatos a la detención— en la que afirmó que su marido conocía de tiempo atrás al prominente militar
TESTIMONIOS DE DESCARGO
Al margen de probables mentiras no evidenciadas, en lo que toca al posible involucramiento del general en el homicidio existen en su descargo hechos, declaraciones y hasta omisiones en el cúmulo de indagaciones hechas por Chapa Bezanilla y sus antecesores Miguel Montes y Olga Islas
Principalmente, casi todo lo referente a la actuación de Cortés Vázquez en Lomas Taurinas, de acuerdo con los testimonios y partes policiacos, hace virtualmente imposible que Othón haya tenido algo que ver en el crimen Y si Othón no disparó, se mantendrían las dudas acerca de si Domiro lo conocía o no, pero el asesinato ya no sería el móvil de las probables mentiras
Una de las más importantes declaraciones ministeriales que constan en la averiguación es la de Mario Luis Fuentes Alcalá, actual director de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Era uno de los subcoordinadores de la campaña y acordaba con el coordinador general, Ernesto Zedillo
Aquel 23 de marzo caminaba (los cuerpos casi pegados) detrás y a la izquierda de Othón, y no lo vio ni oyó disparar:
“Habiendo caminado entre ocho y diez metros del templete, el declarante es empujado hacia el lado izquierdo, no reconociendo ningún sonido en particular Percatándose que se encontraba tirado el candidato Colosio, levantando la mirada, pudo observar una pistola para posteriormente volver a dirigir la mirada al candidato, observando que era levantado, y asimismo observando que gente se abalanzaba sobre alguien (Mario Aburto Martínez), desatándose un caos general”
Otros testimonios en favor de Othón fueron los de Fernando de la Sota Rodalléguez, Rafael López Merino, Alejandro García Hinojosa, coronel Arturo Reynaldos del Pozo (EMP), mayor Víctor Manuel Cantú Monterrubio (EMP), teniente de caballería y abogado Germán González Castillo, jefe de ayudantes de Colosio; Vicente Mayoral Valenzuela, Tranquilino Sánchez Venegas, capitán segundo de Infantería Alejandro García Salas (EMP) y teniente de Infantería Roberto Merin Sandoval (EMP), todos los cuales en sus declaraciones ministeriales coincidieron en señalar que Aburto hizo los dos disparos Todos estaban cerca de Colosio y ninguno vio disparar a Othón
EL HALLAZGO DE CHAPA
Pasaron once meses después del asesinato para que la Subprocuraduría Especial tomara en serio unas versiones desestimadas por los dos anteriores fiscales:
—La única persona que aventuró ante el Ministerio Público la probabilidad de que hubiera más de un tirador se llama Mario Pérez Limón, fotógrafo de prensa, y esto sucedió pasados casi cinco meses —6 de agosto de 1994— del atentado Aseguró que fueron tres quienes dispararon y aceptó no tener la menor idea de su identidad y ni siquiera de su media filiación
Sin “el hallazgo del segundo video” que prometió el procurador Lozano, la Subprocuraduría rescató los testimonios de una lideresa de una colonia popular, de un escultor y de un dirigente campesino Los tres fueron sujetos de declaración ministerial el año pasado, pero once meses después del crimen —y con mayores datos— recrearon lo que vieron y oyeron en Lomas Taurinas, y recordaron ese detalle olvidado en sus declaraciones ministeriales rendidas en 1994 que habían visto a un segundo tirador
Son: María Belém Mackliz Romero viuda de Osuna, secretaria y dirigente de la colonia Pípila, de Tijuana; Jorge Amaral Muñoz, “El mensajero de la paz”, escultor, y Jorge Romero Romero, líder local de la Central Campesina Independiente
Los tres nuevos testimonios fueron recogidos en sólo cinco días, entre el 8 y el 13 de febrero de 1995
Distinta cada una de las tres versiones, coinciden en inculpar a Othón Cortés como el que efectuó el disparo en el abdomen de Colosio:
“cuando de repente oyó dos disparos, y en ese momento la declarante se encontraba a una distancia aproximada de un metro y medio (de Luis Donaldo Colosio)
“Sin embargo, no vio quién realizó los disparos, toda vez que la emitente se encontraba tratando de apartar a la gente para que abrieran valla y el candidato pudiera seguir caminando
“Y cuando escuchó los dos disparos, la emitente volteó al lugar donde provenía el sonido de los disparos y alcanzó a ver a un sujeto con una chamarra, al parecer de piel color negra, sin poder precisar si efectivamente era de piel o no, que tenía un arma en la mano derecha, sin saber si estaba apuntando todavía o no al candidato, pero el arma, es decir la pistola, estaba en dirección al candidato, y también alcanzó a ver que caía el candidato, cuando de repente empujaron a la emitente y la tiraron al piso”
Once meses después rectificó: la chamarra negra (así iba vestido Aburto) no era tal, sino un saco como el que llevaba Othón a quien, cuando se lo mostraron en fotografía, recordó perfectamente como el que vio con un arma Además, reparó en una omisión de sus anteriores declaraciones: “Más a la derecha, ya tenían detenido a otro sujeto que también vestía chamarra negra”, es decir, Aburto
El de Jorge Amaral Muñoz es un testimonio abundante en afirmaciones descabelladas y contradicciones rotundas La primera vez que suscitó interés de la Fiscalía Especial fue el 16 de agosto de 1994, cuando aparecieron en el diario La Prensa tanto su versión de lo ocurrido como sus hipótesis acerca del crimen:
—Se trató de un complot
—El de Mario Aburto “era un revólver nuevecito”
—Se accionaron dos armas diferentes, porque vio un segundo “fogonazo” en dirección distinta del primero
—Temía por su vida y por eso no había dicho nada, pero tenía la certeza, en ese entonces, de que las autoridades “no quieren escuchar, no quieren investigar”
—”Estaba cerca de Colosio, frente a él”
—Antes de que Aburto disparara, escuchó tres veces el grito: “Mátalo”
— “La detonación de un revólver se oye clarito y la otra no la escuché como un revólver”
—La bala que se encontró “estuvo 24 horas en el charco de sangre”
—Gente de Lomas Taurinas tomó tierra y sangre como reliquia pero respetó la bala
—Otros datos los revelará solamente ante las autoridades
Cuatro días después de haber aparecido esta información periodística, el escultor —autor de una paloma en fibra de vidrio dedicada a Colosio— fue requerido por la Fiscalía Especial, ante la que declaró el 20 de agosto que:
—En realidad estuvo en Lomas Taurinas como a ocho metros, frente y a la izquierda, de donde Colosio fue baleado
—Desde donde estaba pudo ver “todas las cabezas”
—Escuchó una detonación y vio que el cuerpo de Colosio comenzó a girar hacia la izquierda “un cuarto de giro”
—Una voz masculina gritó “mátalo, mátalo”, y en ese momento escuchó una segunda detonación, pero “de diferente tono”
—Que no vio cuando Aburto disparó ni cuando “aventó” el revólver, pero vio el arma en el suelo
—Que ignoraba si el revólver era “nuevecito”, pero que lo vio brillar en el suelo
—Vio un segundo fogonazo en dirección contraria al primero y hasta distinguió “el humo que salió del arma”
—Del segundo disparo, no pudo “obervar el arma ni a la persona que efectuó” ese segundo disparo
—No podía afirmar que hubieran sido dos armas diferentes pero los disparos le sonaron distintos
—Y que no era cierto que la gente hubiera recogido tierra y sangre del lugar ni que la bala hubiera permanecido 24 horas en el charco
Considerado “testigo número dos” por la Subprocuraduría, Amaral añadió únicamente que nunca dijo —aunque firmó su anterior declaración ministerial— que el cuerpo de Colosio hubiera girado hacia la izquierda
Para Amaral, quien hizo el segundo disparo fue Othón
El “testigo número tres” es Jorge Romero Romero, quien tuvo a su cargo el acarreo de 60 campesinos, con la consigna de ocultar su origen agrario para hacer pensar que se trataba de colonos proletarios de Tijuana
Romero Romero, en el video del atentado, aparece con sombrero blanco de ala, a la izquierda y casi pegado a Colosio, un paso adelante de Othón
Para Humberto López, el investigador particular que entregó a la Fiscalía Especial el video de la autopsia de Colosio que había tomado la propia Procuraduría General de la República, Romero es el único que estuvo en posición de disparar en el costado izquierdo del candidato
Su primera versión ministerial es del 18 de abril de 1994, en la que fungió como testigo Arturo Laurent, visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos
En esa declaración quedó asentado que Romero Romero visitó Lomas Taurinas el día anterior al mitin, para que pudieran darse una idea del lugar el dirigente nacional de la CCI, Alfonso Garzón Santibáñez, y su séquito, los hermanos Cuauhtémoc, Jesús y David Garzón Zatarain
“La CCI de Tijuana está con usted”, alcanzó a decir en corto a Colosio, cuando caminaba a la izquierda del candidato —Garzón Santibáñez le había ordenado que no exhibieran pancartas de la organización—, entre el tumulto informe que se apretujaba al terminar el mitin
“Se le agradece, señor”, dijo que le respondió Luis Donaldo
El movimiento de la gente, para entonces lo separó “como dos metros” del candidato
“Decide retirarse de ese espacio, ya que era mucha la gente y, al dar un giro hacia su izquierda para irse hacia otro lugar, escucha en ese momento una detonación muy fuerte que percibe del lado derecho”, y que al ver que “un sujeto traía una pistola en su mano derecha, dirigiéndola hacia arriba, decidió, por temor, retirarse de su lugar”
Dijo también que fueron dos los disparos que escuchó, “apreciando únicamente que en el piso, que es de tierra, se encontraba tirada una pistola tipo revólver, en color negro y en malas condiciones”
Calculó que en “fracciones de segundo” se sucedieron los dos disparos y recalcó que “no pudo ver al agresor del licenciado Colosio”
Casi un año después, al declarar el 13 de febrero, Romero Romero recordó que los disparos le parecieron, el primero, “sordo y seco”, y el segundo como “bofo” y menos ruidoso,
Añadió también algo que durante once meses ocultó:
Que aunque no quería afectar a ninguna persona, vio “de frente que una mano que empuñaba algo era colocada en el costado izquierdo” del candidato y detalló que “esa mano agredía el cuerpo que tocaba, y alcanzó a notar la punta del cañón de un arma de fuego, sin saber qué tipo de arma era
“La mano pegada al costado izquierdo estaba cubierta por una manga de color oscuro, de color negro”, y era la mano de un “sujeto de complexión robusta, muy alto” Y casi en forma simultánea escuchó los dos disparos
La principal incriminación, la de Amaral, se vino abajo a fines de 1995, cuando el peritaje de rigor demostró la imposibilidad de que hubiera estado a menos de 20 metros de distancia de donde vio el supuesto segundo disparo
OTHON SE APOYO EN DOMIRO
Revalorado por la PGR como hallazgo en un “segundo video” (que resultó ser el mismo de siempre), Othón Cortés había sido ya sujeto de declaración ministerial el 3 de junio de 1994 y aparece en catorce reproducciones secuenciales en el segundo de cuatro tomos del Informe Montes
En las catorce imágenes, que empiezan en la súbita aparición de un cañón de revólver entre caras, cuerpos y cabezas en movimiento, que captan el disparo y terminan con el desplome del candidato, Othón aparece con su mano derecha apoyada en el hombro izquierdo de García Reyes, quien se encontraba cubriendo la espalda del candidato
Si Othón no es zurdo ni ambidiestro, la PGR tendrá que demostrar —además de la conexión con Aburto y el móvil del crimen concertado— cómo fue posible que accionara una pistola para provocar la herida en el abdomen
En su declaración de junio de 1994, Cortés Vázquez dijo que acudió al mitin de Lomas Taurinas por sí mismo, debido a que colaboraba con el PRI local Que al terminar el acto caminaba como a metro y medio, atrás y a la izquierda de Colosio, “cuando de pronto escuchó dos detonaciones que parecieron cohetes”, que vio al candidato tirado en el suelo y que no apreció la detención “del o los agresores” porque “se fue junto con las personas que cargaban” a Luis Donaldo
EL JUEZ DESHACE LA CONCERTACION
Con la liberación de Tranquilino Sánchez Venegas —sobre quien pesaban los mayores elementos de una eventual “acción concertada” para el asesinato de Colosio—, la tesis del complot comenzó a desinflarse y los otros dos cómplices presuntos, Vicente y Rodolfo Mayoral, con menores elementos en contra, fueron liberados después
Los Mayoral huyeron hace unas semanas a los Estados Unidos, en busca de asilo, porque presumen que la Subprocuraduría los quiere volver a detener
El juez Alejandro Sosa Ortiz —quien sentenció a Mario Aburto y liberó a Tranquilino y los Mayoral— debe resolver en unas cuantas semanas el destino de Othón Cortés
A falta de apoyo institucional de la Secretaría de la Defensa, el destino del general Domiro García Reyes está, como nunca, en las manos de la Procuraduría General de la República








