Respuesta de Monsiváis a Héctor Aguilar Camín
El neoliberalismo (o la religión del mercado libre), psicodrama con un final terriblemente real
Carlos Monsiváis
En Proceso 1000, dediqué cuartilla y media a refutar puntos de vista muy tajantes de Héctor Aguilar Camín sobre la opinión pública en 1995 Usa para contestarme cuatro páginas de la revista y “desmenuza” con cierto afán didáctico los argumentos de mi artículo Le agradezco la paciencia, aunque en momentos su lectura no me pareció muy atenta Celebro las coincidencias, y me concentro en las discrepancias, no sin un comentario: como nunca, importa conjuntar ahora, en materia política, el debate de ideas y el análisis de responsabilidades El neoliberalismo en México (o si se quiere la religión del mercado libre) ha sido un psicodrama espectacular en donde un número significativo de personas creyó y sigue creyendo, de modo literal, en la hazaña: inaugurar la historia de México que sí vale la pena Pero al ser lo ocurrido terriblemente real, los actores del psicodrama y todos los demás necesitamos examinar a fondo la relación entre las ideas y su traslado a la práctica, entre las abstracciones de origen vagamente académico y su feroz ejecución gubernamental Hoy la discusión de ideas pasa por la verificación de las condiciones de vida, y a la inversa
1 Caracterización de la opinión pública
A Héctor Aguilar le cuestioné su visión del alma de la opinión pública de 1995, de “rostro airado y a la vez deforme por su ira, con ojos abiertos que no ven sino engendros y quimeras, oídos sensibles que no oyen sino truenos y derrumbes, narices refinadas que no huelen sino miasmas y basurales” En su respuesta da marcha atrás, y le reconoce a esa opinión pública un perfil positivo: “Lo que yo quise retratar en mi artículo fueron sus deformidades del año de 95, y en ese sentido mi retrato, creo, no fue inexacto, aunque sí parcial” ¿Se puede ser parcial y exacto a la vez?
Aguilar Camín observó primero una “especie de comité de salud pública que va cazando réprobos y estigmatizando impuros”, y en donde “cada quien porta un pequeño Robespierre en el alma” Ahora califica a su punto de vista de “maximalista, tremendista y facilista”, pero, también, en lo tocante al balance del sexenio de Salinas, y a la política económica de Salinas y Zedillo, vuelve a fustigar a la opinión pública: “ fue sobrestimada con filtraciones y manipulaciones venidas de la autoridad y de la prensa Fue exacerbada su capacidad de indignación y manipulada su credulidad crítica, sin que se le hayan ofrecido hasta ahora las pruebas reales y los juicios contundentes que su imaginación reclama” En vez de un Comité de Salud Pública un Comité de Títeres, cuyo punto de partida es la credulidad crítica, una contradicción en términos
Aguilar Camín insiste en llamar linchamiento a la versión dominante sobre Salinas y algunos salinistas, que yo considero en lo básico exigencia de justicia desde la información disponible, el relajo y el rumor Cree lesionada la fama pública de Salinas “sin formación de proceso o tumultuariamente”, lo que se debe “a la sobrestimulación con filtraciones y manipulaciones venidas de la autoridad y de la prensa” Mi versión es distinta El gobierno de Zedillo, que sí ha filtrado noticias, y el periodismo, con zonas efectivamente sensacionalistas, ¿fueron los que convencieron a casi todos para que supusiéramos lo increíble, digamos que Salinas abusó del poder, y lo quiso retener a casi cualquier costo, corrompió, hizo lo que le dio la gana, modificó las leyes según sus muy particulares intereses, encabezó un gobierno de suprema ineficacia, usó a conveniencia los mecanismos trituradores del sistema político y empresarial, despilfarró como nadie, creó climas de linchamiento moral, etcétera? Y sobre todo y con tal de “exacerbar su capacidad de indignación” ¿persuadieron los manipuladores a los manipulables-de-siempre, de algo fantástico: las condiciones lamentables de su economía personal? Quien insiste en la manipulación se olvida de la enorme crueldad con que se aplicó el proyecto del régimen, la certeza de que el pueblo aguantaría lo que fuera, las opresiones del salario mínimo, el regodeo al felicitar a los mexicanos por su “sacrificio voluntario” Eso fue linchamiento desde el poder, lo otro es encono divertido o ira reiterada
(Omito de esta lista por su complejidad y porque las autoridades nada concluyente investigan o informan, sólo filtran, lo relativo al narcotráfico y a los crímenes políticos En lo de Colosio, por una vez, la intuición popular, equivocada o no, se adelantó a cualquier manipulación)
Insisto: no veo linchamiento físico en ciernes sino la demanda seria o carnavalesca de justicia Nadie grita: “ProVida/ Pro Muera/ Salinas a la hoguera”, ni “Recibidor y vestíbulo/ Salinas al patíbulo”, sino más llanamente “Goya/ Goya/ Salinas a Almoloya”, y “Salinas/ el pueblo te apoya/ en tu viaje hacia Almoloya” El muñeco más vendido es el de Salinas presidiario, con los billetes en las manos Aguilar Camín dirá que la sentencia se da antes del juicio, pero creo lo opuesto: ante el convencimiento de que el juicio jamás tendrá lugar (las evidencias son enormes), la opinión pública, muy ampliada, ensaya la fiscalía en las conversaciones circulares sobre fortunas del salinismo e infortunios de la mayoría, y llega a la misma conclusión: alguien que, en el mejor de los casos, desempeñó con tal irresponsabilidad su cargo presidencial, merece la beca de Almoloya
No trivializo o minimizo el linchamiento moral, y mucho menos el linchamiento físico, tan abundante en el México contemporáneo Pero no hallo comparables un linchamiento moral histórico y cotidiano contra las minorías, porque “atentan contra la tradición y la identidad”, y el juicio con los elementos disponibles contra un grupo de funcionarios que han dejado el país en condición tan lastimosa ¿Cómo hablar de “minoría” en el caso de Carlos Salinas y algunos de los suyos? Salinas fue presidente de la República, algo que los priístas tienden a olvidar, son enormes sus vínculos con políticos y empresarios, y su poder persiste en buena medida, como lo reiteran el cúmulo de exculpaciones oficiales y el doblegamiento de la Comisión de Honor y Justicia del PRI, incapaz siquiera de censura ¿Se imagina en serio Aguilar Camín a un Salinas mussolinizado por las turbas que lo vapulearían como piñata? Hasta el momento, con la sola excepción de Raúl Salinas, nadie ha tocado a uno solo de los salinistas eminentes, en su mayoría aún en el gobierno y en posiciones encumbradas Y si se supone a los linchados económica y socialmente capaces de todo, yo los concibo requeridos de justicia, y disgustados ante las redes de impunidad que, entre otros, tiende el gobierno En este punto, y más allá de Salinas, lo que está en cuestión es el presidencialismo, la conversión en ideología de una persona a fin de cuentas elegida nada más por su jefe, la concentración bárbara de facultades, la caricatura de la República dibujada por un césar sexenal Aquí sitúo la gran disyuntiva nacional: o se somete a juicio radical el presidencialismo (que Ernesto Zedillo, así prescinda de las sacralizaciones cada media hora, subraya en lo medular, como se ha visto en los casos de la petroquímica, el Seguro Social, etcétera), o nos enfrascaremos en discusiones eternas sobre el modo correcto de tratar a los exfuncionarios
No es muy puntual la lectura que de mi texto hace Aguilar Camín Escribí: “Cabe preguntarse, casi sartreanamente: ¿y qué pretendían de ellos cuando cayeran las mordazas: que cantaran las glorias del Supremo Gobierno?” La frase misma, y el resto del artículo aclaran mi intención: hablar de la libertad que ya se tiene Pero HAC es sardónico: “Por lo demás, ¿cuáles mordazas? ¿La mexicana es una sociedad amordazada? ¿Toda ella, menos Monsiváis?” No, ni mucho menos Pero fue muy alto el costo de la caída de las mordazas Hizo falta la más intensa catástrofe económica recordable, para que el gobierno se convenciera de la inutilidad de la censura, ejercida en lo que se pudo durante el régimen de Salinas, especialmente en las regiones, y que hoy nomás por no dejar todavía se mantiene en parte ¡Ah, los relatos de los telefonazos airados o melifluos del presidente y los secretarios de Estado!
II La demanda de pruebas
¿Cuáles son las impunidades extra-judiciales a que alude Aguilar Camín? Me resisto a creer en las nobles intenciones del así llamado aparato de justicia, y por eso, antes que otra cosa, me uno a quienes demandan el acceso a las pruebas posibles El gobierno retiene, si aún existen, la mayoría de los documentos que informarían de las responsabilidades administrativas en el sexenio 1988-1994 Y puede hacerlo porque, además, no está reglamentado el derecho a la información En 1993 el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, rechazó las peticiones y aseguró que los archivos sobre el 68 se abrirían en 1998 ¿Quedará entonces algún papel? ¿Y tendremos que esperar 30 años para examinar lo reciente, el proceso de privatización, los derroches sin límite, el gasto brutal del PRI en las elecciones de 1994, tan transparentes como la derrama? De las elecciones de 1988, marcadas por la certidumbre pública del fraude, no quedan ya ni las boletas, quemadas “por falta de espacio” ¿Contestará todavía Aguilar Camín a la pregunta sobre la legitimidad de Salinas, como hizo en 1989: “¡Esas son mamadas!”? E incluso cuando hay pruebas, ¿qué mayor impunidad extrajudicial que la permanencia en el poder de Roberto Madrazo Pintado, en Tabasco, luego de la vasta documentación de sus dispendios electorales, y de Rubén Figueroa Alcocer en Guerrero, tras la matanza de 17 campesinos por órdenes de su gobierno? Allí hay testimonios y legajos y pleitos con la PGR y nada pasa Dice HAC: “La impunidad y la ilegalidad no pueden combatirse con nuevas impunidades y nuevas ilegalidades” Cierto, pero éstas las cometen abrumadoramente los gobernantes y los impunes clásicos, no los que demandan justicia
Todos tenemos derechos, y esto incluye a Carlos Salinas, José Córdoba Montoya y Carlos Hank González Pero no se equiparan de modo alguno, como plantea Aguilar Camín, la impunidad, la arbitrariedad, los caprichos y los delitos de los gobernantes con la impunidad, la arbitrariedad, los caprichos y delitos de la sociedad, los medios y la opinión pública Para empezar, ¿dónde radica la impunidad y cuáles son los delitos de la sociedad y la opinión pública? (La impunidad y los delitos de los medios, que existen, son por lo común resultado de su trato cómplice con el gobierno) Para saber el grado de impunidad y el acervo delictuoso de sociedad y opinión pública, necesitamos determinar primero con exactitud qué tanto de lo voceado o murmurado es difamación Y, también, evaluar el peso de las evidencias Los Salinas no son los únicos responsables de lo ocurrido, ¿pero qué saneamiento general de la vida pública puede haber si los cómplices son los jueces, y antes de las acusaciones ya se levanta el muro de la exculpación absoluta? Eso para no comparar resultados: el linchamiento moral de Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD reconocido por Aguilar Camín (“Esa campaña existió, desde luego, y es una de las equivocaciones mayores del salinismo”), tuvo y aún tiene saldos fatales Envalentonados por los hostigamientos verbales, las autoridades de los municipios y de la policía judicial se han dado vuelo, lo que explica los más de 300 perredistas asesinados en el sexenio de Salinas (La Comisión Nacional de Derechos Humanos halló causas políticas en cerca del 70% de los crímenes)
Hasta ahora, Carlos Salinas y el salinismo como visión del mundo desde México, han sido perjudicados en su fama póstuma, en su posibilidad de viajar en Metro sin recibir comentarios adversos, en la imposibilidad de unos cuantos de volver al gobierno No mucho más Escribí que Salinas y Hank, santificados de antemano y defendidos a ultranza, no tenían problemas, y HAC me aplicó un irónico “¿No?” Insisto: no tienen problemas, salvo los que les depare su conciencia, entidad para mí inaccesible, porque el descrédito moral no nulifica ni el crédito bancario, ni la libertad, ni la dispensa de exámenes tan ridículos como el psiquiátrico recién aplicado a Raúl Salinas Aguilar Camín menciona filtraciones y manipulaciones de la autoridad y de la prensa Pero la inconcebible fortuna de Raúl Salinas, para citar algo conspicuo, es un hecho piramidal, y su hermano Carlos no pudo, por ningún motivo, ignorar tan desmesurada rapiña Y nadie lo ha llamado a declarar Y si a alegatos vamos, la autodefensa epistolar de Carlos Salinas es lamentable Insinuó la canallez de los políticos dinosáuricos y su probable involucramiento con el narco y, luego, se extravió en denuestos y autoelogios Tal fue su estrategia: alabanza de sí y vituperio de otros Y tampoco obra a favor de Salinas la vileza, señalada por Aguilar Camín, de quienes fueron sus cortesanos y hoy son sus acusadores Si Salinas escuchó sus vítores tan gratuitamente y sin desconfiar, que ahora, con algo de suspicacia, reciba sus diatribas Es la misma Corte nomás que demacrada
La demanda de pruebas es el recurso fácil del gobierno que se enoja de que alguien pretenda señalarle su deber Ante esta resistencia, la sociedad y los partidos políticos deben exigir que, en el tránsito a la democracia, se les dé un lugar señalado a las investigaciones Donde los informes oficiales son parcialidad y demagogia las filtraciones reinan Donde no se reglamenta ni en lo mínimo el derecho a la información, los rumores se entronizan Y por lo demás, en lo tocante al país, cada quien habla de la prueba mayor, su propia condición económica, que mucho le debe a la política neoliberal, y a su convicción de que la macroeconomía es la única nación existente En resumen, hay evidencias del saqueo y la ineptitud ya penalizable a estos niveles, pero no se inicia juicio alguno por “falta de pruebas” El gobierno de Salinas no tiene porqué responderle a nadie de lo que nos hizo a todos ya que, se argumenta, en rigor no nos hizo nada mientras los jueces no den el visto bueno A posponer certidumbres, vivencias y búsquedas de empleo en espera de las aportaciones del muy objetivo contralor Arsenio Farell
III La destrucción de la economía
Aguilar Camín niega que esté destruida la economía nacional: “¿La crisis económica que vive el país puede describirse sin exagerar como ‘destrucción’? ¿O hay evidencias de que mientras, en efecto, una parte de la economía muere, otra florece?” Entiendo poquísimo de economía (y al decir esto no pretendo igualarme con el inefable Jaime Serra Puche, ni presento mi candidatura para suceder a Guillermo Ortiz y Herminio Blanco) pero si la economía nacional significa aquello que sustenta con dignidad a la mayoría de la población, sí está destruida ¿O nada demuestran los 2 millones de cesados en 1995 (según la CTM), ni los millones y millones de desempleados, ni los innumerables dramas de origen económico? Según datos del INEGI, la caída en el Producto Interno Bruto de enero a septiembre de 1995 equivale a un retroceso económico de 60 ó 63 años Según el INEGI, Nacional Financiera y el Centro de Investigaciones Económicas, la participación de los salarios y remuneraciones en el PIB (cerca del 24%) equivale a lo que se tenía a principios del sexenio de Avila Camacho En cambio el capital se lleva el 65%, para solidificar la concentración del ingreso El propio sector privado reconoce que la planta productiva esta inutilizada en 70% No hay dinero para reactivarla y las mayorías carecen de poder adquisitivo El grueso de los mexicanos han cambiado sus hábitos de consumo (Todo el año es Cuaresma para los carnívoros) Y hay en México 40 ó 45 millones de pobres, muchos de ellos en grados de marginación extrema Item más: el salario mínimo hoy está por debajo del primer salario mínimo en México decretado en 1935 Con la especulación al mando, los deudores atrapados, la violencia y el subempleo en auge, y el campo devastado, la economía nacional está en efecto arrasada Esto no es para siempre, ni abarca a todos los sectores ni significa la liquidación del país, pero no resulta inevitable la palabra destrucción
IV La modernización
Modernización, el vocablo-santoral de los neoliberales, en la puesta en escena del régimen de Salinas y de su continuación estricta con Zedillo, ha significado todo lo contrario Aguilar Camín, al respecto, se pelea con fantasmas: “ lo que me parece que sería una equivocación mayúscula es renunciar a la idea de modernizar a México, encerrarlo en sus tradiciones y fronteras, tratar de sacarlo de la corriente, por lo demás incontenible, del cambio tecnológico y económico mundial” ¿Quién intenta tal necedad? Ni siquiera las corrientes más atrasadas del PRI, el PAN y el PRD Con tal de extinguirlos con frases, Aguilar Camín se inventa fetichistas del anacronismo, pero los genuinos opositores de cualquier proyecto de modernización verdadera, y que por tanto incluya a la gran mayoría, han sido de manera muy clara los gobernantes especializados en oponerse con trucos y dilaciones a la democracia, expertos en la profundización de la miseria, en el incalculable despilfarro, en el aliento a la corrupción, en la indiferencia ante las condiciones reales de la industria, en la devoción por la prosperidad de unos cuantos, en el amor feroz por el endeudamiento (¡Ah, la habilísima estrategia de los Tesobonos!) Los “pobres resultados” de tal estrategia son la consecuencia de una “modernización” falsa y despiadada
A Héctor Aguilar le intriga una de mis frases: “No recuerdo, sin embargo en qué momento se autoproclamaron los `salvadores de México’“ Con palabras levemente distintas, no otra cosa hicieron Cito una de las frases más increíbles de Carlos Salinas, dicha en una Semana de Solidaridad, en el mediodía de los video-clips de su gloria: “Nadie podrá decir, de ahora en adelante, que hay un solo mexicano olvidado en México” ¿Y qué decir de la promesa a los jóvenes, en la revista Eres, de que México entraría al Primer Mundo en el año 2000? En su discurso de presentación de Procampo (4 de octubre de 1993), Salinas festeja su gran logro: “ pero sobre todo llevarles (recursos) a los que nunca, ¡nunca habían recibido un resultado de esta acción comprometida del Estado!” El, según sus discursos, no sólo redime a la nación, también le construye la memoria igualitaria y una mentalidad diferente
Un México más fuerte y unido significa que a lo largo de estos cinco años, hemos fortalecido la soberanía de nuestra Patria Y al alcanzarlo, confirmamos que somos la generación del cambio; del cambio hacia adelante, hacia nuevos horizontes, con más promisorias perspectivas, con esperanza, orgullosos de nuestro pasado y la mirada puesta en el porvenir
¡La Patria se ha salvado! Y recuérdese ese otro episodio vibrante, del 24 de julio de 1989, cuando en mensaje televisivo se nos informó del éxito de la renegociación de la deuda, y Salinas precisó:
Pueden ahora, compatriotas, decir a sus hijos que el mundo que les tocará vivir no será fácil, pero sí será mejor, porque ya no cargarán con el peso del endeudamiento excesivo Los invito, compatriotas, a que ahora entonemos juntos, de pie y con orgullo, nuestro Himno Nacional
Allí, frente al televisor, la nación cantó o debió cantar el Himno ¡La Patria se ha salvado! Aguilar Camín, en acto de fe de historia patria, no cree “que ningún gobernante de México, nunca, se haya entregado sumisamente a la presión exterior y mucho menos a la entidad opresiva y antimexicana que Monsiváis denomina `orden financiero internacional’“ Es su creencia, la mía es distinta, aunque quizá debí matizar: la entrega fue sumisa y gozosa, como exhiben el intento de redefinir la soberanía, la obediencia puntual a las condiciones del Banco Mundial o, incluso, esa porra inefable de los priístas de Monterrey, en ocasión de la visita de George Bush: “¡George, amigo/el pueblo está contigo!” Luego, Aguilar Camín, a una afirmación mía (“Si la `modernización’ se deshizo en un día, el 19 de diciembre de 1994, es porque en lo básico era argucia publicitaria y especulación”) responde: “¿Pero se deshizo la modernización en un día? No lo creo” Yo tampoco, pero HAC, al despojar de sus comillas al vocablo, modifica el sentido de mi frase Aludí a la “modernización” (nótense las comillas) de Salinas, a su deseo de extraer la prosperidad del sombrero, a su entusiasmo por ese viaje en arca de Noé al Primer Mundo Y que los pobres esperaran en su sitio, sometiditos, ya que como Salinas lo expresó reiteradamente: “En la pobreza no hay democracia”
Aguilar Camín insiste: “No entiendo cómo pueda participar en la modernización el gobierno de un modo `distinto’ al que declara oficialmente” Por ejemplo, puede participar abandonando su política de no permitirle a la sociedad ni alternativas ni propuestas de alternativas, y rehusándose a la megalomanía y al mesianismo-para-principiantes Salinas —antes de él, el diluvio— sintió que su gobierno lo inauguraba todo (“La modernización de México es también inevitable Sólo así podremos afirmar nuestra soberanía en un mundo en profunda transformación” Discurso de toma de posesión, 1¼ de diciembre de 1988), y describió a la modernización como un cromo del calendarista Helguera:
Para la familia mexicana, la modernización es una oportunidad para reafirmar los lazos de unión, el respeto a los mayores, cumplir los deberes con sus semejantes y para ser honestos en el estudio, el trabajo y en el esparcimiento (Primer Informe Presidencial de noviembre de 1989)
La “modernización” que nos permite ser honestos al jugar basquet o nintendo, y que a la fuerza deposita todos sus mecanismos en manos del presidencialismo y asociados, sí se deshizo en un día Aguilar Camín estuvo cerca de Carlos Salinas y atestiguó el “aterrizaje desastroso” del proyecto Por eso, y como todos nosotros, debe estar al tanto de la manera en que las estrategias autoritarias se vuelven métodos infalibles de retroceso
Estoy seguro de que en el caso de los neoliberales la sociedad no se equivoca Su paso por el poder es y sigue siendo nefasto, y la crítica que se les endereza, la festiva y la solemne, me resultan en lo esencial correctas Y sé también que al estar en juego el proyecto de nación, es tan fundamental la responsabilidad de las ideas como la ubicación jurídica de los causantes de la catástrofe








