Con Camacho, la familia priísta se deshace de uno más de sus propios hijos

De ruptura en ruptura, de asesinato en asesinato, la familia priísta continúa resquebrajándose por sus propios cismas
Ahora tocó el turno a los “camachistas”, que el viernes 13 decidieron separarse del partido en el que militaron durante muchos años, y mediante el cual alcanzaron posiciones de poder
Pero la renuncia de Manuel Camacho, significó algo más que su simple separación del partido Culminó el derrumbe del grupo de amigos que se alió en los años sesenta para detentar y compartir el poder:
Carlos Salinas, en el destierro y bajo sospecha; su hermano Raúl, en la cárcel; José Francisco Ruiz Massieu, cuñado de ambos, asesinado, lo mismo que Luis Donaldo Colosio, quien a pesar de haberse integrado tardíamente al grupo, fue escogido por Salinas para seguir detentando el poder; Emilio Lozoya Thalmann, alejado de la política Manuel Camacho, por fin definido, fuera del PRI
En 1987, otra parte de la “gran familia priísta”, más antigua que la actual, se salió del partido Primero formó la Corriente Democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo Fueron arrinconados por el aparato y obligados a retirarse, como sucede ahora Camacho
“Porque no hay voluntad para hacer el cambio de régimen, ni la reforma verdadera del PRI”, Camacho renunció, el viernes 13, al PRI, en el que militó durante 30 años, y cuya credencial de ingreso firmó Carlos A Madrazo, otro frustrado reformador de ese partido
Con semejantes argumentos, Cárdenas y Muñoz Ledo —aunque éstos con enorme caudal de seguidores— tomaron la misma determinación, a unos meses de la controvertida contienda electoral de 1988, en la que tomó y se repartió el poder el grupo salinista, dejando a un lado a los viejos políticos, con lo que se produjo en el PRI la división entre los jóvenes tecnócratas y los llamados “dinosaurios”
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Carlos Salinas y su grupo habían trabado —desde los años sesenta— las relaciones necesarias para disfrutar del poder
Los vínculos entre las familias Salinas, Camacho y Lozoya se remontaban hasta los años treinta
Eduardo de Gortari Carbajal, tío del expresidente; Manuel Camacho López, padre del exregente, y Jesús Lozoya Solís, padre del extitular de la Secretaría de Energía Minas e Industria Paraestatal (SEMIP), fueron amigos en la Escuela Médico Militar
Lozoya Solís, en su libro La Escuela Médico Militar de México, evoca a ambos
De Eduardo de Gortari decía: “Otorrinolaringólogo de prestigio, profesor de la escuela, ejemplar y sensitivo amigo”
A Camacho López, a quien apodaba El Gallo, su compañero en la generación 1934, lo recordaba: “Un alumno brillante, que no ejerció la medicina por dedicarse a la administración de Sanidad Militar, donde tuvo siempre altos puestos En el comercio quimicofarmacéutico triunfó”
Manuel Camacho y Carlos Salinas se conocieron en la Escuela Nacional de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —miembros ambos de la generación 1966-1970—, donde también estudiaron otros políticos que a la postre compartirían el poder:
Patricio Chirinos, actual gobernador de Veracruz; María de los Angeles Moreno, exdirigente del PRI y actualmente senadora; María Elena Vázquez Nava, exsecretaria de la Contraloría, y Jorge de la Vega Domínguez, quien destapó, por decisión de Miguel de la Madrid, a Salinas
Algunos de estos entonces jóvenes se encontraron en el PRI Eran tiempos de las ideas renovadoras del entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Carlos A Madrazo, y quisieron formar parte de la transformación que se pretendía
En 1965 ingresó a ese partido, a la edad de 18 años, Emilio Lozoya Al frente de la Dirección Nacional Juvenil estaba Rodolfo Echeverría Ruiz; en la Subsecretaría de Prensa y Propaganda, Manuel Camacho —ingresado ese mismo año al PRI— y en la Secretaría de Planeación Política, Patricio Chirinos
Carlos Salinas, por su parte, sería al año siguiente —1966—ayudante del entonces diputado federal Gonzalo Martínez Corbalá, a la postre —en el ocaso del gobierno salinista— fracasado candidato a gobernador constitucional de San Luis Potosí
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Con el lema de “La profesión al servicio de la política, la política al servicio del pueblo”, el 6 de marzo de 1971 quedó legalmente constituida, en Acapulco, Guerrero, la asociación civil Política y Profesión Revolucionaria
Uno de sus objetivos principales era “colaborar con las instituciones de la Revolución que en forma más constante y profunda se aboquen a la resolución de los problemas de nuestro pueblo, en el entendido de que esta colaboración se hará principalmente con el Partido Revolucionario Institucional y cumpliendo su Declaración de Principios, su Programa de Acción y sus Estatutos”
Desde entonces, el grupo compartió el poder:
La mesa directiva de la naciente agrupación, aliada del PRI, fue presidida por Carlos Salinas, Manuel Camacho fue el secretario general y José Francisco Ruiz Massieu, el oficial mayor
Con el paso del tiempo, dos de las familias quedaron emparentados con el matrimonio de José Francisco Ruiz Massieu con Adriana Margarita Salinas de Gortari
Otros integrantes de esa asociación civil ocuparon, ya con Salinas en el poder, los cargos de mayor relevancia a que hayan llegado:
—Emilio Lozoya Thalmann fue a principios del sexenio director del ISSSTE y luego titular de la SEMIP
—Raúl Salinas de Gortari, hermano del presidente, director de Liconsa
—René Villarreal, en la Dirección General de Productora e Importadora de Papel (PIPSA)
—Carlos Mier y Terán, en la Subsecretaría de Comunicaciones y Transportes
—René González de la Vega, subprocurador de Justicia del Distrito Federal y después subprocurador general de la República Ambos cargos los desempeñó con el efímero salinista Ignacio Morales Lechuga
González de la Vega secundó a Mario Ruiz Massieu, en noviembre del año pasado, cuando el subprocurador de la PGR renunció al PRI y acusó de interferencia en las investigaciones del asesinato de su hermano José Francisco a la presidenta del PRI, María de los Angeles Moreno
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El libro Ruiz Massieu, el mejor enemigo —de los escritores Eugenio Aguirre, Gerardo de la Torre, Rafael Ramírez Heredia y Guillermo Zambrano— describe escenas de quienes, casi dos décadas después, detentarían el poder durante seis años
En el libro —”producto de una extensa y seria investigación”— se cita a una “amiga” que relata los frecuentes encuentros del compacto grupo, cuyos integrantes tenían “plena conciencia de que serían los funcionarios públicos que regirían los destinos del país”
El domicilio de los padres de Carlos Salinas, Raúl Salinas Lozano y Margarita de Gortari —cuenta el libro—, se convirtió en cenáculo para la discusión del movimiento estudiantil de 1968 y la necesidad de realizar las transformaciones que el país a su juicio requería:
Jamás podré olvidar una cena que tuvimos en mi casa, si mal no recuerdo a principios de 1970 (yo todavía era soltera), a la que asistieron Adriana, Maricela, Carlos, Manuel Camacho y tú A la mitad del plato fuerte, un bacalao descongelado que nos había sobrado de Navidad y que, por cierto, resultó sabrosísimo, Carlos, con toda solemnidad, interrumpió el chacoteo para declarar:
“¡Silencio, compañeros, les ruego su atención porque voy a hacer declaraciones importantes! ¡Yo voy a ser ministro de Hacienda!” Luego alzó su vaso, todavía no usábamos copas para beber el horripilante brebaje llamado Padre Kino, y brindó por el mismo con una cara que me puso los pelos de punta
Tú, por supuesto, no quisiste quedarte corto y al punto pronunciaste: “¡Pues yo seré gobernador de Guerrero!” Y mientras Adriana, Maricela y yo los mirábamos con la conmiseración adecuada para no provocar la ira del par de loquitos; Manuel se levantó de la silla y declaró: “¡Yo, señores, voy a ser presidente de la República!”
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Los integrantes del grupo fueron testigos del sacudimiento que experimentó su partido desde el surgimiento, hacia finales de 1986, de la Corriente Democrática que encabezaron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, priístas de amplia trayectoria
Imposibilitada de participar en un proceso democrático en el que fueran designados los candidatos del PRI a diputaciones, senadurías y a la Presidencia de la República, la Corriente Democrática tuvo que abandonar el PRI hacia finales de 1987
Emilio Lozoya Thalmann fue uno de los encargados de defenestrar a sus antiguos correligionarios con artículos publicados en el diario Excélsior
En marzo de 1988, a cuatro meses de la elección, criticó la alianza que establecieron los partidos en el Frente Democrático Nacional (FDN):
Se trata —escribió— de una alianza “circunstancial y débil” y consideró que el hecho de que los partidos Mexicano Socialista (PMS), Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), Popular Socialista (PPS) y del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) hayan registrado por separado sus plataformas electorales, era “reflejo del distanciamiento que existe entre ellos”
“Otra contradicción evidente en la que a diario incurrió Cuauhtémoc es que, por otra parte, afirma categórico que no existe cardenismo, mientras por la otra explota al máximo esa corriente con fines propagandísticos y burdamente mercantilistas
“¿Por qué pretende el ingeniero Cárdenas negar a cada rato la sombra bienhechora de su progenitor y al mismo tiempo se cobija en ella para usufructuarla? ¿Para qué intenta el alegato de la valía propia si le es imposible dejar de recurrir al simbolismo y a la reminiscencia de don Lázaro?”, se preguntaba Lozoya Thalmann
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Ya secretario general del CEN del PRI, Camacho fue el encargado en 1988 de “palomear” las listas de candidatos a puestos de elección popular, y Patricio Chirinos se responsabilizó, desde la Secretaría de Acción Electoral, de la estrategia para llevar a Carlos Salinas a la Presidencia de la República, quien si bien no había visto cumplido su deseo de ser secretario de Hacienda, sí lo había sido de Programación y Presupuesto
Poco antes, otro de los principales miembros del grupo salinista, José Francisco Ruiz Massieu, había comenzado su gestión como gobernador de Guerrero, tal como se lo había propuesto de joven La elección en ese estado, acusó la oposición, había sido “fraudulenta”, mismo pecado que se atribuyó en julio de 1988 a la elección de Salinas de Gortari
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Ya con el poder total en sus manos se distribuyeron los puestos: Camacho en el Departamento del Distrito Federal; Chirinos, en la Secretaría de Asentamientos Humanos y Medio Ambiente; Lozoya en el ISSSTE
Pero había nuevos integrantes del grupo, que se habían integrado durante la gestión de Salinas en Programación y Presupuesto: Luis Donaldo Colosio, designado presidente nacional del PRI, y Ernesto Zedillo, quien se quedó en la SPP, entre otros
Y el grupo siguió compacto hasta que Salinas tuvo que elegir a su sucesor: Prefirió a Colosio sobre Camacho, su viejo amigo, y comenzó la fractura
Camacho mostró su descontento y nunca apoyó la candidatura de Colosio
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El 23 de marzo de 1994, Colosio fue asesinado en Lomas Taurinas, un suburbio de Tijuana, Baja California Entonces el beneficiado por la decisión de Salinas de Gortari fue Zedillo, designado candidato a la Presidencia por el PRI
Triunfó en las elecciones del 21 de agosto, lo mismo que el candidato a diputado federal por Guerrero, José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI, y coordinador de la diputación priísta que entraría en funciones el 1º de noviembre de 1994
Alejado Camacho del PRI, pues fue repudiado después del asesinato de Colosio, Ruiz Massieu era el único miembro del antiguo grupo al que todavía se auguraba un futuro brillante en la política Sin embargo, el 28 de septiembre de ese año fue asesinado Manuel Muñoz Rocha, con una larga militancia en el PRI, fue señalado inicialmente como el principal autor intelectual del crimen
Y a partir del 1º de diciembre comenzó la debacle del salinismo: la devaluación del peso, la crisis económica; el 28 de febrero de 1995, la detención de Raúl Salinas de Gortari, acusado de ser el autor intelectual del asesinato de su excuñado, José Francisco; el rompimiento Salinas-Zedillo, y el exilio del expresidente
Finalmente, a partir de que los diarios Reforma y El Norte publicaron, el martes 3 de octubre, la carta que Ernesto Zedillo envió a Luis Donaldo Colosio el 19 de marzo de 1994 —en plena campaña presidencial y a cuatro días del asesinato—, Camacho fue blanco de andanadas en los periódicos
Los “ataques”, según Camacho, se debieron a una estrategia orquestada desde Los Pinos, con cuyo huésped había tenido tal confrontación durante el proceso electoral, al grado que lo hizo renunciar, en junio del año pasado, como comisionado para la paz en Chiapas
Después se produjeron los ataques del secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet El viernes 13, otra vez enmedio de la expectación, ante casi un centenar de periodistas nacionales y extranjeros, Camacho puso fin en siete minutos a 30 años de militancia priísta
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—¿Cuál es mi bronca con Zedillo? No lo sé Yo lo apoyé cuando fue candidato, cuando llegó a la Presidencia yo estaba dispuesto a ser parte de su gabinete —confió a reporteros de Proceso, Reforma y Excélsior, ese mismo viernes
Después, relajado por la decisión tomada, reconoció que hubiera preferido trabajar desde su Fundación Democracia y Desarrollo en los cambios que requiere el país, y “no tener una disciplina vertical respecto del gobierno”
Pero, concluyó: “Es difícil, en un sistema autoritario, como el mexicano, tener una posición política de autonomía”
Premonitoriamente, en 1977 había escrito en la revista Vuelta:
“Entre quienes está en el grupo gobernante y quienes son expulsados o no serán aceptados existen estadios intermedios Los más comunes son los de aquellos que están `purgando sexenalmente sus pecados’ y los de quienes están en el limbo, o sea, `quienes al nacer murieron políticamente’
“Pero lo más terrible ocurre cuando se condena a un político al `infierno'”
Con él se van Alejandra Moreno Toscano, Juan Enríquez, Marcelo Ebrard, y otros de sus colaboradores, todos ellos con reconocida militancia en el PRI