Coldwell diagnostica los males del PRI: simulación, imposición, tapadismo, dedazo, confusión, crisis económicas y neolib

Sereno pero crítico al sopesar el pasado reciente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Pedro Joaquín Coldwell reconoce: “El parteaguas del partido lo representó el fin del Estado dadivoso”
En espera de presentar su renuncia como secretario general del PRI —que el sábado 19 aceptó el Consejo Político Nacional—, señala que los priístas acusan a Carlos Salinas de Gortari de haber impuesto al partido, durante su gobierno, la doctrina del liberalismo social
Y juzga: “Hizo falta un trabajo de convencimiento con las bases; la declaración de principios del liberalismo social fue impuesta desde arriba sin dar el suficiente tiempo de maduración a las bases”
Por añadidura, dice, el priísmo laico no está de acuerdo con la reforma al artículo 130 de la Constitución, como tampoco lo está el priísmo agrarista con los cambios al artículo 27
Exsecretario de Estado, exgobernador de Quintana Roo, Coldwell se adentra en el pasado inmediato, y asegura que el partido se convirtió “en el instrumento político para el proyecto de neoliberalización económica”, aunque Salinas quiso siempre desmentirlo
De cara al porvenir, opina que la “sana distancia” entre el PRI y el gobierno, propuesta por el presidente Ernesto Zedillo, debe ser asimilada por la militancia como una oportunidad para no ser más “una agencia gubernamental, sino un verdadero partido político que tome sus propias decisiones”
Cozumeleño de 45 años de edad, Pedro Joaquín Coldwell piensa que lo mejor que puede hacer el PRI, con miras hacia su XVII Asamblea Nacional, es impulsar la democracia interna y comprometerse con la gigantesca deuda social de 40 millones de mexicanos pobres
La víspera de su relevo, confía: “Era una salida inevitable: a María (de los Angeles Moreno) y a mí, el ciclo político se nos había acabado Nos estábamos desgastando en el centro de la tormenta política”
A punto de desocupar el despacho de la Secretaría General, en el que estuvo casi nueve meses, Coldwell piensa que la designación de Santiago Oñate como nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional “debe ser la última que se hace por el método tradicional”: el dedazo
* * * * *
“El país está inmerso en una crisis muy profunda, con efectos económicos dramáticos que impactan severamente el nivel de vida de muchos mexicanos”, dice, para luego hilar esos “efectos” como causantes del desencanto popular ante el PRI
En su espaciosa oficina, Pedro Joaquín Coldwell refiere que el PRI, al igual que el país, pasa por un proceso de crisis y de transformación “El desencanto popular —explica— viene de que en el pasado reciente fincamos esperanzas de un progreso generalizado en la sociedad mexicana
“Había la percepción popular de que el país cerraba un ciclo de ajuste económico doloroso, pero que los cambios instrumentados iban a permitir que llegara una era de prosperidad económica, y no se dio En consecuencia, esto provocó que la sociedad mexicana, que el año pasado —sobre todo en la elección federal— era una sociedad de expectativas, hoy sea una sociedad de protesta”
El partido, expresa, afronta como circunstancia adversa la propia crisis económica, que ha tenido como efecto que en algunas entidades del país se reduzca la votación que tradicionalmente recibía el PRI
“Otro obstáculo que tiene el PRI de esta hora tiene que ver con los crímenes políticos: mientras no exista, de las autoridades competentes, una averiguación convincente a los ojos de la sociedad, va a ser propicio para que los adversarios de nuestro partido nos formulen acusaciones que no siempre han podido ser fundadas”
Licenciado en derecho por la Universidad Iberoamericana, Coldwell reconoce que “existe un reproche social al partido en el sentido de que no siempre ha sido lo suficientemente enérgico para denunciar casos de corrupción gubernamental, cuando éstos se han presentado”
Para el exsecretario de Turismo (1990-1993), sin embargo, el hecho de que haya terminado “la etapa del reparto agrario, de que se haya puesto fin a las tasas blandas de los créditos agropecuarios y la aparición de los topes salariales, han significado un golpe profundo a los sectores que forman parte de nuestra organización”
Y esto ha generado un problema de confusión ideológica en el PRI: “El priísta tradicional, que generalmente era agrarista, laico, que creía en la rectoría económica del Estado, al venir la gran oleada internacional y nacional neoliberal ha establecido una contradicción entre lo que decía la declaración de principios del partido, y lo que el gobierno tuvo que hacer para adecuarse a los nuevos tiempos y para sortear las diferentes crisis económicas por las que el país ha venido atravesando
“Creo que eso también le ha quitado las banderas que el PRI tradicionalmente enarbolaba y lo ayudaban a ser verdaderamente un partido de obreros, de campesinos y de clases medias populares”
—¿Se neoliberalizó el partido?
—El partido se convirtió en el instrumento político para el proyecto de neoliberalización, y eso trajo confusión ideológica entre los priístas
“Por otro lado, creo que también se están dando cosas positivas en el seno del PRI: una muy importante es el nuevo liderazgo partidario que está ejerciendo el presidente de la República, que no ha sido del todo bien entendido por los priístas, en el que por primera vez en mucho tiempo el presidente no está influyendo en la decisión de la selección de los candidatos a cargos de elección popular del PRI”
Según afirma, desde que Zedillo fue candidato priísta a la Presidencia “no ha habido absolutamente dedazos ni ha habido tapados, y las decisiones no se han tomado en Los Pinos, sino han sido en muchos casos tomadas con la militancia de cada una de las entidades federativas”
—Entonces, ¿qué ha dejado la “sana distancia” con el presidente de la República?
—Algunos militantes han interpretado que se trata de una separación tajante, cuando en realidad lo que se le está dando al PRI es la oportunidad de no ser una agencia gubernamental, sino un verdadero partido político que tome sus decisiones; yo creo que los priístas tenemos que tomarle la palabra al presidente y organizarnos para que el PRI tome sus propias decisiones en cuanto a lo que concierne a dirigencias y a cargos de elección popular
“Creo que hay una actitud, no de renuncia a la militancia del presidente, sino de un liderazgo respetuoso de las decisiones internas del partido”
—La relación PRI-gobierno de antaño fue nociva entonces para el partido
—No siempre fue nociva: El PRI actuó durante muchos años como la gran herramienta de la estabilidad gubernamental El binomio presidente-partido fue la llave maestra del sistema político mexicano; el PRI se benefició de esta relación en tanto existían en México posibilidades del Estado benefactor El desgaste del partido se inicia cuando se tienen que tomar decisiones de carácter doloroso que significan un nuevo rumbo para el país, cuando el Estado subsidiador termina su ciclo y tiene que dar paso a programas de choque de carácter económico y a una economía fincada en la dura realidad
—La tecnocracia, el neoliberalismo, ¿significaron el parteaguas?
—Yo más bien creo que lo que significó el parteaguas fue el fin de un modelo económico que hizo crisis, que fue insostenible: el de las grandes empresas paraestatales —subsidiadas por el presupuesto estatal—, el del proteccionismo a ultranza a la industria mexicana, el del Estado dadivoso, que hizo crisis Hubo que hacer un cambio que ha llevado muchos años y que ha sido doloroso para los mexicanos; el PRI, es cierto, ha tenido que pagar una parte importante de este costo político
—Recientemente, María de los Angeles Moreno se pronunció por una cambio en la política económica
—Bueno, es un planteamiento que yo creo que apoya la mayoría de los priístas, y sabemos que en el corto plazo no hay otra medicina que la que está planteando el gobierno; pero una vez que se logren estabilizar los principales factores macroeconómicos, el gobierno de la República debe retomar su compromiso social y plantear un modelo económico que permita el combate a la pobreza
“Hoy no hay mayor compromiso para el PRI y para el gobierno que su gigantesca deuda social con 40 millones de pobres mexicanos”, sostiene
DESDE ARRIBA
En Baja California, Pedro Joaquín Coldwell tuvo lo que a la postre significó su mayor fracaso como secretario general del PRI A la entidad viajó por lo menos dos meses antes de la elección —celebrada el 6 de agosto— para tomar el control de la campaña del candidato Francisco Pérez Tejada
En alusión a la falta de un margen amplio favorable al partido en las encuestas, Coldwell dijo a los suyos: “Los números andan mal”
“Tenemos que hacer algo para revivir esto”, señaló en Tijuana a Rubén Adame, dirigente estatal priísta, y remató: “Estoy cansado de pendejadas”
A las tres de la mañana del lunes 7, Pedro Joaquín Coldwell ofreció una conferencia de prensa en la que aceptó que las tendencias no eran favorables al PRI; horas antes, empero, en la Ciudad de México el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priísta ya aceptaba resultados adversos para Pérez Tejada, y este anuncio ocasionó que, inicialmente, Coldwell reprochara telefónicamente a María de los Angeles Moreno haber adelantado las tendencias (Proceso 980)
Finalmente, explicó a los reporteros: “La permanencia de la dirigencia nacional del PRI depende del mandato de nuestras bases, no de una elección particular Ni por haber perdido en Baja California se acaba el PRI, ni por haber ganado en Chihuaha se va a acabar la oposición”
Luego, cuando ya Zedillo había felicitado al candidato ganador, el panista Héctor Terán Terán, Coldwell llamó al priísmo local a no caer en el “desánimo”
Militante en las filas priístas desde 1971, Coldwell no rehúye en la entrevista hablar de Carlos Salinas de Gortari, del que afirma que —”como cualquier otro expresidente”— no tiene ninguna influencia en el partido “Sigue vigente —asegura— la sana tradición de que los expresidentes pasan al retiro de la vida política”
—¿Hay resentimiento de priístas contra Salinas?
—Me parece que hay algún sector del priísmo que cuestiona algunas de las decisiones que se tomaron en el régimen del licenciado Salinas Pudiera decir que el priísmo laico no está de acuerdo con la reforma al artículo 130 constitucional, como tampoco lo está el priísmo agrarista con los cambios al 27
“Existe también, entre nuestros militantes, el reclamo por algunas negociaciones políticas con el Partido Acción Nacional, pero que fueron obligadas por circunstancias políticas”
—¿Ve partido para el 2000?
—Sí Yo creo que el PRI no es un partido con los días contados Es un partido con mística, con una organización y con millones de militantes
“La viabilidad del PRI depende de su reforma interna; sí es necesario que el PRI, para esto, se democratice, establezca una nueva relación con el gobierno, y realmente se convierta en gestor de la necesidad pública”
—¿Los priístas apuestan todo a la XVII Asamblea?
—Desde luego que hay un sentimiento ambivalente del priísmo frente a la asamblea: hay quienes tiene cifradas esperanzas del cambio, y otros que lo ven con un gran escepticismo, porque debemos reconocer que, en el pasado, también hubo ofertas de reforma interna que no se pudieron plasmar Quizá la mayor decepción priísta haya sido la XIV asamblea, que presidió Luis Donaldo Colosio
“Ahí —afirma— se aprobaron cambios muy importantes que iban hacia la democracia interna del partido, hacia un partido más combativo, pero después privó el principio de ‘obedézcase pero no se cumpla'”
—¿No teme que vuelva a ocurrir eso?
—Bueno, riesgos de simulación política siempre van a existir; pero me parece que ahora hay una mayor combatividad en nuestros militantes, y hay también un imperativo de cambio que nos imponen factores externos
Pedro Joaquín Coldwell, quien tomó las riendas de la Secretaría General en diciembre del año pasado, considera que es necesario “un reencuentro ideológico del PRI con los principios de la Revolución Mexicana”
Según explica, “el PRI, como muchos otros partidos del mundo, fue afectado por la gran ola neoliberal que a partir de la caída del Muro de Berlín se dio en todo el mundo Pero hay una demanda generalizada en nuestros militantes de rescatar los principios de justicia social, planteándolos también en términos de la modernidad que impera en este momento en México
—Ideológicamente, ¿en dónde sitúa al partido?
—Creo que el destino del PRI es convertirse en un partido de centro-izquierda, debe ser un partido socialdemócrata; si el PRI no es fiel a su origen, e incurre en el error de tomar modelos ideológicamente ajenos a su tradición, a la larga va a ser negativo
—¿Salinas desideologizó al PRI?
—Mire: Los priístas señalan en este momento que el presidente Salinas impuso el liberalismo social en el partido, y lo identifican con el neoliberalismo económico; pero creo que Salinas fue obligado a realizar los cambios económicos que la mayoría de los mexicanos estaban demandando, y en cierto momento percibió que esos cambios estaban encuadrados en la filosofía neoliberal Entonces encontró, en el liberalismo social que imperó en el siglo XIX en México —y que luego recreó Jesús Reyes Heroles—, una forma de equilibrar ideológicamente al partido
“Quizás lo que faltó es un trabajo de convencimiento con las bases; la declaración de principios del liberalismo social fue impuesta desde arriba, sin darle el suficiente tiempo de maduración a las bases; por eso ahora vemos un mecanismo de rechazo Pero yo creo que fue una señal de rectificación o de equilibrio que tomaba en ese momento el gobierno del presidente Salinas para darle también importancia a lo social”
—¿Dañó al partido?
—Creo que sí es posible que haya causado un efecto negativo en cuanto que las bases priístas no asimilaron este concepto ideológico adecuadamente; por eso hay ahora un planteamiento —bastante generalizado— de volver al nacionalismo revolucionario
“El partido debe desprenderse de lastres como la dependencia gubernamental, el tapadismo, el dedazo, la burocratización en que ha incurrido el PRI; igualmente, debemos combatir la simulación política y dar paso a una mayor autenticidad en nuestras acciones”
—¿Cómo se da la simulación política en las filas del PRI?
—Bueno, un caso de simulación fue, por ejemplo, la Asamblea XIV
Pedro Joaquín Coldwell, quien se reconoce “amigo de María de los Angeles Moreno”, dice que para que la XVII Asamblea Nacional sea creíble, a los cambios estatutarios del partido hay que sumar “acciones reales y concretas que evidencien congruencia entre el discurso político y el hacer del partido”
—¿Cuáles acciones concretas y reales?
—Creo que algunas ya están en marcha Por ejemplo, el respeto a la autonomía del partido por parte del presidente Zedillo; pero tendremos que avalar, en los hechos, nuestras palabras
—¿Qué ha significado que el partido se haya burocratizado?
—Que en muchos casos el PRI actuó como dependencia gubernamental y no como un auténtico partido político esa es una tendencia que, como reto, tenemos que revertir en la Asamblea XVII