De cómo el EZLN se organizó, armó y decidió iniciar en Chiapas la guerra de liberación

Del libro La rebelión de las cañadas, del investigador Carlos Tello Díaz, próximo a publicarse, transcribimos partes sustanciales del capítulo relativo a las circunstancias en que, de acuerdo con el autor, los dirigentes de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) decidieron culminar décadas de organización en la selva chiapaneca con el levantamiento armado que hizo entrar al EZLN a la historia del país el 1º de enero de 1994 Acompañamos el fragmento con la “Advertencia” que el propio autor incluye al principio de su obra
ADVERTENCIA
Este libro fue concebido con el ánimo de comprender, no de juzgar Narra la historia de las comunidades que protagonizaron, a partir de 1994, la rebelión de Chiapas La historia comienza a finales de la década de los cincuenta, con el éxodo de los indígenas hacia las cañadas de la Selva Abarca más de siete lustros, para culminar, al fin, con el estallido de la rebelión El trabajo está basado, más que nada, en testimonios y documentos Es resultado del interés con el que lo vieron muchos de quienes participaron —como actores o como testigos— en el levantamiento del EZLN Todos los nombres que aparecen en el texto son reales, con una excepción: los de los zapatistas del ejido La Sultana Algunos de los nombres mencionados en las notas de las entrevistas, a su vez, han tenido que ser modificados La corrección del texto, para fortuna del libro, estuvo a cargo de Antonio Bolívar El trabajo, en general, fue realizado con ayuda de la revista Nexos y, por supuesto, con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte
A partir de la década de los noventa, el EZLN tuvo que replantear sus relaciones con la diócesis de San Cristóbal Los insurgentes eran ya muy fuertes, demasiado para ser detenidos por la Iglesia Muchos de sus compañeros, sin embargo, los abandonaban por sus desacuerdos con los sacerdotes Esos desacuerdos, al pasar el tiempo, enfrentaron también a Marcos con don Samuel El obispo lamentaba, en privado, el apoyo brindado por los curas a las FLN (Fuerzas de Liberación Nacional) “Esas gentes”, decía con desazón, “se vinieron a montar en un caballo ensillado” (1) Era terrible Ahora llevaban a los indios al borde de la tragedia El subcomandante, por su lado, contragolpeaba sin contemplaciones Sus palabras retumbaban en el aire “Aquí no va a haber ARIC (Asociación Rural de Interés Colectivo), no va a haber Palabra de Dios, no va a haber gobierno de la República Aquí va a haber Ejército Zapatista de Liberación Nacional” (2) En medio de la disputa, Jorge Santiago (Jacobo) mediaba para lograr la reconciliación en Chiapas Jorge ya no era compañero de Elisa, quien entonces vivía fuera de la Selva con Vicente, pero mantenía relaciones muy estrechas con la dirigencia del EZLN, en particular con el comandante Rodrigo Sus esfuerzos, a pesar de todo, resultaron inútiles La reconciliación entre la Iglesia y el EZLN hubo de venir después, años después, al estallar por fin la rebelión de las Cañadas Los indígenas, mientras tanto, estaban en verdad desconcertados “Ustedes nos metieron en la organización y ahora se salen”, decían a los padres “Pues qué sentido tiene” (3) A pesar de las desavenencias, cabe recalcar, un grupo muy importante de sacerdotes cooperaba todavía con los rebeldes Así lo suponían también los mandos de la 31ª Zona Militar En enero de 1991, al descubrir un campo de guerrillas en el ejido Quintana Roo, entre todos los hallazgos —rifles de madera, uniformes, claves de radio— encontraron datos que comprometían a Felipe de Jesús Toussaint, párroco de Sabanilla Más tarde, al recorrer los cerros vecinos a La Realidad —El Mico y El Quemado— supieron que los guerrilleros eran apoyados con armas por Heriberto Cruz, párroco de Las Margaritas ()
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El año de 1991, tan lleno de sucesos, habría de finalizar con un acontecimiento inesperado para las comunidades de la Selva Santiago Lorenzo, acusado de corrupción, fue removido de la presidencia de la ARIC En su lugar, las comunidades eligieron a Lázaro Hernández Eran muy graves los cargos contra Santiago Sus compañeros lo culpaban de robar un crédito para ganado de 619 millones de pesos Una suma grande Con él, desde luego, culpaban al tesorero, Ignacio Silvano, así como también al encargado de la comisión de ganado, Manuel Rodas “El dinero se quedó en manos de una cuantas personas”, recordaría Lázaro, “y cuando se les pidió que entregaran cuentas, hicieron un desmadre con el contador y se fueron” (4) Los compañeros, entonces, convocaron a una reunión para nombrar autoridades en sustitución de las que fueron expulsadas La reunión tuvo lugar el 8 de diciembre, en el ejido San Juan, uno de los más zapatistas de la cañada de Patihuitz Los ariqueros que todavía militaban en el EZLN propusieron, por unanimidad, a Jesús, es decir, a don Lázaro Marcos dio línea de votar a su favor Aquellos que no militaban en el EZLN, en cambio, postularon a Javier Toledo, un tzeltal del rancho Guayaquil, en la región de Avellanal La votación fue muy cerrada Al final de la contienda, Lázaro Hernández, el ganador, recibió de las comunidades el símbolo de la transmisión del poder en la organización: una pistolita de madera que databa de los tiempos de Quiptic Su triunfo representó, sin lugar a dudas, un espaldarazo para la guerrilla Jesús era, entre los indígenas, una de las personalidades más destacadas del movimiento Fungía como primer responsable de la región Tenía fama de ser un hombre tenaz, hábil, conciliador Su prestigio, por lo demás, no parecía mermado por el alejamiento entre el EZLN y la Iglesia Era buena, todavía, su relación con Marcos Era buena, también, su relación con Caminante, como llamaban los zapatistas a don Samuel Ruiz ()
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El año de 1992 inició con una serie de cambios que revolucionarían al mundo En el centro de todos esos cambios, a modo de símbolo, estaba la desaparición de la Unión Soviética Con ella se derrumbó también, para muchos, el ideal del socialismo Los ecos de su derrumbe llegaron hasta la Selva Lacandona “No hay para qué luchar”, ironizaba por aquellas fechas el subcomandante Marcos “El socialismo ha muerto Viva el conformismo y la reforma y la modernidad y el capitalismo” (5) La ruptura de Marcos con el grupo Slop, agudizaba por esos acontecimientos, significó que muchos de sus cuadros —los más cercanos a Slop— abandonaran las filas de la guerrilla, entre ellos algunos de sus oficiales, como Gabino, Cecilia y José Carlos Sus bases de apoyo, entre los campesinos, estaban asimismo muy menguadas “Pueblos enteros se nos salían”, recuerdan los zapatistas “No hombre, se nos armó un desmadre” (6) El EZLN, en efecto, sufrió por esos días una crisis muy profunda Fuera de Chiapas, para colmo, los trabajadores que tenían vínculos con las FLN comenzaron a dejar el movimiento, encabezados por Panchón, uno de los dirigentes del Frente Obrero No nada más la meta, el socialismo, sino también su camino, el de las armas, parecía sin porvenir Así lo comprendieron los miembros del movimiento revolucionario más importante de Centroamérica, el FMLN El 16 de enero de 1992, en la capital de México, los dirigentes del FMLN firmaron los Acuerdo de Chapultepec con el gobierno del presidente Alfredo Cristiani Las hostilidades en El Salvador, prolongadas a lo largo de los ochenta, dejaron alrededor de setenta y cinco mil muertos, pérdidas superiores a los 2,000 millones de dólares en el país más pequeño del continente, “el Pulgarcito de América”, como lo llamaba de cariño Gabriela Mistral (7) Esas hostilidades, emprendidas a nombre de la libertad y la justicia, no pudieron suprimir el cúmulo de tragedias, políticas y sociales, que pesaba sobre la nación En México, las FLN condenaron el acuerdo que puso fin a la guerra de guerrillas en El Salvador “No vale uno solo de los miles y miles de insurgentes caídos en combate”, afirmaron en una publicación (8) Para ellos, por supuesto, la lucha con las armas apenas comenzaba ()
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En la cañada de Patihuitz, uno de los ejidos que más sufrieron la crisis de la ganadería fue La Sultana Muchos de sus habitantes no pudieron saldar las deudas contraídas meses antes con Banrural Otros más, para saldarlas, tuvieron que vender lo poco que poseían Contaban por esos días con más de cuatrocientas cabezas de ganado, en su mayoría compradas a Tito Albores, el dueño de El Porvenir Tito mantenía relaciones muy cordiales con los ejidatarios de La Sultana, algunos de los cuales conocía desde que trabajaban con su padre, don Javier Les vendía pies de cría —cebús, por lo general— para mejorar la calidad de su ganado Todos poseían al menos una res en La Sultana Francisco Gómez, por ejemplo, tenía 8 hectáreas de potrero, en un costado de la carretera que daba con San Quintín Lo cuidaban unos campesinos que vivían al lado de su casa, pues él viajaba con frecuencia fuera del ejido A todos les pagaba con trago, normalmente con una aguardiente de caña llamado Jaguar Eran ellos quienes chaporreaban Lorenzo, su hijo, estaba todavía muy chico Los Gómez, además de sus 8 hectáreas de potrero, tenían 3 hectáreas de milpa —para sus puercos, para sus pollos— y también una hectárea de cafetal, que les daba, año con año, alrededor de 4 quintales de café pergamino de tipo Borbón Sembraban, asimismo, unas áreas de caña de azúcar, para tener barras de piloncillo, y cultivaban, desde luego, palma xiate, como todos los ejidatarios de La Sultana La vendían a 2 mil pesos la gruesa, nada mal, pues recolectaban hasta 20 gruesas en un día El patrimonio de los Gómez era similar al de los demás campesinos de las Cañadas Era muy superior al de los indios que vivían de la mendicidad en los alrededores de San Cristóbal En la Selva, la marginación era mayor, pero la pobreza, en general, menor que la de los Altos
Pedro Ramírez era tal vez el ejidatario más próspero de La Sultana También, sin duda, uno de los más respetados Era bajo, moreno, sin canas “Lo que decía él todos lo obedecían la gente”, confirman sus paisanos (9) Hacía más de treinta años que vivía, al igual que los otros fundadores del ejido, en la dotación original de La Sultana Con Celestina Ruiz, su mujer, tenía diez hijos, seis de los cuales —los hombres— eran milicianos del EZLN Don Pedro fue uno de los que más promovieron la venta de reses para comprar armas en el poblado Todas las suyas —unas treinta y cinco— fueron vendidas por sus hijos en los años que precedieron a la rebelión Muchos siguieron el ejemplo, otros no Eran notables, en el ejido, las diferencias entre los zapatistas y los no zapatistas Esas diferencias estaban reflejadas en la conformación de sus autoridades, elegidas por ellos en aquel año de 1992 Domingo García, el presidente, no era zapatista, pero su tesorero, Baltasar López, sí lo era, como también, sin duda, Adalberto Santis, presidente del Consejo de Vigilancia En todo caso, por encima de las autoridades tronaba la voz de Pedro Ramírez Con su venia, en aquellos días, el tesorero vendió las reses que pertenecían al ejido El dinero de la venta jamás apareció Los ejidatarios que no militaban en el EZLN, asustados, mandaron sus quejas a las oficinas del gobierno en Ocosingo: al INI (Instituto Nacional Indigenista), al INEA (Instituto Nacional para la Educación de Adultos), a la Presidencia Municipal Nadie les hizo caso Un becerro de 400 kilos, como los que vendían, costaba más o menos un millón de pesos en aquel entonces Los precios, vale recordar, estaban a la baja desde la apertura de las fronteras Con un millón de pesos, sin embargo, era posible comprar, a precios de mayoreo, armas de fuego muy poderosas Un fusil AK-47, soviético, costaba 900 mil en el mercado negro de Centroamérica Una carabina M-1, norteamericana, costaba menos de 400 mil Al final, todos los animales del ejido —becerros, puercos, guajolotes— fueron puestos a la venta por los zapatistas El producto lo invertían en armas para la guerrilla, igual a como lo habían invertido, años atrás, en fondos para la unión de crédito Ahora, como antes, pensaban también en su propio beneficio Así lo manifestaron a los demás “Decían que no quieren producir nada porque van a ganar todo más después” (10)
Las aportaciones que daban al movimiento los campesinos de las Cañadas eran una fracción nada más de todos los gastos que pesaban sobre las finanzas de las FLN Había que pagar viajes, honorarios, dádivas y sobornos; mantener imprentas, armerías, talleres y casas de seguridad; comprar armas, uniformes, víveres, medicinas, radios, municiones y vehículos de carga El movimiento, desde sus orígenes, financiaba sus actividades, por lo general, con medios legales, no ilegales Por ello, en parte, sus líderes lograron mantener la clandestinidad Entre sus fuentes de financiamiento destacaban las contribuciones que los militantes aportaban a las arcas de la organización Esas contribuciones —en especie, dinero o trabajo— significaban alrededor de 10 por ciento de los ingresos que percibían Con relación al EZLN, en concreto, los insurgentes recibieron, además, apoyos muy diversos en Chiapas Recibieron el apoyo del Movimiento Proletario Independiente, algunos de cuyos líderes —exmilitantes de las FLN— conservaban lazos de amistad con el subcomandante Marcos Recibieron también el apoyo de muchas de las organizaciones no gubernamentales que, como DESMI, tenían relaciones de trabajo con la diócesis de San Cristóbal DESMI, en efecto, financiaba proyectos en poblados de la región donde sabía que las autoridades eran zapatistas Esos poblados, a su vez, canalizaban los recursos que llegaban del Estado —créditos de Banrural, fondos de Solidaridad— hacia la tesorería del EZLN Así pues, para sobrevivir, los insurgentes, en lo fundamental, no se vieron obligados a recurrir a procedimientos ilegales —como por ejemplo el tráfico de drogas Sus estatutos eran inequívocos al respecto Hubo grupos que sembraron mariguana cerca del ejido Nuevo Progreso, grupos que tenían vínculos con guerrilleros de Guatemala Hubo también individuos que pasaron cargamentos de cocaína por la cordillera de San Felipe, en la Reserva de la Biosfera El EZLN no mantuvo relación con ellos, aunque tuvo sin duda contacto, pues todos operaban en la Selva Los zapatistas, tal vez, les cobraban nada más una especie de peaje, como dicen que hacía Lucio Cabañas en la sierra de Guerrero ()
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La simpatía que habría de generar la rebelión de los indígenas, al estallar, era desde luego comprensible Era también necesaria Chiapas atravesaba por un período muy difícil al comienzo de los noventa Los campesinos, hundidos en la miseria, no tenían cauces para manifestar su desesperación Eran sistemáticamente reprimidos por el gobierno de Patrocinio González El gobernador los reprimía, no con la fuerza, como su predecesor, sino con la ley Quiero decir, con su ley El título IX del Código Penal de Chiapas tipificaba los delitos que atentaban contra la seguridad del Estado Los campesinos que resistían los desalojos, por ejemplo, convencidos de que las tierras que cultivaban eran suyas, podían ser acusados de sedición de acuerdo con el artículo 222 del Código Penal, que condenaba hasta por cuatro años de prisión “a los que, reunidos tumultuariamente, pero sin armas, resistan a la autoridad o la ataquen para impedirle el libre ejercicio de sus funciones” (11) Asimismo, los campesinos que protestaban en las ciudades por los desalojos —o por lo que fuera— podían ser acusados de motín de acuerdo con el artículo 225, que condenaba también hasta por cuatro años de prisión “a los que para hacer uso de un derecho pretextando su ejercicio se reúnan tumultuariamente para tomar por asalto edificios o parques públicos, u obstruyan las vías de comunicación” (12) En Chiapas, las personas más diversas alzaban la voz contra los artículos del Código Penal Para Valdemar Rojas, líder del PAN, tenían “la finalidad específica de reprimir con legalidad a la oposición” (13) Para Germán Meza, líder del PRD, pretendían “encuadrar cualquier expresión de inconformidad en un contexto delictivo” (14) Era la verdad En un estado con problemas tan profundos, con rezagos tan graves, el gobernador prefirió, antes que dialogar, reprimir con el cobijo de las leyes
El Código Penal no terminó con las movilizaciones en Chiapas Por el contrario, las estimuló El 7 de marzo de 1992 partió de Palenque la marcha que todos, más tarde, habrían de conocer con el nombre de Xi Nich (en chol, Hormiga que Marcha) Estaba coordinada por un jesuita, Jerónimo Hernández, el mismo que, dos años después, un diario de la capital habría de confundir con el subcomandante Marcos Eran choles, en su mayoría, que protestaban contra la represión del gobierno del estado Algunos de sus dirigentes estaban entonces en la cárcel por haber organizado, meses antes, un plantón en el Parque Central de Palenque Xi Nich demandaba su liberación Demandaba, en general, poner fin a los encarcelamientos injustos, a los rezagos agrarios, al imperio de las autoridades corruptas La marcha debió de recorrer, a pie, 1,106 kilómetros para llegar hasta la capital de la República Apenas iniciada, el día 9, tuvo lugar una manifestación en Ocosingo Los grupos que confluían en la ciudad —Yetal Chen, Takín Okum, Tatojobtezel— apoyaban los reclamos de Xi Nich Eran los mismos que durante los setenta permanecieron al margen de los maoístas que llegaron a la diócesis, para “seguir su propia dinámica”, en palabras de los jesuitas que los acompañaban (15) Esos grupos, a pesar de ser pacíficos, sufrían también el peso de la represión A lo largo del gobierno de González, según datos del INI, dos mil doscientos noventa indígenas fueron apresados en Chiapas Muchos no sabían ni de qué los acusaban Tenían razón los miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena “Nosotros hemos luchado a pedir la solución de nuestras necesidades en una forma pacífica, en una forma legal, pero los gobernantes estatal y nacional no nos han escuchado Por eso nosotros ya no nos quedó otro camino Alzarnos con nuestras armas a ver si nos escucharán” (16)
El 10 de abril hubo, de nuevo, una manifestación en Ocosingo Era común que las organizaciones movilizaran a sus fuerzas ese día, que consagraban a la memoria del general Emiliano Zapata Los campesinos, al conmemorar su muerte, exigían a las autoridades el derecho de quemar sus acahuales Aquel 10 de abril, las calles de la ciudad fueron abarrotadas por los militantes de la ANCIEZ (Alianza Nacional Campesina Independiente Emiliano Zapata), la más radical de todas las organizaciones de Chiapas Francisco Gómez encabezaba la manifestación Entre los espectadores estaba Marcos Acababa de pasar unas semanas en Tampico, donde pronunció una conferencia sobre la firma del TLC Fue la última vez que vio a su familia “Rafael ya no se comunicó con nosotros”, recordaría su madre, doña Socorro Vicente (17) Marcos, en aquella época, vivía en el barrio Norte de Ocosingo Los pormenores de la marcha de la ANCIEZ los habría de recordar en un texto muy elocuente, Chiapas: el sureste en dos vientos Alrededor de tres mil indígenas convergieron, a las diez de la mañana, en la plaza del Palacio Municipal Llevaban pancartas contra la firma del TLC, contra la reforma del artículo 27, contra la represión de las comunidades de la Selva Al finalizar el acto leyeron una carta que mandaban a los miembros del gobierno de Salinas “En unos cuantos meses”, les decían, “acabaron con nuestra más preciada conquista histórica: el derecho a la tierra” (18) Francisco Gómez pasó después de la reunión a las oficinas de la ARIC Estaban pintadas de blanco, como siempre, situadas aún en el terreno que, hacía muchos años, con una cooperación de 50 centavos por familia, habían comprado los campesinos para tener un lugar en Ocosingo A la salida, Francisco se topó con Carmen Legorreta, una de las asesoras de la ARIC, licenciada en sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México Carmen intercambió con él dos o tres palabras, antes de comentar que tenía que participar en una reunión con gente de la Secretaría de la Reforma Agraria
—No nos traicionen, Carmen —le dijo de pronto Francisco— Se están vendiendo a los del gobierno (19)
Carmen dudó por unos segundos antes de continuar Las personas que venían con ella le sugirieron, con un gesto, no tomarle la palabra “A mí me hubiera gustado platicar con él”, recuerda, “que me dijera qué pensaba, pero ya no hubo ocasión” (20) Fue la última vez que lo vio En las Cañadas, hay que repetir, la organización más importante, desde siempre, era la ARIC Ese monopolio terminó, sin embargo, con la irrupción de la ANCIEZ Ambas organizaciones, con proyectos excluyentes, se disputaban una misma base social en esa parte de la Selva Hubo pues, en el seno de sus comunidades, un debate muy intenso sobre la naturaleza del proyecto que convenía seguir para responder a sus aspiraciones Aquel debate, a pesar de las diferencias, tuvo lugar en un marco de respeto La ARIC nunca pensó en delatar al EZLN “Eso no resolvía los problemas de la región”, diría más tarde Carmen Legorreta (21) Todas las comunidades estaban divididas con relación al movimiento Incluso las familias Denunciarlo significaba, de hecho, denunciar a los amigos, a los hermanos Así pues, a pesar de los choques que tuvieron los ariqueros con los zapatistas —en Ojo de Agua, en Las Tazas, en Amador, en Nuevo Progreso— nunca revelaron los secretos que guardaban las Cañadas “Apechugamos para no confrontar más la situación”, habría de recordar Lázaro Hernández, quien entonces comenzaba ya su disensión con el EZLN (22)
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El 12 de octubre de 1992 fueron conmemorados los quinientos años del descubrimiento de América Más de nueve mil indígenas participaron en la manifestación de San Cristóbal de Las Casas Estaban allí la ARIC, la OCEZ (Organización Campesina Emiliano Zapata), la CIOAC, la ANCIEZ, la UNORCA (Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas), todas aglutinadas en el Frente de Organizaciones Sociales de Chiapas, el FOSCH, fundado la víspera con el concurso de Chiltak (organización no gubernamental de derechos humanos vinculada a la diócesis de San Cristóbal En tzotzil quiere significa compañero) La ANCIEZ sobresalía por su disciplina, por la cantidad de mujeres que llevaba Algunos de sus miembros ostentaban arcos y flechas, y tenían los rostros pintados de colores Parecían un ejército Todos ellos, movilizados durante la noche, llegaron a la ciudad en la madrugada del 12, un lunes La manifestación partió, muy ordenada, de la gasolinería de Huitepec, al lado de la estatua de fray Bartolomé Entró por la Diagonal del Centenario, cruzó por el Puente Blanco, siguió de frente por Mazariegos, dio vuelta después en General Utrilla Sus columnas pasaron de largo la Plaza de Armas para llegar al mercado, en donde torcieron a la izquierda por Honduras y luego, de nuevo, por 20 de Noviembre Marcos y Daniel, entre la gente, filmaban la manifestación Había comandos de guerrilleros destacados en toda la ciudad, listos para responder en caso de represión Los coordinaba, parece ser, el mayor Mario Entre los indígenas que marchaban por las calles de la ciudad, la mayoría, sin dudas, era parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional Muchos lo sabían Al pasar frente a la iglesia de Santo Domingo, unos militantes de la ANCIEZ dejaron atrás el grueso de la manifestación, que siguió de frente por 20 de Noviembre Entonces, con palos y marros, empezaron a demoler la estatua de bronce del conquistador Diego de Mazariegos Un grupo de policías trató de contenerlos, pero no pudo: fue recibido por una lluvia de pedradas
La marcha culminó por fin en la Plaza de Armas, es decir, la Plaza 31 de Marzo, así llamada por ser ésa la fecha de la fundación, en 1528, de la ciudad de San Cristóbal Allí, los campesinos desplegaron sus pancartas Hoy cumple quinientos años de robo, muerte y destrucción el pueblo indígena, decían unas 12 de octubre, día de la desgracia, clamaban otras Pinche Tratado, nos tiene maltratados, ironizaban las demás Los oradores tomaron entonces la palabra Jesús Santis, del ejido Morelia, habló en tzeltal a nombre de la ANCIEZ Antonio Hernández, del ejido Plan de Ayala, habló en tojolabal a nombre de la CIOAC Angel Hidalgo, del ejido Venustiano Carranza, habló en tzotzil a nombre de la OCEZ El maestro de ceremonias era Frank Pronunciaba las palabras con soltura Estaba convencido de la necesidad de vincular, en un movimiento, los reclamos de maestros, estudiantes, colonos, obreros y campesinos Era necesario propulsar alianzas “Romper con los regionalismos”, afirmaba “Ir más allá de la lucha concreta” (23) Había que juntar a los petroleros de Pemex, en Tabasco; a los trabajadores de la Volkswagen, en Puebla; a los estudiantes de la Universidad de Sonora, entonces congregados en el Zócalo de la ciudad de México Todos en aquel momento luchaban, con el recurso de la huelga, para defender sus derechos en el trabajo Los campesinos tenían que brindarles solidaridad La manifestación de San Cristóbal culminó, por la noche, con una misa en Catedral Don Samuel, ante más de cuatrocientos fieles, habló sobre la situación en el estado, donde, subrayó, “crece y se fortifica una violencia estructural que niega el legítimo derecho a desarrollar todas las potencialidades del ser humano” (24) Al caer la noche, la tensión era muy grande Jorge Lescieur, alcalde de la ciudad, después de culpar al obispo por la destrucción de la estatua de Mazariegos, anunció la creación del Frente Unico de Defensa Ciudadana ()
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Uno de los ejes en la vida de los poblados de las Cañadas era la iglesia de San Jacinto, en la ciudad de Ocosingo Había sido construida en 1569 por fray Pedro de Laurencio, quien la bautizó con el nombre de Jacinto de Polonia, un santo del siglo XIII, miembro también de la orden de Predicadores Estaba pintada con lechada de cal y cobijada por un techo de teja a dos aguas Era blanquísima Resplandecía bajo la luz del sol En el altar, entre las palmas y las bugambilias, resonaba con placidez el zureo de las palomas Afuera, en el patio, prosperaban sin dificultad los mangos, los plátanos y los guayabos Más allá, por los lavaderos, aparecían una serie de carteles Se prohibe andar con las novias aquí, decía uno Prohibido las parejas en este lugar, anunciaba otro Todos los años, en agosto, el padre Pablo Iribarren festejaba con sus fieles el día de San Jacinto En ocasiones acudían también los tuhuneles de la parroquia Participaban al menos una vez al año, por tres días, en las asambleas que tenían lugar en Ocosingo En ellas estaba siempre Jesús Gómez, el tuhunel de La Sultana, muy amigo del padre Pablo Era él quien oficiaba los servicios de su gente, secundado por los catequistas del ejido: Pedro López, Heriberto Pérez y Marcelo Nicolás Los tres eran zapatistas Uno de ellos, incluso, Pedro López, habría de morir un año después en el mercado de Ocosingo Su mando en el ejido era Francisco Gómez, el hermano de Jesús Pocos sabían entonces, con certeza, que militaba en el EZLN Lo venían ir y venir, siempre con su morral al hombro, siempre con sus botas Adoy, compradas en Guatemala Lo llamaban Ic (Viento) o Pucú (Diablo), aunque su nombre de lucha, por supuesto, era Hugo
—¿Por qué te dicen Hugo? —le preguntaban los más desorientados
—Nada —contestaba— Apodo que me dan (25)
A fines de 1992, Hugo participó junto con otros insurgentes en una serie de reuniones a las que convocaron sus mandos para discutir el tema de la guerra de liberación en México Marcos, Daniel y Pedro, sus mandos, tenían bajo su responsabilidad el Frente de Combate Sur-Oriental, que comprendía los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco Pedro, el segundo de Marcos, militaba desde fines de los setenta con las Fuerzas de Liberación Nacional Era güero, alto, flaco, jorobadón, con los ojos muy rasgados Sus compañeros no sabían, por supuesto, su nombre de verdad No sabían casi nada de su vida Héctor Ochoa, el subcomandante Pedro, era nativo del Distrito Federal Tenía más o menos treinta y un años Había sido reclutado por las FLN en el municipio de Macuspana, Tabasco, donde trabajaba para Pemex Fue después uno de los guerrilleros que llegaron a la región de Tierra y Libertad al lado de Germán Con el paso de los años centró sus esfuerzos en las cañadas de Las Margaritas, la zona de influencia de los maristas de la Castalia, como llamaban a la misión de Guadalupe en Comitán Los zapatistas lo recuerdan con sentimientos encontrados Pedrín era, según unos, “muy amoroso” (26) O más bien, según otros, “muy bravo” (27) Contaba siempre, coinciden todos, con la simpatía de Marcos También Daniel Eran viejos amigos El subcomandante Daniel tenía treinta y dos años Era natural de Michoacán Había sido, como Pedro, reclutado desde los setenta por las FLN Su contacto fue Gabriela Salvador Morales, en aquel entonces, trabajaba junto con Rafael Guillén en la UAM de Xochimilco Vivían juntos Ambos habrían de ser conocidos, más tarde, con sus nombres de batalla: Daniel y Marcos Daniel, el menor de los dos, fue de los primeros en llegar a Tierra y Libertad A mediados de los ochenta, junto con Elisa, entrenó por unos meses en Nicaragua Más tarde trabajó con los poblados de las cañadas de Altamirano “Era de pelo chino negro”, recuerdan los zapatistas, “y traía un cuerpo muy moreno” (28) Daniel y Pedro, junto con Marcos, eran los subcomandantes del EZLN Los tres habrían de participar, con el resto de sus oficiales, en una reunión que marcaría, para siempre, el futuro de las comunidades de la Selva
La reunión tuvo lugar el 23 de enero de 1993 en la escuela del ejido Prado En ella, las FLN resolvieron iniciar la guerra de liberación en México Unos años atrás, con el auge del cardenismo, sus dirigentes habían optado por aplazar la decisión No tenían entonces armas suficientes, ni querían supeditar sus fuerzas a la figura del momento, la del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Pensaban, además, que podían —y debían— crecer también en otras partes del país Ahora, en 1993, las cosas eran distintas Resultaba para todos evidente la necesidad de tomar una decisión El debate recayó muy pronto sobre dos personas, el comandante Rodrigo y el subcomandante Marcos Rodrigo trabajaba por lo general en los estados del norte de México En Chihuahua, por ejemplo, coordinaba las actividades del capitán Rodolfo, un obrero que militaba desde mediados de los setenta con las FLN Sus argumentos en contra del inicio de las hostilidades eran razonables El movimiento, sostenía, estaba muy débil en los otros estados de la República: en los que formaban el Frente Norte, en los que conformaban el Frente Para-Central Sin su concurso, inevitablemente, los zapatistas serían cercados en el Frente Sur-Oriental Elisa y Gabriela secundaron los argumentos de Rodrigo También Lucía, la mujer de Germán Era mejor, aducían, esperar otros diez años para combatir entonces una guerra que durase nada más un mes Marcos, por su lado, refutó sin concesiones los razonamientos de sus contrincantes No tomaban en cuenta toda la verdad Muchos de sus hombres, decía, abandonaban el movimiento por el pleito con la Iglesia Los que permanecían con él, alrededor de doce mil, habitaban en comunidades identificadas ya por el Ejército Era necesario, pues, tomar la iniciativa Ello les permitiría, además, utilizar a su favor la coyuntura del país, el año de las elecciones en México Su posición fue reforzada por Daniel y por Pedro, y también por uno de sus hombres de confianza: Vicente Al cabo de las horas, Marcos obtuvo por fin el aval de Germán Entonces Rodrigo, a decir de los testigos, abandonó la reunión de Prado
—A mí ya no me necesitan —comentó— Por qué no me lo dicen de una vez Nomás me quieren ver la cara (29)
Caminó hacia su coche, encendió el motor y partió del ejido sin escolta Nadie supo lo que sucedió después ()
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El comandante Germán era, sin lugar a dudas, el dirigente más encumbrado del Partido Llevaba veinticuatro años en el movimiento: la mitad de su vida En un principio, el comienzo de los setenta, había sido responsable de redactar los folletos, elaborar los mapas y reparar las armas destinadas a la guerrilla Más tarde, luego de los reveses sufridos por sus fuerzas, trabajó por unos años bajo las órdenes del compañero Alfredo Hacia fines de los setenta, al morir Alfredo, quedó como primer responsable nacional de las FLN Con él al frente llegaron al estado de Chiapas A principios de los ochenta, junto con Rodrigo, el segundo responsable, encabezó la fundación del EZLN en la región de Tierra y Libertad Unos años después fue capturado, en Chihuahua, por la Policía Federal de Caminos Traía con él armas de fuego muy poderosas, que venía de comprar en Estados Unidos Los policías, parece ser, lo torturaron, pero sin poder averiguar absolutamente nada Pasados unos meses salió por fin en libertad Lo propulsaban sus convicciones, sin duda, aunque también, quizás, el deseo de vengar a todos los compañeros que murieron en la penumbra de la clandestinidad “Es un hombre muy violento”, habría de confesar Elisa (30) Los zapatistas coincidían con ella “Era la línea dura”, dicen “Ahí sí que no los perdonaba a nadie” (31) Lo miraban con temor cuando llegaba con ellos a la Selva Les impresionaba su corpulencia, su rigidez, su ferocidad, las tres estrellas de comandante que le brillaban en el pecho Sus responsabilidades en la organización eran muy diversas Tenía que presidir, con voto de calidad, las reuniones del Comité Central del Partido; coordinar a las células que trabajaban en las ciudades para la Secretaría del Interior; organizar las tareas del Comité de Finanzas; cuidar los archivos de las FLN; comprar, en fin, las armas que sostenían las actividades del EZLN
Abajo de Germán estaba ya, después de la reunión de Prado, el subcomandante insurgente Marcos Sus funciones eran, según los documentos, “elaborar y ejecutar todos los planes relativos a la guerra de liberación” (32) Con ese fin propuso, en Prado, la formación del Comité Clandestino Revolucionario Indígena Necesitaba saber, antes que nada, el grado de compromiso que tenían sus bases con la guerra A mediados de febrero, las actas —en favor y en contra— fueron elaboradas por las comunidades El 25 de marzo tendría lugar la votación —”el juramento”, como dicen en la Selva (33) Unos pensaban votar a favor; otros estaban decididos a votar en contra Había dos grupos entre las bases del movimiento, que reflejaban a su manera las discrepancias en la dirección Ambos grupos, radicales y moderados, estaban convencidos de la necesidad de mantener la unión por encima de las diferencias “Si se resolvía que todavía no era el momento adecuado, acataban la orden, y si era lo contrario, entonces todos jalaban parejo”, comentaría después un misionero de la diócesis “La resolución fue que era el momento” (34) Entre las cañadas más zapatistas estaban Avellanal, Amador y Patihuitz; entre las menos, a su vez, destacaban Agua Azul y San Quintín La presencia de la guerrilla, por esas fechas, era un secreto a voces en toda la República Las publicaciones más importantes del país recibían con frecuencia noticias al respecto por conducto de los ganaderos que vivían en esa zona Todos lo sabían “En la Selva Lacandona”, escuchaban decir muy a menudo los miembros de la Cámara de Diputados, “operan grupos armados que están siendo alentados por la política antipopular del gobernador Patrocinio González” (35) El gobernador, a comienzos de 1993, acababa de ser nombrado secretario de Gobernación en lugar de Fernando Gutiérrez Barrios Estaba muy bien informado sobre la presencia de la guerrilla Uno de sus contactos en la región era Octavio Albores, antiguo presidente municipal de Ocosingo, entonces diputado de Chiapas por el PRI Estaba también muy identificado con el ala más conservadora del gobierno El signo de su nombramiento resultaba para todos inequívoco: mano dura, cerrazón durante las elecciones del año que venía, año que prometía ser —como lo fue— sumamente conflictivo
En Chiapas, los rumores sobre la guerrilla resonaban por todos lados en la primavera de 1993 El Ejército recorría con regularidad las cañadas de la Selva Las comunidades de la región, a su vez, estaban alarmadas por su presencia Con el propósito de reclamar la salida de la tropa, el FOSCH organizó, el 20 de abril, una manifestación en Tuxtla Participaron ese martes, a pesar del calor, terrible por aquellos días, más de mil quinientos indígenas de Chiapas Muchos eran miembros de la ANCIEZ “La marcha partió a las doce horas del entronque de La Angostura”, escribió Gaspar Morquecho, uno de los coordinadores del FOSCH “Al pasar frente a la residencia de la 7ª Región Militar, algunos grupos intentaron realizar un mitin, pero el contingente siguió hasta llegar a la Plaza Central, a las dos de la tarde” (36) Los indígenas exigían hablar con el gobernador del estado, Elmar Setzer, sustituto de Patrocinio González A diferencia de la mayoría de sus predecesores, el gobernador no era finquero, aunque su mujer, Mercedes Pedrero, pertenecía a una familia de ganaderos y cafetaleros muy renombrados en el Sureste Al conocer los reclamos del FOSCH, Setzer anunció que sus representantes serían recibidos por el secretario de Gobierno, Rafael González Lastra Los indígenas, sin embargo, rechazaron hablar con él Continuaron su plantón frente al Palacio de Gobierno Bloquearon también la Avenida Central Demandaban la solución a los problemas del campo, la salida del Ejército de las comunidades de la Selva “Quieren probar al gobierno de Chiapas”, comentó Setzer, “pero el gobierno de Chiapas responderá con la Ley” (37) Nadie supo decir lo que significaban sus palabras Lo cierto fue que la presión de los indígenas no dio los frutos esperados Al final, ni siquiera los recibió el secretario de Gobierno, sino dos de sus asesores, Gustavo Godoy y Jesús Cancino
El 22 de abril tuvo lugar la reunión de los representantes del FOSCH con los asesores de González Lastra Estaban todos sentados en uno de los salones del Palacio de Gobierno Eran las once de la noche Discutían bajo la luz de neón acerca de la presencia de los soldados en las Cañadas Francisco Gómez era el representante de la ANCIEZ “Venía vestido con una camisa azul cielo”, afirma Gerardo González, coordinador del FOSCH, “y si no mal recuerdo con un pantalón de casimir viejito y unas botas negras” (38)
—La ANCIEZ no es gente violenta —subrayó con firmeza Francisco— Nuestro trabajo es pacífico No estamos de acuerdo con la violencia y queremos que nos dejen en paz
—Qué bueno —contestó nomás Jesús Cancino, asesor de proyectos especiales del gobierno de Chiapas
El doctor Cancino, pediatra de profesión, era canoso, delgado, bajito, bien intencionado, colaborador, tiempos atrás, en el gobierno de Jorge de la Vega Entonces intervino Godoy
El Ejército se encuentra patrullando la región de Ocosingo —dijo— porque se ha detectado la presencia de un grupo fuertemente armado, que no es guatemalteco, que es mexicano
Francisco no comentó nada Era ya por aquel entonces capitán en el EZLN
—Pero lo que más le preocupa al Ejército —continuó Godoy— es que están trasmitiendo con equipo altamente sofisticado (39)
El Ejército, por aquel entonces, tenía noticias muy detalladas sobre la guerrilla Sabía que su dirigencia la formaban cuadros de las FLN También sabía que estaban involucrados en ella miembros del PROCUP En la Selva circulaba, entre los insurgentes, la revista que producían: Proletario Circulaba, asimismo, literatura más elaborada En uno de sus comunicados —Al pueblo de México— anunciaban su meta sin equívocos: “la toma del poder político, la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo” (40) Para realizar esa meta proponían, en el comunicado, “una estrategia general que contemple como vía fundamental de la revolución la lucha armada revolucionaria y, en torno a ella, todas las formas de combate que surjan de nuestro pueblo” (41) Los miembros del PROCUP estaban, por supuesto, subordinados a los mandos de las FLN ¿Había más agrupaciones con ellos? Muy probablemente no, aunque quizás tenían presencia, también, restos del Movimiento de Acción Revolucionaria, de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, o bien quizás de la Liga Comunista 23 de Septiembre, algunos de cuyos cuadros militaron años antes en Oaxaca con la Brigada Revolucionaria Emiliano Zapata Todos confluían, ahora, en el EZLN Formaban un grupo muy poderoso, activo también en otros estados del país El Ejército, en su relación con ellos, tenía las manos atadas por el gobierno de la República, que negaba sin cesar la presencia de guerrilleros en México “Desconocemos la existencia de grupos guerrilleros en nuestro país”, contestaban siempre, a todas las preguntas, los mandos de la 7ª Región Militar (42) Así pues, los soldados a sus órdenes estaban forzados a maniobrar con el pretexto del narcotráfico En la primavera de 1993, con ese pretexto, tenían militarizada la región de Patihuitz Por esos días, en una de sus maniobras, descubrieron el campamento de Las Calabazas, al norte de la sierra Corralchén El EZLN, con ello, estaba a punto de irrumpir en la historia de México
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1 Fuente: René Gómez, agosto de 1994, Tuxtla Gutiérrez
2 Fuente: Abelardo Pérez, agosto de 1994, Guadalupe Tepeyac
3 Citado por Proceso, 13 de septiembre de 1993
4 Citado por La Jornada, 20 de febrero de 1994
5 EZLN, Chiapas: el sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía, Selva Lacandona, 1992
6 Entrevista a César Hernández, abril de 1994, La Garrucha
7 Citado por Carlos Tello Díaz, “La conclusión de los tratados de paz en El Salvador”, Cuadernos de Trazos, diciembre de 1992
8 Nuevo Horizonte, septiembre de 1992
9 Entrevista a Jesús Morales, abril de 1994, Ocosingo
10 Entrevista a Jesús Morales, abril de 1994, Ocosingo
11 Gobierno del Estado de Chiapas, “Código Penal”, Periódico Oficial del 11 de octubre de 1990
12 Gobierno del Estado de Chiapas, Ibid
13 Citado por Tiempo, de San Cristóbal, 23 de junio de 1990
14 Citado por Tiempo, ibid
15 Citado por Proceso, 12 de diciembre de 1994
16 Citado por La Jornada, 4 de febrero de 1994
17 Citada por Excélsior, 10 de febrero de 1995
18 Citado por Tiempo, 15 de abril de 1992
19 Fuente: Carmen Legorreta, abril de 1994, San Cristóbal de Las Casas
20 Entrevista a Carmen Legorreta, abril de 1994, San Cristóbal de Las Casas
21 Citado por La Jornada, 1 de marzo de 1994
22 Citado por La Jornada, 20 de febrero de 1994
23 Citado por Gaspar Morquecho, “La ANCIEZ en el movimiento campesino”, Tiempo, 24 de octubre de 1992
24 Citado por Tiempo, 13 de octubre de 1992
25 Fuente: Francisco Hernández, abril de 1994, La Sultana
26 Citado por El Nacional, 14 de mayo de 1994
27 Entrevista a Lorenzo Jesús, agosto de 1994, Ocosingo
28 Entrevista a Lorenzo Jesús, agosto de 1994, Ocosingo
29 Fuente: Lorenzo Cruz, febrero de 1995, Prado Pacayal
30 PGR, Declaración ministerial de María Gloria Benavides Guevara, México, 9 de febrero de 1995
31 Entrevista a Lorenzo Cruz, febrero de 1995, Prado Pacayal
32 PFLN, ibid
33 Entrevista a Abelardo Pérez, agosto de 1994, Guadalupe Tepeyac
34 Citado por Proceso, 13 de septiembre de 1993
35 Citado por Tiempo, 28 de abril de 1992
36 Tiempo, 21 de abril de 1993
37 Citado por Tiempo, 24 de abril de 1993
38 Entrevista a Gerardo González, abril de 1994, San Cristóbal de Las Casas
39 Fuente: Gerardo González, abril de 1994, San Cristóbal de Las Casas
40 Citado por Proceso, 7 de junio de 1993
41 Citado por Proceso, ibid
42 Citado por Tiempo, 28 de abril de 1992