Señor director:
El silencio que protagonizaron las autoridades a raíz de las valientes declaraciones del magistrado Abraham Polo Uscanga penetró, injustificadamente, las diversas esferas gubernamentales y ámbitos académicos No escuché ni leí, ni tuve conocimiento de que nuestros gobernantes y maestros de las escuelas de derecho expresaran su mínima indignación ante la grave acusación que formuló el magistrado Polo Uscanga en contra del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal
El exasperante silencio sólo se puede interpretar como un servilismo abyecto que impera en México, mientras que Polo Uscanga ejerció hasta el último momento esa virtud rara en nuestros gobernantes: la dignidad
Dio una lección histórica y, por ello, imperecedera, de lo que un juzgador debe ser en cualquier país civilizado: independiente en sus decisiones, imparcial, capaz e insobornable
Conocí personalmente la verticalidad y honestidad de Don Polo Uscanga de eso hace ya más de diez años, y pude constatarlas una vez más en el caso de Plaza Universidad, a principios de 1994, cuando fui defensor de algunos de los involucrados, pues don Polo y otros dos magistrados emitieron una impecable y justa decisión al liberar a inocentes, ya que no tenían ninguna relación con el abominable suceso
Atentamente
Licenciado José Lavanderos








