Más descrédito, más comisiones, más sospechas y ya falta un cuarto para las doce
Primero Córdoba, luego Camacho, ahora Montes: el Caso Colosio, la pesadilla que no cesa
Carlos Marín
El sueño al que el sistema apostó el 28 de noviembre, con la designación de Luis Donaldo Colosio como continuador idóneo del proyecto salinista, se ha tornado —a cuatro meses de su asesinato y a cuatro semanas de las elecciones más debatidas de la historia— una pesadilla de la que el gobierno no parece poder escapar
En su capítulo más reciente, el caso Colosio fue cerrado por el subprocurador especial que nombró el Presidente de la República —”a petición de la señora Colosio”—, y reabierto, con otros responsables para la averiguación de “otras hipótesis”, por el mismo Carlos Salinas de Gortari
Y una nueva comisión se incorpora a la comisionitis con que el Presidente ha querido enfrentar los problemas nacionales que han venido estallando —con Chiapas como epicentro— desde el primero de enero: ésta se encargará de revisar lo que hizo la Subprocuraduría Especial
El descrédito generalizado, la sospecha y el prejuicio público sobre el proceder oficial vinieron a la par de los sobresaltos que ha vivido la sociedad a partir del 23 de marzo, cuando uno más de los mítines colosistas dejó de ser común y gris y convirtió las primeras planas de los diarios en secciones de nota roja
Huérfano y sin brújula, el Partido Revolucionario Institucional —pese a los esfuerzos en contrario de Salinas en los días previos al asesinato— quedó hecho más bolas que nunca
Su entonces dirigente nacional, Fernando Ortiz Arana, se apuntó para la sucesión con el apoyo de “dinosaurios” y, con su cese formalmente voluntario, sufrió en carne propia las consecuencias de jugar a la democracia
A la postre, uno de los viejos caciques del PRI, Carlos Hank González, encabezó la estampida de apoyadores para fortalecer a Ernesto Zedillo, empleando sus “horas libres” y “su propio dinero” para costear desplegados de sumisión, lo que provocó una denuncia en su contra que la Procuraduría General de la República, apresuradamente, descalificó
Los enredos iniciales de la averiguación previa motivaron la salida del precursor de la teoría del “complot” para matar a Colosio, Diego Valadés, quien en las primeras pesquisas encarceló a Mario Aburto y Tranquilino Sánchez Venegas como presuntos autores del asesinato
Sin explicación que diera coherencia a su designación como representante de México ante el Banco Interamericano de Desarrollo, el presidente Salinas se deshizo de su principal asesor, José María Córdoba Montoya, quien tuvo como favorito para la sucesión, aun por encima de Colosio, a Ernesto Zedillo
Con apoyo de videos, desde el segundo día del crimen se alentó la esperanza de un pronto esclarecimiento de la conjura de Lomas Taurinas
Las negociaciones para superar el levantamiento armado en Chiapas, relativamente exitosas hasta entonces, quedaron amorcilladas
El involucramiento de la sociedad entera en la búsqueda de salidas democráticas a los problemas nacionales que el zapatismo alentó, se agudizó con el asesinato de Colosio
Muerto el heredero que quiso de sí Salinas, su hermano en las concertaciones y el malabarismo del trato con la oposición y los inconformes, Manuel Camacho, quedó fuera del escenario político Con dictámenes periciales de ameritados criminalistas y criminólogos españoles y mexicanos, se desechó la tesis del videocomplot y se rearmó la de Mario Aburto Martínez como único asesino
El sucesor emergente, Ernesto Zedillo, exhibió cuánto desconoce nociones elementales de derecho, cuando afirmó que el asesino confeso debía probar su inocencia
La conclusión oficial final cayó en la incredulidad
Diana Laura Riojas, la viuda de Colosio, nombró un interlocutor de su confianza, ante la desconfianza que le suscitó el penúltimo informe de Miguel Montes
Desafiante y desconfiada, la viuda insistió en que se realice una investigación “a fondo”, y en ningún momento aceptó por completo las instrucciones presidenciales Tan así, que los integrantes de la “comisión ciudadana” que Salinas había nombrado para “coadyuvar” en la averiguación renunciaron porque la señora ni siquiera quiso recibirlos
El asesinato de Luis Donaldo Colosio se convirtió, para consumo popular, en algo así como un gran pecado del gobierno, más allá de quién o quiénes sean el autor o los autores del crimen
Con la muerte de Colosio, el margen de maniobrabilidad del Presidente se estrechó al grado de que ya no se insistió —como ofreció Colosio— en el continuismo del impugnado programa de Solidaridad
Se desmembró la política económica que sustentaba el inmenso poder de Carlos Salinas y la inseguridad se hizo evidente de manera alarmante, especialmente para los inversionistas extranjeros
La violencia afloró en distintas partes de la República, con visos inquietantes de “zapatismo” en cierne
El secuestro de Alfredo Harp Helú —que hizo aflorar la mezquindad de algunos grandes magnates de la banca—, junto con bajas de la Bolsa Mexicana de Valores, quedaron opacados por la expectación de un esclarecimiento convincente del asesinato de Colosio
El caos le dio a los partidos políticos de oposición más armas para sus campañas y Colosio fue pretexto para dirimir y atizar los debates y fuegos preelectorales
A su vez, Ernesto Zedillo, quien desde el primer minuto de su unción esgrimió para todo la memoria del difunto, no tuvo empacho en atribuir el aprovechamiento político de Colosio a sus dos principales contendientes: Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas
A un mes escaso de las elecciones, el último informe de Montes no satisfizo a nadie
Y Miguel Montes, quien hace seis años controló el Congreso y legitimó el triunfo electoral de Carlos Salinas, terminó igualmente sacrificado: El Presidente nombró una nueva comisión revisora de las conclusiones de la Subprocuraduría, incrementando el número de las que —como en el caso chiapaneco— probaron ya su inutilidad para supervisar a las instituciones que tienen la responsabilidad de esclarecer los hechos
Entretanto, Diana Laura Riojas buscó el consuelo y la bendición del Papa y se alejó temporalmente del país
Al cinco para la hora, el Presidente decretó que “el caso sigue abierto”, pero la pesadilla no cesa, aun si Mario Aburto es realmente el único responsable del asesinato, porque el gobierno ya no tiene la confianza pública
Y agosto, con elecciones, observadores y sospechas —tanto sobre los procedimientos y garantías para la votación como sobre lo que ha pasado con el caso Colosio— está a la vuelta de unos días








