PEDRO ASPE ROMPE SU ESQUEMA, SUBE TASAS PARA RETENER CAPITALES Y PONE EN RIESGO LA POLITICA ANTINFLACIONARIA

PEDRO ASPE ROMPE SU ESQUEMA, SUBE TASAS PARA RETENER CAPITALES Y PONE EN RIESGO LA POLITICA ANTINFLACIONARIA
Carlos Acosta Córdova
Los acontecimientos políticos del año —sobre todo el levantamiento armado en Chiapas, las acciones de Manuel Camacho, el secuestro de Alfredo Harp Helú y el asesinato de Luis Donaldo Colosio y sus secuelas— no sólo pusieron al descubierto lo endeble de la paz social y la estabilidad política del país, sino que obligan al gobierno a cambiar los esquemas en el terreno de la economía: sube abruptamente las tasas de interés para retener capitales que no cesan de salir, pero pone en riesgo los logros antinflacionarios, añade elementos para extremar la volatilidad de la bolsa de valores y, de manera tácita, abandona las metas de crecimiento
Desde el 1¼ de enero, el presidente Carlos Salinas de Gortari y el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, han realizado llamamientos para guardar la calma “No pasa nada”, “son fenómenos transitorios”, “problemas temporales, fácilmente superables”, son algunos de los eufemismos con que las autoridades han tratado de suavizar los efectos de la crisis política
Sin embargo, la semana pasada se desbordaron las cosas: los mercados financieros se desquiciaron —particularmente el bursátil, con una caída drástica de la bolsa de más de 11% en tres días— y el presidente Salinas y su secretario de Hacienda insistieron en sus llamados a la calma y pidieron a los empresarios cerrar filas en torno del proyecto económico del gobierno
La mañana del miércoles 20, en Los Pinos, Salinas pidió a Roberto Hernández, presidente de la Asociación Mexicana de Bancos (AMB), que comunicara a sus representados la necesidad de mantener la calma y la prudencia para no motivar más especulación e incertidumbre en los mercados financieros Ofreció mantener el rumbo político, económico y social del país
Por la tarde, Pedro Aspe hizo lo mismo ante el comité ejecutivo de la AMB y aseguró que el alza en las tasas de interés —de 342%, que ubicaron a los Cetes a 28 días en 18% anual, el registro más alto desde noviembre de 1992— sería “temporal”
Los llamados, sin embargo, llegaron tarde El lunes 18, rumores de devaluación, alza en las tasas de interés de la reserva federal estadunidense, caída generalizada en las bolsas internacionales, información extraoficial de una abundante salida de dólares y hasta un nuevo llamado de auxilio del banquero secuestrado, Alfredo Harp, se conjugaron para propiciar un acentuado nerviosismo que llevó a la bolsa mexicana a caer en 278%
Sólo se negociaron 37 millones de títulos, cuando el promedio de las semanas anteriores era de 90 millones Es decir, la incertidumbre que no cesa desde principios de año tenía paralizados a los inversionistas, no obstante que las acciones, según especialistas, estaban subvaluadas hasta en 35%
El martes el nerviosismo fue franco La intranquilidad política en Chiapas se sumó a otros factores para propiciar una baja aún más importante, de 341%
El miércoles hizo crisis la incertidumbre: la bolsa se desplomó aparatosamente en 52% que, sumado a las caídas de los dos días anteriores, daba una pérdida de 11%; de 248% respecto al cierre de 1993 y de 32% en relación con el punto más alto del año, el 18 de febrero En los espacios periodísticos, los calificativos que definieron esa caída fueron de “minicrack” hasta “verdadero crack”
Lo cierto es que hasta antes de esa semana, las continuas bajas en la bolsa habían preocupado pero no alarmado De una u otra forma se aceptaba que los descensos eran producto de circunstancias pasajeras Sin embargo, el miércoles cundió el pánico entre inversionistas bursátiles
En la caída de la bolsa se conjugaron todos los factores Todo mundo quería deshacerse de sus acciones: rumores insistentes de una devaluación; rumores, también, de la posible renuncia de Manuel Camacho al cargo de comisionado para la paz en Chiapas, comentarios poco favorables del Fondo Monetario Internacional, en los que México deja de ser el “país modelo” de América Latina; llamados de la IP a la claridad gubernamental en las medidas económicas
Pero, sobre todo, un drástico incremento en las tasas de interés —que llevó a los Cetes a 28 días a un rendimiento anual de 18%, es decir, 13 puntos arriba de la inflación esperada para 1994— que significó un verdadero golpe de timón en la política económica: se cancelan las metas de crecimiento económico en aras de contener posibles fugas masivas de capitales; se evita la dolarización y se protege, como siempre, a los inversionistas financieros, pero se golpea severamente a las pequeñas y medianas empresas Su futuro inmediato: mayores costos financieros que, tarde o temprano, habrán de repercutir en los precios
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El martes 19, por la tarde, el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, estuvo en Nueva York Recibió, en nombre del presidente Salinas de Gortari, el premio Liderazgo Mundial 1994, que la Asociación de las Naciones Unidas otorgó al jefe del Ejecutivo, quien no pudo asistir por la delicada situación que vive el país
Aspe leyó un mensaje del presidente, pero también tuvo que improvisar y exponer, ante importantes empresarios estadunidenses, el panorama económico de México, las medidas tomadas para enfrentar las secuelas de los acontecimientos políticos de este año
Calificó de “difícil”, pero “transitorio”, el actual trance que vive el país Aseguró, no obstante, que el gobierno mantendrá el rumbo “aun con los vientos en contra” y que “las estrategias seguirán en su lugar”
Algo similar dijo hace cinco meses, el 15 de noviembre, cuando presentó en la Cámara de Diputados los proyectos de ingresos y egresos para 1994: se ratifique o no el Tratado de Libre Comercio, el programa económico para 1994 se mantendrá incólume, pues los objetivos de éste —inflación de 5%, crecimiento económico de 3%, más gasto social— no dependen de “factores coyunturales que pudieran incidir sólo temporalmente sobre los mercados”, sino en el realismo de la política económica y en los esfuerzos de pueblo y gobierno mexicanos
El mismo discurso para situaciones totalmente distintas Los factores coyunturales cambiaron En noviembre, Aspe no veía en el país condiciones que pudieran empañar la buena marcha de la economía Sólo del exterior podrían venir elementos que la alteraran Entre ellos, la variabilidad en los precios internacionales del petróleo, la evolución de las tasas de interés en los mercados mundiales y el nulo crecimiento en los países industrializados
Sólo eso Internamente todo iba bien La economía y el país eran fuertes El discurso de Aspe abrevaba del presidencial Catorce días antes, Carlos Salinas, en su quinto informe de gobierno, derrochaba optimismo: dibujó un México “excepcional en nuestra historia y en el mundo”: se acabó la concentración del ingreso, hay cada vez menos pobres y los que quedan están bien atendidos por Solidaridad Hizo el recuento de los éxitos económicos de su gobierno, que colocan a México como “un actor importante en la economía internacional”
El optimismo desbordado venía, no obstante, de un mes atrás El 3 de octubre, al firmarse una nueva fase del pacto de concertación económica, el presidente Salinas afirmaba: “en esta nueva etapa, el Pacto recoge lo que ya hemos sembrado, recoge los esfuerzos sostenidos durante cinco años, y por eso resulta el Pacto más generoso de todos (bajan impuestos, suben salarios, disminuyen precios, hay apoyos directos al campo) En los años recientes disciplinamos nuestra economía, bajamos la inflación sin dejar de crecer y generamos un superávit fiscal Hoy es tiempo de cosechar y usar esas ventajas, ese superávit, para beneficiar a campesinos, obreros y empresas, a la población en general y reactivar nuestra economía”
Más aún, contra lo que venía sosteniendo todavía hasta principios de septiembre pasado —en el sentido de que era imprudente e insensato propiciar un mayor y más rápido crecimiento económico, toda vez que la economía mundial vive en recesión—, el presidente Salinas anunció, en la firma del Pacto, la decisión gubernamental de soltar las amarras que mantenían desacelerada a la economía del país
Y en función de ese optimismo, azuzado por la aprobación estadunidense del Tratado de Libre Comercio, el gobierno se trazó estas metas para 1994: crecimiento económico de 3%, inflación de 5%, tasas de interés de 12% promedio anual
A casi cuatro meses de iniciado el año, esas metas parecen —por decir lo menos— difíciles de cumplir Aunque se mantenga la estrategia, no son ya los mismos enfoques, los mismos pronósticos
Desde la semana antepasada, el secretario de Hacienda había reconocido que las expectativas de crecimiento económico se veían afectadas por los acontecimientos políticos del primer trimestre del año Ahora, con la decisión de elevar las tasas de interés, el gobierno opta por abandonar las metas de crecimiento e inflación
Sus urgencias son otras: cómo evitar que huyan los capitales y se presente una crisis financiera violenta Por el momento decidió aumentar las tasas de interés —que en el mercado secundario, el viernes, alcanzaron niveles de 25%— para mantener el tipo de cambio y retener el ahorro en el país
En el ánimo de salvar la economía, la historia se repite: para unos, el premio de rendimientos altos; para otros, la mayoría en el país, un año más de estancamiento productivo, es decir, de menos empleos y peores condiciones de vida Todo, en año electoral
Destinatarios del mensaje gubernamental —de garantizar la estabilidad monetaria; no devaluar—, los inversionistas bursátiles respondieron con una compra masiva de acciones, tanto que la bolsa subió 603% el jueves y 646% el viernes, y recuperó ampliamente lo que perdió en los tres días previos Vivos que son, aprovecharon los precios de ganga de las acciones