Máxima lección del sexenio: Diga lo que diga, la palabra de Salinas es la ley

Máxima lección del sexenio: Diga lo que diga, la palabra de Salinas es la ley
Mansos, sumisos, los priístas se preparan para la última prueba de infalibilidad presidencial: el destape
Gerardo Galarza
Quien la desconoce, no sabe de política; quien la ignora, fracasa; quien se le rebela, sufre consecuencias inmediatas o mediatas; quien la acata, espera recompensa, y sólo quien la aplica sabe el porqué de las decisiones
Es la regla básica del presidencialismo mexicano: “la palabra del presidente de la República es la ley”
Todo priísta que se precie de serlo debe saberlo bien; siempre, pero más en los tiempos de destape
Y por si fuera poco, esa ley no escrita ha sido aplicada durante todo este sexenio como una práctica de calentamiento antes del juego final: el dedazo
No hay creencia o convicción personal, aun expresada públicamente, que valga:
Lo mismo ante la reprivatización bancaria que ante las reformas a los artículos 3¼, 27, 82 o 130 de la Constitución, o ante la destitución del líder formal del PRI; ante el triunfo oficial de un candidato priísta a gobernador y su posterior sustitución, o ante las reformas a las reformas de la llamada Ley Inquilinaria del Distrito Federal
Lo que sea: si lo dice el presidente Salinas, está bien dicho, y lo que haga, está bien hecho
Ejemplos sobran:
Frente a la alharaca por la inminente reforma al artículo 82 de la Constitución, el líder de la Cámara de Senadores, Emilio M González, quiso parar la supuesta rebelión priísta contra esa modificación, y declaró:
“Hay un respeto absoluto al señor presidente Apoyamos al señor presidente Estamos con el señor presidente”
Un reportero le retrucó: “pero el señor presidente ha dicho que el 82 está bien como está”
Y la respuesta del senador González fue: “estamos con él”
Porque como lo definió Genaro Borrego Estrada al asumir la presidencia nacional priísta en abril de 1992: “desde este momento, debe quedar claro que la única lealtad que tendré como presidente del CEN del PRI es con el presidente de la República” Y cumplió aun en su ocaso sorpresivo, menos de un año después
La sumisión priísta al presidente de la República —”su jefe nato”, “el primer priísta del país”— no es novedad, pero se ha incrementado en este sexenio, cuando los priístas han tenido que asumir posiciones que les han sido, por lo menos, incómodas y, en los casos más graves, contrarias a lo que siempre habían sostenido como principios fundamentales, como en el caso de la reforma al artículo 27 de la Constitución en materia agraria
Más allá de las reformas constitucionales para dar sustento al primer código electoral del sexenio, en octubre de 1989, y hasta el reconocimiento de la victoria del panista Ernesto Ruffo en Baja California, la primera prueba de fuego para el presidencialismo en este sexenio ocurrió en mayo de 1990, cuando se anunció la iniciativa presidencial para reprivatizar la banca nacionalizada por José López Portillo en 1982 El anuncio fue hecho por el presidente Carlos Salinas de Gortari en un desayuno, en Los Pinos, con diputados, senadores y el CEN del PRI
Ahí mismo, en nombre del sector obrero, el diputado —hoy líder de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal— Juan José Osorio Palacios calificó esa decisión como —firme, patriótica y decidida Demos al presidente de México, hoy más que nunca, nuestro apoyo”, y los aplausos se desgranaron desde todas las mesas En 1982, Osorio Palacios también era diputado y, ante la decisión de López Portillo, dijo que el 1¼ de septiembre de ese año “pasó a la historia, como a la historia pasó el 18 de marzo de 1938”, y calificó la nacionalización bancaria como irreversible, valiente y patriótica
En mayo de 1990, otros 44 legisladores priístas se encontraron en la misma circunstancia que Osorio Palacios: en 1982 votaron por la nacionalización bancaria, y poco menos de ocho años después tenían que votar por su regreso al sector privado Entre ellos: Hilda Anderson, Manuel Cavazos Lerma (hoy gobernador de Tamaulipas), Francisco Galindo Musa, Luz Lajous, José Luis Lamadrid (ahora secretario general del PRI), Mario Vargas Saldaña, Netzahualcóyotl de la Vega, Humberto Lugo Gil, Héctor Hugo Olivares Ventura, Luis Martínez Fernández, Dulce Maria Sauri (gobernadora interina en Yucatán), Socorro Díaz Palacios (actualmente subsecretaria de Gobernación), Andrés Henestrosa (premiado este año con la medalla “Belisario Domínguez”), Gonzalo Martínez Corbalá y Maximiliano Silerio Esparza (hoy gobernador de Durango)
Salvo uno, todos siguieron el ejemplo de Osorio Palacios Nadie explicó públicamente su decisión de votar contra lo que había aprobado La excepción fue Hermenegildo Anguiano, quien mantuvo su voto El aspiraba a la gubernatura de Michoacán El otro voto priísta en contra de esa iniciativa fue de Demetrio Sodi de la Tijera, pero él no estaba en la Cámara de 1982
ASUMIR HASTA RECTIFICACIONES
No iba a ser la única demostración del presidencialismo y la sumisión de los priístas a él En 1991, tanto en lo legislativo como en lo político-electoral, los priístas tuvieron que manifestar: “lo que usted diga, señor presidente”, aun ante la rectificación de decisiones ya asumidas
Al Congreso de la Unión llegaron iniciativas, promovidas por o desde la Presidencia de la República, de reformas a artículos de la Constitución que se habían mantenido casi como tabúes o mitos y que formaban parte de las tradicionales propuestas y ofertas políticas priístas Se decidió modificar los artículos 3¼, 27 y 130 de la Constitución y otros correlativos Como en otras ocasiones, se habló y se especuló sobre desacuerdos, enojos, oposición de los legisladores priístas, pero no salieron —en el mejor de los casos— del interior de sus oficinas
De nuevo, ningún priísta se opuso públicamente, aun cuando en 1971, en la misma Cámara de Diputados, durante la discusión de la Ley de la Reforma Agraria, los priístas de entonces llamaron “reaccionarios”, “contrarrevolucionarios” y hasta les recordaron el Cerro de las Campanas a los panistas que propusieron reformas semejantes a las salinistas La reforma al 130 sirvió para que muchos reconocieran, por fin, su fe católica, antiguo pecado mortal laico en la religión política nacional
Bueno, ni ante el descontento por la llamada “miscelánea fiscal” se atrevieron, aunque muchos diputados priístas filtraban información a sus colegas opositores y a reporteros para tratar de parar reformas en ese sentido
En lo político, el presidente de la República dejó a todos colgados de la brocha cuando decidió que Fausto Zapata renunciara a la gubernatura de San Luis Potosí, apenas catorce días después de haberle dado posesión
Las heridas estaban sangrantes por la “renuncia” de Ramón Aguirre a su oficial triunfo en la gubernatura de Guanajuato y la designación del panista Carlos Medina Plascencia en su lugar La oposición navista a Zapata había creado mucha inquietud en San Luis Potosí El presidente Salinas viajó para encabezar la toma de posesión del exvocero de Luis Echeverría Le dio todo su apoyo Los priístas, encabezados por su líder nacional, Luis Donaldo Colosio, se sintieron seguros y fuertes Todos dijeron: “Zapata no renunciará; es el gobernador, y nadie lo quitará” Zapata cayó y los priístas callaron
Un año más tarde habría de ocurrir una situación semejante en Michoacán con la gubernatura de Eduardo Villaseñor Genaro Borrego había dicho: “el PRI defenderá cada voto con la razón, la verdad y la ley Respetaremos y exigiremos respeto a la voluntad popular No permitiremos que pongan en duda nuestros triunfos” Luego, ante la decisión presidencial, dijo: “en Michoacán se cumple con la voluntad popular porque el PRI gobierna en la persona de Ausencio Chávez El poder lo tenemos nosotros”
Algunos destacados priístas, como Pedro Ojeda Paullada, Gustavo Carvajal Moreno, Manuel Sánchez Vite y Eliseo Rangel Gaspar se atrevieron a decir que había mucha molestia entre sus correligionarios por esa decisión, pero culparon a Borrego Estrada, de ninguna manera al presidente de la República
Días después, Borrego volvería a comerse sus palabras La candidatura de Gonzalo Martínez Corbalá a la gubernatura de San Luis Potosí provocó un gran revuelo en esa entidad y en todo el país, al considerarse como un intento de reelección y un experimento político a nivel nacional El líder del PRI dijo el 15 de octubre de 1992 que esa candidatura era “legal e irreversible” y que él mismo le tomaría la protesta estatutaria tres días después La noche del 16 de octubre, Martínez Corbalá viajó a la ciudad de México, se entrevistó con el presidente de la República, y al día siguiente anunció su renuncia a la postulación
La molestia priísta fue evidente y, en San Luis Potosí, algunos hasta se envalentonaron y amenazaron a su partido La rebelión no duró ni una semana El entonces secretario general del PRI en aquella entidad, Jacinto Lárraga, justificó: “a veces se abre la boca de más”
Igual ocurriría en mayo de 1993 en Yucatán, cuando se intentó modificar la Constitución local para imponer a un gobernador interino por 18 meses y “empatar” las elecciones locales con las federales Salvo excepciones notables, como la de Francisco Luna Kahn, los priístas yucatecos y del país se amacharon ante las protestas de la oposición, principalmente las del PAN Y todo lo justificaron cuando se dio marcha atrás
EN SU PROPIA CASA
Pero mes y medio antes, en su propia casa, los priístas habían sufrido el peso del presidencialismo que sostienen Decididos, por sugerencia presidencial, a dejar de ser “el partido del gobierno”, celebraron, bajo el liderazgo de Borrego, su XVI Asamblea Nacional, y jubilosos se dispusieron a reformar al PRI Borrego insistía en que su partido dejaría de ser “el del gobierno”, y los priístas le creían o hacían que le creían En esas estaban, cuando antes de la clausura de su asamblea, Borrego anunció: “he aceptado atender la delicada encomienda que me hace el señor presidente de la República y, en consecuencia, me retiro del cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional” El exgobernador de Zacatecas había sido “invitado” a hacerse cargo del IMSS
Luego vendría la llamada “Ley Inquilinaria” para el Distrito Federal La iniciativa de reformas a varias disposiciones de los códigos Civil y de Procedimientos Civiles, así como a la Ley Federal del Consumidor, llegó a la Cámara de Diputados procedente de Los Pinos Las comisiones de la Cámara la dictaminaron en tiempo récord La oposición se inconformó El PRD tomó la tribuna del salón de sesiones Pero esta vez, faltaba más, los priístas no iban a permitir más derrotas Trasladaron la sesión a un salón alterno Con la presencia exclusiva de legisladores priístas y parmistas, la iniciativa fue aprobada Los priístas se la jugaron y, entre ellos, sobresalió el senador Manuel Aguilera
Las protestas populares, encabezadas por la Asamblea de Barrios, comenzaron Se intentó llegar a Los Pinos Exigían una audiencia con el presidente Salinas A cambio, obtuvieron un boletín de prensa en el que se informó de la intención de dar marcha atrás a las reformas aprobadas, que entrarían en vigor en octubre de 1993 Y así ocurrió en el periodo extraordinario de sesiones de agosto y septiembre pasados, cuando una parte de esas reformas se pospusieron por cinco años Aquellos que defendieron las reformas originales aprobaron su modificación La iniciativa de reformas a las reformas llegó de Los Pinos
Pero si ese fue un trago amargo, más lo fue el de la reforma al artículo 82 constitucional Por lo menos públicamente
En su gira por Sudamérica, en julio de este año, y en Brasil para precisar, el presidente Salinas de Gortari contestó a una pregunta sobre una posible reforma al artículo 82 constitucional “Así como está, está bien”, dijo Los priístas lo interpretaron como “la línea”, y más cuando habían recibido la promesa de que ese artículo no se reformaría
También les habían prometido que el Senado no sería abierto a la oposición durante el periodo extraordinario de sesiones del Congreso de la Unión, en el que se discutió la segunda reforma política del sexenio
Con esa “línea”, sintieron que tenían luz verde para oponerse a la reforma al artículo 82 Muchos fueron más allá: públicamente expresaron su desacuerdo y oposición: lo mismo Luis Dantón Rodríguez que Alfonso Martínez Domínguez Otros expresaron su cautela y exigieron “candados”, como Miguel Alemán Velasco, Ricardo Monreal, José de Jesús Padilla y Mauricio Valdés Y unos, de plano, se sintieron absolutamente seguros: Epifanio Godoy, senador por Quintana Roo, dijo públicamente que votaría contra esa reforma “porque la patria es primero”, y Rogelio Audifred Narváez, diputado por Oaxaca, escribió una carta en la que expuso razones de “lesa patria” para oponerse a la modificación que, a partir de 1999, permitirá que mexicanos por nacimiento, hijos de padre o madre mexicanos, puedan aspirar a la Presidencia de la República
La “rebelión” priísta, ahora sí, era pública Y sus impulsores creyeron haber ganado la guerra cuando, a punto de ser discutida, esa reforma fue regresada a comisiones en la Cámara de Diputados Entonces, lo que parecía la postura personal de unos cuantos, se volvió colectiva En esa sesión, los diputados priístas se levantaron, eufóricos, de su curules y comenzaron a gritar “¡México, México, México!”
Una semana después, ni los que gritaron felices ni los que habían expresado públicamente su rechazo sostenían sus presuntas convicciones Sin recato alguno, votaban a favor de la reforma En la Cámara de Diputados hubo cinco votos priístas en contra, pero ninguno correspondió a los que lo habían anunciado En el Senado, hubo dos en contra y una abstención, pero ninguno de ellos fue de los públicamente insurrectos, quienes terminaron votando a favor
Cuando al senador Godoy se le preguntó sobre la incongruencia entre sus declaraciones y su voto, respondió: “estoy tranquilo con mi conciencia si es que todavía me queda conciencia”