Archivo del 68: el presidente hablaba de “insania”, y varios militares lo presionaban para reprimir

Archivo del 68: el presidente hablaba de “insania”, y varios militares lo presionaban para reprimir
“¡Fusílelos, ahórquelos, elimínelos, y ponga a las universidades en manos del ejército!”, pedían a Díaz Ordaz
Ignacio Ramírez
En vísperas del 2 de octubre de 1968, integrantes del Ejército Mexicano, desde generales hasta la tropa, incluyendo exsoldados y veteranos de la Revolución, recomendaban al presidente Gustavo Díaz Ordaz “meter en cintura”, con “mano de hierro”, a los estudiantes “apátridas” y “agitadores comunistas”, en aras del “principio de autoridad”, para salvaguardar el orden y la paz social de la nación
Entre la correspondencia que Díaz Ordaz recibió durante su mandato en Palacio Nacional y en Los Pinos existen cartas y telegramas que muestran que, desde el comienzo del movimiento estudiantil, diversos militares presionaban con sus comentarios y sugerencias para reprimir a los estudiantes
Quince días antes de los hechos ocurridos en Tlatelolco, el 17 de septiembre, el general de brigada Miguel Salas Cacho le sugería al primer mandatario implantar el servicio militar universitario, mediante el cual todos los estudiantes de la universidad o de cualquier centro de enseñanza superior serían becados por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena)
“Obligaciones del becado: ser afiliado y causar alta en el Ejército Mexicano y permanecer en activo el número de años que duren sus estudios Causará baja al presentar su examen profesional, pasando a la reserva”
Salas Cacho creía que “más de 60% optará por la beca”, pues ello significaba una carrera gratuita que pagaba el pueblo, aduciendo que la Sedena no distraería a los jóvenes mientras fueran buenos estudiantes
“Mi sugerencia no tiene el propósito de encadenar individuos ni de suprimir libertades, solamente ponerle un freno al libertinaje y a la holgazanería”
Diez días después, el secretario privado de Díaz Ordaz, Joaquín Cisneros Molina, daba respuesta al general con el siguiente telegrama: “SPO 121427 Señor presidente República enteróse su carta diecisiete actual en que presenta interesante sugerencia sobre becas universitarios Saludos”
Dos semanas antes, el general de división Rubén M Peralta Alarcón, “profundamente impresionado por los diversos actos realizados por usted el día 1 de este glorioso mes de septiembre”, le envió a Díaz Ordaz una carta, en la que expresaba:
“Su valor y su temeridad haciendo el recorrido desde Palacio Nacional a la Cámara de Diputados para rendir su informe de gobierno, en su coche abierto, con sus manos en alto y la sonrisa en los labios; saludando a derecha e izquierda lleno de ardor y de satisfacción, al pueblo que lo aclamaba apasionadamente, aplastó la insolencia de sus calumniadores, de ese grupo de insensatos, que tienen ojos y no ven, que tienen oídos y no oyen; y arrancó un grito de admiración del alma de sus amigos y de asombro entre sus enemigos Este solo hecho, señor presidente, mereció el más cálido aplauso para usted; y si a esta gallarda actitud sumamos la lectura de su brillante informe, que abundó en períodos emocionantes, luminosos, llenos de patriotismo, de claridad y de verdad irrefutables, sinceramente, sin adulación, pasó usted a ocupar, dignamente, como el más bizarro de sus generales y con orgullo para nosotros, el más alto rango, el de comandante general de las fuerzas armadas del país; de este México heroico, que desde Cuauhtémoc en la Conquista; Morelos, Guerrero y Galeana, en la Independencia; Juárez, Zaragoza, Escobedo y toda esa pléyade de valientes generales en la Reforma y el Imperio; y los más bravos paladines de nuestra Revolución gloriosa, jamás se han rendido ante la ignominia y siempre han levantado muy en alto su cabeza ceñida en los lauros del triunfo”
En esta ocasión fue el propio Díaz Ordaz quien agradeció la misiva, mediante un telegrama fechado el 13 de septiembre, con estas palabras: “muy reconfortante recibir las expresiones de unidad y solidaridad de muchos mexicanos como usted Gracias por sus palabras al referirse a mi cuarto informe de gobierno”
A las múltiples adhesiones “por sus patrióticas decisiones”, a las que se sumó el general Juan José Gástelum Salcido, subsecretario de la Defensa Nacional, en la correspondencia de Díaz Ordaz hay otras cartas que demandaban, incluso, la desaparición de los dirigentes estudiantiles
Con carácter urgente, el capitán primero veterano de la Revolución, Epigmenio Galván López, proponía el 25 de septiembre que el presidente emitiera un decreto, cuyas partes sustanciales eran:
“Primero Con esta fecha y hasta el día 15 de noviembre próximo, todas las escuelas en que han entrado los agitadores y rebeldes comunistas queden cerradas y vigiladas por el ejército
“Segundo Los que se dicen ser estudiantes en huelga, por todos los delitos que hasta hoy han cometido, se les desconozca como tales, y cualquier alteración del orden que cometan les sean aplicadas las máximas penas que marcan nuestras leyes y reglamentos Si se tratara de profesores, sean juzgados con pena doble
“Con una orden a todos los gobernadores de los estados para que vigilen cualquier movimiento subversivo Que a los estudiantes les quede prohibido mezclarse en política y hacer huelgas Hay que apurarse, pues las Olimpiadas ya están en casa”
El exsoldado Rafael Medina Benítez, tres días después de lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas, le sugirió al presidente: “a) que los agitadores sean fusilados; b) que los puentes aéreos y aduanas sean administrados por el ejército; c) se elimine también a los maestros y alumnos que ocasionan desorden”
El 3 de octubre se recibió una carta, en papel membretado del “Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana Cuerpo General de Ajustes”, que decía: “¿vivimos en un país de vándalos? Fusile usted una docena, cuelgue en el mismo zócalo una veintena de alborotadores Aplíqueles la ley fuga, porque mañana será demasiado tarde”
Incontable es la correspondencia en que generales como Gustavo Lessieur López, Celestino Gasca Villaseñor, Juventino Espinosa Sánchez, Alberto Zuno Hernández, Miguel del Castillo Córdoba, Anastasio Laureano A Goycochea, Carlos R Berzunza, Eladio C Ruiz, Félix Ireta V, Rodolfo Balmaceda y Belisario Villa, y hasta soldados de ordenanza, como Agustín Pérez Maldonado, Timoteo Ríos Martín, Rafael Pérez Ramírez, Francisco Cruz López y Sebastián Girón Gómez, entre otros, así como exmiembros de las fuerzas armadas y veteranos de la Revolución, hicieron patente su inquebrantable lealtad al presidente Díaz Ordaz El sentir de muchas de esas cartas y telegramas lo transmite la siguiente reflexión del exteniente coronel del Ejército Constitucionalista, Arnulfo Pérez H: “nada hay más abominable que la ingratitud y la traición Por eso los ingratos y los judas merecen la execración del pueblo y el anatema de la posteridad”
A todos, directa o indirectamente, Díaz Ordaz agradeció sus misivas A unos, como al general José Hernández Toledo, quien comandó el Batallón Olimpia en los sucesos de Tlatelolco y fue herido ese 2 de octubre, les dispensó mayor atención:
“Palacio Nacional, 7 de noviembre de 1968
“Sr Gral Div José Hernández Toledo
“Batallón de Paracaidistas
“Campo Militar No 1
“Secretaría de la Defensa Nacional
“Ciudad
“Muy estimado señor General y fino amigo:
“Recibí la amable carta que recientemente me envió Muchas gracias por sus generosos conceptos, tan inmerecidos
También le agradezco, una vez más, su viril y noble comportamiento y el sacrificio personal de sangre que hizo por la paz de México
“He estado muy pendiente de su salud y me alegra saber que conforme pasa el tiempo, se va restableciendo
“Le mando un abrazo con afecto para el amigo, admiración para el hombre y reconocimiento para el soldado, que todo eso es usted Gustavo Díaz Ordaz (Rúbrica)”
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Gran parte de los documentos sobre la administración del presidente Díaz Ordaz (1964-1970) se encuentran en 1,259 cajas de cartón —miden 20 x 42 x 28 centímetros—, guardadas en el Archivo General de la Nación
Investigar en ellas resulta sumamente difícil, pues su contenido —cartas, oficios, manuscritos, telegramas, fichas, folletos, recortes y fotografías— no está clasificado, como lo están los archivos correspondientes a los presidentes que se han sucedido desde Francisco I Madero hasta Adolfo López Mateos
Fundado en marzo de 1790 por el conde de Revillagigedo, el Archivo General de la Nación (AGN) cuenta desde 1977, cuando fue instalado en el antiguo penal de Lecumberri, con una capacidad de 19,600 metros cúbicos para guardar documentos, con una extensión de estantería de casi 20 kilómetros, en lo que fueron las celdas del llamado Palacio Negro
Según la primera Guía General de los Fondos del Archivo General de la Nación, publicada en 1982, “la totalidad de los materiales clasificados” que contiene fueron abiertos a la consulta
No obstante, la directora del AGN, Leonor Ortiz Monasterio, sostiene que los archivos de 1968 no se abrirán antes de cinco años
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En su despacho particular del Palacio Nacional o en Los Pinos, Díaz Ordaz escribió algunas cartas que reflejan su estado de ánimo conforme iba desarrollándose el movimiento estudiantil En una de ellas se lamentaba de que en dicho conflicto hubiera “esa asquerosa mezcolanza que está sufriendo la vida de México”; en otra manifestaba su confianza en que el pueblo, “seguramente, saldrá más vigorizado de estos problemas”
El 9 de agosto, luego de expresar un cordial saludo al arzobispo metropolitano de Guatemala, Mario Casariego, le decía: “por lo que respecta a los disturbios que han ocasionado los estudiantes y que sólo aprovechan gentes interesadas en desprestigiar a México, esperamos que pronto terminen para tranquilidad de nuestro pueblo que con empeñoso esfuerzo se encuentra dedicado al trabajo”
Cuando el movimiento adquiría ya perfiles insospechados, el 19 de agosto, dirigiéndose al licenciado Ignacio Maciel Salcedo, rector de la Universidad de Guadalajara, institución que había visitado días antes, Díaz Ordaz le reiteraba su felicitación por los conceptos que le había expresado sobre la juventud y la misión del estudiante universitario “que, como usted dijo, debe actuar sin prejuicios sectarios, sin egoísmos, plenamente imbuido de nuestras tradiciones cívicas, orientando constantemente su conducta hacia la verdad y por un camino de interés social”
Después de la golpiza sufrida por el ingeniero Heberto Castillo, Díaz Ordaz le escribió una carta al ingeniero César A Buenrostro Hernández, el 10 de septiembre, en atención a la que éste le había enviado el 31 de agosto para solicitarle una investigación de los hechos:
“No necesita solicitarme investigación; ya se está realizando, según lo ha publicado toda la prensa
“El señor ingeniero Heberto Castillo ha imputado la responsabilidad al gobierno Sin embargo, a quien menos podía beneficiar la agresión que sufrió era al propio gobierno
“Lamento mucho que en este conflicto tanta insania haya sustituido a la cordura y que las gentes que por su posición ideológica, por su preparación universitaria y por su inteligencia, están más obligadas a ver con claridad cuáles son las fuerzas agresoras y perturbadoras, parecen ser las más ciegas
“Ojalá se obtenga resultado en la investigación, aunque no ignoro las grandes dificultades para determinar responsabilidades en esa asquerosa mezcolanza que está sufriendo la vida de México: los variados intereses de aquellos a quienes sí les conviene, y mucho, ver, por una parte, golpeado al más ostensible dirigente del movimiento; pero, al mismo tiempo, el único que, por lo menos en público, tuvo una ponderada actitud en un programa de televisión; y, por otro lado, hacer aparecer al gobierno como responsable de un incalificable atentado El pueblo entero de México, y con mayor razón quienes más cerca han estado, saben perfectamente que el atentado no es el estilo de la política del régimen Lo saludo cordialmente”
Antes de repicar la campana y de dar el tradicional Grito con motivo del CLVIII aniversario de la Independencia, Díaz Ordaz envió estas breves palabras a Rafael Angel Calderón Guardia, quien le había escrito desde San José de Costa Rica: “profundamente reconocido por la preocupación que me expresa, a través de su atenta carta del 8 de los corrientes, sobre los acontecimientos que en las últimas semanas se originaron en mi patria, y por el generoso, pero certero juicio, que tiene respecto del pueblo de México En efecto, este pueblo nuestro, de grandes posibilidades espirituales, seguramente, saldrá más vigorizado de estos problemas”
DOS DE OCTUBRE
El 2 de octubre Díaz Ordaz escribió cinco cartas, una dirigida al “excelentísimo Señor General” Anastasio Somoza Debayle, presidente de Nicaragua, para enviarle el libro Estudios sobre Rubén Darío Las otras fueron para Edgar Robledo Santiago, secretario de la Comisión de Organización del Congreso del Trabajo; el diputado Blas Chumacero; Francisco José Alvarez Lezama, y Raymundo Ampudia, por diversos motivos, sin tocar el conflicto estudiantil
Un día después contestó una carta que le había remitido Lorenzo de Anda y Anda el 19 de agosto Verdaderamente conmovido, según sus palabras, Díaz Ordaz escribió:
“Quién como yo, que vive en medio de un inmenso océano de problemas, de cifras, de presiones, de intereses legítimos e ilegítimos, de frialdad e indiferencia, encontrar una reacción tan cálidamente humana, le resulta extraordinario
“Muchísimas gracias por la generosidad que campea en los artículos que usted escribió y cuyos recortes periodísticos tuvo la gentileza de enviarme
“Me resulta halagüeña cierta coincidencia con mi modo de ver las cosas, por lo que me estoy permitiendo reiterarle copia de una carta que dirigí a un señor que escribe periódicamente en Excélsior
“Aunque en esa carta se indica claramente que no se trataba de un propósito publicitario, este señor la ha mostrado a varias personas, por lo que ahora yo no tengo reparo de enviarle a usted la copia
“Gracias también y muy sinceras por sus buenos deseos Lo saluda afectuosamente su amigo, Gustavo Díaz Ordaz”
Aunque no daba el nombre, se refería a la carta que había dirigido a don Daniel Cosío Villegas, el 16 de agosto, con motivo de su artículo “Frente a los hechos, examen de conciencia”, publicado ese mismo día en la página editorial de Excélsior
Había escrito Cosío Villegas:
“Francia estaba de verdad al borde de la guerra civil, y porque así era, De Gaulle pidió el apoyo del ejército Se le concedió, pero en el entendimiento claro y terminante de que en ningunas circunstancias las tropas dispararían contra los estudiantes”
Díaz Ordaz replicó:
” Supe cuando De Gaulle, desde el principio, dijo: `¡Que se pudra el problema!’
“Pude dejar que se pudriera el problema; pasó por mi mente la posibilidad de hacerlo y rápidamente la deseché, porque en México, país que apenas inicia su desarrollo, no resistiría un golpe como el que sufrió Francia”
Advertía que la carta era absolutamente personal “No debe, por ningún motivo, ser, ya no digo dada a la publicidad, ni siquiera transmitida a otras gentes, porque es sólo para usted” (Proceso 105)
El 7 de noviembre, le escribió a Luigi Raimondi, exdelegado apostólico en México, radicado entonces en Washington: “no sabe usted cuánto lo hemos extrañado; no sabe cuánta falta nos ha hecho su presencia, aunque estamos convencidos que siempre contaremos con su amistad”
Como colofón al problema estudiantil e inmerso ya en las numerosísimas misivas y telegramas de felicitaciones con motivo de la Navidad y el Año Nuevo, Díaz Ordaz envió sendas cartas, el 19 de diciembre, a Jorge de la Vega Domínguez y Andrés Caso Lombardo, para agradecerles y felicitarles por su intervención en el conflicto estudiantil:
“Estimados señores licenciados y finos amigos:
“Les ruego aceptar mi conmovido agradecimiento y mi más cordial felicitación por el empeñoso esfuerzo, delicado tacto, el talento y la entrega con que desempeñaron la difícil comisión que me permití confiarles para que, en mi nombre, realizaran un intercambio de opiniones con los diversos grupos de jóvenes estudiantes, en relación con los acontecimientos de los últimos meses
“Les suplico recibir también mis parabienes por las ponderadas e inteligentes declaraciones que ustedes formularon sobre el desarrollo y el resultado de esas entrevistas
“Me complazco en expresarles el renovado testimonio de mi amistad y en saludarlos con afecto”
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En su cuarto informe de gobierno, rendido el 1 de septiembre de 1968, Díaz Ordaz, de entrada, rindió homenaje al ejército y, como presagio de lo que ocurriría después, manifestó: “no quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar llegaremos”
Poco después, el procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas, recibió en su despacho a los miembros del Consejo Nacional de Huelga
Sin fecha, la versión estenográfica de la reunión se encuentra en una de las cajas del Archivo General de la Nación, pero sólo da cuenta de las palabras del procurador, sin la réplica ni los nombres de quienes asistieron a ella
Sánchez Vargas les dijo, entre otras cosas:
“El día 27 de agosto último se realizó una nueva manifestación; en esta ocasión, cada uno de ustedes, en su fuero interno, deben recordar que se faltó al símbolo y al respeto de México El Palacio Nacional no sólo es la oficina de un alto funcionario administrativo, el Palacio Nacional es el símbolo de nuestra nacionalidad, es el asiento del jefe del Estado y esa noche, yo lo presencié, los muros del propio Palacio se pintaron con símbolos de un guerrillero sudamericano Esto, dicho con la mayor sencillez y con la mayor naturalidad, es contrario al sentimiento mexicano
“Veamos otro ángulo del problema: nadie creo que pueda precisar el número de personas que han sido detenidas desde el 26 de julio a la fecha, porque han sido muchos cientos, y la misión que han llevado los subprocuradores generales de la República, a la jefatura de policía, al Campo Militar, a Santa Martha Acatitla, es de que después de un examen de parte del Ministerio Público Federal, en todos aquellos casos en que se acreditara la inocencia, fueran puestos en inmediata libertad, y así lo realizaron A todos les consta que hablaron directamente con los estudiantes detenidos, con los padres de familia, sobre la buena fe como venía actuando el gobierno, pero algunos lo entendieron y otros no”
Luego de resaltar el renglón educativo del cuarto informe de gobierno, el procurador concluyó: “si el día de mañana se llegan a realizar otras libertades, a quien se lo deben agradecer, a quien se lo deben reconocer, es al señor presidente, licenciado Gustavo Díaz Ordaz”
Mientras tanto, aumentaban las cartas de protesta remitidas al propio Díaz Ordaz por la aprehensión de docenas de estudiantes o trabajadores, “detenidos por el único delito de ser jóvenes”; por ejemplo, Jacob Herrera Orozco denunciaba que había sido aprehendido, sin causa alguna, a raíz de los acontecimientos en las inmediaciones de Santo Tomás, y solicitaba al presidente que se le dejara en libertad
Después del 2 de octubre llegaron más cartas El licenciado Ramón Herrera Esponda pedía que se dieran facilidades a las madres para localizar a sus hijos desaparecidos María Guadalupe Hernández, desde Houston, Texas, clamaba por la libertad del teniente Benjamín Uriza, “pues en los actos que participó en Tlatelolco fueron justificados”
En contrapartida, el subteniente Jaime Monter Hernández, adscrito a la Segunda Brigada de Infantería del cuadragesimocuarto Batallón, en el Campo Militar número uno, le agradecía al presidente la donación de 10,000 pesos que le entregó, en su representación, el general de brigada Mario Ballesteros Prieto, “por haber cumplido mi deber en la Misión Tlatelolco”
De su puño y letra, Díaz Ordaz anotaba “Adhesión” o “Solidaridad” cuando la correspondencia que recibía era en favor de los actos del gobierno En caso contrario, apuntaba “Gobernación”
Una vez revisadas las cartas o los telegramas por Díaz Ordaz, pasaban a manos de su secretario privado, Cisneros Molina, quien remitía la correspondencia al secretario de Gobernación, Luis Echeverría Alvarez
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Del cúmulo de misivas solidarias que recibió Díaz Ordaz con motivo de sus actos por el movimiento estudiantil, así como por su cuarto informe de gobierno, su cumpleaños y el éxito de los XIX Juegos Olímpicos, sobresale la que le enviaron Joaquín Hernández Galicia y Salvador Barragán Camacho, entonces líderes del sindicato petrolero
Imbuidos por la euforia de las tres medallas de oro que obtuvieron Felipe “El Tibio” Muñoz, Ricardo Delgado y Antonio Roldán, se felicitaban por el éxito de la Olimpiada, “a pesar de los bastardos intereses internos y externos que, utilizando a la juventud estudiantil, trataron inútilmente de boicotearla”
Concluían:
“Esto ha sido motivo para que otro gran mexicano reciba también medalla de oro que le otorga el pueblo mexicano, entregándole en ella unidos los millones de corazones que representan la gran mayoría de compatriotas de buena voluntad y que reconocen su acertada labor como guía único de nuestra patria Ese mexicano ¡es usted, señor presidente, licenciado don Gustavo Díaz Ordaz!”