Firmas falsas, actas alteradas y ubicuidad de los declarantes
La Quina subraya y comenta un libro “contradictorio y apócrifo”: su propio expediente
Roberto Zamarripa
Falsificación de firmas; violación del expediente para sobreponer rúbricas faltantes; superagentes judiciales y ministeriales que salen indemnes de una balacera contra un grupo fuertemente armado y que muestran el don de la ubicuidad: en menos de tres horas signan una decena de actas en Tampico y Ciudad Madero —una de ellas al mismo tiempo— como testigos y denunciantes
Es el caso de un homicidio por disparo de arma de fuego en el que la autopsia no revela el tipo de proyectil que causó la muerte ni se registran fotografías del cadáver en el lugar de los hechos
Es parte del expediente que tiene en la cárcel —bajo cargos de homicidio calificado, acopio e introducción ilegal al país de armas de uso reservado a las fuerzas armadas— a Joaquín Hernández Galicia, La Quina
En el expediente se contienen declaraciones de agentes ministeriales y judiciales que confiesan: fueron soldados los que detuvieron a Hernández Galicia y a miembros de su equipo de seguridad y a otros integrantes del sindicato petrolero, el 10 de enero de 1989, en Ciudad Madero, Tamaulipas
Signos de impotencia, trazos de enojo, de ironía, al margen de las actas ministeriales, el exlíder moral de los petroleros sindicalizados señala, marca, subraya: “¡Absurdo, falso, ilegal!”
Ha escudriñado el expediente; sus anotaciones son también al reverso de las hojas; se come todos los espacios disponibles para reiterar que todo es “fabricación de ilícitos”, que “el tormento físico y moral” le obligó a decir y firmar declaraciones falsas Demuestra con pequeñas flechas trazadas con marcador rojo las firmas apócrifas o las actas alteradas Anota en una de las actas: “Violación del expediente, sacan acta con la firma falsa y la reponen con firma auténtica fraudulentamente”
Asegura que las primeras no fueron elaboradas en Tampico, como vienen fechadas “Oficio hecho en México simulando que fue realizado en Tampico”, anota en una, y al margen, debajo del sello, escribe: “Papel de la Procuraduría de México, prueba de que estas actas se fabricaron en la Ciudad de México mas nunca en Tampico”
Un expediente irregular, contradictorio, con el que La Quina se pelea en trazos y rayones de cólera
OFICIOS SIN NUMERO; INVESTIGACION SIN PRUEBAS
La versión oficial, difundida por la Procuraduría General de la República el día de la detención de La Quina, señalaba que dos agentes especiales del Ministerio Público Federal, Gerardo Antonio Zamora Arrioja y Carlos Manuel Salas, habían acudido a las 9 de la mañana del martes 10 de enero de 1989 a verificar las denuncias sobre posesión, acopio e introducción ilegal de armas prohibidas, que se encontraban ocultas en la casa del entonces líder moral del sindicato petrolero
La pareja iba acompañada por cuatro agentes de la Policía Judicial Federal y por un número indeterminado de efectivos militares Los custodios de La Quina opusieron resistencia armada y en el tiroteo resultó muerto Zamora Arrioja, según el comunicado de la PGR
Vecinos del lugar y algunas personas que se encontraban en el domicilio de La Quina y que no fueron detenidas —avaladas por la fe de un notario público— dijeron que en el operativo matutino no participaron civiles, sino sólo militares; afirmaron que nunca hubo disparos desde dentro de la casa de Hernández Galicia y que tampoco fue visto algún cadáver Asimismo, se aseguró que los propios soldados bajaron, de los camiones militares enlonados, las cajas con armamento que, según las acusaciones, tenía La Quina ocultas en su domicilio Esas armas fueron puestas en el pasillo de la entrada de la residencia del exlíder sindical (Proceso 637)
La forma en que se decidió investigar el contrabando de armas, ordenado presuntamente por Hernández Galicia, se hizo sin pruebas fehacientes Todo se inició con un oficio en el que se ve encimado el número 12 del mes de diciembre de 1988, en el que el director de la Policía Judicial Federal, Fausto Valverde, ordena a Guillermo Robles Liceaga —primer comandante— y a los agentes Jorge Cambres, Héctor Pérez Cabello y Juan Tonatiuh Castellanos Lira que “se aboquen a practicar minuciosa investigación en relación a la posible introducción ilegal de armas de fuego a la República Mexicana, y que al parecer se encuentran en el domicilio de Joaquín Hernández Galicia, ubicado en calle San Luis número 102, colonia Unidad Nacional de Ciudad Madero, Tamaulipas, así como del inmueble de la misma calle con el número 104”
El 6 de enero, en un oficio sin número, el grupo de agentes rinde un “parte informativo” en el que, sin citar datos, fechas o pruebas, aseveran que “se detectó que hace aproximadamente un mes, por la frontera de Reynosa, Tamaulipas, se introdujeron varias cajas conteniendo armas de fuego y cartuchos, mismas que fueron trasladadas y ocultadas en la casa del conocido líder petrolero Joaquín Hernández Galicia” Aseguran que el domicilio de La Quina es San Luis 102 y que han mantenido una “vigilancia estrecha, percibiéndose que existe un gran movimiento de gran cantidad de personas que portan armas de alto poder habiéndose observado también que con frecuencia asisten a ese lugar, entre otras personas, los líderes petroleros Salvador Barragán Camacho, José Concepción Posadas, José Sosa Martínez, Victoriano López, Mauro Oviedo Estrada, siempre armados y con guardaespaldas”
Aun con ese escueto “parte informativo” que no dice cómo ni cuándo ingresaron las armas ni la manera en que se trasladaron de Reynosa a Ciudad Madero, el agente del Ministerio Público, Carlos Manuel Salas, abrió la averiguación previa contra Joaquín Hernández Galicia, Salvador Barragán Camacho, José Concepción Posadas, José Sosa Martínez, Victoriano López, Mauro Oviedo Estrada “y quien o quienes resulten responsables en la comisión de los delitos de introducción clandestina de armas de fuego a la República Mexicana, acopio de las mismas y los que resulten”, a la vez que giró orden para “la inmediata localización y presentación” de esas personas El acta fue signada el 8 de enero, pero se omite la hora en que se elaboró
Salas solicitó a la Secretaría de la Defensa Nacional el auxilio de efectivos militares para apoyar “una diligencia de inspección ocular” en la casa de La Quina, en Ciudad Madero
También requierió de apoyo para otra “inspección ocular” en la casa de Salvador Barragán, ubicada en Circuito Poetas, número 65, Ciudad Satélite, “ya que, por información de la Policía Judicial Federal, se tiene conocimiento de que en ese domicilio se encuentra una cantidad considerable de armas de fuego que fueron introducidas ilegalmente al país por la frontera de Reynosa, Tamaulipas” Sin embargo, en el expediente no obra ninguna constancia escrita o denuncia sobre ocultamiento de armas en la casa de Barragán
El propio Salas dice que se presentó el 10 de enero a las nueve de la mañana en San Luis 102 —fojas 12 y 13 del primer tomo del expediente penal—, y apunta haber sido acompañado por Zamora Arrioja, Robles Liceaga y los policías judiciales Jorge Cambres, Héctor Pérez Cabello y Juan Tonatiuh Castellanos Lira, así como por elementos del ejército, cuya cantidad no define
Describe que “estando en la puerta del citado domicilio, en el que se encuentra un inmueble con una fachada compuesta de barda de piedra color blanco y ladrillos con arcos y portón para entrada de vehículos”, se identificaron e informaron a las personas que se encontraban en el domicilio que realizarían una inspección ocular “Como respuesta, fuimos agredidos con disparos de armas de fuego que alcanzaron al licenciado Gerardo Antonio Zamora Arrioja quien recibió impactos de bala en la cabeza, en el puño izquierdo y en el brazo derecho, cayendo muerto de inmediato a dos metros aproximadamente en el interior de la puerta principal, interviniendo de inmediato elementos del Ejército, quienes hicieron varios disparos al aire, exhortando a las personas que se encontraban en el interior del inmueble a deponer las armas y entregarse pacíficamente”
De la casa salieron 25 personas, que fueron “detenidas por elementos del Ejército”, acota Salas De esas 25, sólo Hernández Galicia estaba en la lista de los inculpados el 8 de enero
Una vez establecida la calma, Salas dice que “se comunicó telefónicamente” con Roberto García Aguirre, agente del MP en Tampico, para que practicase las diligencias sobre la muerte de Zamora Arrioja en el lugar de los hechos
En esa misma acta, Salas da cuenta de las armas que encontró en el domicilio de San Luis 102 y que estaban en el pasillo de entrada: 18 cajas de cartón conteniendo 200 ametralladoras Uzi y 25,000 cartuchos, descritos, dice, en una relación anexa; enlista, asimismo, otras doce armas que estaban en una habitación de la casa de La Quina; describe otros lugares de la casa y enseres Respecto al inmueble de San Luis 104, dice que había siete armas en el recibidor, que también enlista
La diligencia se inició a las nueve de la mañana y fue concluida, como asienta Salas al final, “a las trece horas del día de la fecha”
LA QUINA REBATE
A continuación se transcriben algunas de las anotaciones de Joaquín Hernández Galicia, respetando su ortografía
Una pequeña flecha dibujada con marcador rojo apunta hacia la firma de Salas asentada en esa acta, presuntamente levantada en Ciudad Madero Con su letra, en tinta roja de pluma atómica, La Quina escribe: “Compararla con las testimoniales del 27 de julio de 1989 Es totalmente diferente”
Efectivamente, en el acta levantada a las once horas de ese 27 de julio, durante una audiencia sobre el caso, la firma de Salas es distinta, y sobre ese documento La Quina precisa: “Firma auténtica de Salas que comprueba que otras del 8 y 10 de enero son falsificadas” Se refiere a las actas con las que Salas comenzó la averiguación previa, 48 horas antes de su detención, y a la propia acta levantada presuntamente frente a su casa, en Ciudad Madero
Roberto García Aguirre, el agente ministerial de Tampico, a quien según Salas “se le requirió telefónicamente”, apunta en otro oficio que ese martes 10 “se presentó ante esta oficina Carlos Manuel Salas, agente del Ministerio Público Federal”, para denunciar el delito de homicidio ocurrido durante la “inspección ocular” en el domicilio de San Luis 102
No es la única diferencia entre García Aguirre y Carlos Manuel Salas Cuando el primero acude a la casa de La Quina, “a las diez horas con treinta minutos”, encuentra que ese domicilio tiene en su entrada “una barda de ladrillo de aproximadamente dos metros de altura, sesenta metros de frente aproximadamente”
Al margen del acta elaborada por García Aguirre, La Quina corrige: “La barda es de piedra gris” En su descripción, Salas había asentado que la barda era “de color blanco”
El agente de Tampico, Roberto García Aguirre, añade que, “como a unos cincuenta metros antes de entrar al domicilio, encontró un cuerpo del sexo masculino sin vida, como de treinta años de edad, quien en vida llevó el nombre de Gerardo Antonio Zamora” El mismo cuerpo que Salas vio caer a dos metros “en el interior de la puerta principal”
Luego La Quina anota que García Aguirre no tomó fotografías del cuerpo en el lugar de los hechos, “ni le ve zapatos, calcetines, pantalón, camisa, zaco; ve una fractura en el humero que sólo una intervención quirúrgica la puede describir en un quirófano, y aquí supuestamente esta en la calle, no le ve tampoco credenciales ni reloj Esto demuestra que esta acta no la levantaron en la calle San Luis número 102 del vecino Antonio Briseño, jamás el de Joaquín Hernández Galicia que es el 106, si no que la están levantando como así es, en la plancha del anfiteatro supuestamente de Tampico, pues un agente del ministerio público no ejerse su función desvestido”
Ironiza: “Primera vez en la historia prosesal que una autoridad se presenta a una inspección ocular totalmente desnudo”
Se extiende La Quina en su alegato manuscrito: “Es totalmente inverosímil, que el agente del ministerio publico federal esté exactamente a las diez y media de la mañana en Ciudad Madero en un domicilio falso, con barda falsa, levantando una acta tan supuestamente importante y en menos de diez minutos la termine, agarre su coche desde Ciudad Madero distante de Tampico a más de 15 minutos y ahora aparesca exactamente a las once de la mañana, declarando a un agente federal que no firma su declaración!”
El enredo es mayor La Quina demuestra las firmas falsificadas en cada una de las actas, así como la alteración de documentos, y hace una relación de todas las actas que firmaron Guillermo Robles —jefe del grupo judicial— y Héctor Pérez, policía de grupo, como denunciantes y testigos, simultáneamente en Tampico y Ciudad Madero
1- Acta que levanta Carlos Salas a las nueve de la mañana y concluye a la una de la tarde en Ciudad Madero, Tamaulipas, frente al domicilio de La Quina Robles Liceaga firma de testigo No aparece la rúbrica de Pérez Cabello Posteriormente, al cotejar La Quina una de sus copias del expediente con el original, encuentra que sí existe la firma de Héctor Pérez Asegura que el expediente fue violado para sobreponer subrepticiamente la verdadera firma de Pérez
2- Acta de García Aguirre levantada a las diez de la mañana en Tampico, que da fe de que Salas se presentó en la oficina ministerial a denunciar el homicidio de Zamora Arrioja, aunque en el acta citada arriba, el propio Salas dice que a esa hora estaba en Ciudad Madero y a García le habló por teléfono Robles Liceaga firma como testigo aunque también debería estar a esa hora en Ciudad Madero También “firma” Héctor Pérez, pero es evidente que su rúbrica es falsa
3- Acta de García Aguirre elaborada a las doce horas en Tampico, donde ordena la autopsia de Zamora Arrioja Está fechada en Tampico Firma Robles Liceaga; la rúbrica de Pérez Cabello es falsa
4- García Aguirre inicia a las diez y media de la mañana, frente a la casa de La Quina en Ciudad Madero, su diligencia sobre el homicidio de Zamora Arrioja Robles Liceaga firma esta acta que debió haber demorado por lo menos una hora en su elaboración, pues se trataba de dar fe del asesinato y describir el cadáver La firma de Carlos Salas, como testigo, es falsa, comprueba La Quina con un cotejo con otra acta del 27 de julio de 1989 No aparece la firma de Pérez Cabello; después, alterado el expediente, según La Quina, se sobrepone su firma verdadera
5- García Aguirre elabora en Tampico un oficio fechado el 10 de enero, pero sin horario, en el que ordena el embalsamamiento y también la incineración del cadáver de Zamora Arrioja Firma Robles Liceaga La rúbrica de Pérez es falsa
6- García Aguirre elabora otro oficio, sin horario, donde asienta que Carlos Salas le ha solicitado la remisión de todo lo actuado y que le envía la averiguación “con un piloto aviador para que sea entregada a la persona que autorice dicho funcionario” El oficio es firmado por Robles, y la rúbrica de Pérez Cabello también es falsa
Sobre esto, La Quina acota: “No es creíble que en la supuesta acción de hasta pedir la intervención del ejercito, encontrar doscientas ametralladoras, 19 armas mas, perdiera la vida un importante licenciado funcionario federal, y por consiguiente se hiciera un escándalo nacional, donde además intervinieron muchos representantes de diferentes autoridades, el lic Carlos Manuel Salas encargado del complot mande pedirle al lic Aguirre por teléfono, le remita tan importante y grave averiguación previa, con un piloto desconocido de la Compañía Mexicana de Aviación Se está demostrando la ilegalidad”
7- Héctor Pérez Cabello rinde a las once horas en Tampico su declaración ministerial sobre el asesinato de Zamora y la detención de La Quina Se la toma García Aguirre, que a esa hora supuestamente debe estar en Ciudad Madero dando fe del homicidio Robles Liceaga firma como testigo, pero no aparece la firma de Pérez Cabello Al respecto, durante la audiencia del 27 de julio ya citada, Pérez Cabello dice que no firmó su declaración porque “se le olvidó” y estaba “ocupado” en otras cosas
8- El policía Jorge Cambres rinde su declaración ministerial en Tampico a las 13 horas Signan como testigos Robles Liceaga y, presuntamente, Pérez Cabello, pero su firma es notoriamente falsa A esa misma hora, deberían estar firmando, en Ciudad Madero, el acta levantada por Carlos Salas sobre el homicidio de Zamora Arrioja y la detención de La Quina
9- El policía judicial Tonatiuh Castellanos Lira declara ante el MP a las doce horas con diez minutos en Tampico Se asientan una firma falsificada de Pérez Cabello como presunto testigo y la rúbrica de Robles Liceaga
10- Guillermo Robles Liceaga declara ante el Ministerio Público de Tampico a las 13 horas con 40 minutos No aparece su firma en la declaración La de Pérez Cabello es falsa Sin embargo, ahora ya se encuentra ésta última, y La Quina asienta, en dicha acta: “Violando el expediente, sacan acta con la firma falsa y la reponen con firma auténtica fraudulentamente”
La Quina traza su enojo al reverso de una de las tantas actas presuntamente firmadas por Robles: “Esto comprueba plenamente que el comandante Guillermo Robles, no en papeles, menos físicamente, pudo ser testigo de 9 a la una de la tarde en Ciudad Madero, Tamaulipas, de la acta del lic Carlos Manuel Salas, pues se la pasó de testigo de todas las actas y como se comprueba firma dos actas en ciudades diferentes a la misma hora, una de la tarde”
Estalla en sus anotaciones: “¡Inverosímil he imposible! o sea todas estas diligencias entre la ciudad de Tampico y Ciudad Madero, distante a más de 15 minutos Todo sólo en una sola hora ¡Absurdo, falso, ilegal!”
AVION FANTASMA
En las testimoniales del 27 de julio, el agente ministerial Salas es inquirido por la defensa: “Que diga de qué lugar se trasladó para asistir a la diligencia del 10 de enero” La respuesta: “De la Ciudad de México, por avión, habiendo partido aproximadamente a las 6:30 horas del 10 de enero en avión de la PGR”
Joaquín Hernández tiene marcada en la copia de su expediente la relación de los 17 vuelos que, procedentes de la Ciudad de México, llegaron a Tampico el 10 de enero, conforme al reporte de la Dirección de Aeronáutica Civil, de la SCT, entregado el 24 de junio a solicitud de la defensa
Aterrizaron seis aeronaves militares y cuatro más de la PGR La primera en llegar fue una nave Grumman, tipo G-II, matrícula XA-CHR La Quina señala: “Avión en que llevaron el cuerpo (de Zamora Arrioja) vía Chihuahua, México, Tampico”
El exlíder petrolero sostiene que Zamora había sido asesinado en Ciudad Juárez, Chihuahua, días antes de los hechos del 10 de enero
A las 7:50 horas aterrizó un boeing 727 matrícula FAM 1051, de la Fuerza Aérea En la misma hoja, con una flecha hacia abajo, La Quina recuerda: “Avión en que llegó el armamento y en el cual nos regresaron a 25 personas”
Después se sucedieron ocho vuelos militares y comerciales entre las 8:52 y las 14:46 horas A las 15:02 horas aterriza una aeronave de la PGR, matrícula XC-DIJ
La Quina escribe que los agentes ministeriales y judiciales “mienten que nos capturaron ellos a las nueve de la mañana cuando si acaso llegaron a Tampico fue a partir de las tres de la tarde Reportan por lo tanto estar en la inspección ocular de las nueve de la mañana sin todavía salir su avión de la Procuraduría”
En la sexta pregunta de la testimonial de Pérez Cabello sobre los incidentes del 10 de enero, dice que “primero entró (a la casa de La Quina) el licenciando Zamora; posteriormente, el Ejército, y después los elementos de la PGR” En otra respuesta acota que “los soldados entraron primero, y cuando el de la voz los vio, ya los llevaban detenidos (a La Quina y a sus compañeros)”
En el oficio J-1246-3 de la Procuraduría General de Justicia Militar y firmado por el general brigadier procurador Mario Guillermo Formow García, emitido el 19 de mayo de 1992, se le responde al juez octavo de distrito en materia penal:
“Que en referencia al requerimiento de mérito del C Coronel de Infantería Diplomado de Estado Mayor, José Lamberto Ponce Lara, informa que no se hizo relación alguna de los nombres, cargos y grados del personal que intervino en el citado operativo, lo que se corrobora dado que dicho agrupamiento se constituyó con elementos de diferentes unidades, en virtud de la premura y circunstancialidad de la comisión a desarrollar, la cual era por esencia transitoria y únicamente en auxilio del C agente del Ministerio Público Federal que practicó la multicitada diligencia”
El documento, con copia para el secretario de la Defensa Nacional y expedido a solicitud de la defensa de La Quina, que consideraba importante la comparecencia de los efectivos militares como testigos de lo sucedido el 10 de enero, dice en sus últimos tres renglones —subrayados con rojo por La Quina—: “Haciendo hincapié el jefe de referencia, en el hecho de que en todo momento el personal militar permaneció en el exterior del domicilio cateado”
TORMENTO FISICO Y MORAL
Una de las declaraciones de los detenidos que hace responsable a La Quina por contrabando y acopio de armas, es la de Gustavo González, detenido el día del asalto Expresidente municipal y comerciante farmacéutico, González dice al inicio de su declaración que se reserva el derecho “para nombrar abogado en otro momento procesal”
Asimismo, se asienta que, “a preguntas sobre los hechos que motivaron la detención, contestó que, siendo aproximadamente las ocho horas con 45 minutos del lunes 9 de enero, oyó que una de las personas que forman parte de lo que el declarante puede llamar de seguridad, gritó que venían los soldados”
La Quina responde en una hoja anexa que “los 25 declarantes obligados por el tormento físico y moral nos vimos obligados a declarar esta ilegalidad” de comparecer sin abogado Critica asimismo el que se hubiera dado fe en esa declaración de González que los hechos ocurrieron “el lunes 9 de enero”
Saúl Castillo, otro de los detenidos, declara en relación “a los hechos que motivaron su detención que, siendo las nueve horas con treinta minutos del martes próximo anterior, estando el declarante en la casa del líder, llegaron soldados y agentes de la autoridad, causando alarma del cuerpo de seguridad, por lo que un tal Fidel Cárdenas dijo que, de parte de La Quina, no iban a dejar entrar a nadie, y él empezó a disparar su arma de fuego”
Joaquín Hernández Galicia acota: “ni niños de lento aprendizaje podrían creer que un hombre se ponga a disparar porque le ordene un tal”
EXPERTOS EN ARMAMENTO
La Quina —”el nombre o apodo proviene desde la infancia ya que le decían Joaquinillo o Quino y posteriormente como en esa época había un tónico reconstituyente denominado Quina Laroche y por ello los compañeros o amigos de la infancia empezaron con La Quina”, dice en su propia declaración— insiste en que el cuerpo de Zamora Arrioja fue llevado inerte a Tampico antes de los incidentes en su casa Impugna la autopsia ordenada a las 10 y media de la mañana por García Aguirre y practicada 90 minutos después por los médicos Armando y Rodolfo Maya y por Jorge Ariel Cantú
En el expediente sólo constan fotos del cuerpo en la plancha del anfiteatro La autopsia indica que la herida mortal habría sido una de forma irregular, de cinco por cinco centímetros, producida “al parecer por proyectil de arma de fuego” y situada en la cara lateral derecha del cuello La muerte es a consecuencia de “fractura de cráneo Hemorragia subaracnoidea generalizada consecutiva a heridas por proyectil de arma de fuego”
La Quina marca las fotografías del rostro de Zamora Arrioja En una de ellas anota acerca de un trapo que aparece en el cuello: “Una truza tapando la traqueotomía efectuada en el hospital de Ciudad Juárez, Chihuahua Las truzas no se usan en el cuello” En otra fotografía, marca una herida y dice: “Es de diez por diez centímetros y no de cinco por cinco como dice la autopsia Esa herida se produjo por un culatazo”, afirma En la autopsia nunca se dice el calibre de las balas que hirieron a Zamora
A Hernández Galicia sus allegados lo acusan, según las declaraciones, de acopiar armas para “defenderse de los ataques del gobierno” Todos reconocen las armas cuando les son presentadas durante sus comparecencias en el Distrito Federal Moisés Morales, un albañil, con tercer grado de primaria, empleado de Salvador Barragán, declara a propósito del armamento que presuntamente tenía el exsecretario general del sindicato, que puede reconocer a la vista y en el acto “cuatro rifles R-15, tres escopetas calibre 12 milímetros, marcas Warnic, Winchester y Police Special, un rifle M-1, una subametralladora Uzi” y más de 30 armas y 1,200 cartuchos de distintos calibres y marcas que en su declaración son pormenorizados por Moisés Morales
Igual sucede con Gustavo González, quien dice reconocer todas las armas que estaban en casa de Hernández Galicia Este apunta: “Es increíble que vio unas cajas en casa de La Quina, que los agentes sacaron de ahí, y también en forma increíble al ponérselas a la vista dice que son las que sacaron de aya Ni un perito puede identificar en varios días 200 ametralladoras”








