SOBRE EL DOCUMENTO DE LA DEA
En el número 848 de Proceso correspondiente al día primero del presente mes, en el artículo titulado “Inútiles los esfuerzos para que el gobierno mexicano investigue a Arcadio Valenzuela, asegura la DEA”, aparece mi nombre, atribuyéndoseme declaraciones que nunca hice
Junto a la indignación y la tristeza que este hecho provocó en mi interior, surgió la pregunta respecto a qué responsabilidad debe tener una revista que defiende los derechos humanos al publicar y basarse en transcripciones de documentos como el de la DEA, cuando todos sabemos que esas declaraciones son siempre obtenidas bajo presión, o bien falseadas en su totalidad Resulta sorprendente que la voz de la DEA tenga más fuerza que la mía que he estado directamente vinculada a través de mi familia al periodismo justo y honesto
Por ello, quisiera que publicara mi testimonio de cómo ocurrieron las cosas
Conocí al Sr Eduardo Cordero en 1985, cuando yo trabajaba como gerente en una compañía dedicada a la petroquímica y él nos solicitó un producto para su Distribuidora Ford La mañana en que fuimos detenidos, nos dirigíamos a desayunar con uno de sus primos al restaurante del Hotel Crown Plaza Unos hombres armados nos llevaron a un lugar que, después de cuatro días, supe eran las oficinas de la interpol No se me permitió llamar a mi familia ni a nadie Fui interrogada personalmente por el Sr Florentino Ventura, quien al revisar mi agenda —hoja por hoja y nombre por nombre— pudo constatar que no sólo no existía en ella un solo nombre “comprometedor”, sino que entre mis amigos y los amigos de mi familia se contaban hombres y mujeres que son altamente respetados por su participación política, social e intelectual en la construcción de nuestra sociedad
Contesté a las groseras y humillantes preguntas del Sr Ventura siempre con la verdad, y con la calma y la dignidad que me fueron posibles en esos momentos Le repetí varias veces que yo no sabía quién era Caro Quintero, que sólo había visto una vez en mi vida al Sr Javier Cordero y que, con excepción de la Agencia Ford, ignoraba qué otros negocios tenía la familia Cordero, aquí o en Guadalajara
El nombre de Arcadio Valenzuela no se mencionó una sola vez durante el interrogatorio
A los cuatro días fui trasladada a la Procuraduría General de la República Ahí, en el Departamento de Averiguaciones Previas, se me volvió a interrogar y se me hizo firmar lo que era supuestamente mi declaración Gracias a la gentileza del Comandante Otero —uno de los agentes que nos detuvieron y que se encargó de mi traslado—, se me permitió dormir en un cuarto afuera de los separos Antes de retirarse, el Comandante Otero me estrechó la mano y me dijo: “Señora, discúlpenos Yo sé que usted no tiene nada que ver en esto, pero”
Gracias a que mi familia se movilizó rápidamente, a la intervención de un amigo honesto y valiente y a que resultaba claro que yo no tenía absolutamente nada que ver en ese asunto, fui puesta en libertad cinco días después de haber sido ilegalmente detenida De no haber contado con todos esos privilegios, seguramente hubiera yo pasado a ser un número más en la lista de desaparecidos de este país
Desde que me divorcié he trabajado honestamente para mantener yo sola a mis hijos que son ahora dos jóvenes adultos A lo largo de mi vida, he tratado siempre de transformar cualquier situación negativa en un aprendizaje que me haga crecer como ser humano Esta no será una excepción
Atentamente
María Elena Roffiel Franco








