INTERROGADOS SOBRE LOS PRIMEROS NOMBRES, LOPEZ PORTILLO Y DE LA MADRID OPTARON POR EL SILENCIO
Elías Chávez
Flores por todas partes adornaban el repleto auditorio donde Miguel de la Madrid daba —ahora que se acentúa la lucha por la sucesión presidencial— “una importante lección para los que hacen política en México”:
“La política —decía el expresidente— hay que hacerla con amor, con alegría, con pasión, pero sin odios Esa es la política que puede enaltecer a nuestra patria”
De la Madrid presentaba —lunes 1o de febrero— Cuesta Arriba, autobiografía de la exgobernadora de Colima, Griselda Alvarez, a la que ponía de ejemplo de cómo deben los políticos escribir sus memorias:
” sin rasgos de amargura o de rencor”
La presentación del libro era una fiesta en la Unidad “Maestro Jesús Silva Herzog” del Fondo de Cultura Económica (FCE) Acompañaban a De la Madrid, en el estrado: Griselda Alvarez, Rodolfo Echeverría Ruíz, Horacio Labastida, Javier López Moreno, Miguel Osorio Marbán, Beatriz Pagés Rebollar y Beatriz Paredes, quien esa noche todavía era subsecretaria de Gobernación
Todos sonreían y felicitaban a la autora de Cuesta Arriba A tono con la recomendación del ahora director del FCE, el ambiente era amoroso, alegre, ajeno a los odios y rencores de 1982, cuando Miguel de la Madrid, siendo presidente electo, le pidió al presidente José López Portillo que no diera a conocer las listas de sacadólares “para no ahondar las diferencias en la sociedad civil”
López Portillo accedió De nada sirvió la investigación que, por orden suya, había realizado Fausto Zapata Loredo para descubrir y denunciar a los saqueadores del país En mayo de 1991, el reportero preguntó al entonces candidato a gobernador de San Luis Potosí por qué no había dado a conocer las listas de sacadólares Zapata contestó (Proceso 757):
“Porque en la política y en la vida pública o privada cada quien cumple una función Cuando usted la cumple profesionalmente y hace las cosas sin encono personal, con un sentido de servicio al Estado, no hay ofensa hacia persona alguna Lo que yo he hecho, insisto, está delimitado por las líneas que separan la discreción de pues del manejo prudente de lo que usted ha sabido, de lo que ha tenido noticia por su trabajo profesional”
Ahora se sabe que el discreto Zapata, servidor del Estado, también era sacadólares, como aquellos a los que, en septiembre de 1982, el presidente López Portillo exhortó a que “en un gesto hermoso” regresaran sus capitales al país, y les dio un plazo:
“A los desnacionalizados démosles un mes, septiembre, el mes de la patria, para que mediten sobre sus lealtades Después actuaremos nosotros”
Como no hubo “gesto hermoso”, el Presidente envió al Congreso de la Unión documentos en los que supuestamente se encontraban las listas de sacadólares Lo que recibieron los legisladores eran “bases metodológicas para una investigación relacionada con bienes raíces”, un “estudio sobre inmobiliarias extranjeras que operan en México” y un “muestreo relacionado con compras en el extranjero”
En octubre del 82, el mismo López Portillo prácticamente echó tierra al asunto Debido —dijo— al secreto bancario, vigente en México y en Estados Unidos, no era posible conocer los nombres de los sacadólares
Ahora, el expresidente José López Portillo, en vez de ser discreto como Fausto Zapata, prefirió ser prudente
El martes 2 de febrero, el reportero le indicó que con Emilio Martínez Manautou, Enrique Velasco Ibarra, Rodolfo (Landa) Echeverría y ahora Fausto Zapata, empezaban a conocerse los nombres de los saqueadores a los que él estigmatizó
—¿Ahora sí, señor licenciado, puede decirnos quiénes son los demás sacadólares? —preguntó el reportero
Una carcajada fue la primera reacción del expresidente Luego, la prudencia:
—Todavía no es momento
—¿Por qué?
—El momento político que vive el país no es propicio para que un expresidente haga declaraciones
—¿Me autoriza a publicar lo que acaba de decir?
—Tal cual
López Portillo tampoco explicó lo del “momento político que vive el país”, en que la mayoría de los políticos viven una metamorfosis acelerada: cambian de voz, de conducta y de chaqueta para encuadrarse en los grupos que trabajan a favor de tal o cual aspirante a la Presidencia de la República
Inclusive rápidamente cambian —o son cambiados— de un cargo a otro, como sucedió a Beatriz Paredes, quien esa noche del lunes 1o, en el Fondo de Cultura Económica, al comentar Cuesta Arriba dijo:
“Aunque muchos lo duden, hoy en México se hace política con sentido, razón y ética”, expresó en la víspera de su renuncia a la subsecretaría de Gobernación
La frase de la —se supo al día siguiente— futura embajadora desentonaba en el ambiente alegre y amoroso auspiciado por Miguel de la Madrid, que instaba a los políticos a seguir el ejemplo de Griselda Alvarez: escribir sus respectivas memorias, a condición de que en ellas no haya “rasgos de amargura o de rencor”
Lejos de esos rasgos, De la Madrid se mostraba feliz Inclusive, al terminar la presentación de Cuesta Arriba, anunció que también él escribirá sus memorias, para cuya elaboración cuenta ya con “extenso material”
Entre el tumulto que lo asediaba para saludarlo, el expresidente se abría paso, sonriente, hacia el salón donde iba a servirse un “vino de honor” El reportero se le acercó:
—¿Puedo hacerle una pregunta, señor licenciado?
Sin dejar de sonreír, De la Madrid asintió
—Usted le pidió al presidente López Portillo que no denunciara a los sacadólares ¿Sabía usted quiénes eran ellos?
La sonrisa se volvió adustez
—No tengo ningún comentario que hacer —dijo el expresidente, que a continuación dio la espalda al reportero y continuó, sonriente








